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5 min
Reviviendo mi propio libro
Amor |
07.07.15
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Sinopsis

¿Os ha pasado alguna vez que habéis escrito un relato o un libro y al cabo de un tiempo os ocurren situaciones similares o parecidas a las que escribisteis y las vivís plenamente? Otra época, otras descripciones, otras ropas, pero la misma esencia. O detalles con fechas que coinciden, lugares donde nunca has estado y al ir sientes un dejà vu, personas que son diferentes pero los reconoces por rasgos físicos como pecas, gestos con las manos, miradas que por una extraña sensación te son familiares…Ahora mismo tengo la sensación de estar viviendo mi propio libro pero 80 años después.

(…) Tengo la necesidad de explicar algo que me ha quitado el sueño, que me está transformando y han hecho aparecer unas sensaciones que no había sentido en mis 40 años de vida. Hace días que me fijo en un nuevo ayudante del viejo Rosenheim, el sastre judío con barba de chivo y ojos pequeños y punzantes. Todos los judíos están controlados y a este sastre le tenemos ganas por su mal humor y su desprecio a los que no son suyos. Desde que le rompieron los cristales y le pintaron la palabra Jude en su escaparate, se comporta. Hace un par de días entré con un par de compañeros a instigar a aquel judío que me dan ganas de estrangular por su insolencia y de repente vi que no estaba solo. Sonó la campanita de aviso cuando se abrió la puerta y me giré. Sin que pudiera controlar mi cuerpo sentí una euforia, una felicidad en mi alma que no he sentido en los 40 años de vida. Su aspecto era ario, parecía un alemán más aunque tienen prohibido servir a los judíos o bien un Mischling. Me acerqué a él y el suelo de madera crujió con mis pisadas. Le pedí la Kennkarte y lo miré con insolencia y me derretí al verlo. Era un ario, un adonis de sangre teutona que me revolucionaba las neuronas. Rubio, ojos azules, 1,80, una característica peca marrón en la mejilla derecha, aspecto aniñado, piel muy blanca y mejillas sonrosadas. Tenía unos ojos muy penetrantes, una mirada intensa y una sonrisa traviesa. Me recordó la imagen del prototipo del alemán puro que pregona el Führer. Sentí una súbita necesidad de protegerlo. Pero mi  ilusión desapareció cuando me entregó su documento. La Jota de la portada me enfrió de golpe. Abrí la cartilla y leí todos sus datos, con la otra J donde estaba su nombre. Se llama Hans Peter Blumenthal, es de Frankfurt y nació el 5 de agosto de 1910. Hace poco fue su 28 cumpleaños.  Esa letra es inconfundible, J de joven (Jung), de judío…

(…) No puedo evitar vigilar la zona de Rosental y Jakobplatz, donde están muchos negocios judíos, los últimos supervivientes. Cuando sale a la calle a hacer recados, me ahoga un calor sofocante, mis sentidos se descontrolan. ¿Qué demonios me está ocurriendo? Ni siquiera una emboscada ha sido capaz de descentrarme, soy un hombre frío y sé controlar mis emociones pero ahora…Soy preciso como un reloj, perfeccionista al máximo, ordenado al límite, pero él...Hans me desmonta, me enloquece, me trastoca. No creía en el amor y menos en el que decían a primera vista. La primera vez que lo vi sentí unas mariposas en el estómago, una sensación que jamás había experimentado. Maldita sea, es un judío, es un hombre, es mucho más joven que yo. Por las noches sueño con él. Puedo controlarlo todo excepto los sueños y por más que me lo propongo no logro que su imagen se borre de mi mente. Es más, me recreo cuando me levanto y tengo la sensación de volar, de elevarme y flotar en una felicidad que en estos tiempos tan convulsos es difícil de encontrar. Hace mucho que no río, muchos años, todo es seriedad hasta en la comida. Ni en mis horas libres logro encontrar algo que me llene, que me distraiga de una pesadumbre que me aprieta la cabeza, me amarga la boca, me hace jugar con el revólver y tener pensamientos perniciosos y peligrosos. Solamente si mis superiores leyeran mis pensamientos, si Adolf supiera quien me gusta, me ahorcaba en menos de cinco minutos o me mandaba fusilar por traidor.

(…) Aún tardo unos años en reencarnarme. He pactado con los maestros como quiero ser para aprender lecciones en la escuela de la tierra. Seré una mujer, sufriré discriminación,  tendré un padre como fui yo siendo alemán, todos mis jefes serán unos verdaderos nazis que me amargarán, mis amores serán imposibles y naceré en un país donde aprender que se debe vivir la vida. Seré compasiva y muy sensible, sufriré por los animales y los niños y tendré un aura artística que me ayudará en los malos momentos. Pregunto a mis guías cuál será el destino de Hans y me dicen que eso lo decidirá él. Le pregunto si volveremos a encontrarnos en la siguiente vida y dice que es posible pero que quizás se reencarne en mujer también, de otra raza, de otra clase social o que no esté libre. Quizás de aquí mucho tiempo y muchas vidas separados, nos reencontraremos y seremos felices de amarnos sin impedimentos, dos almas gemelas que ya nada ni nadie podrán separar.

“Un hilo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar el tiempo, el lugar ni las circunstancias. El hilo se puede estirar o enredar, pero jamás  se romperá".

 

 

 

 

 

 

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Me hubiera gustado ser periodista porque desde pequeña ya me gustaba crear cuentos y relatos. Escribir es mi bálsamo y mi oasis en los malos momentos y me ha ayudado a salir de muchos baches. Esta web me colma de felicidad tanto por poder escribir como que seas leída. GRACIAS A TODOS.

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