cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
Saber estar solos
Reflexiones |
15.03.15
  • 3
  • 2
  • 1063
Sinopsis

"[...] Cada uno arrastra lo propio pero, en el fondo, los ingredientes del caldero del “me cuesta estar solo” son los mismos, englobaditos en un término general que se come los matices: la dependencia [...]".

Notas un hueco muy grande; vacío es la palabra.

Estar solo, aprender a estarlo no es fácil, al menos para mí no lo ha sido. Hay personas que desarrollan bien su independencia y para las que estar solas sin sentir peso no es un problema, sino una costumbre. No es mi caso. La sensación de abismo siempre ha estado ahí, desde que recuerdo. Ahora es muchísimo menor, más llevadera pero sigue sin ser un caminito de rosas, menos, para una Juan Paloma de convicción como soy yo.

Carencias que arrastras, necesidades no satisfechas, creencias erróneas sobre tu propia valía que relacionas, única y exclusivamente, con que el otro te valide el billete. Cada uno arrastra lo propio pero, en el fondo, los ingredientes del caldero del “me cuesta estar solo” son los mismos, englobaditos en un término general que se come los matices: la dependencia.

Ésta no se crea en una relación de pareja o de amigos, ésta se reproduce en esos y en otros muchos campitos, pero se adquiere tiempito atrás, at the begining. Con ella a cuestas es jodido sentirse bien estando solo; es tarea casi imposible. Casi, al loro. Se puede, doy fe. En ello andamos.

Meses, años de esa sensación de vacío, de abismo, de necesidad que no se llena, se dan por bien aprovechados por un día by my own, a mi aire; sin dar cuentas ni pagar peajes. Una tarde, un rato, un minuto sin ninguna sensación, sin ansia por comunicarte, por forzar, por interesarte. Por estar para otros con tal de que estén, en la manera en que sea.

Pero “no me conformo con el 50% de nada, quiero el 100” como diría Draper. Aunque el tío es un cachondo mental porque no sabe estar solo. Yo creo que se le llenó el zurrón de soledad, de chaval, y lleva una madurez fastidiao, arrastrando el jodío petate. En el capi de hoy, hasta pretende que su querida 3.200 lo espere (durmiendo, si él quiere; leyendo, si él quiere; desnuda, si él quiere) en el hotel, day after day, hasta que llegue porque está ahí para “darle placer a él”. Con dos cojones.

Draper ya es una caricatura de sí mismo, un esperpento al que una se aburre de ver siempre con subterfugios para huir. Lo que no parece saber es que cada vez que se pire de sí mismo, siempre dará con sus huesos. Mucho Lucky Strike y mucha polla pero el muchacho erre que erre, oigan.

En el Nueva york de los 60 o en el Aluche de los Millenials, si no vas asumiendo que tú mismo puedes llenarte, aquí y ahora, andas jodido, o jodida. Ese conocimiento solo te lo da sentirte solo y no morir. Comerte domingos sabiendo que tus amigos disfrutan de comidas, planes, cenas con sus familias, mientras a ti las ansias de familia Telerín te desbocan. Ver la realidad de los otros te da una hostia en tu linda cara, antes menos linda porque estaba más ajada.

Saber que muchos comparten un Clásico mientras tú lloras asumiendo que padre no girará el mundo 360 grados para verlo contigo, caiga quien caiga. Pero lo lloras un ratín y te levantas, decides verlo por tu cuenta sin morir. Incluso, te mola. Es toda una experiencia, te pegas unas risas y unos desconocidos acabarán haciendo que te sientas como en casa. Paradojas de la vida.

Con el tiempo vas aprendiendo, vivenciando (palabra bonica) que las comparaciones son estériles, que la vida es la que es, que lo que podamos aprovechar, podemos aprovecharlo (toma obviedad) y que uno es el que se va llenando, poquito a poco. Y eso mola. También, que vas cubriendo necesidades desplegando ese arte supremo de saber a quién acudir para cubrirlas. Y eso casi mola más. Casi, ojo. ;)

“El único amor consecuente, fiel, comprensivo, que todo lo perdona, que nunca defrauda, y nos acompaña hasta la muerte es el amor propio”. (Oscar Wilde)

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta