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10 min
Rock and roll star
Reales |
31.05.17
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Sinopsis

Te observa un millón de personas, con la cabeza llena de anfetas y de alcohol, la multitud grita tu nombre entre los alaridos de tu sufrimiento y con el último golpe de la bateria, un gemido final de una telecaster, la cabeza gacha por esa jodida tragedia descontrolada y espectacular que es la soledad de la estrella.

Ya no quedaban bises que hacer, ni guitarras que romper. 

Nada de canciones en primicia, covers de ídolos muertos ni ovaciones al ridículo. 

Se acabó. 

Volvió la espalda al público y se dirigió con la mirada enfrascada en sus pasos hasta la puerta de su camerino. 

"Luego nos vemos Steve" Dijo el batería.

Ambos se quedaron parados. Uno esperaba respuesta, el otro una pregunta de verdad. 

Los mechones de su flequillo estaban rozando el cartel de "reservado" en la única puerta negra del teatro. 

"¿Steve?" 

El vocalista giró la cabeza escondiendo los ojos entre las sombras del cabello. Dejó una sonrisa en su recuerdo y se metió en la habitación cerrando con llave. 

El tamborilero dudó, vaciló si agarrar aquel picaporte camino a una realidad que le explotaba cada día en los oídos, en dosis pequeñas como gotas en mitad del escenario u hojas arrancadas encontradas en la basura. Rumores infravalorados y espectáculos tóxicos que iban arrasando con todo. 

Una voz en su espalda le arrancó de la que quizás hubiese sido la mejor decisión de su vida. "Toni" 

Un tono rasgado pero dulce como el vodka con caramelo, vestido de cuero, con los pantalones rasgados y la camiseta de los "dry mouth" llena de imperdibles.

"¿Vienes a ponernos a tono? Tengo un par de botellas en la caravana y algo de hierba"

Jinny Soul, cantante de "Grey Sunday evening", el encanto personificado en un delgaducho cuerpo de un metro sesenta y cinco que parecía una película de cine mudo salvo por su cabellera rubia, sus sonrojadas mejillas y una voz que hacía estremecer el alma.

"Claro, espera que avise a Steve" 

"Toni, te lo estoy ofreciendo a ti, no a Steve"

Y aquí el eterno dilema, que todos sabéis como acaba siempre; una de las mayores fuentes de arrepentimiento a lo largo de nuestra vida, y aún así seguimos siendo tan estúpidos de caer en el mismo error. 

En el camerino Steve se mantenía sentado apoyado en la puerta con la cabeza entre las piernas y  la mirada filtrada por rizos. 

Moqueta. Una moqueta morada que recubre todo el suelo. La moqueta es la superficie más antihigiénica que existe. Cuando se mancha,la cambias, cuando se ensucia, la tapas, cuando huele mal la perfumas. Moqueta. Con granos de maíz entre sus pliegues, restos molidos de marihuana y tabaco, marcas de quemaduras y de líquidos derramados, en pequeños charcos como la escena de un crimen.

Golpeó con su coronilla la puerta, deleitándose de la oscuridad interrumpida por el movimiento viscoso de una lámpara de lava roja de al menos quinientos dólares. Y volvió a golpear. Y de nuevo.Y de nuevo, hasta que pudiesen brotar las lágrimas. Pero no hubo respuesta a sus súplicas. 

Se levantó y encendió la luz del espejo.

El rímel estaba corrido y su cara descompuesta por los golpes de la desesperación. Joven e inmaculado, puro y frágil. Por dentro podrido y roto. Tan manchado por la soledad y tan enfermo por las drogas que no podía ni liberarse de la pena, revuelta, insaciable y salvaje en su pecho. 

Descorchó una "origen" y sirvió el último sorbo de "scotch" en un vaso. 

Se quedó mirando la botella verde y la lanzó contra la puerta sin inmutarse. Pegó un largo buche a la cerveza, echó el resto en el vaso para mezclarla con el whisky y repitió el proceso.

Expectante, se mantuvo erguido observando las abolladuras en el aluminio negro del marco. 

¿Y bien?

Nadie acudió a los gritos de socorro. Nadie.

Se derrumbó en el sofá y se ahogó en un trago largo hasta que su boca quedó seca. Aferrado al vaso descorchó otra cerveza y otra botella. Beber por no llorar.

Toni paso a la caravana mientras Jinny esperaba en el umbral. Cerró a su paso. Se quedaron muy cerca el uno del otro, mirándose a los ojos y optaron por reír. 

"Serviré unas copas. La hierba está ahí, métete la que quieras." 

El batería empezó a sentir la sacudida en su pecho como si sus platillos se estuviesen vengando de él. Cogió un puñado de marihuana pero estaba tan tenso que se le cayó al suelo.

"Tranquilo chico malo, son inofensivas" Dijo la punky entre risas.

Recogió el matojo de entre los pelos de la moqueta. Putas moquetas, maldita inglaterra. 

Cuando se incorporó Jinny estaba a apenas unos suspiros de su cara, sujetando las copas. 

Ella sacó una de sus sonrisas tiernas pero malintencionadas. Él tragó saliva. Desviaron ambos la mirada hacia sus labios y cambiaron el riptus de sus rostros, por unos párpados a medio cerrar y unas bocas a medio abrir. 

Sus labios se encontraron apenas un segundo, para que sus ojos se citasen de nuevo. Resplandecer de las sonrisas por el deseo alcanzado que prosiguió con aquel sueño. 

Toni temblaba mientras Jinny enlazaba sus brazos en su cuello y se inclinaba hacia la cama. Saltó para aferrarse a su cuerpo quedando suspendida por los labios encerrados entre los dientes del percusionista. 

Y poco a poco, ocurrió. 

Y poco a poco Steve se quedaba seco. Mareado buscó entre fragmentos de vídrio algo de líquido, pero solo consiguió llenarse las manos de cortes. 

Allí de rodillas desesperado por perder el conocimiento, ahogándose con su propio aliento en suspiros cortos y profundos. La rabia le explotó en el pecho y empezó a gritar mientras golpeaba con los puños los cristales de la moqueta, dejando a su rastro regueros carmesí en el terciopelo. Y con las manos destrozadas sobre las rodillas consiguió llorar. 

Rebuscó entre los cajones del camerino. Encontró papel y boli. Esperó. Esperó de espaldas a la entrada a que alguien llamase. Pero nadie llamó. El silencio captó su atención y los fragmentos de botellas en el umbral resplanecieron con un filtro rojo. 

Pero no tenía valor. Aún no. Siguió rebuscando entre los estantes y encontró un paquete de tabaco, algo de cocaína y un J&B gran reserva. 

Satisfecho se desparramó en el suelo, con la vista en el techo mientras desenroscaba el tapón del whisky. 

Siguió bebiendo. Siguió esperando. Pero nadie acudió.

Jinny despertó encerrada entre los musculosos brazos del batería. El calor la complacía. Estaba a gusto. Se sentía segura, no tenía, miedo. Se sentía feliz. Pero Toni se giró dormido. Se extendió en la cama apartándose de ella. Y su tristeza llegó con el frio.

Se incorporó un momento, observando al amante. Acarició su barba con la punta de la nariz. <<Que gran hallazgo había hecho Steve con este tío. El anterior batería era un cocainómano gordo y agresivo, este aún no se había corrompido>> Pero ahí estaba de nuevo. Sola, en lo alto de la cúspide. Como Steve. Indefensos, rotos y huerfanos. Monstruos de circo cuya atracción era su autodestrucción. Pero necesitados.

Al ver que no reaccionaba se puso el sujetador, unos pantaloncillos cortos y la camiseta del chaval. Cogió un cigarrillo y miró por la ventana de la caravana, para comprobar que no había nadie que la viese llorar.

Salió dejando a Toni dormir. Paseó entre gemidos, con la única compañía de su amargura y el desahogo de caladas y lágrimas. Los "Bonner"  se acercaban directamente y secó las lágrimas lo más rápido que pudo. Penso en decir que iba a ver como les iba a los "Ebong" tras el alto listón que dejaba siempre Steve, pero no le preguntaron, solo silbaron y gruñeron como los cerdos que eran. 

Pasó por la cabina de seguridad, como había hecho los cuatro días de festival. El guarda, se quedó mirando su fresca indumentaria, pero ella no se paró por eso. Se paró por un detalle que había escapado los cuatro días de conciertos. Y entendió por qué el representante les asignó una chavola con ruedas en vez de un camerino. Pero no quería haberlo sabido. Y menos con esa imagen.

 

La luz roja le miraba. Le miraba pero nadie acudía. Y Steve seguía ahí,con la vista fija en el techo y bañado en soledad, en tristeza. Había estado ahí observando cada minuto de rabia, cada segundo de sufrimiento y melancolía, pero seguía solo. Seguiría siempre solo. 

Se cansó de mirarla, de estar ahí parado, de vivir parado. 

Se cansó de vivir para esa luz roja. De que la luz roja le diese de comer, de beber, de esnifar y de follar. Y que todo fuese tan artificial como esa luz roja. 

Cogió el boli, los folios y las últimas fuerzas que le quedaban. Y escribió. La más triste de todas sus canciones, la más sincera. Sin música, haría temblar al mundo entero. Ya no entretendría a nadie más con su sufrimiento. No más ojos rojos, gritos sin respuesta y caos por impotencia. 

Nada de genialidad. Nada de rock and roll.

Cogió la botella y la lanzó a la cámara. Se apoyó en la puerta y dejo deslizar la hoja hasta el otro lado. Se apoyó en ella y golpeó de nuevo con la cabeza, pero esta vez era difícil distinguir las lágrimas, ya que estaban coronadas con carcajadas.

Jinny corrió, corrió como no había huido de la policía nunca, más que cuando el mono apretaba o que en el escenario hasta arriba de euforia. 

El calvo guarda de seguridad iba tras ella, más preocupado en los botes de su trasero que todo lo que estaba pasando. 

"¿Cuál es el puto camerino?" Gritó angustiada pero la única respuesta fue la respiración forzada de su acompañante. 

Puerta tras puerta aporreó el teatro entero. Pomo por pomo los abrió todos. Y con ello cualquiera que estuviese allí fue testigo. Cualquiera salvo Toni. Salvo su amigo. 

Acabó en la última puerta. La única puerta negra. 

Había un papel a medio pasar. Y sabía que era esa. 

La aporreó, la aporreó con fuerza. Gritó con su voz rasgada como nunca antes. 

La maldita y sucia moqueta. La maldita y sucia moqueta. Llena de cristales. Manchada de whisky y cerveza. 

La maldita sucia moqueta, que insonorizaba cada paso.Que forraba las habitaciones, con una frontera de aluminio frente al marmol de los pasillos.

La maldita sucia moqueta. Que lo absorbía todo.

Jinny tiró del papel. Sus esquinas marrones. Secas. 

La maldita sucia moqueta. No les permitio saber que hacía tiempo que había sido demasiado tarde.

 

 

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