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4 min
Si hubiese cumplido la orden.
Drama |
16.04.21
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Sinopsis

Un soldado no cumple una orden con nefastas consecuencias.

Los que dicen que las acciones, aunque sea pequeñas, pueden producir efectos totalmente inesperados, no faltan a la verdad.  No me dará la vida para arrepentirme de una decisión que tomé cuando era joven, y que tan horribles consecuencias engendró. Fue durante la que después se llamó La Gran Guerra, cuando Europa, y otras partes del mundo, estuvieron sumidas en el infierno.  Yo era un soldado del ejército inglés y estaba destinado cerca de la frontera con Bélgica. Después de un enfrentamiento con tropas alemanas cerca de la localidad de Waterloo,  habíamos logrado, después de un encarnizada combate, frenar su avance.   Tras el enfrentamiento me incorporaron a una patrulla formadas por diez soldados, para intentar localizar soldados alemanes que podían seguir desperdigados por la zona. El alto mando pretendía asegurar el terreno e intentar seguir avanzando.  Después de varios enfrentamientos con algunos de ellos, tras un breve combate  logramos matar  a seis y capturar a cinco soldados. Nosotros tuvimos seis bajas, entre ellas el teniente que dirigía nuestra patrulla. De los cinco prisioneros tres estaban malheridos, de los cuales murieron dos. El otro, aunque estaba en mal estado, seguía vivo. Los otros dos intentaron huir es un descuido nuestro, pero logramos abatirlos antes de que se perdieran en un bosque cercano.  Mi sargento dijo que al prisionero herido no podíamos llevarlo con nosotros, pues sólo nos retrasarian. Así que había que dejarlo allí, pero también había que evitar que avisara a alguna patrulla alemana. Nos miró entonces  a todos fijamente, y supimos claramente que quería que hicieramos con el.  Nos miramos entre nosotros, preguntándonos quién lo haría. No era lo mismo matar un hombre en pleno combate, cuando tú vida depende de lo rápido que seas en acabar con tu enemigo. Pero disparar sobre un hombre desarmado, solo y malherido, era otra cosa. Lo hechamos a suerte.  El sargento me dijo que no tardara demasiado, pues aún debían reagruparse con los demás. También corríamos el peligro de que lo alemanes intentarán recuperar el terreno perdido.  Cuando me quedé solo con el cabo alemán, no estaba seguro que pudiera hacer lo que me habían ordenado. Saqué la pistola y le apunté. El soldado empezó a hablarme en un torpe inglés. Después de las consabidas súplicas, típicas en estos casos, me dijo que honor obtendría matando a un soldado herido y desarmado, que luchaba al igual que yo, por su país. Si cuando regresara a mi casa le contaría a mi familia lo que había hecho.  Yo seguía apuntando a su pecho, aunque aún más inseguro que antes.  Trabajosamente se puso en pie y me miró. Sus heridas, que aún seguían sangrando, le obligó volver a sentarse. No se si fue su actitud de querer morir de pie o por lo que me dijo sobre el honor, hice algo de lo que me arrepentiré mientras viva.  Guardé mi pistola y le perdoné la vida.  Disparé al aire para que mi sargento y mis camararadas creyeran que lo había matado. Me di la vuelta para marcharme, pero el soldado alemán me preguntó como me llamaba. Me giré y pensé en no decirselo. Al final le dije uno que no era el mío. Le contesté que mi nombre era Peter Wells.  Volvió a ponerse  en pie y se acercó cojeando, haciendo un gran esfuerzo por no caerse. Me tendió la mano y yo, tras una breve duda, le estreché la mía.  —Gracias y encantado de conocerle, señor Peter  —me dijo en su rudo inglés   —mi nombre es Adolf Hitler. Nunca le olvidaré.  Seguramente mi nombre se le olvidó tan pronto fue fue rescatado. Pero para mi desgracia, el suyo jamás podría olvidarlo. 
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