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2 min
Rojo Infierno
Terror |
19.02.15
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Sinopsis

Casandra necesita qué seas testigo del mal que la acecha...

La pequeña corría por la gran mansión, golpeando su frágil cuerpo contra las paredes de los interminables pasillos, sangraba la profunda herida de su brazo derecho dejando un rastro rojo infierno en el suelo, los pies descalzos de su verdugo pisoteaban los charcos donde antes se había detenido la chiquilla a tomar aliento, ríos de sangre y huellas.

Casandra se agarró a la barandilla de la enorme escalera de caracol que unía la segunda planta con el desván y peldaño tras peldaño subía entre gritos de dolor, allí arriba se escondió entre muebles antiguos, polvo y telarañas, descansó un largo rato.

La madera crujía bajo sus pasos, ojos inyectados en maldad, macabro juego del escondite, asomando la cabeza con brusquedad, no halló la muerte a la pequeña en los rincones, en la penumbra.

La niña atemorizada, oculta en el silencio, reprimiéndose los alaridos del sufrimiento, entrecortando su respiración, acelerando sus palpitaciones dio esquinazo a la sombra que la perseguía.

Bajó las escaleras con el cuerpo inclinado, resbalando sobre el flujo vermellón que antes había escapado de sus venas, contemplando las huellas de los pies descalzos que la intuían cerca, lista para afrontar otro cruel ataque con el filo de su puñal, bañando así con su vida el hambre del terror que la acechaba incansable.

Volvió a recorrer los pasillos, recorrió la mansión una y otra vez y cansada del terrorífico juego se detuvo ante el gran espejo de la entrada, posó la punta del puñal en el reflectante cristal y rió de nuevo.

- Te he vuelto a alcanzar Casandra.

Sus pupilas se dilataron como luna llena en la inmensa nocturnidad, alzó su mano izquierda y esta vez rajó su bello rostro, una cascada de rojo infierno resvaló por su frágil cuerpo hasta cubrir sus pies descalzos.

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