cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

5 min
Rumores
Varios |
18.06.15
  • 4
  • 13
  • 1037
Sinopsis

En estos tiempos de celulares, facebook y twitter, nuestro barrio prefiere, para considerarse una comunidad organizada, el simple chimento. Efectivamente, esa milenaria costumbre oral nos pone al tanto de las alegrías o sinsabores de los vecinos. Aunque muchas veces parece malicioso, en realidad, es de una ingenuidad incomparable y me permite conocer el pulso del entorno.

Por la mañana escucho la radio para enterarme de las noticias, pero, si quiero saber lo que sucede a mi lado, esas mil y una vicisitudes que por su estatura no llegan a los noticieros, debo apoyar mi oreja en el suelo.

Para ello, por ejemplo, visito al diariero en su kiosco de la esquina. Aburrido, me cuenta de su reparto temprano y al recorrer la lista de clientes me pone al día: que si Clarita ya parió, que si la abuela Juana sigue enferma o a quién le espera una trifulca por no saberse donde durmió anoche.

De regreso también puedo entrar en el almacén, no necesito nada, pero después de una larga elección me llevo unos caramelos que le pago a Doña Ángela, la esposa del almacenero que, cómo dueña, defiende la caja con la avaricia de un banquero y hoy, mientras apasionado, me sirvo un caramelo me informa del desliz de Anita con su novio. La convido con el paquete abierto, pero, exaltada con la narración de los detalles más pecaminosos, los rechaza.

Cuando retorno, me digo que solo hace falta conocer los códigos: poner siempre los ojos grandes por la sorpresa, escuchar atentamente hasta el final (si bien hay repeticiones, nunca se sabe dónde aparece el oro) y, de vez en cuando, sincerar algún pecadillo propio.

Por este sistema subterráneo, cuando llegó el pastor Soldado de Dios Vonminister, la novedad corrió como un reguero de pólvora y produjo tanto humo que nos creímos perdidos en la neblina.

Como en cualquier ciudad de mi región, levantada por inmigrantes, podemos encontrar edificios con fachadas llenas de molduras italianas, otros del barroco español o con las clásicas líneas francesas y techo de pizarras. Aun así, no hay nada igual a la pequeña iglesia anglicana ubicada en la intersección de dos avenidas. Parecía haber sido trasplantada de Nueva Inglaterra o de Massachusetts, con su techo empinado para evitar que se acumule la nieve y su alto campanario central rematado en una esbelta pirámide.

Esa congregación habitaba totalmente ignorada entre nuestro multifacético acervo religioso. No conocíamos a ninguno y siempre habían sido un misterio. Extraños, creían en una milagrosa nevada para ese techo en nuestro tórrido lugar y habían erigido un campanario sin campanas.

Algo cambió y Soldado de Dios (hijo y nieto de pastores), alquiló una casa lindante con mi propiedad. Trasladado desde la provincia vecina, lo acompañaba su esposa (veinticinco años menor) y una campanita.

Cuando llamó a servicio por primera vez, el tintineo de la campanita nos produjo lástima, abusada por las graves y sonoras campanadas de la catedral. Imaginamos su badajo como un colibrí, mientras que los de la catedral nos recordaron a un martillo de Dios.

Vonminister, nos cayó mal desde un principio. Con cara de profeta ofendido, nos encontraba herejes y culpables desde su trono ubicado a la mismísima derecha del Señor. Lo llamábamos “Soldado” para no reconocerle la hidalguía de su apellido (del alemán: Caballero Ministro). Las pocas veces que lo veíamos, parecía tener el brazo izquierdo enyesado junto a una Biblia contra su corazón.

Distinto era el caso de su mujer, joven,  bonita y de un atrayente aspecto que demostraba que Vonminister al menos sabía elegir. Estaba entusiasmada con el traslado y paseaba a su antojo por los comercios del barrio para proveerse.

Su amabilidad y sonrisa contagiosa le granjeó rápidamente la simpatía de todos, incluso la mía, que la saludaba alegre desde la terraza, mientras ella se dedicaba a hermosear su jardín. Cortaba el césped o podaba, rigurosa, las plantas.

Parece que la congregación anglicana, de oculta, casi no existía y a Soldado de Dios le sobraban los sermones. Tanta frustración, hizo que celara a su mujer y sus gritos y amenazas la perseguían, aun cuando solo salía a comprar el pan.

 Su iracundia fue en aumento y hasta yo, en mi casa, oí aquel cachetazo de furia cuando le chantó que había pedido el traslado de nuevo. Unas semanas después los gritos cesaron. Soldado de Dios Vonminister había desaparecido junto con su señora y su campanita. Recostado sobre el barandal de la terraza, pienso que el traslado ha sido la mejor solución.

Sin embargo, pasados unos meses, me inquieta ese último cantero de rosas de dos por uno que ocupa el centro del que fue su jardín. Los gajos han crecido de una forma tan voraz, que sospecho de su abono y ya empiezan a florecer con un oscuro color a sangre.

 

Carlos Caro

Paraná, 20 de mayo de 2015

http://carloscaro7.blogspot.com.ar/2015/06/rumores.html

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 33
  • 4.49
  • 386

Esta es la segunda cuenta a mi nombre en “tus relatos”, si quieren acceder a la principal y sus cuentos pulsen el “Web” de este perfil. Iré publicando cuentos en ambas para facilitar su lectura y es mi intención que nos divirtamos juntos con la literatura.Mi correo: caroflia@yahoo.com.ar ....................................blog: http://carloscaro7.blogspot.com.ar/

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta