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5 min
Si tuviera una cola
Varios |
15.02.15
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Sinopsis

Alan de pronto se encuentra en un bar, sin saber cómo ha llegado. Tiene que utilizar su intelecto para descubrir qué ha sucedido.

Después del pestañeo, Alan se encontró en un bar. Tenía un sabor amargo en el paladar; al tantear con la lengua, sintió grumos de una sustancia humedecida por su saliva. Habían otras tres personas en la mesa, pero solo una lo miraba con la vista fija. Algo no pintaba nada bien.

Aturdido y desconcertado se dio a la tarea de reconocer del lugar, pieza por pieza. Eso sí: con mucho disimulo para no alertar a los demás, y menos al de texana oscura que no le quitaba el ojo de encima, de que le estaba ocurriendo algo extraño. Alan no era tonto. El humo de los cigarrillos ya disminuía la visibilidad considerablemente. En la barra habían solo dos hombres de sombrero tumbados, uno dormido y el otro con una copa en la mano izquierda que observaba de vez en cuando pasmado sin decidirse a beber el último trago. Ni rastro de alguna presencia femenina. Alan se evaluó también a si mismo, estaba trajeado de un color blanco impecable, no tenía señales de trauma en su cuerpo que explicaran la amnesia.

La rocola tocaba If I Had A Tail de Queens Of The Stone Age, pero agregando una aceleración a la pista cada pocos segundos, así la máquina hacía su propia interpretación de la canción haciéndola parecer tocada al ritmo una serie de acelerones como los que hace un piloto de carreras para calentar el motor e imponer presencia; lo mismo hacía con todas las pistas que reproducía esa cochinada de máquina a la que Alan recordaba. No recordaba a los otros tres de la mesa como tampoco recordaba lo que ocurrió antes del pestañeo.

-¿Vas?- pregunta el sujeto más bajito de la mesa dirigiéndose a Alan.

-No voy- responde Alan al descubrir un cuatro de diamantes y un dos de picas en su mano izquierda, con los que no podía hacer mano utilizando el seis de picas, reina de corazones y nueve de tréboles ya destapados sobre la mesa. Parece que nadie más quiere apostar por su mano los  dos mil pesos que subió el tipo bajito y tiran sus cartas.

Ni el tipo bajito ni el otro que ya estaba muy pasado de copas parecían tener más relación con la amnesia de Alan que el hecho de estar ahí en ese momento. Pero no se podía decir lo mismo del hombre de la texana, que no era tan disimulado como Alan lo era.

Alan toma el tarro que tiene enfrente, asumiendo que es suyo, bebe la cerveza hasta el fondo para enjuagarse la sustancia amarga. El aturdimiento cedió su lugar a un pitido constante como el que se escucha en el silencio, ese que dicen que es producido por neuronas muriendo; pero poco más intenso. El juego sigue y Alan nota la bolsa de su saco llena de billetes, parece que es el que ha ganado más.

-Paso.

-Paso.

-Subo cien- dice el el borracho. El sujeto bajito no va, Alan los paga creyendo que ese hombre no sabe ya lo que hace y apuesta a lo tonto. El de la texana tampoco los paga.

El borracho y Alan destapan su juego. Alan destapa un rey de corazones y un tres de picas formando una tercia de reyes, no estaba mal. Pero el borracho había destapado ya su rey de diamante y su joto de picas haciendo full house de reyes con jotos.

-Fallaste- dice el de la texana. Y, como si esa fuese la señal, el borracho se abalanza sobre Alan sujetándolo con fuerza de la parte superior, el bajito apresa bien las piernas.

Inmovilizado del cuerpo, pero no de la mente, se arremolinaron cientos de cuestiones en la cabeza. ¿Por qué creía llamarse Alan? ¿Era humo o era niebla?  ¿Por qué nadie atendía el bar y los que no estaban ya ebrios tenían bebida? ¿Realmente recordaba esa rocola? ¿Y si tuviera una cola?

El de la texana oscura se acercó y le introdujo en la boca a la fuerza una bolita polvosa de una sustancia amarga. Al contacto, el pitido se intensificó borrando cada pensamiento de Alan hasta ser el único habitante en su mente.

La simulación se reinició.

Después del pestañeo, Jorge se encontró en una cantina, vestido de un blanco impecable. Un tocadiscos hacía sonar Grounds For Divorce de Elbow por todo el lugar, saltándose de vez en cuando pequeñas partes de la pista del disco rayado. Tenía fichas de dominó en la mano, en la mesa habían otros tres hombres. Uno de texana oscura. Notó una sustancia grumosa y amarga en el paladar...

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