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61 min
Rhonda
Suspense |
29.11.14
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Sinopsis

Rhonda tabor es una profesora universitaria divorciada de su primer marido, en una fiesta conoce a un hombre. pero no contaba con que su vida daría un giro inesperado.

Capítulo 1

 
La luz se desvanecía rápidamente, cayó la oscuridad. Se hace de noche a principios de invierno. Hacía frío, empezó a llover fuerte, la lluvia golpeaba contra las ventanas. Rhonda Tabor  se quedó  en casa todo el día. Toda su vida pasó por delante de ella, quería romper con su pasado y olvidar que estuvo casada con el peor hombre de su vida, un marido celoso y manipulador. Sus preocupaciones le hicieron caer en la bebida. Ella tuvo que aguantar sus palizas con sus borracheras, esta fue la causa de que se rompiera su matrimonio. Era su oportunidad de ser feliz. Sonrió con valentía y no perdió el tiempo en la toma de una decisión. Se sintió con ganas de cambiar su vida, tenía que acabar con la rutina de una profesora de universidad, la cual, era reuniones de profesores y exámenes finales.
La habitación estaba completamente en silencio. Poco después sonó el teléfono sacando a Rhonda de sus pensamientos. Se dispuso a contestar. Al otro lado del teléfono una voz le resultó familiar. Era su amiga Jennifer Lowell.
¿Dígame?- preguntó
Rhonda, soy Jen-Respondió
¿Qué tal estás?- Saludó ella
Bien, te llamo para ver si mañana estás ocupada  Anna da una fiesta, ¿te apetece que vayamos?
No sé la verdad, no me apetece mucho. Quiero estar tranquila en casa.- Respondió sin mucha convicción.
Vamos mujer será divertido ¡quién sabe hasta puede que conozcas a alguien! Tienes que salir.- la animó su amiga.
¿Por qué no?- Respondió resolutiva
Así que se propuso acudir a la fiesta que daba su mejor amiga y conocer gente nueva para darle un nuevo aire a su nueva vida. Así que se duchó, se secó el pelo y se dirigió a su dormitorio. Abrió el armario y echó una ojeada a los vestidos que tenía. Se decidió por un  minivestido de color azul marino de tela lisa y elástica con escote sexualmente explícito muy ajustado, que daba forma a su cuerpo moldeado por el aeróbic y de una de sus nuevas modalidades originarias de Suiza: el Kondi. Iba complementada con zapatos de tacón de terciopelo azul. Nunca llevaba maquillaje en su cara. Se miró al espejo y quedó realmente asombrada de su imagen. Salió del dormitorio y se dirigió al salón donde cogió el teléfono y llamo a un taxi. Cogió su abrigo y se lo puso. Transcurridos unos minutos llegó el taxi. Se subió a él e indicó al taxista su destino.
El viaje duró cuarenta y cinco minutos. Salió del taxi y se dirigió a la entrada de la casa. Llegó al porche y llamó a la puerta. Tardaron un buen rato en abrir la puerta, después de unos minutos la puerta se abrió. Apareció en el umbral su amiga Anna. Cuando la vio no podía imaginar a su amiga con esa imagen tan seductora. La miró de arriba abajo.
Rhonda ¿eres tú?-preguntó asombrada
¿Sorprendida?- respondió ella
¡Qué guapa estás!-exclamó con entusiasmo. Nunca te había visto tan seductora.
Gracias.- respondió con cortesía
Desde que rompió su matrimonio, Rhonda se había olvidado de arreglarse y de verse guapa. Siempre vestía de manera informal con tejanos y camisetas. Ella decía que no tenía tiempo de cuidar su aspecto. Pues no quería salir por ahí a conocer más gente.
Entra y dame tu abrigo.-Pidió ella
Las dos amigas entraron al salón donde se daba la fiesta. Había muchas caras conocidas todos eran conocidos de Rhonda unos eran compañeros de ella y otros amigos de Anna. Nada más aparecer por la puerta atrajo las miradas de todos los hombres que no podían creer lo que veían, así como las envidias de las esposas que la miraban como a una cualquiera. Pronto su amiga se dio cuenta de la incomodidad que estas miradas le provocaban a su amiga.
¿Estás bien?-preguntó con preocupación.
No te preocupes.- le dijo ella.
Mientras saludo a mis invitados sírvete una copa-dijo Anna
Está bien.- Respondió ella -Se dirigió hacia la barra del bar y se sentó en un extremo. Se le acercó el barman y le preguntó que deseaba beber. Ella le pidió un Manhattan.
Al otro lado de la barra no tardó en llamar la atención de un hombre. Dándose cuenta Rhonda que la estaba mirando, miró para otro lado. Ella se había propuesto divertirse pero no quería saber nada de flirtear con nadie. Al ver que hizo caso omiso a sus miradas la volvió a mirar y dedicarle una sonrisa, a la cual ella esta vez correspondió recorriendo con el dedo la boca de la copa. Sabía que ella le gustaba.
Era una mujer muy atractiva pues conservaba la belleza de la mujer de Europa del Este, pues era de origen húngaro. Hija de unos emigrantes húngaros, sus padres de familia humilde se mudaron a Estados Unidos  para procurarse un futuro mejor. No le fueron mal las cosas, fundaron una cadena de supermercados que pronto se transformó en líder en Estados Unidos. Rhonda siempre recibió la mejor educación posible. Hablaba húngaro, inglés, francés e italiano. Tenía un físico más propio de una modelo que de una profesora de universidad. Sus medidas causaban impresión: noventa y cinco-cincuenta y ocho-noventa y uno centímetros, un metro setenta y dos centímetros, cincuenta y siete kilogramos. Sus ojos eran azules y el color del pelo negro.
 
Aquel desconocido no dudo ni un momento en acercarse a Rhonda, quería conocerla.
Está ocupado.- preguntó el desconocido
No-respondió ella
¿Entonces puedo sentarme aquí?-preguntó indicando la silla
Por favor-respondió educadamente.
Desde que llegó aquí no he podido apartar la vista de usted. Me ha impresionado. Déjeme que me presente, me llamo Peter Sadmor.-le dio la mano a Rhonda.
Me llamo Rhonda Tabor.-contestó ella
Su apellido no es de aquí, ¿verdad?-dudó en decirlo.
No, es de origen húngaro.-replicó ella.
Pasaron toda la noche hablando en la fiesta. A eso de las tres de la madrugada se fueron a tomarse una última copa. Rhonda cogió su abrigo y se fueron.
 
 
 
La mañana siguiente a la fiesta Rhonda no se podía poner en pie debido a la resaca que tenía no estaba acostumbrada a beber Manhattan. Tenía la mente completamente en blanco, pero con un gran dolor de cabeza. Se levantó sin ganas de ir a trabajar, pero no tenía otra opción. Se duchó, se vistió y desayunó.
Cuando llegó a la universidad, iba echa una piltrafa. Su amiga al verla no tardó en burlarse de ella. Como era posible que en veinticuatro horas llegara a cambiar tanto. Rhonda no estaba para aguantar las burlas de su mejor amiga. Y estuvo inaguantable el resto del día. A medida que transcurría el día se iba encontrando mejor. Tenías ganar de probar bocado y almorzó en un restaurante próximo a la universidad. Cuando terminaron las clases quería despejarse un poco y decidió que quería pasear. A la altura de la librería de la calle dónde vivía sintió el impulso de comprar un libro ya que hacía tiempo que no leía. Pasó una hora ojeando que libro compraría. Algo llamó poderosamente su atención y alzó la mirada. No podía creerlo, era aquel desconocido que conoció la noche anterior en la fiesta de Anna. Pero sin más bajó la mirada. Al cabo de unos minutos sintió una voz familiar.
Ese sería el libro que yo escogería.-susurró Peter Sadmor
¿Uno de política?-preguntó sorprendida Rhonda
No el otro.-indicó él
¿Lo has leído?-le preguntó
Sí, es realmente bueno.-aseveró con decisión
¿También te gusta la lectura?-dijo ella mientras leía el argumento en la contraportada del libro
Disfruto más con el deporte, pero me lo recomendó un amigo.
Cuando terminó de leer el argumento del libro se dirigió a la caja para pagarlo. Fue acompañada de Peter. Salieron juntos de la librería para dirigirse cada uno a su destino. Pero antes de despedirse Peter le preguntó:
¿Quieres dar una vuelta por la ciudad?
Bueno, no tengo nada que hacer, esta tarde.-respondió con entusiasmo.
Así conozco la ciudad, ya que llevo poco aquí y no conozco a mucha gente. Me mudé cuando murió mi mujer. Me costó dos años recuperarme de su muerte. Caí en una profunda depresión que me llevó incluso a pensar en el suicidio, llegué a echarme la culpa de su muerte solamente vivía para el trabajo. Contrajo cáncer y no estuve a la altura de las circunstancias. No llegó a ser madre. Un día tomé la decisión de empezar de cero. Un buen amigo me recomendó esta ciudad y aquí estoy.-le contó. ¿Y tú estás casada?
Estoy divorciada desde hace año y medio. Debido a unas deudas que tuvimos mi marido se refugió en la bebida, se emborrachaba y luego me maltrataba. Tuve que soportar sus palizas día tras día porque nadie me creía. En la calle era muy buena persona pero cuando llegaba a casa era distinto. También era muy celoso, no podía verme hablar con ningún amigo mío. Se imaginaba que era mi amante. Desde ese momento decidí que no podía seguir de esa manera, arruinando mi vida. Logré divorciarme de mi marido.-explicó ella.
 
 
 
 
 
 
Después del encuentro fortuito en la librería con Peter cambió su manera de ver su situación. El destino le había servido en bandeja poder ser de nuevo feliz y no iba a consentir pasar por lo mismo otra vez. Se sentía tan feliz como una mujer podría ser. Había conocido al hombre de sus sueños. Un hombre que  podía devolverle aquellos años que perdió al lado de su anterior marido. No dudó en llamar a su amiga Jennifer para invitarla a su casa y contarle lo feliz que se sentía. Pero ese fue su gran error.
¿Qué era eso que tenias que contarme?-preguntó
La otra noche en la fiesta de Anna conocí a un hombre. Me hace tan feliz.-le desveló ella
Rhonda estás segura de que ese hombre te conviene no lo conoces mucho. Sólo os habéis visto dos veces. No te precipites.-le aconsejó Jennifer.
Rhonda la miró perpleja, no se  podía creer lo que estaba escuchando. Su amiga quien la animó para que fuera a la fiesta y conocer algún hombre le estaba recriminando su nuevo amigo.
Jennifer, solo es un amigo. Pero presiento que es una segunda oportunidad.-sentenció
No te fíes de él.-aconsejó de nuevo.
No será que no quieres que vuelva a ser feliz o que tengas envidia de mí. Siempre me has tenido envidia, me gradué primera en mi promoción.-le recriminó Rhonda.
No digas tonterías, tener envidia de una niñata que por tener ese cuerpo espectacular se cree el ombligo del mundo. Que se va exhibiendo como una cualquiera delante de todos los hombres. Venga no me hagas reír niña malcriada.-se puso furibunda.
Hemos terminado, no te quiero ver más en mi vida. No te alegras por mí por pura envidia.-concluyó con un golpe en la mesa que hizo tirar la cafetera al suelo.
Jennifer se levantó hecha una furia se dirigió a la puerta y la cerró dando un portazo. El golpe de la puerta hizo que se cayera un cuadro de la pared. Cuando se quedó sola no podía imaginar que iban a discutir.

 

 

 

 

 

Capítulo 2
 
 
  Llevaban tres meses saliendo cuando Rhonda le propuso vivir juntos. Peter al principio estuvo reticente a ello. Pero Rhonda  le convenció. Ella  le explicó que conocerlo le había cambiado la vida, que se sentía más segura y veía su futuro de otra forma. Que a su lado todo le sería más fácil. Le hizo prometer que jamás le haría daño pues ya había sufrido demasiado y que tenía una gran pena porque por anteponer su relación con él, había roto su amistad con su mejor amiga. Peter se lo prometió.
  Un día de Mayo Peter le propuso a Rhonda que se casara con él. Le sorprendió que tan pronto se lo pidiera. No se lo podía creer, movida por un impulso aceptó ser su esposa. Fue el día más feliz de su vida. Se sentía una mujer realizada, después de pasar un verdadero calvario con su ex marido, por fin había un hombre que la estimaba, la cuidaba y lo que para ella era más importante la amaba. Quería gritar desde lo más profundo del alma a los cuatro vientos su felicidad. Hasta se propuso hacer las paces con su amiga Jennifer pero su orgullo se lo impedía. Por desgracia no podía comunicarle la noticia a sus padres ya que habían muerto hacía dos años, estaba sola en estos momentos de felicidad. No quiso pensar en que otra vez podía pasarle lo mismo, que tropezase dos veces con la misma piedra. No estaba dispuesta a dejar pasar esta oportunidad. Rápido fijaron la fecha de la boda, sería la primavera del año siguiente. Ella quería una boda sencilla, supuesto que no era amante de lo pomposo. Por el contrario Peter no la quería tan sencilla. Rhonda empezó a hacer los preparativos, no quería que se le echara el tiempo encima.

  El año siguiente llegó tan rápido con una ráfaga de viento. La boda se celebró en una capilla Anglicana que era un edificio historicista de autoría británica que se conecta formalmente con el gótico victoriano. Se sitúa centrado en una parcela ajardinada y cerrada por una tapia coronada por una verja de hierro forjado. Unos pedestales de cantería enmarcan la entrada al jardín con capacidad para ochenta personas. Cuando terminó la ceremonia ya eran marido y mujer. Desde aquel momento su vida cambió para siempre.
  Se fueron de luna de miel a París donde siempre quería ir Rhonda. Cuando volvieron del viaje, todo fue diferente para ella. El aspecto físico de Rhonda se fue deteriorando, tenía ojeras y la ansiedad le hacía comer poco y a veces vomitar. Lloraba por las noches porque no sabía qué hacer y el miedo la tenía paralizada. Sus compañeras de universidad empezaron a notar el cambio en ella. Ella ponía como excusa que probablemente fuera el cambio de su nueva vida.
 
  Un día en la universidad se encontró con un amigo suyo y quiso que le contara cual era la causa de su tan lamentable cambio. Él sospechaba que Rhonda estaba siendo maltratada por su marido. Pero ella se lo negaba rotundamente. Su cara decía lo contrario y en un gesto de desesperación se abrazó a él. Este fue la continuación de su tan maltrecho calvario. Este gesto corrió por la universidad como la pólvora. Hubo gente que lo consideró algo más. El rumor fue que estaban juntos. Su marido se enteró en una tarde que estaba comprando material para hacer una reparación en la casa donde vivían.  Esa misma tarde al llegar su esposa del trabajo lo notó un poco raro. Perdiendo los estribos le preguntó:
 
¿Puedo hablar contigo?-preguntó hecho un furia
¿Qué mosca te ha picado?-respondió ella sorprendida por la reacción de su marido
¿Hace mucho que estáis saliendo juntos?- preguntó con saña
No te comprendo-le dijo
No me vengas a decir que no sabes lo que se comenta en la universidad. Que te acuestas con Jimmy Stamford, como si fueras una cualquiera. Yo que te lo he dado todo que sin mí no habías sido nada. Que todavía hubieras estado para vestir santos. Y así me lo agradeces.-Peter le dijo muy enfadado. Sus palabras fueron dichas para hacerle daño.
Jimmy y yo solo somos amigos. Nos conocemos desde hace tiempo. ¿Cómo puedes pensar eso?  Dijo en voz alta con lágrimas en los ojos.
¿Me estás llamando mentiroso?-le recriminó el
  A Rhonda le pareció excesivo dado lo incipiente de la relación, pero poco a poco fue cohibiéndose a la hora de vestir, hasta el punto de que sus amigas se reían de ella por hacerle caso. Comenzaron a aflorar los puntos más negativos de este chico, todo resultó una carátula y detrás había una persona agresiva y conflictiva. Cualquiera que mirara a Rhonda o que la saludara era un motivo para ensalzarse en una pelea o discutir con amenazas e insultos. Las amigas comenzaron a separarse de ella por el miedo que le tenían y se veían o hablaban a escondidas para que él no se molestara.
  No sabía cuál había sido el cambio de actitud de Peter, donde estaba ese hombre del que se enamoró. Pasó a controlarle todos los gastos, a decirle la ropa que se tenía que poner, a cuestionarle las amistades. Todo le valía para bajarle la autoestima. Pero ella se lo permitía porque seguía enamorada de él. Aprendió a ser sumisa para que Peter no se enfadara.
Cada vez que salían juntos por la calle el miraba a otras mujeres diciéndole: mira que buena está esa y que no dudaría en acostarse con ella.
Ella caminaba en silencio.
 
 
  Todas las  mañana tenía la esperanza de que todo lo pasado el día anterior fuera un espejismo. Se sentía como una basura reprochándose de que todo era culpa suya. Que no era capaz de darle a su marido todo el amor que se merecía.
 
  Su marido empezó a beber cada vez más. Se emborrachaba con frecuencia. Llegaba a casa gritándole. Hasta que un día debido a una borrachera él la cogió de un brazo y la empujó tirándola al suelo y la emprendió a golpes con ella. Dejándola en el suelo tirada. Estaba asustada, empezó a llorar. Peter hizo llorar muchas veces a Rhonda no por los golpes sino también por las heridas producidas por el maltrato psicológico que le produjo. La tenía amenazada que si  lo denunciaba  a la policía no dudaría en matarla

 
 
Desesperada por los maltratos de su marido decidió que tenía que desahogarse con alguien y no dudo en llamar a su amiga. Tenía que tragarse el maldito orgullo  de haberse equivocado cuando su amiga la alertó de su relación con Peter. La llamó y quedaron a tomar café.
Su amiga cuando vio el aspecto de su amiga, se echó las manos a la cabeza. Había cambiado mucho ya no era esa mujer que conoció: alegre, optimista, extrovertida y que siempre llamaba la atención de todos los hombres. Ahora  estaba anoréxica, se había vuelto más introvertida y temerosa.
¿Rhonda que te ha pasado?- preguntó sorprendida
Tengo que hablar contigo. Tenías razón me precipite, me lo advertiste pero no te hice caso. Mi maldito orgullo no me dejó pensar. Estaba enamorada. Y ahora mírame. Me lo merezco-dijo con mucha pena a su amiga
No digas eso. No debí meterme en tus asuntos. No te mereces lo que estás pasando, tienes que denunciar a ese hombre. ¡Venga! ahora mismo vamos a la policía.-le propuso
No, me matará. Me ha prometido que va a cambiar.-ella le dijo a Jennifer con esperanza
No digas tonterías no va a cambiar. Tienes que denunciarlo, la próxima vez te matará. No te das cuenta. ¡Está arruinando tu vida! Para él no eres nadie.-dijo Jennifer haciendo que reaccionara su amiga.
Estoy asustada, Jennifer. La puerta de mi casa se ha convertido en la entrada al infierno. Cada día, al volver del trabajo, me persigno en el umbral por lo que pueda ocurrir después.-explicó a su amiga.
Cómprate un arma. Si no te atreves voy contigo.-propuso Jennifer.
¡No soy una asesina!-espetó Rhonda soltando la taza de café.
No digo que la utilices, tenla solo como intimidación-sugirió.
Sin vacilar un momento, aceptó la propuesta.
Las dos amigas se dirigieron a una armería cercana. Entrando en la armería Rhonda se sorprendió de la cantidad de armas que había expuestas. En un expositor había expuestas de pequeño calibre, así como de un calibre mayor.
Cuando se acercaron al mostrador el dependiente las saludó.
Buenos días, señoritas ¿le puedo ayudar?
Mi amiga necesita un arma-
Bien, ha pensado que tipo de arma necesita. Aquí tiene varias que podría irle bien. Le sacó una Glock de 9mm semiautomática.
Sin pensarlo ni un momento Rhonda se decidió por la Glock 9mm semiautomático. Cuando salieron de la armería, no se sentía muy cómoda llevando el arma en el bolso. Pero tenía que defenderse de su marido. Se despidieron.
Había limpiado su conciencia con su amiga, se sentía en paz con ella misma. Ahora se sentía segura de sí misma. No iba a estar dispuesta a soportar que su marido la maltratara de nuevo. Con aires renovados se enfrentaría a él con todas las consecuencias, y no dudaría en emplear el arma. Llegó a su casa. Cuando abrió la puerta estaba su marido esperándola en un sillón al lado de la ventana, ella pegó un respingo no se esperaba allí a su marido.
Peter ¿qué haces aquí tan temprano?-preguntó sorprendida
Y tú ¿dónde has estado?-preguntó con ira
He estado…-empezó a decir
 Se levantó de un salto y dirigiéndose a su mujer y sin dejarla terminar la cogió del cabello y se la llevó al dormitorio. Peter me haces daño- le dijo ella.
 Ella estaba asustada. En un ataque de ira sacó del bolso el arma y le apuntó. Su marido se apartó sorprendido porque su mujer le estaba apuntando con un arma.
No dudaré en dispararte-dijo ella sosteniendo la pistola.
¡No tienes agallas para hacerlo! Nunca has sido capaz de hacer nada-le dijo
Te lo advierto déjame en paz. Me arrepiento de haberte conocido no fuiste sincero conmigo-recriminó Rhonda
Dispara, venga atrévete-le desafió su marido.
Su marido se abalanzó y su mujer le disparó. La bala le alcanzó en el corazón tumbando a Peter en el suelo muriendo en el acto. Paralizada por el miedo, no sabía qué hacer. Tenía que pensar rápido. Con sangre fría que todavía le quedaba se sentó en el escritorio y escribió una nota. Al terminar de escribirla, salió de la casa como alma que lleva el diablo, cogió su coche y se marchó a toda velocidad.
 
 
 
 Amanecía en Black Stone nadie sabía lo ocurrido. Los vecinos seguían con su rutina diaria. Se servían los desayunos en la cafetería de Molly cuando la radio dio la noticia. Se había producido un asesinato en el 321 de Bakersfish. Unos a otros se miraron sorprendidos. Nadie oyó nada esa noche. Al cabo de un rato coches de policía empezaron a llegar, inundando las calles del tranquilo pueblo pesquero especializado en la salazón y desecación de pescado, sobre todo el bacalao.
  Al llegar a la escena del crimen habían acordonado todo el perímetro. Miles de curiosos se arremolinaron para curiosear. Los agentes de la policía tenían que luchar para que no traspasaran el cordón policial. Aparcaron al lado de la casa. El teniente Novan y su ayudante bajaron del coche y se dirigieron hacia la puerta, enseñaron la placa al agente que estaba en la puerta y los dejó entrar. Al entrar en la casa estaba el forense y los fotógrafos. El teniente Novan echó un rápido vistazo para comprobar la escena del crimen. Se dirigió al forense.
Doctor Svek, ¿qué tenemos?-preguntó
Varón caucásico, treinta años, muerto por herida de bala, presenta orificio de entrada y otro de salida. Por la lividez de su rostro diría que lleva muerto siete horas. Sabré algo más cuando llegue al laboratorio.-explicó el Dr. Svek
¡Teniente!-llamó un agente.
Dígame. Hemos encontrado casquillos de bala del calibre nueve y una Glock. Y esta nota.
El teniente Novan se puso en cuclillas y cogió con un lápiz los casquillos y lo introdujo en una bolsa de pruebas junto con la Glock 9mm. Se la dio al agente pidiéndole que sacaran huellas. Así mismo, cogió la nota con sus guantes y la leyó. La nota decía:
No me arrepiento de lo que he hecho. Lo hice en defensa propia.
 
 
 
Jennifer no sabía nada de su amiga. Cuando llegó a la universidad se enteró de la noticia. Poniéndose en lo peor, pensó: su marido la había matado. Sin dudarlo un instante se dispuso a ir a Black Stone.

 

Capítulo 3
 
  La carretera serpenteaba el valle, Rhonda conducía muy rápido tenía que huir, sabía que tarde o temprano empezarían a buscarla.  En su cabeza un pensamiento le invadía todo el camino: no tuve elección. Estaba harta de aguantar las palizas de Peter. Nadie la iba a creer, Peter era un tipo muy influyente, con contactos en muchas altas esferas. A quien iban a creer a ella o a él. Aunque liberada había cometido un delito. Tan distraída que conducía tuvo que dar un volantazo para no chocar con otro coche pues invadió el carril contrario, perdiendo el control del coche. El coche se salió de la carretera. No podía perder ni un minuto, pronto darían el aviso. Abandonó el coche e inicio una carrera tan rápida como sus piernas se lo permitiera, a un ritmo acelerado. Llegó sin aliento a una cabaña cerca de un lago, paró para mirar el mapa. Tenía que descansar para recuperar fuerzas. En frío sin la tensión del momento comprendió que se enfrentaría a una condena por asesinato. No entenderían porque lo hizo. Ella murmuró algo bajo los jadeos.
Decidió pasar la noche en la cabaña para poner en orden su cabeza, le iba a estallar.
A la mañana siguiente inició su camino por el bosque, era un bosque aciculifolio compuesto principalmente por vegetación de coníferas con un sotobosque característico. Abundaban árboles muy altos, como pinos y abetos, que se cubrían de nieve en época invernal. Atravesó el bosque buscando una carretera que la llevara al pueblo más cercano. En su huida por el bosque divisó a unos tres kilómetros la carretera, salió a ella y espero a un coche para hacer autostop. A lo lejos distinguió un coche y con el dedo pulgar hacia arriba indico el autostop al conductor. A su altura paró el coche, Rhonda bajó la cabeza y le preguntó al conductor:
¿Me puede llevar al pueblo más cercano?
Sí-asintió el conductor.
Iniciaron una conversación.
Me he enterado que en Black Stone se ha producido un asesinato. Empezó el conductor.
Rhonda se quedó muda.
Según dice la policía han disparado a un hombre con una Glock del calibre nueve. ¿Usted no se ha enterado?
No, he venido de lejos-dijo tragando saliva.
La carretera se extendía miles de kilómetros en línea recta, ningún pueblo se divisaba. No se veía más que una enorme extensión de tierra seca. Rhonda divisó un letrero que rezaba:
Milestone 5 km
Recorridas estos 5 kilómetros el conductor dejó a Rhonda en la gasolinera del pueblo. Se bajó del coche y le dio las gracias. Por unos días estaría a salvo.
 
 
 
 
 
Mientras Rhonda se refugiaba en Milestone. La policía seguía con su investigación del asesinato. Reuniendo pruebas e interrogando a los vecinos. Estos no oyeron nada la noche del asesinato. Pasadas unas horas mientras seguía en la casa el teniente Novan un agente lo llamó desde el umbral de la puerta.
Teniente, disculpe-llamó el agente
Sí, que quiere-contestó volviendo la cabeza
En la calle hay una pareja de ancianos que dicen haber visto algo anoche.-explico el agente
¿Dónde están?-pregunta Novan
Fuera, señor
El teniente Novan con la libreta en la mano y un lápiz en la oreja se dirigió hacia la puerta, salió a la calle con dirección a los ancianos. Cuando llegó le hizo una serie de preguntas:
¿Vieron anoche algo?-preguntó
Estábamos viendo la tele cuando una discusión nos sobresaltó, los gritos se oían desde la casa. Hubo un silencio y después un disparo lo rompió. Serían las  tres de la madrugada. Nos asomamos a la ventana y vimos como una mujer abandonaba la casa montada en un coche.-explico el anciano.
¿Sabrían describir a la sospechosa y el modelo del coche?-le preguntó Novan
Creo que sí. Llevaba vestido blanco corto, una cazadora de piel y unas botas de vaquero en piel marrón, unos veintisiete años, pelo negro. Conducía un Chevrola Charole beige del 96.
Novan inmediatamente llamó al agente y le dijo que dieran el aviso de la sospechosa y la marca y modelo del coche.
 
 
 
Jennifer condujo toda la noche. Mientras conducía una vaga idea le recorría el cuerpo que le produjo un escalofrío. Recomendó a su amiga que se comprara un arma y ahora estaba muerta. Pensó que tal vez su marido había descubierto el arma y en un ataque de furia la habría matado. Se sintió culpable. Quería llegar para darle el último adiós a su amiga, aceleró su coche para llegar antes. Poco le quedaba ya, después de un rato llegó. Buscó la calle donde vivía su amiga y la encontró. Paró su coche y se bajó. Cuando llegó el lugar estaba acordonado, atravesó el cordón policial pero un agente se le abalanzó.
No puede pasar señorita es la escena de un crimen.-le dijo empujando a Jennifer.
Es mi amiga quien está muerta.-explico con lágrimas en los ojos.
Espere un momento, ahora llamo al teniente.
El agente subió los escalones de la puerta, llamó al agente.
Teniente, tenemos a la amiga de la víctima-dijo el agente
Hágala pasar.-ordenó el teniente.
Dirigiéndose hacia Jennifer le ordenó que la acompañara. Cuando Jennifer apareció por la puerta gritó con desesperación el nombre de su amiga. Al ver que no era ella rompió a llorar al ver que el cadáver no era de su amiga y murmuró. ¡Ah es él!
Novan la miró extrañado.
Parece que se alegra de su muerte. ¿Conocía a la víctima?-preguntó
Es el marido de mi amiga, creo que se llamaba Peter Sadmor-contestó mirando el cadáver.
¿Tenía motivos su mujer para matarlo?-preguntó Novan con la libreta abierta para apuntar.
Me contó que la maltrataba, que se sentía amenazada-respondió
Hemos encontrado esta Glock nueve milímetros ¿Tenía su amiga un arma?-preguntó enseñando a Jennifer la bolsa con el arma.
Si, le recomendé yo que se la comprara.-contestó confirmando el arma.
Entiendo.-contestó sonriendo
Que está insinuando teniente que yo incité a mi amiga que lo matara. Solo le sugerí que la tuviese para intimidar a su marido.-contestó hecha una furia.
No se ponga así señorita, solo era una pregunta rutinaria. ¿Denunció su amiga alguna vez los malos tratos?-inquirió Novan.
Su marido era un hombre muy influyente. Cree que la iban a creer a ella-explicó Jennifer
¿Cuándo fue la última vez que vio a su amiga señorita Lowell?-preguntó Novan
Hace una semana, me llamó quería hacer las paces. Estaba muy angustiada-contestó
Está bien, gracias por su colaboración.
 
Jennifer se sintió muy aliviada al comprobar que su amiga había tenido valor de matarlo. En su fuero interior pensó que ¨ella hubiera hecho igual¨.
 
 
 
 
No tardó mucho la policía en difundir el retrato robot de Rhonda por todos los pueblos de alrededor. Cualquier información era valiosa para detener a una asesina. Todos los agentes estaban sobre aviso. Recorrieron los alrededores.
 
Mientras tanto Rhonda trataba de pasar desapercibida por Milestone. Sin duda alguna, sabía que su retrato estaba siendo difundido ya. Decidió cambiar su aspecto, se cortó el pelo y se lo tiño de negro a pelirrojo. Alquiló una habitación en un hostal del pueblo con el nombre de Mariel Novar. Se hospedó en un motel con habitaciones sencillas cambio de sábanas cada dos días. Este sería su nuevo hogar. No podía llamar mucho la atención, salía a la calle con gafas de sol. En los supermercados hacía la compra siempre con cautela con miedo a ser descubierta. Miraba atrás cuando caminaba. Cuando llegó a su habitación cerró la habitación con llave.
 
Milestone era un pueblo sencillo, sus gentes  estaban acostumbradas a recibir foráneos ya que se dedicaba al turismo. Así que no se percataron que en su pueblo se había refugiado una asesina.
 
Una mañana coches de policía llegaron al pueblo. Se sorprendieron los vecinos, algo estaba pasando en el pueblo. Los agentes recorrieron las calles enseñando la foto de Rhonda peguntando si habían visto a esta mujer. Preguntaron en el hostal dónde se hospedaba ella.
Buenos días, señor.- saludaron al conserje
¿Qué desea?-preguntó con curiosidad
¿Ha visto a esta mujer por el pueblo? Su nombre es Rhonda Sadmor.-preguntaron enseñándole la foto.
Déjenme ver-el conserje cogió la foto escrutándola. Tengo aquí a una mujer muy parecida hospedada  con el nombre de Mariel Novar.
¿Está seguro?-preguntó el agente.
Del todo, está hospedada en la habitación 456-respondió el conserje con resolución absoluta. ¿Qué ha hecho?
Ha asesinado a su marido. Gracias señor
Saliendo con premura los agentes se encaminaron a la habitación donde se hospedaba Rhonda Llegaron a la puerta y llamaron a la puerta.
Toc, Toc
No hubo respuesta
Policía, abra sabemos que está ahí Sra.Sadmor.
Rhonda se asustó la habían descubierto. No sabía qué hacer no podía huir estaba acorralada. Sabía que no tenía escapatoria, después de sopesar la situación tomó una decisión. Está bien saldré, no disparen.
Rhonda abrió la puerta, el sol la cegaba. Caminó con los brazos en alto hacía los agentes que la esperaba en los coches. Dos agentes fueron hacía ella, la cogieron y la esposaron. Luego la llevaron al coche introduciéndola en la parte de atrás.
 
 
 
En presencia de su abogado fue sometida a un implacable interrogatorio. El teniente  Novan tenía fama de duro en los interrogatorios. Su abogado en más de una ocasión tuvo que parar los pies a Novan.
¿No es verdad que usted Sra. Sadmor mantuvo una aventura con Jimmy Stamford?-preguntó Novan dando un golpe en la mesa.
No, Jimmy y yo éramos amigos-contestó Rhonda enfadada.
¿También me va a negar que usted se abrazó a su amigo?-preguntó Novan mientras paseaba por la sala de interrogatorios.
Jimmy se interesó por mi estado de ánimo, le extraño que hubiera cambiado tanto. Pero me derrumbe y me abracé a él-explicó llorando
Usted afirma que su marido la maltrataba, ¿en algún momento denunció los hechos?-siguió preguntando Novan
Sí, lo sigo afirmando estaba amenazada de muerte por él.
Cuénteme de nuevo como pasaron los hechos-repitió de nuevo. Era la tercera vez que la hizo contar los hechos.
Ya lo he contado tres veces. Cuando volví de hacer las paces con mi amiga, Peter estaba en casa. Me sorprendí al verlo tan temprano en casa, le pregunté qué hacía tan temprano ya que, no era normal verlo a esas horas. Él se puso histérico al ver que volvía de la calle. Me preguntó que donde había ido y sin dejar que terminara de explicárselo me cogió del cabello, y me llevó al dormitorio. Le dije que me soltara que me hacía daño y me empujó al suelo. En un ataque de pánico temí por mi integridad física y sin pensarlo cogí la pistola de mi bolso y le apunté. Pidiéndole que me dejara en paz, él se abalanzó sobre mí y disparé.
 
Mi cliente disparó en defensa propia. Estaba siendo acosada por su marido-dijo su abogado.
 
 
 
Tres semanas después…
El juicio se celebró y Rhonda Tabor fue declarada inocente. Después que el juez dictaminará que había indicios suficientes de un caso de defensa propia.

 

 

 

 

 

Capítulo 4

 
  Después de dos matrimonios fallidos Rhonda decidió que no iba aguantar más que ningún hombre jugara con ella. Debido a estas circunstancias había desaprovechado toda su juventud por enamorarse en ambas ocasiones de forma tan repentina. Su carácter se endureció, se volvió más prepotente, calculadora y fría con los hombres. Para esta vez no dudaría en emplear su más infalible arma: su belleza. Aprendió todo lo relacionado con la seducción. Mejoró aún más su aspecto físico. Rhonda sabía que estaba muy buena, y que ella era la única mujer en el mundo. En algunas ocasiones se puso delante de un espejo desnuda y se contemplaba, incluso, se acercaba y se besaba. Incluso se excitaba sexualmente contemplándose. No dudaba en acariciar su cuerpo desnudo y delante del espejo se masturbaba.
  No cabía duda que Rhonda se convertiría en una devora hombres. No iba a vacilar a seducirlos hasta que ellos cayeran en sus garras y volverlos locos hasta exprimir su alma al máximo. Le daría exactamente igual si sus esposas estaban delante.
  Tanto se creía que era la mujer perfecta que llegó incluso a reírse de esas mujeres que no poseían su atractivo físico. Riéndose de aquellas a las que había seducido a su marido.
 
  Recordó un día como en la universidad donde trabajaba trató de seducir a un compañero. Con la excusa de que le ayudara a recoger unos apuntes que se le había caído al suelo mientras caminaba por el pasillo. Llevaba una minifalda que dejaba poco a la imaginación, y una camiseta blanca, ajustada, y que marcaba perfectamente sus pezones. En el momento que su compañero se agachó para recogerlos, ella hizo lo mismo. Disfrutaba viendo como aquel hombre no dejaba de ver ese espectáculo.
 Cuando se sentaba en el coche procuraba que la falda quedara lo más subida posible para que desde los autobuses públicos que pudieran estacionar junto a ella en los semáforos hasta la salida de la autopista y que los pasajeros pudieran ver claramente el final de esas torneadas piernas y al menos dos de ellos sí pudieron verlo porque  procuraba parar el vehículo cerca de alguna ventanilla con hombres, uno puso cara de asombro, y otro le sonrío y guiñó un ojo, además contemplaban la dureza de sus pezones bajo la camiseta.
  Al caminar por la calle caminaba lentamente, oscilando sus caderas, ellos no le quitaban la vista de encima, ella disimulaba mirando hacia los lados. Llegaba a su altura, los miraba, veía como sus ojos relucían y la miraban, les sonreía y seguía caminando.
 
  Llegó al bloque de apartamentos donde vivía. Situados en una calle muy concurrida de la ciudad. En el momento que entró,  llegó el ascensor y  pasó al fondo mirando hacia la calle, por el reflejo del cristal observaba como el marido, en cuanto que su mujer se despistaba no dejaba de mirarle las piernas. Se bajaron en el primer piso y ella continuó, afortunadamente sola, hasta el final, lo que aprovechó para tranquilizarse ya que las miradas continuas que le dirigía la esposa  sobre todo al salir le habían puesto en exceso nerviosa.
  Esos recuerdos a Rhonda le provocaban un enorme placer, ya que gozaba con tratarlos como meros objetos y juguetes. Para su diversión.
 
  Ansiaba que el fin de semana llegara. Por fin, llegó. Sin duda saldría de cacería. El viernes por la noche se duchó, salió de la ducha y completamente desnuda se miró en el espejo. De nuevo llegó a excitarse y volvió a masturbarse con su propia imagen. Este ritual para Rhonda, le hacía salir de casa más  preparada para interpretar su papel. Ya que los demás días no atendía a este menester.
  Abrió su enorme armario para buscar un modelito acorde para seducir esa noche. Para esta ocasión eligió un minivestido blanco  corte muy bajo, pico, lazos de estilo Halter, con espalda baja que en el medio hacia un escote de vértigo. Complementada con zapatos de tacón muy finos. Terminó de arreglarse y otra vez se contempló en el espejo. ¡Qué buena que estás!-dijo en voz alta. Después de asesinar a su segundo marido en defensa propia no se sentía muy segura llevando un arma, así que tenía la costumbre de llevar un frasco con un somnífero por si alguno intentaba sobrepasarse con ella, esta vez lo cogió y lo introdujo en el bolso.  Antes de salir, apaga una pequeña lámpara de noche.
  Sale al aire frío de la madrugada hacia un local de moda ubicado en el centro de la ciudad, el cual le habían recomendado sus compañeros. Ese local estaba decorado con muebles de diseño, iluminado con multitud de láseres de luz. Era dónde iba la gente más cool del momento. En el momento de entrar al local, rápidamente fue el centro de atención del sector masculino levantando auténticas olas de pasión entre ellos. Al contrario de las mujeres que veían en ella una poderosa rival. Rhonda captaba en el ambiente esta sensación, se sentía a gusto. Eso fue lo que quería venderse bien y rápido. Oteó el horizonte en busca de alguna de sus víctimas, igual que una pantera. Sin fijarse aún en ninguna se propuso tomarse una copa y luego ya vería. Se acercó a la barra caminando lenta y sensualmente. Cuando se sentó pidió al barman que le sirviera un  Alexander. Cogió su bebida y se dio la vuelta para seguir escudriñando el local. Rápidamente observó al fondo como un joven no le quitaba ojo de encima, este le dedico una sonrisa a lo que ella ignoró. Le gustaba hacerse la dura. De nuevo miró como ese joven seguía mirándola, a lo que ella ahora si le dedicó una sonrisa. Había caído en sus redes, así que puso en plan un plan. Al rato ese joven se le acercó a la barra con aire decidido. Rhonda se puso melancólica en ese momento.
Me llamo Mathew Morton-se presentó el joven.
Déjame necesito estar sola-dijo Rhonda sin mucha convicción.
¿Puedo ayudarte?-se ofreció cortésmente.
¡Es que no me has oído!-grito Rhonda. En su fuero interior estaba disfrutando de ver como aquel joven caía lentamente en su tan tejida tela de araña.
¡Te sentirás bien, vamos!-insistió.
He pillado a mi novio en la cama con su secretaria-empezó a contar con lágrimas en los ojos. Dentro de dos meses nos casábamos. Y ahora mira, estoy aquí sola y contándole mis problemas a un desconocido.
La verdad, es que tu novio es idiota-contestó. Teniendo una mujer como tú no sé cómo se atreve a acostarse con otra. Con ese cuerpo tú podrías conseguir a todos y cada uno de los hombres de este local.
Venga no te aproveches que tengo este bajón de ánimo, solo lo haces para llevarme a la cama-recriminó al joven mientras reposaba la copa de su cóctel en la barra.
Es cierto, tú eres la mujer más fantástica que nunca he conocido-aseguró el.
Rhonda sabía que lo tenía completamente a su merced. Su plan surgía efecto de una forma tan rápida que ni ella misma podría haber imaginado. Había puesto una golosina en la mano de un niño, la cual quería comer.
¿Has pensado vengarte de tu novio?-preguntó.
¿Cómo dices?-contestó como no queriendo entender al joven.
Sí, hacerle lo mismo-aclaró.
¡Me estás diciendo que me acueste como una vulgar prostituta!-se enfadó mucho cuando oyó la propuesta.
No quise decir eso, solo para hacerle entender a ese canalla que tú no eres un objeto al cual puede mover a su antojo. Tú también tienes sentimientos-dijo haciendo un gesto para que se tranquilizara.
Pues sabes que te digo que tienes razón, estoy harta de ser un juguete en sus perversas manos-resolvió en decir. ¿Vamos a tu casa y allí seguimos hablando?
Está bien-dijo. Pagó su consumición y la de Rhonda.
  Al fin, su plan ya estaba decidido. Siempre se sentía infravalorada cuando al ver su impresionante físico los hombres se le acercaban. Nunca la valoraban por otros valores que disponía. Disponía de otros valores que le inculcaron sus padres.
  Cuando salieron se dirigieron al coche de Mathew. Su coche era un Audi TT plateado. El joven condujo hacia su mansión de estilo vanguardista, ubicada a las afueras de la ciudad encima de un acantilado con impresionantes vistas al mar. La villa de nombre Waterford se levanta sobre un acantilado que mira hacia el océano Pacífico. A pesar de ser una casa muy moderna, se ha edificado de forma que pueda integrarse perfectamente con el entorno rocoso que la rodea. Cuenta también con un salón al exterior, y con estancias que se conectan directamente con el paisaje natural. En total, la casa tiene una superficie de más de 800 metros cuadrados; en este espacio, el interior cuenta con siete baños y siete dormitorios, más varias zonas comunes. El mobiliario de diseño, contemporáneo y minimalista, viene a completar la sensación de lujo que proporciona esta magnífica casa ubicada en el paraíso terrenal de Malibú.
  En el momento en que Rhonda vislumbró la casa se quedó impresionada, nunca en su corta vida vio casa tan impresionante. Le preguntó a ese joven cuál era su oficio.
Dime ¿es esta tu casa?-preguntó con curiosidad.
Sí, es mía-confirmó con orgullo. La hice construir igual que una que había visto en el estudio de arquitectura de mi amigo Marc Zalinsky.
¿A qué te dedicas?-preguntó mientras bajaba del coche. Pues llegaron a su destino.
Tengo una empresa de software-dijo cerrando la puerta de la cochera con el mando.
Cuando subieron por el ascensor que disponía la casa y entraron en el impresionante salón se quedó boquiabierto de las magníficas vistas de la casa.
Sírvete una copa-le dijo Mathew.
  Mientras él se cambiaba de ropa Rhonda recorrió la sala con mucha curiosidad, se dio cuenta que en una vitrina poseía una colección de extraños objetos medievales. Especialmente le llamó la atención uno llamado uñas de gato. Ya cambiado volvió al salón y se sirvió una copa. Instó a ella a que se sentara y siguiera la conversación que empezaron en el local de copas. Ella accedió sin más. Pero cuando iba a empezar Mathew se le acercó y la empezó a besar. Su mano fue cada vez más para abajo. Rhonda le apartó la mano con decisión. Él se levantó y se fue al baño. Para lo que aprovecho Rhonda para verter el somnífero en la copa de él. Más tarde volvió y se encontró a ella en una pose que insinuaba que la hiciera suya. Mathew rápidamente captó el mensaje, tomo un sorbo de su whisky de catorce años. Al cabo de unos minutos cayó al suelo.
  Ella se levantó y se dirigió a la vitrina de la colección medieval. Cogió las uñas de gato, al lado se encontró un pequeño manual para que servía ese instrumento. Al leerlo se le erizó los vellos. Perfecto-dijo con una sonrisa maquiavélica.
Volvió al sofá y cogió el cuerpo de Mathew, buscó un sitio para atarlo de pies y manos, lo encontró. Pasaron cincuenta minutos, el efecto del somnífero dejó de actuar. Poco después Mathew recobró el conocimiento y notó que sus manos y piernas no los podían mover, se horrorizó al ver a esa espectacular mujer con ese utensilio tan horripilante. Él si sabía para que se usara en la Edad Media. Consistía en  largas pértigas con rastrillos en su extremo, con los que se arañaba la piel desnuda del torturado, el cual estaba atado e inmovilizado.
Rhonda le desabrocho la camisa y clavó los garfios en su pecho arrastrando con fuerza hasta que arrancó la piel a tiras. Mathew grito de dolor.
¿No entiendo por qué haces esto?-preguntó sintiendo una quemazón que le abrasaba el pecho.
Porque estoy harta que los hombres me vean como un objeto sexual-respondió clavándole de nuevo los garfios ahondando más hasta que el hierro le desgarraba los huesos.
Asustado y agotado, no pudo imaginar que tras su rostro angelical se escondía el terror más sanguinario. Rhonda disfrutaba de ver que aquel hombre sufría. Los dolores no cejaron, no dudó en seguir torturando a Mathew hasta que debido al dolor murió desangrado.
 
Ella había saciado su sed de venganza, dejando su vestido manchado de aquel líquido rojizo del joven. Lamió sus manos ensangrentadas con cierta actitud vampírica. 
 Terminó satisfecha por fin había hecho justicia.
 
  Pasó el fin de semana, de lo ocurrido nada se acordaba. Cuando regresó a su trabajo le aguardaba una inesperada sorpresa. Fue llamada por el rector para que fuera a su despacho. Sorprendida por este hecho, no tuvo más remedio que acudir.
Al llegar a su puerta llamó.
Pase señorita Tabor-invitó el rector Devon Hugs.
¿Para qué quería verme?-preguntó mientras cerraba la puerta del despacho.
Tenemos una vacante en la universidad de otra ciudad, y debido a su trayectoria hemos pensado la junta directiva que usted sería perfecta-empezó a decir. Sería por dos años.
A Rhonda le sorprendió el traslado, allí tenía sus raíces, y dónde sus padres habían luchado tanto. Tuvo la impresión de que esta mudanza tuviera algo que ver con el asesinato de su ex marido.
¿No tendrá nada que ver con el incidente de mi ex marido, verdad?-preguntó
Usted fue juzgada y declarada inocente por un juez-la tranquilizó. Ya le digo que solo es debido a su intachable expediente.
Le agradezco su confianza en mí-agradeció. ¿Cuándo tendría que incorporarme a mi nuevo puesto de trabajo?-preguntó para preparar todo.
¿Sería posible en tres días?-le dijo.
Perfecto-confirmo.
Bueno le deseo mucha suerte-
Rhonda salió del despacho con una sonrisa de oreja a oreja, por fin alguien la valoraba por sus propios méritos. Por la tarde empezó a hacer las maletas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 5

 
Sonó el timbre de la puerta.
Poco a poco con cierto suspense se fue abriendo. Cuando terminó de abrirse apareció un niño pelirrojo, mofletudo. Sabía perfectamente que sus padres le habían dicho que no abriera la puerta a extraños. Pero muchas veces se saltaba esta norma.
Hola cariño, están tus papás-dijo la mujer.
Sí, ahora los llamo-dijo el niño. ¡Papá! Hay una señora en la puerta.
Ben no te hemos dicho mil veces que no abras la puerta a extraños-dijo desde el salón su padre. Ahora voy. El padre se acercó a la puerta para atender a esa mujer. Cuando llegó a la puerta saludó.
¿Qué desea?-preguntó
Me llamo Rhonda Tabor y soy su nueva vecina. Me estoy presentando a la comunidad.
Encantado mi nombre es Dante Grossi-se presentó
Dante ¿Cómo…?-preguntó sorprendida
Está en lo cierto, igual que Dante Alighieri. Mis padres eran de origen italiano. Me lo pusieron en su honor.
Vivo dos casa más para abajo-indicó Rhonda.
Rhonda era la clase de vecina que todos los hombres querían tener.
¿Quién era cariño?-preguntó la mujer de Dante.
La nueva vecina-respondió resoplando de auténtico placer al conocerla.
¿Es guapa?-preguntó al ver la cara de su marido, ya que lo decía todo.
Normalita, ya sabes que solo tengo ojos para ti-dijo mintiéndola descaradamente.
¡Qué adulador!-sonrió al decirlo. Pues invítala a cenar algún día y así la conozco.
No sé tendrá que hacer cosas, instalarse, etc.-respondió con ironía. Dante daría cualquier cosa por volverla a ver. Mañana no me van a creer en el trabajo.
 
Lo había hecho de nuevo, en esta función era una autentica experta. Dedicó gran parte de su tiempo a aprender todo lo relacionado con el arte de la seducción. Pero por ahora acudiría a la universidad para saber qué día se tenía que incorporar. Para lo otro ya habría tiempo.
En el momento que llegó a la universidad, pronto captó el interés de todos los alumnos. Unos a otros se miraban con cara de asombro pensando que sería una nueva compañera de estudios. Rhonda se encaminó hacia la secretaría de la universidad para hablar con el rector Howard Tersa.
Buenos días-saludó a la mujer de pelo moreno que estaba sentada frente al ordenador
¿Qué se le ofrece?- preguntó con cierta acritud.
Vengo a hablar con el rector Howard Tersa-respondió
¿Me dice su nombre?-indicó
Rhonda Tabor-respondió un poco cansada de tanta pregunta
Sí, tiene una cita con él-confirmó mirando el ordenador. Un momento que lo llamó cuando terminó colgó e indico a Rhonda que pasara a su despacho.
Gracias-dijo saliendo del despacho.
 
Tocó a la puerta de cristal en la cual rezaba un letrero con el nombre del rector. Adelante se oyó desde dentro del despacho
Usted debe de ser la nueva profesora-adivinó el rector
Sí, me llamo…-empezó a decir
Sé cuál es su nombre-la interrumpió. Leo los periódicos, conozco su caso.
¿Va a suponer para usted un incordio?-preguntó lanzando una mirada desafiante.
Absolutamente para nada. Lo que haya hecho usted en su vida pasada es cosa suya-respondió. Empezará mañana a las nueve, en el aula treinta y cuatro B.
Rhonda daría clase de filología inglesa.
 
 
  Su primer día en la universidad llegó. Rhonda suponía de antemano que su poderoso físico en este sitio no le iba a beneficiar. Rodeada de tanta testosterona junta le traería más de un disgusto, pues sus alumnos se pasarían el resto de la clase fantaseando con su nueva profesora. Pero ella tenía que tener la cabeza fría y actuar en cada momento como lo que era: una profesional. Se estableció un plan, dejaría de vestir provocativamente en su trabajo y sólo lo haría los fines de semana cuando saliera a divertirse, de este modo no distraería a sus alumnos.
 
  La clase estaba revuelta. Los alumnos campaban a sus anchas en el aula, hasta que la puerta se abrió. Todos se sentaron ipso facto en sus asientos. Cuando Rhonda apareció se hizo un silencio sepulcral. No se oía el vuelo de una mosca. Todos quedaron boquiabiertos, le dedicaban miradas lujuriosas haciéndola sentir incomoda. Él sector femenino le lanzaba miradas inquisitivas, pues sabían que más de un novio trataría de seducir a su profesora.
Soy vuestra nueva profesora-dijo escribiendo su nombre en la pizarra. Rhonda Tabor.
Del fondo de la clase un alumno gritó algún comentario impropio a lo que la profesora no respondió. 
  La clase terminó, todos fueron a presentarse a su nueva profesora. Querían observarla de cerca y admirar su belleza. Amablemente accedió a los deseos de ellos. No quería ser descortés. Al quedarse sola resopló pues el primer día siempre era el más difícil, se dispuso a recoger los apuntes cuando apareció en el umbral un hombre.
Hola, tú debes ser Rhonda-preguntó
Sí-asintió.
Me llamo Carlos Simancas, soy profesor de español-se presentó. ¿Qué tal tu primer día?
Encantada Carlos. Bueno ha sido algo especial-respondió mientras se ponía de pie.
Te entiendo todos tus alumnos no atendían a tus explicaciones, ¿verdad? Estaban más pendientes de ti.
Así es-aseveró en su respuesta.
Te dejo que me están esperando. Un placer.
Lo mismo digo.
 
  Salió de la clase, caminaba por el pasillo distraídamente. De repente dos encapuchados le salieron al paso. Asustada le dijo que le dejara irse. Hicieron caso omiso a su petición y la cogieron. Empujaron a la profesora a los baños de hombres dónde uno de ellos la sujetó de las manos y el otro empezó a manosearla. Rhonda forcejeó con todas sus fuerzas pero aquellos hombres eran más fuertes que ella. La mano de uno empezó a bajar buscado introducirla por la falda para arrancarle la ropa interior para así poder violarla. Entonces hubo algo que llamó la atención de ella, dentro del miedo que estaba pasando. Un agresor tenía tatuado en los nudillos unas letras de estilo gótico. Horrorizada como estaba sabía que la estaba intentando violar el alumno que le gritó aquel improperio. Debido a sus gritos se oyeron unos pasos, súbitamente los dos encapuchados se dieron a la fuga. Aquel chico pagaría por esto-pensó.
La persona que acudió a sus gritos entró en el baño de hombres para auxiliarla. Cuando entró se encontró a la profesora en el suelo en posición fetal llorando. Consolándola trató de ponerla en pie. Su rescatador era Carlos.
¿Qué haces aquí?-preguntó entre sollozos.
Me disponía a marcharme cuando oí tus gritos-declaró
Te doy las gracias-le agradeció. Llévame a casa por favor.  
Le dio su dirección y la llevó.
La dejo en la puerta y le pregunto que si se encontraba bien, a lo que ella confirmo que sí.
  Ya en su casa y en la soledad tuvo claro que la próxima víctima de su venganza era aquel alumno suyo. Le haría sufrir lo indecible. Buscaría la forma más cruel de castigo corporal que pudiese encontrar. Pero ahora desearía descansar, mañana por la mañana seria otro día. La mañana siguiente se levantó muy descansada. Tenía hambre y se dispuso a desayunar. Se fue al trabajo con energías renovadas. En el trabajo pasó el día sin más incidentes como el del día anterior. Salió de trabajar y le apetecía caminar para despejarse. Pasó por delante de una ferretería y compró unas cadenas, candados y un rastrillo de mano.

 
  
  Al llegar a su casa, directamente se encaminó al sótano para preparar lo que sería su nueva cámara de los horrores, sería allí donde llevaría a cabo su venganza. Era el lugar idóneo para ello, nadie podría oír los gritos que le infligiría a su víctima.  Dispuso de una cama donde reposaría aquel pobre desgraciado. Esperó pacientemente al fin de semana.
  Por fin llegó el viernes, se le estaba agotando la paciencia. A eso de las diez de la noche se dispuso a efectuar su tradicional ritual para salir de cacería. Dispuso unas toallas limpias para después de salir de la ducha. Se desnudó, corrió las cortinas de la ducha, abrió el grifo del agua caliente. Aguardó hasta que el agua cogiera una temperatura idónea y se introdujo en la ducha. La ducha duró veinte minutos. Salió de la ducha y se secó. Poco después se dirigió hacia el dormitorio donde tenía un espejo. Se contempló desnuda y se volvió a masturbar con su imagen desnuda. En esta ocasión llegó al orgasmo. Estaba completamente sudada con esta masturbación tan frenética que se ejerció. Después se secó el sudor. Abrió el armario y observó que vestido se pondría en esta ocasión.
Eligió una minifalda muy corta de color negro. Pero esta vez llegó más allá. Decidió no llevar ropa interior. También llevaría una blusa de color verde. Al terminar de vestirse, se maquilló para que nadie pudiera reconocerla. Pues no se maquillaba habitualmente. Mirándose al espejo exclamó: ¡Que buena estás!
A las once salió de su casa buscando algún local de moda. Cuando caminaba por la calle a unos doscientos metros divisó al hombre que la intentó violar que se metía en un local de copas. Sin dudarlo un instante caminó hacia ese local. Al entrar, pronto percibió como todos los hombres la miraba. No le importaba estas miradas ella entró por otro motivo. Miró en derredor al local en busca de ese hombre. Se sentó en la barra y pidió un Dry Martini. Rápido observó como ese sujeto no le quitaba ojo de encima. Le hizo un ademán de brindis y le sonrió. El individuo captó su mensaje y se encaminó hacia ella. Su plan estaba en marcha.
Se sentó al lado suyo y empezó a hablar. Rhonda le habló al oído, el sujeto asintió. Salieron del local y se fueron a casa de ella.
Allí se tomaron una copa. Rhonda se dejó sobar por este.
¿Dónde está el baño?-preguntó
  Rhonda aprovechó para verter el somnífero que siempre llevaba en su bolso. Vació el contenido. En el momento que ese extraño regresó con Rhonda esta, estaba desnuda en el sofá. Cogió el vaso y bebió el contenido. Pasados unos minutos cayó de bruces delante de ella. Se vistió y llevó el pesado cuerpo al sótano. Ató al hombre con las cadenas y cerró los candados. Acto seguido esperó algunos minutos a que el medicamento dejara de hacer su efecto. El hombre despertó pero se dio cuenta que estaba atado con pesadas cadenas, bocabajo desnudo completamente. Rhonda estaba enfrente de él con el rastrillo de mano. Era un utensilio pequeño, contaba con cinco garfios muy afilados.
Horrorizado por lo que veía pregunto que se disponía a hacer.
Sufrirás como lo hice yo antes de ayer en la universidad-le dijo portando el rastrillo en la mano derecha.
No te entiendo-dijo llorando
No te acuerdas quien soy-le recordó. Tú me intentaste violar.
Lo estabas pidiendo a gritos, zorra-le espetó.
Ahora me toca a mí-se acercó sonriendo.
Suéltame, maldita zorra.
Ella se agachó e introdujo poco a poco los garfios en la piel del sujeto. Arrastró con fuerza hasta que gritó de dolor. Grita nadie te va a oír-le dijo. Disfrutaba de nuevo viendo cómo se retorcía de dolor. Era tal la inyección de adrenalina que sentía que siguió arrastrando los garfios hasta que desgarró completamente la piel dejando al descubierto los huesos. Tenía que vengarse. Ese hombre seguía encogiéndose de dolor.  Pero no había piedad. Luego dio la vuelta al cuerpo, siguiendo aún con vida. Rhonda  siguió arrastrando los garfios por su cuerpo, hasta que perdió la vida. Como un trofeo desgarró parte de la piel y con ella se hizo una pantalla para la lamparita de su dormitorio. El cuerpo yacía en un enorme charco de sangre. Rhonda terminó exhausta por el esfuerzo. Otro que sucumbió al físico de ella.
 
  Aquella cruzada de sangre que comenzó no tenía fin. Su voracidad frente a los hombres se transformó en una obsesión. Todo aquel que sucumbiera a su encanto saldría mal parado. Desde siempre su físico fue una maldición para ella. No tenía culpa lo sabía, era genética. Ninguno de los que había conocido la miró por sus valores sino por su impresionante cuerpo. Ella estaba harta de ser una mujer objeto, un títere en manos de los hombres. Tenía la firme convicción de que muchas mujeres de un día para otro se vengaría de ella. No le cabía ningún tipo de duda. Ellas no eran las perjudicadas directamente, no la trataban de violar ni la maltrataban como a ella. Podían salir a la calle tranquilamente sin estar oyendo comentarios obscenos que le hacían sentir como a una prostituta.
Muchas veces envidiaba a las mujeres que no poseía un buen físico, pues no llamaba la atención y podían pasar desapercibidas. Pero era una autentica lacra en su vida. A menudo, lloraba en soledad.


 
 
 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 6

Nunca mintió a su mujer. Dante tenía claro que si le describía a su mujer la nueva vecina, le iba a montar alguna escenita. Estaba en una encrucijada, quería de nuevo volver a verla y su mujer le pidió que la invitara a cenar. ¿Qué podía hacer?  Podía ser una velada algo incómoda para ambos: su mujer le recriminaría su tremenda mentira, pues siempre confiaba en su  marido. Y para él sería motivo de discusión. Ante la insistencia de su mujer no tuvo más remedio que acceder a invitarla. Valor y coraje-pensó.
Por la tarde se dispuso a visitar a su nueva vecina. Cuando llegó llamó al timbre, esperó unos minutos y la puerta se abrió. De repente apareció su nueva vecina, aunque no estaba tan arreglada como cuando se presentó a su vecino, mantenía su atractivo.
Hola vecino-saludó Rhonda
Buenos días, vengo para invitarte a cenar con nosotros esta noche, mi mujer ha insistido-le comentó.
No sé si podré ir, tengo muchas cosas que hacer esta noche-se excusó.
Si puedes te esperamos a la siete-le citó mientras no le quitaba ojo de encima.
Rhonda se dio cuenta enseguida que no hacía nada más que mirarla. En la expresión de su mirada sabía que se la estaba comiendo. Después de pensárselo aceptó la cena. Era su oportunidad de conocer a sus nuevos vecinos y entablar amistad con ellos. Nada tenía que perder-pensó. Así que, le confirmó a Dante que iría encantada.
No quería esta vez ningún tipo de líos. Deseaba una velada agradable con sus vecinos. Para esta ocasión se vestiría de una forma más informar pues no quería tener problemas con la esposa de Dante. Llegó media hora antes, para ayudar.
Tocó el timbre y salió a recibirla Charlotte Grossi. En el instante que la vio se quedó muda. Su marido la había descrito como normalita, pero le había mentido. La invitó a entrar. En el momento, que apareció Dante para recibirla su mujer lo cogió del brazo y lo llevo hacia la cocina. Rhonda quedó sola por unos instantes y se dedicó a husmear en el salón.
Ya en la cocina, Charlotte recriminó a su marido que le hubiera mentido.
¡Con que era normalita!-le espetó.
Pero que quieres que hiciera, cariño. Decirte que era tan atractiva, para que montaras en cólera. O no te acuerdas cuando te pensabas que te estaba engañando con mi secretaría. Lo hice por tu bien, por nosotros. Te dije que no tengo ojos nada más que para ti. Puedes estar tranquila.
¿Tranquila, con esta mujer aquí? ¿Te has fijado lo sexy que es? Más de una esposa se sentiría intranquila en el pueblo. Este tipo de mujer arruina los matrimonios-le dijo con voz alta.
Cariño, creo que estás exagerando un poco-la tranquilizó con un gesto cariñoso. Y además no me he fijado lo sexy que es.
Venga no digas tonterías, si eres un hombre. Las mujeres nos damos cuenta de todo. Sabemos que cuando aparece una mujer atractiva os volvéis idiotas. Y empezáis a babear-le indicó con intuición femenina.
Vamos a atender a nuestra invitada como se merece. ¿Que estará pensando al dejarla sola tanto tiempo?-le apresuró dándole un beso en la mejilla derecha.
Cuando dejaron de discutir se encaminaron hacía el salón donde se encontraba Rhonda sentada en el sofá al lado de una mesita con fotos familiares. Había fotos del matrimonio con su único hijo, el cual, ya conocía. Ofrecieron una bebida a ella, aceptándola. Se sentaron y empezaron a hacerle unas preguntas para conocerla mejor.
La cena transcurrió en un ambiente algo tenso, por las continuas miradas de Dante hacia Rhonda. Charlotte se estaba empezando a dar cuenta de lo mucho que le gustaba a su marido, en alguna ocasión hizo algún comentario para que se sintiera aludido. Pero hacia caso omiso. Rhonda por su parte si se dio cuenta de esta circunstancia. Los gestos de Charlotte eran de una mujer celosa, de hecho lo era. Había luchado toda su vida por encontrar un marido que estuviera a su altura. No permitía que ninguna mujer con o sin razón coqueteara con Dante. Se peleó con una dependienta alguno años antes porque le dijo que le quedaba muy bien una camisa. Ella montó en cólera montando una tremenda escénica, de la cual, Dante salió abochornado. Y ahora su nueva vecina.
Rhonda comprendió que quedarse más tiempo en la cena era un error. No tuvo más remedio que inventarse una excusa.
Lo siento, pero tengo que irme. Mañana tengo un día muy duro-se excusó.
Venga, mujer quédate un poco más. Luego te acompaño a tu casa-instó Dante
¡No te ha dicho que se tiene que ir!-gritó su mujer
De verdad, lo siento-insistió Rhonda.
Cuando Rhonda se fue Dante recriminó a su mujer lo poco hospitalaria que había sido con su vecina. No entendía esa actitud ella insistió en invitarla. Su nueva vecina aceptó de buen grado.
¿Cariño que te ha pasado?-preguntó
Te la comías con los ojos, sin ningún tipo de contemplaciones. Te ha dado igual que estuviera yo delante.
Pero te juro que me vengaré. Esa mujer no me va a quitar a mi marido-amenazó ella.
Tranquila mujer, ya se fue.
En toda la noche Charlotte pudo dormir pensando en cómo se vengaría de esa mujer. Tenía que darle a su vecina una lección, así que se le ocurrió un plan, le quitaría a esa mujer su más preciado tesoro que poseía: su belleza. Antes de que Dante se levantara fue al sótano y cogió un bote de ácido. Salió de este lugar y fue a casa de Rhonda a explicarle que su marido era de su propiedad. Tocó al timbre. Y salió Rhonda.
Buenos días vecina-saludó Rhonda
Aléjate de mi marido puta-espetó Charlotte
Fue tu marido quien me invitó a cenar yo no quería ir, pero insistió-se defendió.
Te pavoneas como una vulgar ramera y tienes la poca decencia de decirme que no querías ir-la recriminó.
Si tu querido maridito no te hace caso porque anoche le di lo que tú no puedes darle, mírate si pareces un adefesio. Solo se casó contigo por lástima. Desea estar con una mujer como yo.
Sin decir más palabra Charlotte le volvió la espalda. Pero al cabo de un rato destapó el frasco. Y se volvió de nuevo.
Ah se me olvidaba, a ver si ahora los hombres te miran igual y le arrojo en la cara el contenido del bote. Cuando llegó a su cara una tremenda calor asoló su cara. Rhonda daba gritos de dolor, le quemaba de tal forma que se retorcía. Charlotte emprendió la huida.
Por la tarde aquella quemazón cesó. Rhonda ya no sentía dolor. Fue al cuarto de baño para refrescar su cara, pero lo que vio le horrorizó. Había perdido toda su belleza. Su cara estaba llena de  quemaduras. Lloró.
 
Así que Rhonda no se volvió a mirar al espejo. Todos los espejos de su casa fueron tapados por ella. 

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  • Valoro mucho el trabajo, pero intenta subirlo en partes más cortas para que te pueda leer más gente. Tienes mérito, continua.
  • Rhonda tabor es una profesora universitaria divorciada de su primer marido, en una fiesta conoce a un hombre. pero no contaba con que su vida daría un giro inesperado.

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