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14 min
RELATO LA CÁMARA PERDIDA PARTE FINAL
Terror |
30.08.15
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Sinopsis

Bienvenidos sean ustedes al gran final de la historia “LA CÁMARA PERDIDA” publicada en este espacio desde la semana pasada. Es un gusto y un placer para mí llevarlos de la mano para que vivan las emociones que nuestro protagonista está a punto de vivir. Disfruten de este gran final y de ante mano nuevamente, muchas gracias a todos por su paciencia y su lectura.


RELATO REAL LA CÁMARA PERDIDA
PARTE FINAL

Encendí el motor de aquel pequeño bote que nos trasladaría hacia las aguas de los mares; pero antes de que pudiera arrancar Yulian sujetó mi hombro y me dijo: “No confíes en nadie, en nadie…” seguido de esto se desplomó en el agua y pude ver como su cuerpo se hundía en las aguas heladas que lo consumían.

Ahora estaba solo, solo completamente, ¿Qué podía hacer yo? ¿A dónde tenía que dirigirme? Empuje la palanca que daría marcha al bote y sin vacilar lo conduje muy lejos de ahí. Las balas seguían rosando las aguas; pero ninguna me hizo daño. Pude ver a lo lejos como los automóviles que estaban cerca del lugar se movilizaban velozmente, quizá querían detenerme o simplemente se habían dado por vencidos.

Mientras el bote seguía en marcha mi mente se estancaba en lo ocurrido. Yulian y el Dr. Petrof habían muerto por mi culpa. Detuve el bote en medio de aquel canal que conducía hacia el mar y en un momento de locura, tomé la memoria que había puesto en mi zapato e intenté arrojarla. Algo me detuvo, no sé si fueron mis pocas intensiones de hacerlo o quizá porque mis ojos se fijaron que dentro de aquel bote había una computadora pequeña. 

Me arrepentí de querer arrojarla y me acerqué a aquella computadora que estaba en la parte baja de un asiento dentro del bote. La tomé en mis manos e intenté encenderla, aquella máquina tenía corriente para funcionar. Inició el sistema operativo y mis manos comenzaron a temblar. Yo sabía conscientemente que el contenido de aquella memoria era más que imágenes. Según lo que me comentó aquel hombre en la casa dentro de todos esos archivos había un mapa escondido.

Cuando inserté la memoria en la computadora automáticamente la pantalla me mostró un mensaje que decía: “Usted está accediendo a un contenido privado”. Era extraño, porque en aquella ocasión dentro de mi habitación mi computadora personal no había mostrado ese mensaje, algo no me cuadraba. Le di aceptar aquel mensaje y pude entrar al contenido de la memoria. Efectivamente la memoria contenía fotos y vídeos. 
Algunas fotografías eran escalofriantes y otras muy normales. En algunas aparecía King con su hijo tomado del brazo; pero había algo extraño en cada una de esas fotografías familiares. El rostro del niño en todas las fotografías aparecía difuminado, como si la cámara no captara su cara.

Me entró mucha curiosidad y comencé a buscar más fotografías de ese tipo. Absolutamente todas las fotos familiares estaban retocadas de la misma manera, como si alguien no quisiera mostrar el rostro de aquel niño. King siempre aparecía con una sonrisa y por supuesto con un arma en la cintura. Solo con observar aquella foto, King parecía un hombre normal; pero sabiendo su historia todo punto de vista cambiaba.

Había varias carpetas dentro de la memoria; pero en especial estaba la carpeta JSP, que contenía todas las fotos de los asesinatos de King. Había imágenes muy fuertes, personas descuartizadas, desolladas y quemadas. Había imágenes de niños mutilados juntos a sus madres, aquella colección era una masacre total. 

Algo peculiar que se notaba en los cuerpos era un tatuaje que aparecía con forma de círculo encerrando tres figuras geométricas más. Este tatuaje estaba situado en la parte baja de la cintura de todos los cadáveres dentro de aquella carpeta. En algunos era muy obvio, en otros se tenía que prestar más atención; pero sin duda alguna, encerraba un significado especial. 

El tiempo pasó volando y la oscuridad cayó en aquel lugar. Había mucho frío y la luna brillaba con calma allá en el cielo. Desde que detuve el motor de aquel bote, no escuché ningún ruido que me provocara un disparo de nervios. Todo parecía apacible y relajado, quizá el final de mi vida estaba cerca. 

No pude pegar un ojo en toda la noche y la mañana comenzó a romper el frío que la madrugada había dejado. Tenía que tomar una decisión pronto, y no sabía qué hacer. Mi instinto me impulsó a encender el motor de aquel bote y cuando estaba dispuesto a dar marcha hacia adelante, un interruptor dentro del bote comenzó a emitir un fuerte sonido. Lo presioné y se activó un pequeño parlante que estaba al costado derecho.

- ¿Dónde estás? – Preguntaba aquella voz distorsionada
- ¿Quién es? – Pregunté
- No estoy para juegos, dime ¿Dónde estás? – Preguntaba aquella voz de nuevo.

Supe de inmediato que aquel que me hablaba era el mismo hombre que había estado hablando conmigo en aquella casa.

- Disculpa, no había conocido tu voz – Respondí nervioso – Estoy en medio del lago y con el motor del bote encendido.
- Debes marcharte cuanto antes, un grupo se dirige hacia dónde estás y si no te marchas ahora, terminarás muerto, ¡Apresúrate! 

El motor de aquel bote se echó andar y a toda velocidad me dirigí hacia una ciudad cercana que estaba como a tres kilómetros. Mientras me desplazaba sobre el lago no vi nada sospechoso alrededor, mi ser estaba tranquilo, ya no había más angustia. 

Veinte minutos después llegué a la ciudad esperada. Aquel hombre me estaba esperando en el muelle común. Bajé y sin mediar palabra nos dirigimos a un auto de color gris que nos esperaba en la parte alta de aquel sitio. Estando dentro del auto, aquel hombre hizo una confesión que no esperaba.

- Mi nombre es Mr. Ray, quizá te lo estás preguntando desde hace mucho y quiero que de ahora en adelante puedas hablarme con más confianza. Estamos en una situación peligrosa y el objetivo final está cerca. ¿Has visto el contenido de la memoria? – Preguntó Mr. Ray
- No, no lo he visto aún – Respondí agachando la mirada.
- Sabes perfectamente que lo que me dices es mentira, ¡No mientas! – Dijo Mr. Ray alterándose.
- Es cierto, perdón, es que temo tantas cosas que ya no sé qué pensar – Respondí.
- Yulian creía que podíamos cerrar este plan de manera exitosa – Dijo Mr. Ray – No arruines el sacrificio de Yulian.
- No lo haré – Respondí. 

El auto se estacionó a las afueras de un hotel y Mr. Ray me dijo que me quedara dentro del auto mientras él subía por unas cosas. Al volante estaba su chófer, un hombre moreno bien fornido y con una actitud distanciada. Mr. Ray no bajó en el tiempo indicado y el chófer arrancó el auto y sin meditarlo siguió su camino. Al interrogarlo por lo que había hecho el chófer me dijo que Mr. Ray le había dejado instrucciones claras al respecto, él solo estaba cumpliendo las órdenes que se le había dado. 

Me sentí nervioso en ese instante, ¿Qué había pasado? ¿Por qué Mr. Ray no bajó? Había muchas preguntas que estaban sepultadas; pero que ahora estaban sobre la mesa nuevamente. El chófer se metió a varios callejones intentando encontrar una entrada o al menos eso era lo que yo pensaba; pero después de un par de minutos resultamos estacionados frente al mismo hotel.

Segundos más tarde Mr. Ray apareció por la puerta llevando dos maletas muy pesadas. Puso las maletas en la cajuela y luego subió al auto. Su presión estaba acelerada, podía notarse claramente que había corrido, estaba un poco sofocado. 

- ¿Está todo bien? – Pregunté
- No te preocupes, todo marcha a la perfección – Me respondió Mr. Ray

El auto arrancó y nos dirigimos velozmente hacia otro edificio. La operación se repitió cinco veces más en diferentes instalaciones. Algo me decía que todos esos movimientos estaban muy relacionados con la memoria que yo poseía. Al finalizar el último recorrido Mr. Ray me preguntó:

- Aún tienes la memoria contigo ¿Cierto?
- Claro que sí – Respondí inquieto por la pregunta
- ¡Perfecto! Dámela - Dijo Mr. Ray

Me agaché para tomar la memoria de mi zapato y por sorpresa un fuerte golpe me dejó noqueado. Minutos después desperté dentro de un almacén bastante grande, había mucha maquinaria y algunos autos desmantelados. Yo estaba atado a una mesa giratoria y al lado mío estaba atado Mr. Ray y el chófer. ¿Ahora qué estaba pasando? ¿En verdad era tan importante el contenido de aquella memoria? 

La voz de un hombre se escuchó en el almacén y este se dirigía a nosotros:

- Vaya, vaya, vaya, hasta que por fin te encontré – Dijo aquel hombre mirándonos a los tres. 
Mr. Ray y el chófer estaban aun con los ojos cerrados, yo era el único que estaba un poco lúcido en ese momento.
- Me costó mucho encontrarte; pero ahora ya eres mío – Dijo aquel hombre acercándose a mí.
- ¿Qué es lo que quieres de mí? – Pregunté un poco atontado.
- Dirás quería, porque ya no te necesito – Dijo aquel hombre sacando una navaja.
En ese momento Mr. Ray y el chófer se despertaron y se sorprendieron al notar donde se encontraban.
- ¿Qué hacemos aquí? ¡Quítanos esto! – Dijo Mr. Ray
- Estás en una de mis mansiones – Dijo aquel hombre lamiendo la navaja – Con la única diferencia que en este lugar no viven personas, sino ¡cadáveres!

El ambiente se volvió tenso en aquel momento y podía notar en la cara de Mr. Ray una desesperación como la que yo sentía por dentro. El hombre se acercó al chófer de Mr. Ray y puso la navaja en su cuello. Aquel hombre fornido no se inmutó ante la amenaza inminente de aquel bárbaro despiadado. 

Al ver esto, aquel hombre de navaja dijo estás palabras:
- Parece que has entrenado bien a este soldado Ray, pero… ¿Es de acero? 

Y dicho esto traspasó el corazón del chófer con aquella navaja. Una risa ensordecedora se germinaba en la garganta de aquel maníaco. El chófer sacaba su sangre por la boca a borbollones, no podía defenderse porque estaba atado de pies y manos, la muerte estaba cerca de él.

Cerré mis ojos para no ver la masacre de aquel hombre que había sido de gran ayuda para Mr. Ray y para mí, no podía soportar más muertes por culpa mía, así que levanté mi voz y dije:

- ¡Ya basta! ¡¿Por qué todo tiene que ser muerte?!¿Por qué todo tiene que terminar así?!
- Ja ja ja, No me digas que ahora se te despertó la moral, espérate a saber toda la verdad y luego cambiarás de opinión – Dijo aquel hombre riéndose a carcajadas.
- ¿Toda la verdad? ¿De qué verdad me estás hablando? – Pregunté con intriga
- ¿Acaso Ray no te ha dicho? ¡Oh! Creí que ya lo sabías, ¿Cuándo pensabas decirle Ray? ¿Cuándo estuviera muerto? – Dijo aquel hombre dirigiéndose a Mr. Ray
- ¿De qué verdad está hablando Mr. Ray? ¿Qué es lo que tengo que saber? – Pregunté a Mr. Ray

Mr. Ray guardó silencio y aquel hombre con la navaja en mano se acercó a él, sujetó las muñecas de Mr. Ray y de un tirón cortó las sogas que lo ataban. Mr. Ray entonces se levantó de la mesa se arregló la corbata y le dio un abrazo al hombre de la navaja. Después de ver esa escena me quedé estupefacto.

- ¡¿Qué…?! ¡¿Usted lo conoce?! – Pregunté a Mr. Ray
- Escucha con atención Jorge, nada es lo que parece en este mundo. Vivimos en una especie de holograma y en muchas ocasiones confundimos las buenas acciones con favores o muestras de cariño. Aquí en este mundo nadie da nada sin obtener algo a cambio o al menos eso es lo que se vive en este ambiente de ambición. Tú solo fuiste mi conejillo de indias para burlar en su totalidad a los que nos perseguían o bueno en este caso a los que te perseguían a ti. ¿Recuerdas la historia que te conté en la casa de campo? Bien, hay algo que me faltó comentarte, King Yong fue mi padre y por muchos años busqué esa cámara para poder obtener su fortuna. Y sé que te estás preguntando ¿Cómo puedo ser hijo de él si no pertenecemos a la misma cultura? Bueno te respondo, King Yong me adoptó cuando tenía tres años y en todo fue mi padre, menos en darme amor, así que cuando tuve mi oportunidad de traicionarlo y hacerlo pagar por todo el dolor que había provocado en mí, lo hice. Yo fui quien organizó todo el complot para quitarle el poder a mi padre. Pero cuando pensé que sería fácil obtener su riqueza me di cuenta que aquel mapa que indicaba todos los puntos donde mi padre había enterrado su fortuna no estaba, alguien lo había escondido. Entonces apareciste tú, y desde ese momento no te perdí de vista y me ayudaste a llegar hasta donde estamos. De ante mano te doy las gracias y espero que cuando llegues al infierno, le des un abrazo a mi padre de mi parte – Dijo Mr. Ray acercándome un arma a la cabeza. 

Todo estaba mucho más claro, todo parecía indicar que durante ese tiempo estuve conviviendo con las serpientes y no me di cuenta. El fin de mi vida había llegado. No tenía más la memoria en mi poder, ya no tenía nada que respaldara mi estancia en esta tierra. Mr. Ray acercó el cañón del arma a mi sentido derecho, escuché como se accionaba el gatillo; pero antes de que este se accionara en su totalidad un auto se estrelló en la entrada de aquel almacén.

Era la verdadera policía que había llegado para aprender a Mr. Ray y su banda. Aquel hombre de la navaja y Mr. Ray salieron corriendo muy de prisa de aquel lugar, mientras disparos y más disparos se escuchaban en derredor. Yo no podía huir porque estaba atado de pies y manos, acostado en aquella cama de metal frío nada más podía esperar mi muerte o mi rescate. “¡¡Aquí hay uno, aquí hay uno!!” gritaban los agentes mientras se dispersaban en todo el almacén. Luego me trasladaron a una jefatura y me interrogaron. Ahora estoy aquí delante de ustedes y eso es todo lo que tengo que decir…

Jorge fue condenado a muerte por apoyar el tráfico de drogas y el sicariato de la banda de Ray Yong hijo de King Yong. Dos años después de su condena, Jorge fue encontrado en una celda de la presión, atado de pies y manos y con una soga en su cuello. Jorge murió a los treinta y cinco años de edad. Nadie encontró a Ray Yong y tampoco se sabe si este pudo encontrar las bóvedas con la fortuna de King Yong. 

FIN

P. CARDONA

 

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