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4 min
Seguir la vida
Reales |
18.05.15
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Sinopsis

puede que todos seamos felices con nosotros mismo o puede que solo eso sea una fachada nuestra pero es la vida no?

 

Los esposos Martínez, eran felices, se puede decir que disfrutaron el conocerse, ser novios y en ese tiempo la aun Fabiola Hernández tuvo un tiempo muy difícil. William Martínez era un hombre mediano de estatura, casi siempre lo vean como un hombre serio, pero no siempre fue así, hubo un tiempo donde era feliz y desperdiciaba lo que ahora le faltaba, tiempo, eso era lo que más deseaba, el tiempo de vivir su vida, conoció a mujeres estuvo con ellas, cuando estas querían una relación formal, William se negaba, hasta que llego Fabiola, esa chica de tres trigueña, con su abúndate cabello negro que siempre lo tenía de una trenza al costado , sus ropas extravagantes, con su manera de ser mordaz en sus respuestas cuando no estaba de humor y su abnegada preocupación por alguien que le importaba. William Martínez se resistió a ver hacia donde ella se encontraba, pero le era difícil, hay sola disfrutando de su soledad, sonriendo de vez en cuando, soltando y trenzando su cabello de distintas maneras, eran pocas las clases que compartían, esto no era suficiente para William, pero haciendo hincapié a su estado, rechazo la idea de acercársele, pronto acabarían el curso y no la volvería a ver. 1 año después: Fabiola Hernández estaba nerviosa no sabía si había hecho bien en cambiarse de carrera, pero era lo que le gustaba y ahora que contaba con el apoyo que tanto le hacía falta, no se echaría para atrás. Le había costado dejar su preciado mundo de libros, pero nada se comparaba con estudiar lo que siempre quiso, en su momento se confundió, pero por azares de la vida se dio cuenta en poco tiempo, Derecho internacional, era lo que le apasionaba ahora ya no sentía esa vocecita dentro de ella preguntándole si eso era lo que quería hacer todo su vida, alzo la cabeza para ver a alguien pero ¿a quién? Ni ella misma tenía la certeza, había un chico que el año pasado la miraba de reojo, o tal vez fue su imaginación, se sintió mal al recordar eso, pues le hizo retroceder mentalmente a el tiempo donde ella era la que miraba a un chico que le gustaba, en ese tiempo había sido rellena y con la cabeza llena de romanticismo juvenil, no le gustaba revivir esos recuerdos, pues eran innecesarios. Al darse cuenta tenía la mirada por los suelos, se recompuso y camino con paso firme hacia el aula asignado, no pensaría más en chicos o al menos eso trataría, necesitaba enfocar su mente en sus estudios y en nada más. William caminaba ensimismado, tenía las manos en el bolsillo, sus examen de chequeo habían dado muestras de su mejora, pero nada era definitivo, él lo sabía más que bien, los papeles le habían informado que su tratamiento había ido perfectamente, su tumor estaba estático, sin muestras de aparente contagio, su madre había llorado, su padre lo había abrazado, y su hermana lloró junto a su madre. Esa noticia le daba la posibilidad de ser alguien que disfrute un poco más de su vida, no se volvería a presentar y se dijo así mismo que lo disfrutaría al máximo.   Vio una cabellera negra trenzada entre el mar de estudiantes , la chica giró, William retuvo la respitación, la chica se agachó a recoger los guantes que se le habían caído, era la chica, aquella que tanto deseaba hablarle y preguntarle muchas cosas, se sintio nervioso pero sin darse tiempo sus piernas se adelantaban a él en dirección a la chica, pero muy tarde, pues la multitud de estudiantes nublo su silueta, evaporando la idea de seguirla, cabizbajo se pudo en rumbo a su clase, pero una idea le atravesó la mente , si la había visto,la vería de nuevo cierto? Se animó y siguió caminando.
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