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3 min
Rata es mi nombre
Reales |
15.08.12
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Sinopsis

Las ratas nunca mueren, coño, eso lo sabe todo el mundo.

 

La rata me mordió la cara. Grité, naturalmente.

…Y les conté todo lo que querían saber. No soporto el dolor. Y soy un cobarde.

El capitán lo sabía.

Sé poner bombas y sé, también, mirar cómo mueren los hombres en una sucesión de disparos.

Pero me cogieron cuando ya la operación había terminado con éxito.

…Y los enemigos estaban cabreados, muy cabreados. Querían su cabellera.

Canté, vaya sí canté.

Les dije todo lo que querían saber. Nombres, lugares, futuras operaciones. Más nombres. Todo lo que querían.

Un oficial preguntó por el mío.

Ismael.

Y se echó a reír.

Y todos comenzaron a reír.

Me apuntó con la pistola. Me la puso en la cabeza. Disparó.

Pero yo no muero nunca. Nunca. ¡Maldita sea!

Así que me tenían en la silla, bien sujeto.

Servía para afinar la puntería. Entraban y salían.

En la cara; ojos, nariz, boca, orejas.

Todo el cuerpo.

Me tenían como esos quesos.

Dejaron de llamarme Ismael.

El oficial que había preguntado me puso otro nombre: Rata.

Cuando terminó la guerra ya no sabían lo que hacer conmigo. ¡Escupían!

Llegaron los aliados. Me hicieron más preguntas. Querían saber por qué seguía con vida.

¿Y cómo quieren que lo sepa?

Mis aliados volvieron a llamarme Ismael. Y me escondieron. Pero me cuidaron.

Bien alimentado, con todo lo necesario para vivir confortablemente. ¿Arma secreta? No servía.

 

Tomaron la decisión de hacer conmigo progresos científicos. Eso sí, sin dolor. Hacían todo lo que estaba en sus manos para que no sintiera dolor. Lo conseguían. Nunca sentí dolor. ¿De verdad?

Yo estaba dentro de la bomba de Hiroshima. Dentro de la bomba de Nagasaki. En Vietnam. En Irak. Me pasearon por Chechenia para ver barbaridades. He ido con satélites en busca de vida. ¿Vida?

Tengo muchos años. Pero no soy viejo. Digo que no aparento tener casi cien años. Sigo igual. Joven, poco atractivo. Maldito.

Leo mucho. Veo mucho cine. Oigo mucha música. Sé muchos idiomas. Lenguas muertas, también.

No follo. Las mujeres que saben que existo me tienen miedo. Y los hombres que saben que éxito no quieren hablar conmigo.

Llevo sin hablar hace años.

¿Qué quieres?

 

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