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13 min
Réplicas I
Suspense |
25.06.15
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Sinopsis

La historia se sitúa en una pequeña aldea, dónde la rutina de una familia se ve interrumpida por la aparición de unos seres iguales a ellos.

Sucesos extraños.

 

Toc, toc, toc, toc… Un incesante ruido producido por la mezcla de aire, árboles y ventanas. Esa noche apenas pegué ojo, la lluvia era fuerte y me agradaba, sin embargo, no concilié el sueño.

A la mañana siguiente todo seguía igual que todos los días, la rutina de siempre, antes de irme al instituto mi madre se aseguraba de que estuviera abrigado, de que hubiera desayunado y de que todo estuviera en orden. Cuando así era, salía de mi casa, cogía el autobús y me dirigía al instituto, pero esa mañana, de camino a la parada del bus, entre un par de árboles escuché algo y cuando me fui acercando vi una sombra, así que salí disparado hacia mi destino sin mirar atrás.

En el instituto no comenté nada a mis amigos pero cuando llegué a casa, mi madre y mi tía se encontraban enzarzadas en una fuerte discusión.

- ¡Ya has vuelto a beber, estoy harta de que siempre sea la misma historia, te meto en mi casa a pesar de que por tu culpa mi matrimonio se tambalea y tú no puedes hacer el mínimo esfuerzo por mantenerte alejada de la bebida! ¡Vas a irte a una institución para que te desintoxiques de una vez! –gritaba mi madre histérica.

- De verdad que no he bebido, créeme Rachel, me encontré en el arroyo una persona idéntica a mí que me roció con una botella de whisky. Te lo juro por Jak… -se lamentaba Mary con lágrimas en los ojos, pero no le dio tiempo a terminar su juramento cuando mi madre la abofeteó y se fue concluyendo la discusión.

- No tienes una excusa mejor…

Cuando mi madre se fue, mi tía comenzó a llorar desconsoladamente, me acerqué y le mostré mi apoyo incondicional.

- Tita, yo te creo. –dije contundente, pensando en mi experiencia de esa mañana.

- Jake, están pasando cosas muy raras. Tengo miedo… Esta mañana sobre las once y media empecé a pensar en el alcohol así que fui al río a remojar los pies y despejarme pero allí escuchaba hojas crujir, veía sombras, un escalofrío me estremecía el cuerpo así que decidí regresar a casa, pero al volverme me encontré con una per… Con algo como yo, idéntico a mí. Me quedé paralizada, en mi cabeza se agolpaban los pensamientos, las ideas sobre lo que aquello podía ser. No me dirigió palabra, no despegó los labios, simplemente me roció con una botella de whisky y caí al río. Cuando llegué intenté esconderme, me duché y metí la ropa en la lavadora, pero tu madre la ha visto y ya has observado lo que ha ocurrido.

 

 

Aparición.

 

Transcurrió una semana de la discusión entre mi madre y mi tía. Mi padre volvió a darle un ultimátum, y desde ese día, para todos seguía sobria, aunque lo que no sabían es que en realidad llevaba 36 días sin probar el alcohol.

Las noches eran terribles, tenía decenas de pesadillas sobre personas iguales a nosotros, se acercaban mudas a nosotros y cuando se encontraban en frente, me despertaba. Dormía muy poco y las ojeras se me iban notando.

Mis padres aún no se habían hecho eco de la situación, mis padres ni nadie de Berlington, solo habíamos percibido cosas extrañas mi tía Mary y yo, así que hicimos un pacto de silencio, porque creímos que no era buena idea que los únicos  que habláramos fuéramos un niño fantasioso y una alcohólica en rehabilitación.

 

Me remonto a este día porque me sucedió algo importante, a raíz de ahí decidí no callarme nada. Estaba echando de comer a mis aves, me apasionaban y tenía casi un centenar. Tenía una habitación específica para ellas. Tenía las paredes altas, al igual que las ventanas por lo que para asomarme a estas tenía que subir a una escalera. Era un sábado al mediodía y hacía calor. Las cigarras no cesaban de cantar y los pájaros disfrutaban del sol y piaban. Entonces, entre el piar de los canarios y el chirrío de las cigarras escuché tras las ventanas un crujir de palillos secos y hojarasca. Me recordó a lo que me dijo Mary, coloqué la escalera y subí. Mis pesadillas se hicieron realidad, allí me encontré con mi tía Mary mirándome fijamente.

- Ti… Tita… Tita  Mary... –dije temeroso.

No recibí respuesta alguna, se quedó allí, mirándome, en su mirada no se veía nada. Tenía una mirada frívola, seria, inmutable. Un estrepitoso escalofrío recorrió todo mi cuerpo e inmediatamente la escalera se impulsó para atrás. Me di un gran cabezazo en el suelo y me quedé aturdido. Mi tía Mary, si, ella, corrió hacia la habitación, y venía del salón.  Como pude le dije que mirara por la ventana pero no había  rastro de nadie.

 

Sabía perfectamente que eso, aquello que me miró así, no era mi tía. ¿Pero qué era? ¿Habría más ‘’clones’’, o solo había una réplica de mi tía? ¿De dónde había salido? ¿Qué buscaba? Las preguntas incesantes no paraban de atolondrar mi cabeza mientras estuve en el hospital. Y es que tras aquel tremendo cabezazo pasé 2 semanas en el hospital, al menos estaba tranquilo.

 

Le expliqué a mi madre lo que vi y la advertí, e inmediatamente lo relacionó con lo que comentó mi tía durante aquella bronca que tuvieron.

- ¿Y si es una hermana gemela de la tita Mary? –preguntó mi madre sin saber que pensar.

- Mamá, que no estamos en una telenovela. –respondí contundente.

- Ni en una película de ciencia-ficción. –concluyó.

 

Desde aquel día mi madre empezó a tener las mismas pesadillas que yo tenía pero que por suerte, e increíblemente ya habían cesado. La palabra de mi tía no era muy segura pero a mí sí que me creía. No sabía que pensar.

 

A mi padre no le dijimos nada, ya que ante todo era muy escéptico.

 

 

Destripados.

 

Durante casi un mes, no volvió a ocurrir nada más extraño. La rutina volvió al hogar familiar pero toda esta normalidad se vio interrumpida por un duro golpe que asestó a la familia.

Nuestra perrita Dorothy apareció destripada y descuartizada en la puerta del patio. Esa imagen tan gore me atormentó durante días. Empecé a tener una visión roja de la vida, como aquel charco de sangre, las horas eran constantes clases de anatomía, toda clase de órganos, miembros amputados distribuidos por todos lados. Durante más de una semana en mi casa solo se respiraba vacío y tristeza, apenas había comunicación entre nosotros y, aunque para mi padre fue el primer hecho ‘’extraño’’, para mi madre, mi tía y yo, era el tercero.

 

Respecto a lo que pasó, en ese momento nada sabíamos, y tampoco imaginábamos que podía haber pasado, o más bien, qué podría haberlo ocasionado. Cuando ocurrió, mi padre fue a denunciar el hecho pero no le mostraron soluciones, excusándose con que habría sido una bestia salvaje. Esa respuesta tenía lagunas, dado que Dorothy no había ladrado y era un mastín.

 

Mis pesadillas ya no eran de personas iguales a nosotros que se posaban ante nuestros ojos y permanecían mudas, ahora veía a Dorothy ladrar sin parar ante aquellos seres. Todas las noches se volvían a producir estas pesadillas, noche tras noche, dormía muy poco y estaba muy cansado.

 

 

No estamos solos, confirmado.

 

Un mes después de lo de Dorothy, las vecinas de Berlington cuchicheaban sobre algo extraño:

- Lo que oyes Alice… Anoche había al menos 3 personas merodeando detrás de mi casa, creo que una banda está organizando un robo en la localidad. Eran sobre las 4 de la madrugada, escuché unos pasos y me asomé a la ventana de mi habitación, allí abajo había 3 personas dando vueltas y caminando de forma extraña, no hablaron nada de nada, luego se fueron con dirección al riachuelo. Me asusté mucho y cerré las ventanas, no he pegado ojo en toda la noche.

- Qué curioso, qué miedo, habremos de tener cuidado.

 

Tras escuchar esto, me propuse algo, esa noche iba a echarle agallas e iba a quedarme despierto, con la ventana abierta y mirando por ella. Solo de pensarlo se me erizaba el bello pero así lo hice. Cuando mis padres y mi tía Mary se acostaron eran casi las 2 de la madrugada, me dirigí a mi habitación y abrí la ventana de par en par, me postré ante ella intentando no quedarme dormido y esperando (aunque en mi interior deseaba que no) ver algo.

Pasó media hora y nada, hasta que a las 2:43 (miré el reloj en cuanto escuché algo) empecé a ver sombras muy a lo lejos, allá por la arboleda del riachuelo, mi corazón empezó a latir muy fuerte, mi cuerpo se paralizó, aquellas sombras se movían sin rumbo, de aquí a allá, aparecían, desaparecían, tenía un miedo increíble, quería salir a la calle y dar una voz, ahuyentar a lo que fuera aquello pero no me armaba de la suficiente valentía. Las sombras permanecieron durante mucho rato, al menos hasta que recuerdo, y finalmente me dormí, pero para mi sorpresa, cuando abrí los ojos, ya de día, allí, agarrando los barrotes de la ventana y con la cabeza entre un par de ellos, estaba la imagen de mi tía Mary, mirándome fijamente, mis ojos se abrieron como platos, me quedé sin voz, sin aliento, mi cuerpo se paralizó y dos lagrimones cayeron de mis ojos hasta que, para mi sorpresa, aquella imagen que resultó ser mi tía real dijo:

- Qué lindo eres cuando duermes.

Di un gran suspiro y las pulsaciones me bajaron considerablemente. Pero ahora saltaban en mi cabeza multitud de pensamientos escalofriantes. Había tenido toda la noche la ventana abierta y yo dormía enfrente, ¿y si me habían vigilado? El simple hecho de imaginarme a uno de esos seres mirándome fijamente a través de la ventana estremecía mi cuerpo, debía acabar con aquella situación, pero ¿qué podía hacer yo?

 

 

Riachuelo.

 

Casi había terminado el verano, la rutina estaba a la vuelta de la esquina. Había pasado el peor verano de mi vida, ya había quedado confirmado que no estábamos solos, que había algo acechando, algo que solía salir de noche, aunque yo lo vi de día, algo que no hablaba, o al menos no lo había escuchado nadie, y lo más importante, eran idénticos a nosotros, o no. Yo había visto algo igual a mi tía, mi tía había visto algo igual a ella, pero había más de uno. ¿Serían todos igual a mi tía? ¿Solo de nuestra familia había réplicas? ¿Había de todo el pueblo?

Eran muchas las dudas que anidaban en mi cabeza, así que esa noche le propuse a mi tía dormir en la azotea. Desde allá arriba se veía el bosque y la entrada al riachuelo, además de todo el pueblo, así que podríamos ver algo.

A las 23:00 subimos y comenzamos a observar pero nada parecía raro o fuera de lo normal, a la 01:00 de la madrugada aproximadamente vimos unos arbustos moverse, unos arbustos cercanos a los que vi la noche que me quedé despierto observando por la ventana. De repente y para nuestra sorpresa la figura de quien parecía ser yo salió de la nada, de aquella sombría arboleda. Mi tía y yo nos miramos y en un arrebato de valentía comenzamos a bajar la escalera para encararnos contra aquello. Entre tanto alboroto salía mi madre de la habitación preguntando el porqué de tanto escándalo, le dije que nos siguiera. Salimos a la calle y nos dirigimos hacia la parte trasera de mi casa, allí seguía ese engendro, mi madre se dirigió hacia ello y ambos se quedaron quietos, uno frente a otro, mi tía y yo comenzamos a gritar a decirle a mamá que viniese, que dejase aquello, pero se desmayó, y aquello se dio la vuelta y se metió en los arbustos de dónde había salido. Reanimamos a mi madre y la metimos en su cama, mi tía y yo volvimos a la azotea.

Después de un largo silencio incómodo, después de lo sucedido, ambos nos quedamos dormidos. Me desperté con los primeros rayos de luz, eran las 6 de la mañana, me asomé a la baranda y vi lo que nunca me imaginé que fuera a ver. Éramos mis padres, mi tía y yo, que íbamos por el camino al riachuelo, adentrándonos al bosque. Esa imagen era espeluznante, ¿cómo era posible? Esos seres iguales a mi familia iban muy juntos, muy despacio, con un paso firme, se me saltaron las lágrimas, no sabía que pensar y aquella imagen se me quedó marcada en mis ojos. Rápidamente desperté a mi tía y le enseñé la estampa, volvimos a bajar y me asomé al cuarto de mis padres para ver si ellos seguían ahí. Ambos dormían plácidamente. Seguimos bajando y corriendo como nunca antes lo habíamos hecho, nos adentramos en el bosque pero ya no había nada, inspeccionamos cada rincón y nada, necesitaba descansar, me senté a la orilla del riachuelo y metí los pies en el agua fresca. Allí permanecimos durante más de media hora, callados, luego nos dirigimos hacia mi casa, pero a la salida del bosque mi tía había desaparecido. La llamé incansablemente, volví a entrar en el bosque sintiendo escalofríos a cada paso pero nada, ni rastro de mi tía, volví a mi casa asustado, ya era completamente de día.

 

Antes de entrar a mi casa escuché gritos que provenían de mi padre y me asusté, ¿habría vuelto mi tía sin mí y mi padre le recriminaba haberme perdido? Entré entusiasmado a casa pero no, no estaba mi tía. Las voces eran hacia mi madre, que no reaccionaba. Me quedé en shock, me senté en el sofá y cuando llegó la ambulancia me quedé solo en casa. No me moví del sofá en todo el día, cuando oscurecía llamó mi padre y me comunicó que mi madre había entrado en coma sin razón. Seguí allí sentado, llorando, viendo sombras a través de las ventanas y escuchando golpes.

 

Mamá estaba en coma, Mary desaparecida, papá ajeno a todo y aquellas cosas seguían sueltas.

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