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2 min
Si los ladrillos hablaran
Amor |
26.12.14
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Sinopsis

Baja la voz, que no escucho nada. Intento concentrarme en encontrar algún motivo que me mantenga aquí, a tu lado. Entre las cuatro paredes que nos rodean, y los ladrillos que forman rincón a rincón el habitáculo de un algo.

 

Soy conocedor que firmamos un contrato de un chalet precioso, aislado y único a toda construcción amorosa que conocíamos, con vistas al futuro, jardín para poder plantar sueños y con localización en la felicidad. Muy barato, cogimos una oferta irrechazable quizás guiados por el boom del romanticismo.

 

Luego fue tasado de nuevo, y se quedó en un ático por encima de los pisos de la monotonía A y del aburrimiento B. Todavía vivíamos aislados de aquellos que vivían por debajo nuestro, pensando que poseíamos el tesoro de la edificación, con 3 habitaciones para Sofía y Eneko. ¿ Así se tenían que llamar los inquilinos venideros, no?

 

Al final optamos por dejar tanto espacio que no íbamos a llenar. Nos venía justo caber nosotros en aquél mini-castillo, y pagamos el precio de una mudanza emocional. Ahora era un piso, a secas, en el que cohabitar con la intención de saber lo menos posible el uno del otro. Pero que no nos saquen de ahí por favor, no soportamos la idea de que nos deshaucien de nuestra zona de confort y vivir cada uno por su cuenta. Queda lejos ya en el tiempo aquél sitio en el que vivíamos...

 

Y aquí estamos, tantos años después, ante el embargo de nuestra casa. Un simple entre-suelo que queda muy lejos del cielo. Del ático, de ese ático que me parece tan bonito ahora y en aquél momento no valoraba. Ya nadie da un duro por seguir pagando estas cuatro paredes, nosotros los primeros. Hace tiempo nos cortaron la luz y no vemos nada. Quizás estamos mejor así, sin vernos el uno al otro. Sin chispas en la sala de contadores de días hacia la decadencia...

 

Sí, ya los escucho. Y tienen razón. Será mejor que nos vayamos cariño, cada uno por su lado. Aquí ya no hay quien viva...

 

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