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6 min
REALTO REAL LA CÁMARA PERDIDA CUARTA PARTE (PRE-FINAL)
Terror |
31.07.15
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Sinopsis

Aquel hombre había pagado todo para nuestro protagonista. ¿Quién era aquel hombre misterioso? ¿Tenía algún interés sobre el contenido de la cámara? Veamos que fue lo que sucedió después de bajar del taxi.

REALTO REAL LA CÁMARA PERDIDA

CUARTA PARTE (PRE-FINAL)

Me bajé del taxi y cogí mis maletas. Le pregunté cuanto le debía y me dijo: “Usted no me debe nada Joven, yo lo estaba esperando. A mí ya me pagaron todos los servicios” Me quedé sorprendido cuando me dijo eso y le pregunté discretamente que me dijera quién había sido, y me dijo que un hombre alto de complexión delgada y con un buen traje lo había hecho. Mi curiosidad aumentó aún más al escuchar lo que dijo aquel taxista.

Ingresé al hotel pensando tomar una de las habitaciones; pero al momento de llegar, el recepcionista me recibió con una amabilidad increíble. Pero lo más sorprendente no fue su comportamiento impecable, sino, que aquel hombre conocía mi nombre. Me dijo que una suite estaba reservada para mí desde hacía un día. Me quedé sin palabras, ¿Realmente aquel hombre que me llamó por teléfono había hecho todo eso?

Entré a la suite y me sentí como un rey. Aquella habitación era espectacular. Por un momento me creí el dueño de la película que estaba viviendo. Segundos después que el camarero salió de la habitación mi celular sonó. La voz tras el auricular era familiar para mí.

  • Espero que te sientas cómodo en ese lugar. No hables con nadie. No veas a nadie. Procura mantenerte tranquilo dentro de la habitación. Durante los próximos días te estarán llevando los tres tiempos de comida a tu dormitorio. Repito nuevamente ¡No hables con nadie!   

 

  • Pero… ¿Qué es lo que tengo que hacer?

 

  • Nada, solo obedecer…

 

  • ¿Cómo sé que tú no quieres lo mismo que los otros andan buscando?

 

  • Pronto lo sabrás… Tienes que estar atento porque estaré llamándote, recuerda, no intentes huir o esconderte, yo siempre sabré dónde estás.

Aquellas palabras me dejaron  muy pensativo. ¿Realmente aquel hombre tenía tanto poder sobre mí?, el tiempo de la conversación no fue muy largo; pero el impacto de sus palabras causó un disturbio de emociones en mi corazón. ¿En qué me había metido?

Los días siguientes transcurrieron con mucha velocidad. Ciertamente los camareros llegaban con comida suficiente para alimentar a tres hombres. No tenía mucho apetito y en muy pocas ocasiones comía lo que me llevaban. Esos días me sirvieron para reflexionar y planificar algo a mi favor. Si en verdad el contenido de aquella tarjeta era tan valioso, el preocupado no debía ser yo, sino quien la había perdido.

A la mañana siguiente le pedí al camarero de siempre, que me hiciera favor de ir a una tienda de electrónicos para comprar una tarjeta SD de 32 gigas. Aquel hombre no me cuestionó y se dirigió con paso sigiloso a cumplir el cometido que le pedí. Diez minutos después estaban tocando la puerta de la habitación; pero la forma en que lo hacían no era común. Estaba más que claro que aquella persona que tocaba la puerta no era el camarero.

Algo dentro de mí me decía que tenía que correr; pero… ¿A dónde? Estaba encerrado en una habitación con muy pocas posibilidades. El día final parecía haber llegado. Tocaron tres veces más la puerta y el ímpetu de los golpes era evidente. Tenía que hacer algo y tenía que hacerlo de prisa. Tomé mi chaqueta y lo primero que me vino a la mente fue salir por el ventanal. Estaba en un decimo piso; pero mi vida corría peligro así que eso era lo que menos me importaba. Abrí la ventana con sigilo para que no escucharan aquellos que con violencia tocaban. Salí y puse mis pies en una bardilla que sobresalía del edificio. Mis piernas me temblaban de miedo y pavor, mi corazón estaba acelerado.

Mis manos sudaban y en momentos sentía como mis dedos perdían agarre, estaba al borde de una muerte repentina. Llegué a la otra habitación y por suerte la ventana estaba abierta y en un intento de sujetarme a ella  perdí el control; pero una mano salió de la ventana con velocidad y me sujeto de  la muñeca. Mi mirada subió y vi el rostro delgado de aquel hombre que me sujetaba.

Con poco esfuerzo me subió y al entrar en la habitación no pude decir una sola palabra, estaba congelado del miedo.

  • Fue bueno lo que hiciste, es hora de irnos - Dijo aquel hombre sin parpadear un momento.

Aquel hombre se agachó al suelo, quitó un pedazo de alfombra y pude ver una manija de color dorado. La giró y se abrió una puerta que conducía a la otra habitación. Estábamos pasando de un nivel a otro por medio de un pequeño pasadizo en el suelo.

Salimos de aquel hotel de manera precipitada y nos subimos a un carro de color negro. Aquel auto era nuevo, sacado de agencia en ese momento, aún podía sentir el olor a plástico que emanaba de los asientos.

  • ¿Quién eres? – Pregunté desorientado.
  • Mi nombre es Yulian y desde ahora seré tu guardaespaldas – Respondió aquel hombre.

Apenas terminó de hablar y una camioneta de color blanco arrancó al paso nuestro. Aquel hombre al volante era un experto. Corrió a tal velocidad que la adrenalina dentro de mi cuerpo comenzó a acelerarse. Estaba viviendo una película de acción en ese instante. Mis manos sudaban y mis pies hormigueaban un poco. Apenas y podía tragar saliva, porque Yulian esquivaba auto tras auto a casi cien kilómetros por hora. Era una total locura lo que sucedía.

  • ¡Vamos a saltar! – Dijo Yulian con seguridad en sus palabras
  • ¡¿Qué?! – Pregunté asustado
  • ¡Vamos a saltar, quítate el cinturón ya! – Gritó Yulian

De un tajo cortó mi cinturón con una navaja y tomándome del cuello de la camisa me lanzó hacia afuera, instantes después el también saltó del auto. Di no sé cuantas vueltas en el aire y otras más en el suelo. Mi cuerpo estaba dolido, parecía que me había fracturado alguna costilla. Yulian llegó y me tomó de los brazos y me alzó a tal punto que me cargó en sus hombros. Mis piernas no me respondían, algo malo estaba sucediendo.

ESTA HISTORIA CONTINUARÁ…

P. CARDONA

 

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