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4 min
Seres Oniricos.
Reales |
26.08.15
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Sinopsis

¡Silencio! la paz esta en el silencio...

No he de perder el tiempo en costumbres mundanas me repetía día a día para encontrar la paz. Cada mañana y cada noche, como esperando que mi perseverancia y resistencia al dolor me llevaran a la divinidad. Que Dios, si es que existía en algún lugar remoto, sintiera el murmullo de mis plegarias y por fin se llevara mi vida, al descanso eterno.

En silencio entre las sabanas, sintiendo la quietud de la oscuridad, insomne como muchas noches anteriores, me pregunte ¿hace cuanto tiempo quiero morir? Y la respuesta vino a mí desde una voz interior, masculina y vibrante; “desde siempre”. No era la primera vez que el intruso me hablaba, llevábamos alejados un buen tiempo, por lo que no me percaté de su presencia, y tal respuesta crispo mis nervios. Sin miedo alguno le objete que no era para él esa pregunta.

-¿Para quién entonces?- respondió, -No hay nadie más que nosotros dos aquí adentro-.

Me quede en silencio, pues el intruso siempre fue muy hábil e inteligente, siempre apareciendo cuando menos se lo espera y en los momentos más tristes. Capaz de obligarme a sufrir solo para su diversión.

-Si morís, nos llevas a ambos, soy yo el que frena esa catástrofe. Soy yo el que mantengo esto, vos ya estas muerta. Morir en vida nena, es muy absurdo.- esas fueron sus palabras.

“Morir, matar, muerte, morir, matar, muerte…” me repetía a mis adentros consciente de que el también podía oírme.

-Siempre tan necia- murmuró.

Sosteniendo mi cabeza con fuerza le pedí por favor silencio, aguante la respiración hasta que mi pecho me pidió aire, y respire profundamente. Otra vez la oscuridad, y con ella el miedo. Mis músculos relajados me brindaban una sensación de leve suspensión en el aire, como si flotara a tres milímetros de las sabanas revueltas.

-Como me gustaría morir ahora- me dije. Al no tener respuesta, agradecí la soledad.

Que abstracto se puede volver el mundo desde un rincón tan cálido. Con los ojos bien abiertos y fijos en la penumbra un sinfín de pesadillas desfilaban tan reales como nunca, casi podía tocarlas, pero ahora me resulta imposible describir esas abominaciones. Quizá artilugio del intruso para divertirse ante mi miedo. Pero para su desgracia miedo no era lo que sentía, solo ganas de morir. Volví a preguntarme -¿Hace cuanto quiero morir?-. Cientos de recuerdos se acumularon como en una película casera, eran borrosos, mi corazón latía cada vez más fuerte.

 Frio, dolor, miedo, vi mis pies corriendo con desesperación en pasto húmedo, arboles gigantes aparecían frente a mí y desaparecían a mis espaldas, me seguía, ¿Quién? ¡El intruso! Viene a matarme, quiere apoderarse de mí. Cerré mis ojos con fuerza y al abrirlos me vi corriendo detrás de alguien que parecía ser yo, -¡detente!- grite, pero mi voz salió ronca, tome conciencia de mi sueño, alcé mis manos frente a mis ojos, eran masculinas y grotescas. Desperté.

-¿Quién soy?- dije en voz alta.

-Serás lo que ames, serás lo que quieras ser, el poder de hacer y deshacer esta en tus manos, y en tu mente. Si sigo aquí es porque me necesitas, solo aparezco cuando me llamas, y me voy cuando me echas. No puedo matarte ni adueñarme de nada, todo, inclusive yo, somos de tu creación. Cree en ti, eres tu única salvación, aléjate de todos, sufre, grita, llora, y pregúntate el ¿Por qué?, pero nunca te olvides de esto- un silencio de ultratumba detuvo hasta mi respiración -cree en ti- repitió, y con esas tres palabras aturdiendo mis oídos entre en un sueño profundo, tan profundo como el abismo de mis angustias...

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  • Sentirse vacía, ajena a todo, como humo entre la gente. Sin amarse, sin saber amar. Sola en la humanidad. Ver un te amo en los labios soñados, que anhelo siniestro, tan impuro de amor.

    ¡Silencio! la paz esta en el silencio...

"Lo más común, vulgar, próximo y simple, eso soy yo." Walt Whitman

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