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6 min
Ruidos
Terror |
08.07.10
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Sinopsis

      Su perro se había escapado. Los gritos y el tronar de la estampida humana que se alzaba a su alrededor le había dejado prácticamente desorientado. Su bastón cayó de entre sus dedos y él palpó el suelo en su busca, pero sólo encontró pisotones y dolor.

Decían que las bombas habían caído por todo el país. Bombas que no explotaban, pues su carga era aún más letal que el plutonio. La ola de muerte se propagó a los cuatro vientos y los supervivientes eran ahora carne fresca para los millones de compatriotas que habían sido expuestos al arma letal y que ahora sentían un hambre voraz por cualquier tipo de vida. Y la vida humana estaba de oferta.

Ayuda. Pero, ¿a quién pedirla? Todos escapaban por su vida. Ninguno iba a detener su huida por socorrer a un viejo invidente. La única atención que le prestaban era para apartarlo a empellones de su camino; para caminar sobre él, para aplastarlo.
Socorro. Pero, ¿acaso alguien escuchaba ya?

Después de perder la vista por aquel desafortunado accidente en clase de química, Jeremías se había jurado a sí mismo que jamás volvería a cometer la imprudencia de no escuchar las advertencias en caso de peligro. Aunque en el fondo de su ser, poco importaba ya. Ahora pertenecía a otro mundo, uno oscuro, siniestro y confuso. Para él los coches ya no eran un medio de transporte, sino una cacofonía migratoria; las gentes se volvieron entes sin forma; el color se diseminó y el mundo se sembró de ruidos.

Tenía los dedos de las manos aplastados, su espalda encorvada por el dolor y la sangre escapando por múltiples grietas en su cuerpo machacado. Reptó hasta una esquina e intentó ayudarse de las paredes para volver a alzarse. Aquella estampida de histeria humana seguía emponzoñando las calles; gente asustada, energúmena, peligrosa… El miedo latía en sus sienes y le hacía aferrarse con desesperación a la pared. Deseaba que todos pasasen de una vez por allí para poder escapar, pero entonces escuchó el látigo que hacía desbocar aquel torrente de pavor. Algo ululaba en la lejanía; era el sonido de la muerte.

Es difícil adaptarse a un nuevo entorno, y aún más cuando éste adquiere una nueva dimensión. Era difícil aprender los sonidos, los trayectos de memoria e interpretar la realidad con unos sentidos casi aletargados. Pero Jeremías era perseverante, y jamás se dejó abatir por las adversidades.

Los balbuceos y aullidos de aquellos avanzaba rápido pese a su torpe paso. Los gritos de los rezagados cayendo en sus garras, el sonido de la carne desgarrada, el mascar… Eso era, mascaban. Se comían los unos a los otros. Intentó dirigir su atención al lejano sonido de la gente que huía, pero ésta parecía ir en todas direcciones. Y desde todas direcciones, ellos se acercaban.
Echó a andar calle arriba. No sabía hacia donde, pero sí que desde esa dirección el mortecino ulular si mitigaba. Algunos pasos prestos hacia ningún sitio. Exabruptos de algunos encolerizados. Llantos de otros… Cada vez menos gente, eso era un hecho. Cada segundo, un hálito menos de esperanza.

Pregunta siempre que te pierdas –solía repetirle su tutor-; no temas las respuestas. Si ya no sabes dónde estás, una mala indicación no agravará tu situación. Pero sí que se agravaba. En tono de voz en las respuestas siempre era condescendiente; siempre inspirando pena a los demás, siempre sintiéndose extranjero en un mundo no correspondido.

La noche era fría, y a juzgar por la temperatura, ya debía estar anocheciendo. Aunque su vida era oscura, la oscuridad de afuera siempre albergaba lo peor de los seres vivientes. Si aquel día había resultado demencial, no quería imaginar qué horrores aguardarían a la noche. No sabía dónde se encontraba, pero por el suelo y la escasez de muros en rededor supuso que debía estar alejándose de la ciudad.
Escuchó unos fatigados pasos que se acercaban, seguramente de algún superviviente, y alzó su súplica a modo de ruego por una orientación. Pero no hubo más respuesta que el lento avance de aquellos pasos extenuados y el crujir de los huesos bajo la carne. Intentó huir pero por la fatiga y el estrés no encontró más que un pesado bulto que le hizo caer de bruces. Un hormiguearte dolor se aferró a sus extremidades y columna, y por más que intentó levantarse, sólo logró arrastrarse unos metros. En unos segundos algo cayó sobre él y el rechinar de unos dientes perforando su cuero cabelludo y rasgando su cráneo desnudo le hizo perder el conocimiento.

El mundo te resultará desconocido –le dijo su tutor-. Lo que antes era blanco ahora será negro. Lo que antes era rojo, ahora será negro. Pero por muy negro que veas el futuro ahora, tampoco está desprovisto de emociones. Ahora sentirás las cosas de una nueva forma, y eso siempre es apasionante. No le des la espalda a la vida sólo porque ahora sea distinta.

Recordaba que el terror se había adueñado de él, y que al despertar sólo percibió dolor. Pero no siempre fue así. El dolor, aunque siempre presente, nunca fue tan tangible como lo era ahora. Se levantó del suelo y alzó la vista a lo lejos. Todo estaba negro, pero él buscó a lo lejos hasta que escuchó, creyendo que lo veía; gritos, vida. El hambre despertó y la saliva corriendo por la comisura de su boca habló. Había vuelto a cambiar y el mundo se transformó de nuevo. Esta vez no tardaría tanto en volver a adaptarse.
Comenzó a andar, lánguidamente, hacia aquel nuevo y sabroso mundo.

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  • Fascinante. Todo en este relato es buenísimo. La elección del personaje, la narración, el argumento apocalíptico. Un gran relato que me recordó a Stephen King. Es muy bueno, de verdad.
    HE elegido al azar este relato entre todos los tuyos ya que no había leído antes ninguno de ellos y me ha gustado, ahora que los zombies están tan de moda ver un relato que enfoca este mundillo de terror desde el punto de vista de un ciego es sorprendente, un saludo
    Asombroso relato con un final que pone los pelos de punta.
    Una ráfaga de aire fresco al tema de los zombis... Una visión muy diferente. Me gusta.
    Es muy muy macabro.Me gusta. :) (Dale un repasito que yo creo que se te ha escapado alguna cosilla como lo de "Rectó hasta una esquiva". Supongo que quieres decir que reptó hasta una esquina...Un beso.
    Me uno a storvos. Un buen relato. Saludos
    ¡Hola, Ik! Siempre me gusta asomarme un segundo por TR, que ya ves cómo anda... no digo nada más. Pero la verdad es que me da pena. ¡Menuda huida en masa! En fin. Un placer haberte encontrado aquí de nuevo, saludarte, recordar tu amistad virtual, y disfrutar de tus "horrores apocalípticos", línea literaria que tan bien te define. ¡Buen verano, amigo!
  • Y otra vez...

    Reflexión mañanera.

    Bajo la luna había una laguna, y su luz espectral de plata cubrió la superficie. Pero bajo su opalescencia, un abismo inescrutable permanece, y ay del incauto que se guie solo por la ilusión que refleje.

    Habrá que limpiar estas telarañas.

    Breve narración sobre el lince ibérico.

    Ahhh, es secreto.

    Pese al bloqueo constante al que estoy sometido desde hace ya y la desidia que me causa la mortal primavera con su nocivo polen, dejo un pequeño escrito que logré supurar en un efímero momento de lucidez. Espero no se os indigeste :)

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