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4 min
Recuerdos
Reales |
08.07.15
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Sinopsis

Volver el tiempo atrás....quién no lo quisiera alguna vez en su vida.

A veces, muchas, tengo añoranzas.

Casi siempre de mi niñez. Volver el tiempo atrás para sentir aquellas cosas.

Recuerdo a mi madre trabajar con jovial energía mientras yo jugaba o hacía mis tareas de la escuela mirando televisión. Su costumbre, que aún conserva y yo entonces no entendía, de hablar con las plantas y los pájaros mientras los atendía.

Su esmero por preparar nuestros almuerzos pensando en algo que agradara a mi padre que venía de trabajar "todo el día como un burro" decía, sin contar que ella hacía lo suyo.

Era y es tan rico el olor de sus comidas.

Extraño poder ir a visitar a papá a su lugar de trabajo, aquel gran galpón con olor a grasa, donde con mucho frío o excesivo calor, todos los días de su vida y cumpliendo horario, como si tuviese patrón, arreglaba los coches de sus clientes escuchando tangos en su vieja radio, esa que  algún día un desgraciado robo sin saber que se llevaba un recuerdo.

Me gustaba ir al taller a ayudarlo con pequeñeces que me hacían sentir útil, reemplazando al hijo varón que no tuvo, y que sé que en el fondo deseó sin decirlo. Su orden, el cariño con que lo trataban todos, sus esfuerzos por salir adelante y darnos una vida mejor.

Dormir en el cuarto con mi hermana, ocho años mayor, y escucharla protestar porque yo le hablaba sin parar contandolé cosas sin importancia, cuando ella trataba de estudiar.

Jugar en la vereda con los otros niños, una costumbre que se ha perdido por los malditos riezgos de la era moderna, mientras los abuelos sentados al sol o al fresco, nos cuidaban hasta el momento de compartir en alguna casa la merienda.

Ir a la plaza era una fiesta, nada comparable a la era de la computadora, donde un tobogán era la cima del Everest, y hamacarse fuerte un pasaje a la libertad.

Una función  de cine, obviamente viendo películas de Disney, era un lujo al que no siempre podíamos acceder, y por eso había que disfrutarlo con los bolsillos llenos de golosinas y galletitas, para luego contar en casa lo que habíamos visto.

Mi primera vez en el mar... hacía tanto frío y la bruma no me dejaba ver lo inconmensurable que era. Mi padre solo atinó a correr al agua a mojarse, nunca sentía frío, y al salir me dijo: chupa mi dedo vas a ver que rico. Ese gustó a sal me causó asco y todos nos reíamos al unísono.

Era tan bello no pensar en nada grave y solo disfrutar de todo lo que transcurria frente a nuestros ojos. Quién no añora su infancia...

Ahora, que ya pasaron varios años, entiendo como se va la vida. Y de que se trata este pasaje sin regreso, Es un viaje de ida, con una sola oportunidad y mil ventanitas para asomar los ojos y los sentidos y dejarse llevar.

Tal vez por todos estos recuerdos es que siento la imperiosa necesidad de ser feliz, como si el viaje ya hubiese dado la vuelta al giro más pronunciado, como si todo el tiempo transcurrido me trajese al aquí y al ahora.

A sentir esto, que por una vez más vuelvo a sacar la cabeza por la ventanilla para disfrutar del paisaje, que de a ratos se ha tornado gris, y que solo tú con tu presencia llenas de color y alegría.

Tal vez en esta parte del trayecto sea una adorale bendición que hayas aparecido para ver transcurrir este tiempo juntos.... ojalá dure bastante. 

Como si fueses el guardián del vagón de tren que nos toca compartir...

Como si fuese el hada de tus sueños...esos que espero se cumplan.

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soy una habitual y constante lectora, de todo. Y una incipiente y simple escritora, de poco.

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