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7 min
Regreso a casa
Amor |
18.05.15
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Sinopsis

Martina debe de volver a su antiguo pueblo después de la muerte de su abuelo...

Martina conducía con miedo por la autovía. En Madrid nunca solía hacerlo, y en realidad tenía que aceptar que nunca había sido una gran conductora. Además, llevar un coche alquilado tampoco era un gran aliciente. Había llegado al aeropuerto de Ranón, en Asturias, hacía una hora, y ahora se desplazaba en ese coche alquilado hasta San Antonio. Le hubiera gustado que Juan estuviera a su lado en esos momentos, pero no había encontrado a nadie que lo librara de sus turnos de trabajo. De todas formas, Martina tenía que reconocer que echaba de menos a Juan en esos momentos, para que conduciera el coche y la calmará, pero que por otra parte, no quería mezclar a Juan en su antiguo mundo. No se imaginaba como se sentíria si viera a su actual pareja rodeada de todas las personas con las que había compartido su niñez y adolescencia. 

Cuando ya estaba en la entrada de San Antonio tuvo que detener su coche. Solo unos minutos para observar esa villa. San Antonio no era un pueblo excesivamente especial, se parecía a muchos otros de la zona. Décadas atrás había sido un pueblo de pescadores, con un muelle lleno de pequeñas embarcaciones. En la actualidad ese muelle ya no tenía tantos barcos pesqueros, ya que una parte del mismo se había transformado en muelle deportivo, con algunos barcos de paseo aparcados. San Antonio seguía teniendo pescadores, pero en la actualidad era más bien un lugar turístico. Pero a simple vista parecía que nada había cambiado, como si esos diez años solo hubieran pasado por ella olvidándose de ese pequeño lugar en la costa del norte de España. 

Cruzo todo el pueblo reafirmandose en la misma idea, hasta que por fin llego a la casa de su abuelo. Era un pequeña casita de dos plantas casi a la orilla de la playa. Subió los escalones de la entrada y busco una llave debajo de un tiesto en la ventana derecha. Cabía la posibilidad de que su abuelo ya no dejara la llave de repuesto allí, pero no, si que se encontraba, en el mismo lugar que cuando era adolescente y se la olvida. Su abuelo había empezado a dejar una llave allí para que nunca se quedara fuera de casa. 

Entrar en esa casa fue un verdadero shock. Todo estaba como en su adolescencia, no había cambiado ni un solo mueble. Miro por la ventana de la cocina y observo la casa de los Suárez, que si que parecía haber sufrido algunas transformaciones, aunque seguía teniendo ese aire familiar que tanto la había atraído en su niñez. Y de repente todos los sentimientos se agolparon en su interior. Se sentó en la silla de la cocina y comenzó a llorar. Por fin comprendió que Esteban ya no estaba, que nunca volvería a estar, y aunque hacía muchos años que no se veían, se sintió más sola de lo que nunca se había sentido en su vida, y eso en el caso de Martina era mucho decir.  S

intió una mano en su hombro, y se dió la vuelta asustada. La que la tocaba era una guapa chica rubia con el pelo largo, y unos ojos azules muy brillantes. En un primer instante no la reconoció pero en seguida se dió cuenta de que era Ana, la hija pequeña de Diego, la hermana de Irene. Solo era unos 3 años más pequeña así que debía de tener unos 25 años en la actualidad. 

- Dios mio Martina, deberías haber avisado de tu llegada, no nos hubiera importado ir a recogerte. ¿Te encuentras bien?- dijo Ana con la misma dulzura que la caracterizaba en su adolescencia.  Sin pensarselo dos veces Martina se levantó y abrazo a Ana. No eran normales esos impulsos cariñosos en ella, es más, solían decirle que era fría. Pero en esta ocasión no pudo evitarlo. Ana le correspondió al abrazo, y la sostuvo entre sus brazos mientras intentaba calmar su llanto. Se sentaron en las sillas y una vez más fue Ana la que comenzó a hablar. 

- Están todos en el tanatorio, en realidad, dentro de una hora ya será el funeral. Mi padre me ha dicho que no tienes que preocuparte por nada,  tu abuelo tenía un seguro que pagara todo, y la cofradía se ha encargado de toda la organización... ¿Sabés lo que le sucedió?

- No...- contesto Martina sonrojandose un poco. No había caído en ello hasta después de colgarle a Diego, y no se vió con fuerzas para volver a llamarlo. Temía que la respuesta fuera que su abuelo llevaba tiempo enfermo y la distancia entre ellos había impedido que Martina se enterará. Pero Ana contesto como si le estuviera leyendo la mente. 

- No estaba enfermo, fue un infarto fulminante. Se metió por la noche en la cama y se murió mientras dormía... No sufrió, no se entero de nada. Se fue sin hacer ruido, como a él le hubiera gustado, ¿no crees?

- Si, conociendolo supongo que si- Contesto Martina esbozando una nostálgica sonrisa.-¿Fue tu padre él que lo encontro?

- Eh...no, no... Fue Irene- Ana parecía incomoda dando la respuesta, sobretodo observando la sorpresa de Martina. Aunque en realidad no sabía de que se sorprendía porque su abuelo e Irene siempre habían tenido una buena relación

- Irene suele venir una vez al mes a vernos, y siempre pasaba a ver a Esteban, coincidío ese día. Pico y como ya era tarde y no vio nada por la ventana se preocupo y entro con la misma llave que supongo has utilizado tu- Mucho recuerdos se agolparon en la mente de Martina. Claro que Irene sabía donde estaba la llave de repuesto, era normal que entrara a cualquier hora del día a su casa. La confianza era total entre ellas. 

Después de esa conversación Martina fue con Ana hacia el tanatorio. Era agradable no tener que entrar allí sola, sin embargo tuvo que reconocer que todo fue mucho mejor de lo que ella pensaba. Recordaba tanto lo malo de vivir en San Antonio, que se le habían olvidado las partes positivas. Todos la trataron con familiaridad, y las muestras de cariño y condolencias eran sinceras. Su abuelo era un hombre querido, y sabían que a Martina ya no le quedaba más familia. Allí también se encontro con Diego. La reacción de él fue distinta a la de los demás, la trato con cierta indiferencia, con frialdad. Pero Martina no tuvo tiempo a reflexionar sobre esa situación porque en seguida salieron hacia la Iglesia del pueblo.  Después de un emotivo funeral, fueron hacia el cementerio, donde el feretro de su abuelo fue introducido en un nicho por algunos de sus compañeros. Martina se sentía como si no fuera ella la que estuviera viviendo esto, como si esta desgracía la estuviera viviendo otra persona. Agradecío que tanto Ana como Diego permanecieron todo el tiempo a su lado. Pero cuando todos comenzaron a abandonar el cementerio se dio cuenta de que ella quería quedarse allí sola, y así se lo indico a sus dos vecinos que entonces también se fueron.  Durante unos minutos, quizás una hora, Martina estuvo sola delante de la tumba de su abuelo, recordando muchos momentos, siendose culpable de no haber estado a su lado durante los últimos años. Pero el sonido de unos pasos la sacaron de sus pensamientos. Se dio la vuelta y entonces la vio. Fue como un rayo impactando en su pecho. Era Irene. 

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  • Gracias Néstor! Tomo nota de tu consejo!
    Muchas gracias Señor h!
    interesante relato, esta bien estructurado
  • Martina recuerda como una Noche de San Juan cambio para siempre su vida...

    Martina e Irene están solas en una casa con demasiados ecos de su pasado...

    Martina e Irene se reencuentran, para descubrir que todo ha cambiado mucho, o quizás no...

    Martina debe de volver a su antiguo pueblo después de la muerte de su abuelo...

    Martina considera que su vida es prácticamente perfecta. Tiene un trabajo que le gusta, un piso que le encanta y que comparte con Juan, su novio desde hace cinco años. Sin embargo, una llamada pondrá su vida patas arriba. La obligara a volver a San Antonio, el pequeño pueblo del que salió siendo una adolescente. Allí se verá obligada a enfrentarse a su pasado y a aquellos que dejó atrás.

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