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6 min
Ruido
Varios |
09.07.15
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Sinopsis

rockstar

Mathew Callahan, más conocido como “Spit”, esperaba junto a su representante en el amplio sofá de una de las tantas oficinas del centro de Nueva York. Frente a ellos había dos hombres, ambos con elegantes trajes ejecutivos, quienes revisaban una gran carpeta mientras hablaban entre sí. El manager de Spit hacía lo propio con un montón de papeles que llevaba sobre sus piernas, pero el no tenía a nadie con quien intercambiar ideas, así que solo subrayaba de vez en cuando algunas líneas.

 

Spit, que bostezaba ya, observó una vez más los rostros de los ejecutivos y luego se sirvió otra copa del whisky que había en la mesa de centro. Iba a beberlo de un trago, como lo hacia siempre, pero algo hizo que detuviera su vaso en el aire. Aquello había sido fuerte, estrepitoso, un fuerte ruido que llamó de inmediato su atención y que lo dejo  sorprendido y tenso.

 

- ¿Ocurre algo Mathew? – Le preguntó su manager.

 

Spit se levantó y caminó hacia la ventana, pero afuera todo seguía normal.

 

- ¿Escucharon ese ruido? – Exclamó Spit mirándolos a todos.

 

Los hombres de traje y corbata negaron con la cabeza y regresaron a los papeles. Su manager seguía observándolo con extrañeza, pero el no supo que decir y sólo atinó a regresar al sofá.

 

 

- Aquí dice que el porcentaje de comisión es del 30 por ciento – Indicó el manager de Spit ¿Es eso correcto?

 

- ¿Hay algún problema? – Respondió uno de los ejecutivos – Eso es el mínimo de…-.

 

Spit dormitaba ya en el sofá.

 

De pronto. El ruido…EMPEZABA otra vez.

 

Spit entonces volvió a levantarse de su asiento. Abrió la ventana y miro hacia abajo, asustado. Pero afuera solo pasaban unos pocos autos y la gente que caminaba apurada.

 

- ¿Alguien sabe de donde viene ese maldito ruido? – Volvió a preguntar, aun con la vista en la calle.

 

Los tipos de traje y corbata levantaron sus rostros hacia él y luego se miraron entre si. El manager los observó y levantó las cejas.

 

Los ejecutivos y el representante siguieron discutiendo  algunos números, pero Spit no estaba interesado en lo que decían. Su atención estaba por completo en el ruido que provenía desde afuera y que ahora se prolongaba en el tiempo. Sentado en el sofá y con un dedo en su oído derecho, trato de imaginar que podría provocarlo, pero ninguna de sus explicaciones parecían tener sentido.

 

De pronto, su manager se acercó a él y le entrego un papel, un documento. Le dijo el lugar donde debía firmar. Spit ni siquiera pregunto de que se trataba y lo hizo. Tomó de la mesita otra copa de whisky y bebió un trago, salpicando el licor sobre su fina camisa. Los ejecutivos le ofrecieron una bandeja con ostras y el sacó cuatro. Luego vio que su manager lo llamaba aparte.

 

- ¿Que te parecería cantar un dúo con Beyonce este domingo? -. Le preguntó – Los del sello me lo propusieron, sería un gran impulso para tu carrera solista -.

 

Spit lo pensó. El ruido, extrañamente, pareció aminorar su intensidad.

 

- ¿Y cuanto es lo que voy a recibir? – Quiso saber.

 

Su manager le indicó la cifra. Spit levantó las cejas y suspiró. De inmediato asintió y ambos volvieron al sofá. El músico, sentado frente a los tipos de traje y corbata, se puso a pensar en todas las finas camisas que podría comprar y en el gran fin de semana en Paris que iba a tener con sus nuevos amigos, gracias a esa simple presentación.

 

Una secretaria llegó y trajo más ostras y otros ricos manjares. También uno de los ejecutivos sacó de una gaveta de su escritorio un fino vino de antigua cosecha. Spit siguió bebiendo y comiendo, hablando con más vivacidad y riéndose de los chistes verdes que le contaban, y pese a que el molesto ruido de hace un rato aun seguía allí, este al menos ya no era tan molesto, lo cual lo tranquilizó.

 

Mas tarde, todo pareció perder importancia. El último sobreviviente del gran movimiento del rock, aquel que despertó a una generación y la hizo revelarse ante lo establecido, ahora proponía participar en la próxima gira de Britney Spears y en alguna película de acción. También le plantearon la idea de que una canción suya apareciera en el nuevo comercial de una marca de automóviles y Spit casi se va de espaldas cuando le dijeron lo que recibiría.

 

- Pero vas a tener que cortarte ese mohicano Mathew – Le indicó su representante  - Sacarte ese aro y cambiar tus modales sobre el escenario, ya nadie quiere verte escupiendo o gritando -.

 

-  A la gente no le gusta Mathew – Apoyó uno de los ejecutivos – les asusta y noVENDE -.

 

Spit los oía y asentía. Ahora ya no escuchaba el ruido en absoluto, y en cambio, dentro de su cabeza, las palabras de aquellos tres tipos cobraban sentido. UnaMONTAÑA de dinero lo estaba esperando y el no se iba a hacer de rogar por más tiempo. Había sido un necio todos estos años, un verdadero imbecil.

 

Le ofrecieron champagne y el sonrió con su representante. Firmó algunos otros papeles y hasta accedió a suavizar y cambiar el estilo de sus cancionesFUTURAS. Todos adentro reían y seguían contando chistes. El ruido ya no era nada para Spit, quien ya ni siquiera lo recordaba. Ahora sólo tenia oído para escuchar a los ejecutivos, mientras asentía conforme, bebiendo sonriente de su vaso de cristal.

 

            Sin embargo, cerca de allí, a varios kilómetros del edificio donde Spit aun seguía hablando con los ejecutivos, cuatro jóvenes se movían frenéticos dentro de un pequeño cuarto, en una de las tantas casitas de aquel barrio. Una de las guitarras chillaba, el bajo se sacudía y laBATERÍA era azotada y castigada por la furia de múltiples golpes endemoniados, mientras una voz,  impetuosa y estridente, sobresalía orgullosa, dejando escapar palabras y frases asombrosas, llenas de furia y desencanto.

 

Si, era el ruido, que ante la indiferencia de todos, volvía a surgir tan genuino y nítido como siempre.

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