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5 min
Regálame el tiempo
Amor |
15.10.15
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Sinopsis

Nada volvió a ser lo mismo cuando Oliver cerró la puerta.

El verano ya había llegado y la felicidad reinaba en el barrio de Susan y Oliver, los niños ya habían acabado el colegio y todas las madres habían organizado una barbacoa para celebrar el fin de curso. Susan, recién casada hacía limonada en la gran isla central que adornaba su cocina de en sueño, con un vestido blanco y unos zapatos de tacón del mismo color esperaba a su marido, estaba contenta, radiante, brillante, tenía la casa que toda mujer sueña, un hombre excelente y los niños llegarían pronto.

Todos los hombres del barrio llegaban de trabajar, con maletines y trajeados, cansados después un largo día en la oficina sin embargo ganas para una cerveza y algunas risas entre vecinos todavía tenían, Oliver también llegaba, Susan fue a recibirlo a la entrada.

-¿Qué tal el día?- preguntó y acto seguido le besó en los labios.

-Todo bien, siéntate, debo contarte algo.

Susan se asustó, su vida cambiaría en ese momento.

-He vendido la casa, los dos coches, las joyas de mi madre y he dejado mi trabajo.-Relató Oliver con nerviosismo.

-¿Te has vuelto loco? ¿Qué vamos hacer ahora? Ve ahora mismo a recuperar tu trabajo.-Contestó anustiada.

-No. Susan todo tiene una razón, si confías en mí, con el tiempo te lo contaré, pero hoy me he dado cuenta que la vida es demasiado corta para vivir asfixiado en una oficina, quiero pasar más tiempo contigo, viajar con una mochila y conocerte más.

Susan, no podía reaccionar, no daba crédito a las palabras de Oliver, cogió la limonada y se marchó a la barbacoa, sin darle más vueltas pensó que el día siguiente habría cambiado de opinión. Pero no fue así, al volver por la noche Oliver tenía las maletas junto a la puerta, vestido con unos tejanos y una camiseta blanca le pidió a su mujer que fuera con él, que confiara en él, que lo amará tanto como él amaba a ella.

No se lo pensó más, los bienes materiales no eran más importantes que su matrimonio.

Susan y Oliver visitaron todo el mundo empezando por su tierra; América, volaron a Madrid, Barcelona, Tánger, Venecia, Dubái, Milán, Bali, Bangkok, Shanghái, Hong Kong… Vieron la pobreza desde cerca y vivieron en ella durante tres años, dormían en moteles o incluso en algún banco en cualquier parque, comían poco y se vestían con cualquier trapo que compraban en alguna ciudad, pedían dinero y trabajaron de cualquier cosa para reunir dinero para viajar a su siguiente destino. Eran felices aunque Susan no entendía la razón por la que pedir dinero si habían vendido todo, pocas preguntas hacía ella, vivía el día a día como su marido le sugirió. Oliver un día decidió volver a Florida, al piso donde habían vivido cuando eran novios y del que guardaban tan buenos recuerdos.

De nuevo en su ciudad natal, su experiencia, había cambiado su manera de pensar y vivir, que poco importaba ya una isla en la cocina o sofás de cuero, el amor les sostenía y les mantenía vivos y unidos.

Mientras Susan desembalaba cajas, Oliver salió para comprar comida pero éste jamás regresó.

Susan recibió un mensaje en su teléfono personal, que no utilizaba desde hace tres años.

No me odies, mira en tu mesita de noche.

Te quiere, Oliver.

Susan, acelerada encontró un sobre sobre la mesa y en su interior una carta firmada por Oliver.

Mi amor, mi vida, mi cielo, ésta será la última vez que sepas algo de mí

Gracias por amarme

Gracias por no hacer preguntas

Gracias por acompañarme

Gracias por ser mi mujer y darme los mejores años de mi vida, todos los que he vivido contigo.

Gracias por regalarme más tiempo

Una enfermedad me llevará con ella en poco tiempo y que me vieras feliz y todavía vital y enérgico era mi último deseo, no me odies por esto, es mi manera de despedirme, al final de la carta hay un número de cuenta bancario, todo lo que hay adentro es tuyo, el piso donde fuimos novios y el que tantos momentos nos dio, es tuyo, todo lo que fue nuestro te pertenece a ti. Deseo que te enamores, que seas feliz, que seas madre y goces de la vida. Llevarte a ver el mundo era la manera de hacer que cuando viajes pienses en mí, en cada lugar, en cualquier instante, volveré de nuevo a tu mente y a tu corazón.

Te amo más de lo que me amo a mí.

Oliver.

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