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4 min
Rojo atardecer
Varios |
16.05.15
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Sinopsis

Historia de un amor no correspondido || Estando ciega ve más que cuando no lo está. ¿Te atreves?

Me llaman Ele, mi nombre de pila no lo recuerdo ahora mismo. Nunca lo he visto escrito y muy pocas veces lo oigo, ya sea por falta de amigos o por falta de enemigos. Tengo un trabajo especial para gente que "padece", como ellos lo llaman, una "discapacidad". Yo me inclino más por una definición del tipo "persona inútil, incapaz de hacer algo por sí sola", que es así como me definiría. ¿Alguno de vosotros se ha parado a pensar en que no sé cómo es el color rojo? No tengo ni idea de lo bonito que puede llegar a ser un atardecer tumbado en la playa, ni cómo es capaz de deslumbrarte el sol en un día cálido de verano. Pero sé cosas que vosotros no sabéis... Porque yo soy capaz de tener una fe ciega en aquello que no veo. En cambio, a muchos de vosotros os asusta no ver. Yo soy capaz de amar sin ver, sin conocer el rostro que tantas veces han besado mis labios. Y me parece que también soy capaz de valorar mucho más la compañía de otras personas, porque nadie ha vivido más tiempo en soledad que yo. Al menos, no deseo a nadie tanta soledad. Es extraño... Sí, es extraño... Soy capaz de sentir amor cuando solo odio corre por mis venas… Era su esclava.

Él se llama Christian y si tuviera que definirlo en pocas palabras, sin  duda sería algo así como "el todo que complementa el nada". No existe relato que no nos hayamos contado, no hay hazaña o aventura que nuestros oídos no hayan compartido. Y sus abrazos, no creo que ninguna otra persona los haya concebido siquiera.

El día mas inesperado, sucedió. Recuerdo a Christian cuando me contó, todo nervioso,  que había descubierto un médico capaz de implantarme unos ojos. En ese momento, solo os diré que mi vida empezó a cobrar sentido. La oscuridad de mi interior se convirtió en tibia luz y todo mi odio dio paso a un amor loco por Christian.


El día de la operación había llegado.
Al despertar, aun seguía dormida. Escuchaba una voz lejana pero cercana, fuerte pero suave. Notaba el contacto de unos dedos sobre mi cabello, pero me era imposible oponer resistencia. Una lucha interna arrasaba mi mente sin dejar supervivientes. Los sentimientos eran aniquilados por una fuerza mayor. El amor que ahí reposaba pronto se vio envuelto en odio...la inseguridad y el miedo se habían apoderado de mi. No había escapatoria. Acababa  de nacer.

Desperté. El color pronto se apoderó de mi mente, y mis ojos, presa de la cálida luz de la sala, no cesan de vagar sin rumbo presos de la incertidumbre y el asombro. Después de abrazos, besos, y alguna que otra lágrima, consigo quedarme a solas por él. Por primera vez le veo. Grandes surcos atraviesan su cara, recalcando la peca que tiene en la nariz. Su cabello rubio y fino cae por la frente. Es fuerte y bastante más alto que yo. Lo describiría como a un Dios Griego, como a un héroe, como a mi héroe.  Pero para mi decepción… es ciego. De pronto, sin haberme dado tiempo ni a entender su belleza, hinca la rodilla izquierda y me pide el matrimonio. 
Yo, sin pensarlo dos veces, le digo que no. Le digo que es ciego y que no quiero pasarme una vida igual o peor que la que acabo de terminar. Quiero empezar de cero. Entonces, se va. Seguramente con alguna lágrima en los ojos. Pero no hago ademán de pedir disculpas.

Al llegar a casa encuentro una carta de Christian: Querida Ele, espero que cuando leas esto estemos prometidos, porque te aseguro que seremos muy felices. El entregarte mis ojos para que tú puedas ver el mundo es solo el comienzo de lo que soy capaz de hacer por ti y de lo que puedo entregarte. Ni el mundo ni los ojos son más que el principio. Te quiere, Christian

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