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4 min
Reglas De Supervivencia - Regla #1
Terror |
09.02.15
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Sinopsis

Tips cien por ciento confirmados. Garantía asegurada.

¿Te gustan las historias de terror? ¿Te gusta leerlas y ver cuál será el dramático final del protagonista? ¿Será decapitado? ¿Secuestrado? ¿Abducido? ¿Asesinado de la forma más atroz? Bueno a mí también me gustan las historias de terror pero... ¿Te gustaría protagonizar alguna de ellas?

Definitivamente no. Y te traeré toda una guía completa de que cosas NO hacer para ser el protagonista de una de estas historias de terror.

Si seguimos muy bien el manual, hay probabilidades de 99.9% de que nuestros nombres no sean escritos en alguna web de historias de terror. 

¿Preparado? ... Deberías. 

 

REGLA #1 - NUNCA TE FIES DE LOS EXTRAÑOS

Sebastian estaba esperando el bus desde hace mucho tiempo. Demasiado tiempo. 

Sus piernas estaban cansadas y su boca reseca. No tenía ni siquera dinero para comprarse una gaseosa o algo por el estilo. El bus no llegaba y cada vez la hora se hacía más y más tarde. 

Junto a él también estaba un hombre. Algo mayor, de unos cuarenta años y con un terno de color azul marino. Estuvo esperando muy ansioso -como se hacía notar porque veía su reloj a cada instante- ¿Estaría esperando el mismo bus que yo? Se preguntó Sebastian. 

Lo más probable era que no, el iba todos los días a ese paredero saliendo de la universidad y nunca había visto a ese hombre de traje azul. 

Pasaron quince minutos y el bus no llegaba. Hasta que el hombre se le acercó a Sebastian con una media sonrisa en el rostro diciéndole. 

-Verás hijo, he olvidado mi billetera en la oficina y no tengo mucho dinero, solo esto... (lo dijo mientras sacaba unas cuantas monedas de su bolsillo) ¿Crees que quieras irte conmigo pagando un taxi entre los dos?-.

Sebastian había hecho eso antes muchas veces, pero algo dentro de sí, una pequeña voz le dijo que no lo haga esta vez con ese hombre... Esa voz fue suprimida. 

-Está bien, ¿Hacia donde se dirije?-.

Resultó ser que el hombre iba al mismo lugar que Sebastian, y ambos acordaron tomar el siguiente taxi. Así lo hicieron y los dos abordaron el vehículo.

El hombre era muy amable, la forma en que hablaba, su sonrisa que hacía parecer que el estrés era una palabra que no estaba en su diccionario y especialmente un no sé qué especial, esa chispa que tienen algunas personas que mágicamente hace que se lleven bien con los demás. 

Habló con Sebastian y con el taxisa -el cual se reía de los chistes que hacía el misterioso hombre-. 

El hombre de traje azul siguió siendo esa persona amable unos minutos más... Hasta que.. Se transformó. 

De un momento a otro su cara se tornó de un gris muy oscuro, y su sonrisa se hizo cada vez más y más grande con unos dientes afilados y una lengua grotesca. Sus ojos parecieron querer salirse de sus orbitas y solo dijo de una forma gutural, casi un gruñido:

-Tengo hambre-.

Sebastian volteó la mirada rápidamente y el taxista miró por el espejo retrovisor alarmado; solo tardaron unos segundos para que el hombre clavara sus colmillos en el conductor. Justo en el cuello; Sebastian no dudo en tirarle la mochila en la cara y abrir la puerta del taxi para saltar en pleno camino.

Aunque se dañó unos huesos. Sebastian estaba vivo. 

En el noticiero del día siguiente Sebastian vió como se había encontrado el cadáver del taxista mordisqueado y su auto estrellado. Todos los peritos daban con la misma respuesta: El taxista se habría estrellado y algún animal salvaje lo devoró cuando este estaba muerto. 

Pero Sebastián sabía la verdad. 

Vió como no habían encontrado su mochila en el auto así que el hombre del traje azul la tendría de seguro... 

Desde ese entonces Sebastián cambió su ruta para tomar el bus, nunca más fue al mismo paradero y nunca más se atrevió a compartir un taxi. 

Aunque no volvió a ver al hombre de traje azul en su vida. Supo que este estaría en otro paradero, con su mismo terno; seduciendo a otra persona para compartir el taxi... Y su misma sonrisa amigable; escondiendo sus monstruosos dientes. 

 

 

 

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Amo la novela de ciencia ficción y terror. A mis 16 años (pronto 17) soy un aprendiz de escritor en mis ratos libres y amante de la escritura. Cuando algo pasa en la calle, un pequeño suceso, siempre; casi siempre, tengo que escribirlo.

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