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6 min
RELATO REAL RAMIRO Y JOSEFINA
Drama |
07.10.15
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Sinopsis

Si este fuera tu último día sobre la tierra ¿Qué harías?

 

Era una mañana fría, las nubes en el cielo ocultaban al sol, y la niebla cubría todo alrededor. Josefina se había levantado muy de mañana para prepararle el desayuno a su esposo. Andaba de aquí para allá y de allá para acá dentro de la casa. Ramiro que se encontraba sentado a la mesa con el periódico en la mano, miraba fijamente las curvas de su esposa. Josefina se dio cuenta y con un tono de complicidad ella le dice:

- ¿Qué me miras?
- Nada, solo veo a la hermosa mujer con la que me casé – Dice Ramiro sonriéndole.
- Mmm ya está tu desayuno – Dice Josefina poniendo a la mesa un plato de frijoles, café y tortillas.

Al poco tiempo Ramiro termina su desayuno, se levanta y se dirige hacia su habitación para cepillarse los dientes. Josefina levanta todo de la mesa y encuentra un pequeño papelito que dice: “Te amo por lo que eres y no por lo que tienes”, Josefina sonrió y se guardó aquel papelito en su delantal.
Ramiro se acercó a ella y le dio un beso en sus labios y con voz de ternura le dijo:

- Ya me tengo que ir, ¿Me vas a extrañar?
- Claro que si viejo, sabes que te extraño cuando no estás – Dijo Josefina sujetando las manos de Ramiro.

Ramiro Salió de su casa y continuó su camino hacia su trabajo. Ramiro trabajaba en una constructora como piloto de una excavadora. Trabajaba más de ocho horas al día y con lo poco que ganaba solo le alcanzaba para vivir al lado de la persona que más amaba en este mundo. Ramiro perdió a su madre cuando tenía quince años y a su padre jamás lo conoció. Su vida había sido dura, de trabajo y soledad; pero un día la vida le sonrió y conoció a Josefina. Una chica muy alegre, sonriente y animada. La vida los llevó por los senderos del amor y se casaron.

Ramiro y Josefina tenían diez años de casados y no habían podido tener hijos. Muchas veces lloraron los dos a la orilla de la cama, esperando que la vida se compadeciera de ellos y los dejara tener un hijo. Pero el tiempo les enseñó que había que luchar aunque pareciera difícil el recorrido.

Ambos vivían muy felices y se amaban mucho. Ramiro era un detallista, un hombre de esos que escribe cartas y le aplica perfume. Josefina era una encantadora mujer, le gustaba preparar los mejores platillos para su esposo, porque él disfrutaba de su cocina. Ambos tenían una manera diferente de dar detalles; pero los dos sabían lo importante que era hacerlo.
Esa mañana Ramiro llegó diez minutos antes a su trabajo, el jefe le había dicho que podía escoger el turno que quisiera y Ramiro decidió trabajar el primer turno para salir temprano y volver con Josefina su mujer.

El día transcurría con normalidad y Ramiro estaba a punto de terminar su turno de trabajo, solo tenía que bajar la máquina que tripulaba ya que estaba subida en un bordo con muchas rocas. El turno había sido duro; pero ya era lo último que tenía que hacer. 
Ramiro colocó la reversa y la máquina comenzó a descender. Un ruido extraño se escuchó en el motor de la máquina que Ramiro tripulaba y esta comenzó a temblar y a desestabilizarse. Ramiro estaba en peligro, no podía saltar porque el lugar donde se encontraba era muy alto, tenía que ver de qué manera maniobraba aquel monstruo de metal para llevarlo a tierra firme. 
Ramiro tenía algunos años de experiencia y no era la primera vez que se encontraba en una situación así. Los compañeros de trabajo, desde la parte de la garita lo miraban y le gritaban que mejor se bajara; pero Ramio tenía confianza en sí mismo y sabía que podía estabilizar aquella máquina pesada.

El motor no soportó más y la máquina perdió su fuerza hidráulica y comenzó a desplazarse hacia abajo. Ramiro sabía que aquellos momentos serían los últimos para él; y lo único que cruzó por su mente fue su amada esposa Josefina. Pasaron miles de imágenes en su mente y una tristeza invadió su alma antes de que pudiera reaccionar ante aquel accidente.

Su corazón lloró y se partió en mil pedazos antes que pudiera morir. Cuando aquel hombre cayó desde el risco junto con la máquina su vida no existía más. Todos se alarmaron y corrieron para auxiliarlo; pero Ramiro ya había muerto.

Josefina se encontraba en su casa haciendo la limpieza del hogar. Dos semanas antes Ramiro le había comprado un celular de esos modernos para que pudieran estar comunicados. Pero aquel día no escucharía la voz de Ramiro por el auricular, sino la voz de una amiga que le informaba sobre desastre.

Josefina sintió mareos y su mundo comenzó a despedazarse poco a poco. Sueños, alegrías y esperanzas, fueron muriendo una a una, hasta quedarse sin nada. Sus ojos se secaron, no lloraba, simplemente estaba muerta en vida. Ella se desmayó y no recordó nada más. Despertó en la sala de un hospital, su mente estaba en blanco, no sabía si había sido una pesadilla o si lo había vivido; pero el dolor de su alma le decía que todo era verdad.

No se contuvo y lloró, lloró la pérdida de un ser que le brindó amor a pesar de las pobrezas, de las circunstancias y de sus vivencias. Aquel ser que la amaba ya no estaba con ella. La enfermera se acercó y le dijo:

- Encontramos esto en una de las bolsas del delantal que cargaba usted.
Josefina extendió su mano y estrechó en ella aquel papel que Ramiro le había dejado a la hora del desayuno – “Te amo por lo que eres y no por lo que tienes” – Decía aquel papel que llevaba impregnado su aroma.
- Gracias – Dijo Josefina mientras sollozaba pegando aquel pedazo de papel a su pecho.
- No debe de sentirse triste – Dijo la enfermera tomándola de la mano – Ahora usted tiene un motivo más para luchar – Terminó diciendo.
- ¡No tengo más motivos para vivir! – Dijo Josefina con lágrimas en sus ojos.
- Claro que los tiene, ¡usted será mamá! – Dijo la enfermera con una sonrisa gigante en su cara.
Josefina se quedó en silencio por un momento y aquellas lágrimas de dolor se teñían de coloresarcoíris. Ella tendría el mejor recuerdo de aquel hombre que la amó con locura durante todos esos años. 
“El amor verdadero dura hasta el fin de los días”

P. CARDONA

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