cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

10 min
Secretitos
Varios |
24.09.12
  • 4
  • 6
  • 4228
Sinopsis

De cosas que pasan. Pdta para amets:Tu primer comentario era perfecto. No hubo prisas, lo alargue y encogí mientras lo hacía. Pero acostumbrado a escribir sobre ficción o sentimientos me faltó pericia para reflejar la realidad. Tendré que mejorar esa faceta.

Secretitos era la sección del periodista de L.A. Confidencial. Aunque espero no correr su suerte.

Lo que se relata a continuación es real, tan solo cambié nombres y oficios, por si las moscas. Tal como sucedió os lo cuento.

 

Cuando conocí a un capo colombiano

 

Trabajando como comercial de hostelería coincidí con un frigorista al que me unieron intereses profesionales durante un par de años. Pedro era una persona ambiciosa a la que no se le caían los anillos y que intentaba prosperar en el negocio del frio industrial. Estaba casado con Sara y tenía dos niñas. Cuando se juntaba con los amigos le pegaba al whisky, hasta alguna rayita se tomaba, pero era más de alcohol que de otra cosa.

El inconveniente de ser autónomo en su profesión era que le podían llamar a última hora de la tarde o en fin de semana, las averías son caprichosas y surgen cuando menos se esperan. Esta molestia podía convertirse en ventaja si uno deseaba ausentarse del hogar sin dar explicaciones. No digo que Pedro recurriera a esta treta, pero si le llamaban en fin de semana solía tomarse unas copas con los amigos tras reparar la avería de turno.

Una tarde de domingo en la que tuvo que desplazarse para cargar de gas un aparato de aire acondicionado decidió tomarse una copa y no encontró a ninguno de sus habituales, así que paró en un puticlub que le pillaba de camino. Allí conoció a Teresa, una colombiana de carnes prietas y sinuosidades lujuriosas. Gastaba una sonrisa alegre e inocente y tenía grandes ojos almendrados de brillos azabaches. Ella tenía veinticuatro abriles y él treinta y dos. Pedro era bien parecido, morenazo de ojos verdes, de rostro simétrico y gesto grave. El encuentro íntimo en la sórdida habitación del antro debió eclosionar anhelos soterrados y tras agotar la hora contratada acordaron verse al margen del garito.

Teresa vivía por la zona de Cuatro Caminos, en un piso de cuatro habitaciones que compartía con su hermana Luz y otra compañera del oficio, Stella. Luz no ejercía, supuestamente era secretaria y engrosaba las filas del paro. Como los apasionados encuentros entre los amantes se sabía cuando empezaban pero no cuando concluían, a Pedro se le ocurrió aprovecharse de nuestra relación y utilizarme de carabina para que su mujer no sospechara. Le dije que no era buena idea, pero siempre fui curioso y quise conocer a la mujer que le estaba sorbiendo seso y sexo juntos. El recibimiento fue cordial, me pusieron un Cardhu de doce años en la mano y me sentaron en un sillón. Contemplaba a las nenas ir medio desnudas de un lado a otro de la casa mientras Pedro le daba al asunto en la habitación de Teresa. Intenté ser parco en palabras, aquella ni era mi historia ni pretendía que lo fuera, pero la intensidad de los amantes era mucha y se prolongaba en el tiempo, no podía permanecer callado todo el rato.

Conversando supe que tenían un padrino, novio de la hermana, que estaba a punto de salir de la cárcel. Cierto respingo interior me llevó a decirle a Pedro que eso de relacionarnos con ex-convictos no pintaba muy bien, pero estaba cegado con la colombiana y le restó importancia al asunto. Debía follar de la hostia para obnubilarse la sensatez que al menos yo le presumía. No me encontraba cómodo en mi papel de cómplice del adulterio, pero tampoco tenía intención de hacer de Pepito Grillo en un asunto que no me concernía. Además, el Cardhu de doce años era gratis.

Hasta que el padrino salió de la cárcel y se presentó en casa de las chicas. En torno a los cuarenta y cinco años aparentaba, vestido con traje claro de lino y sombrero de Panamá, y aunque no se pareciera guardaba cierto aire con Pedro Armendáriz junior. Le acompañaban dos guardaespaldas o sicarios que aguantaban la pose sin pestañear, al menos estando yo presente. Nunca supe si portaban pipa, ya que aquí las únicas que se permiten en la calle son las de los girasoles. Igual la llevaban, pero yo nunca se lo pregunté. A menudo aparecía el contable, español por cierto y con pinta de ejecutivo de última hornada. A pesar de su cuidado aspecto, su sonrisa Profidén y sus gafitas Ray-Ban Aviador tenía un ramalazo canalla, para mí que parte de sus emolumentos los cobraba en coca. Porque ese era el negocio al que se dedicaba el padrino colombiano, el tráfico de cocaína.

No lo supe por él, sino a través de Pedro, aunque no hacia falta ser un lince para suponerlo. Muy amable el colombiano, atento y rumboso. Siempre que llegaba se hacía traer una mariscada o una parrillada colombiana, era adicto a la punta de anca. Y nos invitaba a todos. Se le diría cordial, de no ser por el frio que a veces helaba su mirada. Yo me abstenía de preguntar, interviniendo lo imprescindible para no parecer indiferente y asintiendo a sus opiniones. Pedro le entraba más al trapo. Le gustaban los toros y el fútbol. Yo de toros sabía poco, les pillé manía de niños porque mi madre me quitaba los dibujos animados para verlos, pero el fútbol está en boca de todos y solo hace falta extender las orejas para convertirse en entendido. Mientras el diálogo transcurría intrascendente no dejaba de preguntarme cuantas personas habrían muerto por su mano, él era un capo y a esa posición no se llega con las manos limpias de sangre. Ahí estaba, sonriente y con los bigotes manchados de grasa, bebiendo Rivera del Duero y ensalzando el juego del Real Madrid como si no hubiera roto un plato en su vida. Y sin embargo sus dedos en algún momento habían trazado la curva mortal de una puñalada o aferrado la culata de un arma de fuego para liquidar asuntos relacionados con el negocio, obstáculos en su carrera hacia el poder o mandados de sus superiores, segando vidas ajenas. Nadie lo pensaría al cruzárselo por la calle o trabarlo en una conversación casual con el rico castellano que usaba. El eco de su pasado se cernía sobre mi como una sombra amenazadora y a la vez fascinante. Imaginación desbocada intentando intuir no ya el instante del disparo, que tan solo supone una leve presión del dedo apretando el gatillo, sino el sentimiento que acompañaba a la trayectoria de la bala y el rescoldo de culpa, si lo había, que quedaba.

Nunca me propuso nada, era inteligente y sabía calar a las personas. Pero a Pedro lo instigó para que hiciera de correo, viajando a diferentes puntos de la península con un cargamento en el coche. Transporte y entrega, quinientas mil pesetas de las de entonces, poquito antes de que llegaran los dichosos euros. Se lo pensó, no creáis que no, y yo diciéndole que era muy arriesgado y contándole las vicisitudes de un primo segundo mio que pasó siete años a la sombra por guardar la droga de una suegra traficante, y eso sin estar casado.

La pasión es tan ciega como el amor, me consta. El supuesto viaje que Luz, hermana de Teresa y novia del capo, realizó a Londres para comprar ropa, acabó en las dependencias policiales del aeropuerto, donde la incautaron la coca que intentaba pasar haciendo de mula. Allí quedó, hospedada por la justicia británica. Intenté que Pedro viera las señales de peligro, pero no hubo manera. Al desparecer Luz de la escena mis esperas transcurrían en compañía de Stella cuando se ausentaba el colombiano. Una tarde se puso cachonda escuchando los gemidos y jadeos que llegaban de la habitación de su compañera de piso y quiso emularlos en mi compañía, pero yo pensaba en el padrino y decía, quita, quita.

Fue la última vez que pisé aquella vivienda, no me fiaba de mi resistencia a la carne trémula y excitada. Me tocó quedarme sin Cardhu, sin mariscadas ni parrilladas, tomando una cervecita en un pub cercano mientras Pedro se lo pasaba en grande. Elucubrando deduje la posibilidad de que el domicilio estuviera vigilando por la policía, y por ende que también nos vigilaran a nosotros. Se lo dije a Pedro cuando bajó y se lo quedó pensando, la mera posibilidad de que aquello llegara a oídos de su mujer le puso los pelos de punta.

Pero pueden más dos tetas que dos carretas y las de Teresa pesaban lo suyo. Continuó disfrutándola, aunque solo cuando el padrino estaba fuera. Yo me negué a seguir haciendo de carabina porque al transcurrir los encuentros durante mi horario laboral mis ventas se resentían. Le dejé solo frente al destino. Cercano, porque no tardó mucho su mujer en sumar dos y dos y comenzar a sospechar. Acaso se fijase en las huellas que la lid amorosa dejaba en la piel de su marido, o en el perfume femenino que impregnaba su ropa. Fue pragmática, no le interesaba enfrentarse a él directamente y jugarse la posibilidad de una ruptura. En vez de eso habló con su suegro, un camionero resuelto y decidido que no dudó en seguir a su hijo hasta el domicilio de su amante para corroborar sus sospechas. Luego le cogió por banda y le puso los puntos sobre las íes.

Pedro se pilló un mosqueo tremendo, toda una tarde estuvo refunfuñando en la ladera de una quebrada de la urbanización Mirasierra a la que fuimos para entrevistarnos con el propietario de una pastelería. Pero a pesar de sus quejas tuvo que tragar con el ultimátum de su padre y dejó a Teresa. La seguiría recordando durante las siguientes semanas entre vahos de melancolía etílica, hasta que su presencia se disolvió en las brumas de la inmediatez.

Desde entonces nada volvió a ser igual. Su espíritu se ensombreció y empezó a esnifar rayitas de coca con más asiduidad, su comportamiento se volvió agresivo. Una noche él y sus amigos acorralaron a un taxista por hacer una mala maniobra y le pegaron una paliza, dejándolo ensangrentado junto al cementerio de Carabanchel. Como aquello tampoco era mi historia hice mutis por el foro y desaparecí de su vida en busca de aires más saludables.

¿Qué pasó con el colombiano? Ni idea, ni siquiera supe sus verdadero nombre. Y como la curiosidad mató al gato y nunca tuve siete vidas me abstuve de preguntar nada.

Otro día os contaré más cosas. Secretitos.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Muy bien escogida la voz del narrador y muy bien reflejada la universalidad del tema. AL final, lo del gato, me ha gustado bastante, jeje.
    Me gusta el modo en que el relato recrea desde la cotidianeidad una historia digna del mejor género negro, con un toque madrileño.
    Ya conocía la historia...
    Cambio el comentario ender, porque creo que lo mereces. Me apetece darte esta explicación porque igual no me expresé como quería -si es que lo mío es abrir la boca y meterme en líos, no sé cuándo voy a espabilar-. En el comentario que te hacía no me refería tanto a la sordidez de la historia como al estilo en que te manejas en un genero o en otro y por supuesto estamos hablando de gustos personales, no de objetividad. En este relato he notado como un poco más de "prisa" mientras que en otros tuyos, - como el secreto de la piedra- te recreas más en detalles y descripciones que a mi me encantan -gustos personales, repito- Aunque haga puntualizaciones sobre algo que he leido, eso no quiere decir que ese algo no me haya gustado, y este relato me ha gustado. Por cierto, haz el favor de quitar tu comentario, tu relato no merece devaluarse por una aclaración:) Saludos
    Gracias por todo ender, por seguirme leyendo y valorarme. De verdad he aprendido cosas de ti, alguien con experiencia. Te siento como un gran maestro. Bueno, saludos.
    Demasiado bueno para mi gusto... Estare pendiente por mas
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

  • 238
  • 4.56
  • 190

A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta