cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

5 min
Recuerdos de Asia IV
Humor |
02.11.10
  • 5
  • 4
  • 3143
Sinopsis

Esta pequeña entrega es un imprevisto, se aparta de la historia, para hacer tiempo y dedicarme a revisar la rigurosidad histórica del resto. Se lo dedico, por tanto, a Lázaro y espero que -como esta bagatela- sepa tomárselo con humor. Una forma de observar el optimismo y la autoestima, que en los tiempos que corren seguro que sigue teniendo su vigencia. Un saludo a todos.

Había en La Catedral una joven que se sentía avergonzada por su aspecto. Algunos hombres la habían despreciado por su obesidad y algunos soltaban una gran carcajada nada más verla e incluso no faltaba quien lo comentase con desprecio. “Sólo serviría para amamantar a los críos que pariesen en esa casa del amor”. Pero un día, llegó al barrio un extranjero que hacía del optimismo su tarjeta de presentación. Como ella, también era obeso y tampoco faltaban quienes se burlasen de su forma de mujer o alguien que hablase de un varón que amantara a algún chiquillo. Sin embargo, había aprendido a observar su obesidad como un regalo más que como un castigo.

Sí, señoras, siempre había sido gordo, siempre... Miren, aquí tengo una foto. Cuando vine al mundo ya era redondo y a partir de entonces me habían visto comparado con toda clase de objetos abultados: a un barril, a la bola del mundo, a Honorato de Balzac. Y si me preguntan si formo parte del Club de los Cien Kilos, desde luego, y me siento orgulloso, donde los gordos nos reunimos para contemplarnos mutuamente. Este es un placer que los delgados desconocen, pues la vista de alguien más delgado que él sería como observar su propio esqueleto; en cambio nosotros, los gordos, sentimos la mayor de las alegrías al contemplar a un hombre más cebado que nosotros. De hecho, eso nos sucede desde nuestro nacimiento. Nos miran las demás madres y dicen: “Este niño está muy sano”.

Pero cuando vamos creciendo, descubrimos que el sentido del bienestar ha cambiado. Ya no se ve tan saludable el tener unos kilos de más, sino la el aspecto delgado del palo de una escoba. ¡Mejor para ellos! Se pierden uno de los placeres de la vida: comer. Porque, debería saber que todo lo sabroso engorda. De ahí que nuestro mejor momento sea la hora de sentarnos a comer.

Dudo que exista un espectáculo mayor, vernos barrigudos sosteniéndonos en unos muslos tan anchos como columnas de un templo griego. ¡Y las dobles, triples papadas que brillan al borde de las servilletas! Sin embargo, lo mejor resulta al olor del festín. Las mejillas se iluminan, los ojos brillan de glotonería y las anchas narices se ensanchan todavía más.

¿Y el peor? Cuando buscamos la ropa que iremos a vestir. ¡El probador! Una cámara de tortura y el traje moderno... ¡He ahí nuestro enemigo! Vosotros, los pesos medios, los que conservan la línea, no podéis imaginar lo que significa encontrarse en el fondo del armario una camisa de hace unos años y un pantalón de la temporada anterior. Incapaces de resistir la tentación, nos lo probamos. Poseídos por la curiosidad comprobamos como esas ropas malditas, pertenecen a una época que no volverá jamás. Intentamos embutirnos unos pantalones que protestan, estallando por delate o por detrás, o al abrocharnos una camisa cuyos ojales parecen haber adquirido una aversión a los botones. Porque, señores, la obesidad es como la edad: las dos van aumentando sin que apenas darnos cuenta, y cuando se nos echa encima ya es demasiado tarde: la cosa no tiene remedio.

Por eso quizás, muchos pensásemos en hacer dieta y deporte. Un antinatural conjunto de gestos a los que la gente se suelen lanzar sin freno y que conlleva como principal fin, el atiborrar de enfermos los hospitales. Lo que son las cosas: la preocupación por la salud les lleva a romperse hasta la crisma. En cierta ocasión vi allí a un señor inglés, miembro de mi Club; habría que decir que es muy inglés eso de pertenecer a un Club. Un hombre tan parecido a mí como si se tratase de mi hermano gemelo: el mismo cuerpo en forma de contrabajo, la misma cara de sandía y la misma doble papada. Uno de esos gordos, fofos, que son la deshonra de nuestra clase. No cabe duda de que un rostro rosado y unos ojos a flor de piel, lo que se llama una buena pelota, no resultan feos. Tampoco guapos, aunque sí, probablemente, apetitosos, golosos. Sobre todos para aquellos que ven sobre la tierra más que calabazas o mangos de escoba.

Entonces, en nuestro mejor momento del día, se oye: ¡camarero! y un hombre de modales se acerca, adulando:

- ¿Una cerveza fresquita? Esta estupenda...

Desde luego, hago mal en dejarme llevar por el placer. Y la cerveza, como la mayoría de las cosas en este mundo, es perjudicial para los que formamos parte del Club de los Cien Kilos. Quizás, decida sentarse a comer conmigo, aunque desde luego pensaría: “Este se come una vaca llena de pajaritos fritos”. Sepan ustedes que se trata de un tópico, ideado por los pesos medios. Yo con esta cervecita, me conformo.

- Al menos, espero que le haya resultado simpático, no le debe dar vergüenza su aspecto si usted es -como yo- miembro del Club. Y aquí le dejo mi tarjeta, por si nos volviéramos a ver.

Ese hombrecillo no volvió aparecer por La Catedral del barrio de Skébé, pero no le importaba. Como él, había aprendido a saber apreciar su propio cuerpo físico y desde entonces, nunca más volvió a hacer caso a ninguna de aquellas personas que se burlaban de ella. Y desde entonces, fue feliz.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • ¡Ay, los placeres del paladar! Incluso los que se derivan de la comida... Buenos gordos nos hacen falta: pocos verás en el gobierno de la nación, y así nos va. Cierto que resulta refrescante tu narración y simpático el personaje. Vaya, que estoy por salirme a desayunar unas costillicas con ajoaceite, pan tostado con tomate y un porrón de vino espeso como la sangre, denso como la miel y espirituoso como tu buen humor. Destilado en la buena literatura que practicas... UN besote, z.
    la verdad que si es refrescante este relato amen de la leccion del presidente de los cien kilos ... yo me he imaginado que era el presidente jejejje por esto me gusta leer ... siempre hay un componente que el lector incorpora al relato ... en fin ... que me gusto muchisimo y de hecho lo recomendare a algunos amigos que desearian obtener la tarjeta de tan particular club .... saludos
    Yo tambien encuentro muy refrescante y divertido este entremés que sirve para hacer un alto en la historia. Y vivan los gordos... Te agradezco infinito la dedicatoria y y lo bien que te tomas cuando salgo con una anotación algo tocapelotas. Si de verdad quieres la máxima veracidad histórica (y aquí de verdad destaco mi faceta de niño repelente al máximo) te diré también que aunque el término sukebe da exoticidad al texto, su uso no es del todo correcto. En japonés moderno, sukebe significa algo así como pervertido o "salido". Este adjetivo denota una cualidad humana y se usa sobre todo para referirse a los hombres, y ocasionalmente a las mujeres. Es rarísimo (o por lo menos yo nunca lo he escuchado en los años que estuve en Japón) usarlo para referirse a un objeto o a un área, como haces tú. Es una palabra totalmente coloquial que yo creía pertenecía a la époco moderna, pero, mira por dónde, el diccionario etimológico dice que ya se usaba al final de la época Edo, donde ambientas tu relato. En esa época, sin embargo, se decía sukebei, con "i" al final. Dios mío, he batido todos los records de tocapelotismo que se han alcanzado en este foro (que están muy altos, por cierto).
    Me ha gustado tu humor, amigo Gonzalo (Lázaro, perdona que me haya adelantado). Yo habría convertido a tu "gordo extranjero" (me viene así la imagen) en un Rikishi de los que se dedican al Sumo, deporte tan antiguo en Japón que se remonta al 700 a.C., y que Matthew Perry, el famoso comodoro norteamericano tanto celebró en su visita allá por el 1800 y pico. De todas formas, el relato tiene buena chispa (ésa que a veces echamos de menos en TR), y ser gordo, en efecto, -defendamos el principio- no tiene que considerarse un infortunio (el gran Churchill, Orson Welles: ¡gordo y genio!, ambos disfrutaban comiendo y fueron únicos, Divine, el inolvidable travesti de "Pink Flamingos" " Polyester" y "Lust in the dust", y Marlon Brando, un tanto cabreado en sus últimos años gritó: "¡Bien, ya lo di todo, ahora dejadme ser gordo y comer lo que me dé la gana!") Así que, dejemos a la dulce rellenita de La Catedral ser feliz, y que nadie renuncie al placer del "buen yantar". Gracias de nuevo por compartir mis gustos cinéfilos, el otro día "me acompañaste, joer, ¡nada menos que con Hawks y Kubrick! ¡Quien hubiera podido gozar de un ápice de su amistad y genio! Mankiewicz ni te cuento. "Five fingers" me enloquece, y "All about Eve", "La Huella", "Julio César", "La condesa descalza", y con "Cleopatra" versión íntegra ¡¡¡alucino!!! Además de otro montón de films suyos que me dejo en el tintero. No hay ni uno que no me guste. Bien por ti, amigo Gonzalo, a las "wenas noches" y hasta pronto-stavros
  • ¿Quién es el cazador y quién, la presa?

    Un escritor, acostumbrado a lidiar con el terror en la literatura, conocerá la sensación del miedo; aunque todo sea un McGuffin.

    Viajamos a Turquía de finales del XIX para acompañar a nuestros personajes por este pequeño periplo.

    Seguramente tengamos todos nuestros héroes más o menos preferidos, no tienen porque ser cinematográficos, ni imaginarios. Nuestra cotidianidad nos dan héroes que resultan anónimos, ahora sobre todo que ese personaje está tan desmitificado. A mí me gustan los héroes de siempre, los que luchan contra adversidades casi insalvalbles o los que salen de la realidad. Y estos son algunos de los momentos que me han llamado más la atención de los cinematográficos.

    En este viaje de Tokio a Turquía, conoceremos a nuevos protagonistas. Es como esas historias que cuentan un misma trama, desde el punto de visto de más de un personaje.

    Se ha conocido recientemente que Concha Piquer, esa grande de nuestra copla que emigró a los EEUU, protagonizo la primera película sonora de la historia. Quizás, esto escueza algo a los puristas de Hollywood: ni fue en inglés ni sobre un icono cultural, propiamente americano.

    Los dos mundos. En una ciudad conviven dos clases de personas, apenas coinciden unas y otras, y muchas menos son las veces que se comprenden. Pero ambas terminan por necesitarse, mutuamente.

    Esta pequeña entrega es un imprevisto, se aparta de la historia, para hacer tiempo y dedicarme a revisar la rigurosidad histórica del resto. Se lo dedico, por tanto, a Lázaro y espero que -como esta bagatela- sepa tomárselo con humor. Una forma de observar el optimismo y la autoestima, que en los tiempos que corren seguro que sigue teniendo su vigencia. Un saludo a todos.

  • 39
  • 4.55
  • 95

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta