cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

18 min
SIMETRÍA CAPITULO IX
Ciencia Ficción |
03.10.15
  • 0
  • 0
  • 607
Sinopsis

Ante la falta de resultados en el asunto de las muertes por combustión espontánea en la ciudad de Lasttown, el comisario Eric Moss decide recurrir a un antiguo amigo policia.

                                     CAPÍTULO IX

 

 

                                   UN VIEJO AMIGO

 

 

 

Tres días después de la profanación de la tumba de Salomón Gold por parte del comisario Moss, se habían producido en Lasttown tres muertes más en idénticas circunstancias. El fuego selectivo y misterioso continuaba atacando discrecionalmente a miembros de la localidad sin que nadie atinara a formular una tesis coherente sobre su origen. La diferencia fundamental de los últimos respecto a los  predecesores  la constituía el hecho de que ardieron conjuntamente, o mejor dicho, se hallaban juntos cuando les acaeció el siniestro. Morgan Levine y los hermanos Banks jugaban una partida ilegal de póker en el sótano de una Iglesia Adventista, rodeados de un nutrido grupo de espectadores y apostantes, cuando, en un lapso infinitesimal, ardieron los tres tahúres sin que nadie de los presentes tuviera tiempo  siquiera de ser consciente de lo que ocurría. Tan rápida fue la voracidad del fuego que los tres permanecieron sentados después de pasar a mejor vida. Morgan Levine incluso  mantuvo encendido el cigarrillo que aprisionaban sus labios varios minutos después de muerto y a uno de los hermanos Banks le encontró el forense dos cartas escondidas en el antebrazo, entre la camisa y la chaqueta, aparte de una respetable cantidad de dinero en los bolsillos. Como los testigos demostraron escaso interés en contar detalles, incluso la mayoría negó encontrarse allí en el momento del suceso, pocos datos nuevos se aportaron a la investigación. Sólo el reverendo encargado de la iglesia manifestó con desgana una versión singular de los hechos:

-Fue algo similar a cuando se enciende una cerilla- contó personalmente al comisario- una pequeña deflagración, unos segundos de chisporroteo y todo había terminado.  Ninguno de los presentes advertimos nada anormal que nos anunciara el fin terrible de los infortunados, aunque creo recordar que en algún momento anterior a la tragedia advertí la pobre luz que iluminaba la estancia. Pero no sabría determinar si era producto de mi vista cansada o de un agente externo- finalizó el breve relato implorando a Moss que diera la menor publicidad posible al accidente.

-Entenderá comisario que tener una sucursal del infierno en la propia Iglesia no es la mejor forma de mantener nuestro credo. Le ruego haga cuanto esté en su mano para que el asunto no trascienda. Los infelices han hallado una muerte terrible cuando su único pecado consistió en buscar un rato de distracción mientras descansaban  del trabajo. Habitualmente vienen a ayudarme a mantener la iglesia limpia y prepararla para la ceremonia del sábado. Son buenos feligreses, por eso consiento que echen una inocente partida de cartas de vez en cuando.  A cambio de su discreción cada domingo la comunidad entera de Lasttown   conocerá los mejores elogios del cuerpo que usted tan inteligente y dignamente dirige-

El comisario ya conocía, por medio de una voz autorizada y anónima,  que la tristeza del predicador provenía mas porque el fin abrupto de la partida le supuso una merma considerable de dinero, que por la pérdida de tan destacados miembros de su comunidad, dado que había apostado una significativa cantidad de dólares por el jugador que iba ganando. A pesar de todo hizo la vista gorda, detener a un reverendo y abrir un expediente que finalizaría con una sanción administrativa si acaso, ni era popular, ni le interesaba lo más mínimo.

 Eric se hallaba sentado en su despacho meditando sobre los extraños acontecimientos cuando entró bruscamente Lorenz. El desaliño con que vestía el uniforme era signo inequívoco de que terminaba de despertar de un plácido sueño. La gorra que de habitual a duras penas dominaba la rubia y poblada cabellera del sargento, en esta ocasión se veía desbordada por todas partes dada la enorme cantidad de mechones que asomaban desordenados por la fisonomía de Isaac.

-¿Alguna novedad comisario?- dijo a modo de saludo.

-Ciertamente no- contestó distraído Moss- Pero hay algo que me escama-

-¿El qué?

-Pues la poca resonancia que tiene un asunto tan intrigante. Llevamos nada menos que seis muertes en circunstancias inexplicables y nadie parece demasiado preocupado por el tema- Moss se guardó para sí  que también los difuntos se calcinaban en las tumbas.

-¿Se refiere a que no parecen interesadas las altas instancias? dijo Lorenz mascando chicle con boca siempre abierta.

-Justo eso. Incluso la prensa y la opinión pública mantienen un silencio que me preocupa-

-Me he permitido señor llevar una investigación paralela, o mejor dicho complementaria- Lorenz no atendió a las últimas frases del comisario, ni consideró que tal revelación pudiera molestarle.

-Adelante, cuénteme sargento-

-Pues la conclusión es clara –a Lorenz le saltó una salpicadura de saliva- después de muchas horas de indagar es evidente que toda esta gente se está buscado el fin por exceso de alcohol. No hay otra  explicación. Creo que en este villorrio se bebe demasiado.

Moss tuvo que sacar a relucir toda la infinita paciencia que atesoraba para no tomar a aquel necio por el cuello y estrangularlo. Según su propia y burda hipótesis él mismo debía acumular más llamas que el infierno de Dante. Trató de controlar los instintos asesinos que Lorenz le provocaba.

-Interesante la teoría que plantea sargento. Es digna de tener en cuenta, aunque pienso que quedan algunos detalles sueltos. De todas formas le animo a que continúe esa línea de investigación. Para ello queda autorizado para emplear a cuanto personal necesite bajo mi responsabilidad y le faculto para que, a falta de mi presencia, actúe como comisario en funciones-

Lorenz hizo un guiño desdeñoso con el ojo izquierdo y salió del despacho con aires de sabelotodo. Intentó disimular que tenía el pecho henchido de gozo. Acababa de ser nombrado nada menos que comisario suplente, si bien extraoficialmente, pero al fin y a la postre la segunda autoridad con poder coactivo de la ciudad.  En pocos instantes se escuchaban por toda la comisaría sus gritos autoritarios en forma de órdenes.

Moss se reclinó en su sillón intentando retomar los pensamientos anteriores a la entrada del gordinflón. Otorgar plenos poderes a Lorenz era garantía de que le iban a dejar en paz el resto de la tarde porque nada placía más al sargento que tener a mucho personal bajo su mando. En pocos minutos los ociosos policías que se mantenían en sus puestos y los que pasaban la tarde en El Elixir de la Vida tendrían encomendada una misión a cual más estéril.

 Eric introdujo la mano derecha en el bolsillo de la chaqueta buscando un paquete de cigarrillos. Su mano topó con un objeto que guardaba en el mismo y que tenía olvidado: la cinta que requisó a los jóvenes en el cementerio.  Disponía de tiempo libre porque, pese a todo, Town era una ciudad tranquila. Decidió buscar un magnetófono y poner en marcha la cinta, mientras estudiaba un mapa de la villa en el cual había señalado con círculos cada uno de los lugares donde se produjeron las combustiones humanas. Captó un detalle interesante. Se podía trazar una línea recta que cruzaba por todos por puntos mortales. Una especie de pequeño meridiano en la zona oeste que atravesaba la avenida principal y llegaba hasta el propio cementerio, pasando por el barrio minero.   Podía tratarse de un indicio real o quizá la propia imaginación forzara un hecho en si intrascendente, pensaba Moss- cuando de la cinta, que llevaba media hora emitiendo un anodino ronroneo, sonaron unos ruidos. Moss no pudo evitar un pequeño vuelco en el corazón. Unas voces que hablaban un idioma extraño en un tono casi inaudible. El comisario afinó el oído para intentar descifrar qué decían. Cerró la puerta del despacho a la par que maldecía con todo el odio del mundo a Lorenz que seguía gritando imprecaciones a sus súbditos. La voz del sargento sin dejar de escucharse se apagó un poco. Los que hablaban en la cinta sin duda eran hombres. La secuencia de las palabras y las frases era fácil de definir, pero no así el sentido de las mismas. Más que una lengua desconocida se asemejaba a una jerga de sonidos ininteligibles.

El comisario escuchó la cinta hasta el final sin desanimarse por no entender un solo vocablo. Repitió la operación en varias ocasiones acelerando y enlenteciendo el ritmo del magnetófono. Luego  acotó pasajes cortos por si se hacían más comprensibles. Así llegó al final de la jornada, rebobinando una y otra vez la cinta. En la comisaría no quedaba nadie excepto el personal de guardia. Hasta las voces de Lorenz se habían acallado.  Consultó el reloj. Eran más de las diez. Debería estar en casa con Lara mucho rato antes. Para evitar el riesgo que la cinta cayera en manos de algún incompetente la extrajo del magnetófono y la guardó de nuevo en el bolsillo. Cerró el despacho y apresuró el paso. El silencio y la soledad del edificio hicieron que los pasos le parecieran imponentes. Retumbaban en sus oídos de forma que parecían provenir de otros lugares. Se sintió seguro por llevar una pistola. De nuevo se hallaba solo en una atmósfera tétrica, esta vez en un entorno urbano. La misma operación que llevaba años repitiendo rutinariamente de abandonar la comisaría, esa noche se le antojó siniestra. Pensó que la posibilidad de que en aquel mismo instante se convirtiera en una pira no era descartable en absoluto. ¿Quién de los afectados habría pensado tres minutos antes lo que el destino le deparaba?   Al fin accedió a la calle donde aún quedaba algo de bullicio. Sentir el ruido, ver a personas y respirar el aire del exterior le alejaron un poco los temores.

Decidido a descifrar el contenido de la cinta pensó en las diferentes formas de hacerlo. La policía no contaba en Lasttown con un laboratorio donde  pudiera analizarse con garantías. Enviarla al más cercano conllevaría varios días de espera  y dar muchas explicaciones. La mejor opción era recurrir a un antiguo amigo, Anthony Thompson, policía ya jubilado que contaba con ciertas nociones de imagen y sonido. Además disponía en su casa de los artilugios electrónicos suficientes para desentrañar el argot diabólico de la cinta. Por desgracia para Moss los pocos hombres de valía en la dependencia como Thompson fueron sustituidos con el tiempo por personajes groseros, ansiosos de medrar  y con limitaciones intelectuales muy severas.

-Seguro que Anthony se alegra de verme  y estará encantado de  invitarme a un par de copas, la jubilación es harto aburrida. Mañana le llamo y sin más demora me presento en su casa-

 

 

            Tal y como Eric Moss imaginó, Anthony no opuso el menor reparo a la cita que le propuso. Al contrario, pareció alegrarse sinceramente de volver a pasar un par de horas con un viejo amigo  y recordar los tiempos que ambos pasaron juntos de servicio. El encuentro quedó fijado a petición de Moss en la propia vivienda del jubilado para esa misma noche. Anthony vivía en un diminuto apartamento en la zona más nueva de Lasttown que mantenía limpio y ordenado a pesar que nunca tenía invitados. Le recibió con un efusivo abrazo antes de invitarle a pasar. Moss pudo comprobar que el viejo había pasado la tarde cocinando una cena de aspecto nada desdeñable. Pensó que lo mejor era rendir a los manjares los honores oportunos, primero porque hubiera sido una desconsideración por su parte no atenderlos debidamente, y segundo porque traía un hambre de naufrago. La conversación se inició hablando de las anécdotas y experiencias significativas que cada uno recordaba con mayor simpatía para derivar en los asuntos actuales que ocupaban a Moss. Este puso al corriente a  Anthony de los detalles concernientes a las misteriosas muertes que investigaba. El anfitrión conocía aspectos muy vagos del episodio que se vivía en Lasttown.

-He leído algo en los periódicos y tengo unas pocas referencias del tema, si bien nunca imaginé lo que me cuentas. Estoy asombrado- dijo apurando una copa de vino.

En los postres Moss le confesó el verdadero motivo de la entrevista, guardando para si la finalidad última  de la visita al cementerio y el consiguiente hallazgo de un cuerpo carbonizado dentro de la tumba. Disimuló la excursión nocturna dándole la forma de vigilancia rutinaria.

-Teníamos denuncias de los abusos que se ejercen en el cementerio por parte de algunos grupos de jóvenes. Fui con la intención de asustar a esos inconscientes para alejarlos aunque fuera temporalmente y que buscaran otros lugares de diversión más acordes con su edad. Me dí de sopetón con los dos adolescentes de los que te he hablado, que, a lo visto, no hacían otra cosa que intentar el contacto con el más allá. Por descontado no creo que los fantasmas graben  mensajes en un magnetófono, pero lo cierto es que algo se registró en esa cinta y necesito saberlo. Te aseguro que el silencio de aquella noche era imponente, no entiendo de donde proceden las voces-

-Anthony a quién la historia de Moss interesó desde el primer momento, le señaló con el dedo índice, una de las dos habitaciones del apartamento.

-Veamos primero que me traes y luego tomaremos el café- dijo con la boca aún llena.

Pasaron a un habitáculo repleto de aparatos que Eric asoció con el equipo completo de un grupo musical. Sintetizadores, altavoces, pequeñas pantallas de ordenador y un considerable número de pequeños pilotos rojos y azules  es todo lo que pudo distinguir porque su amigo evitó encender la luz. A lo visto se manejaba en aquella penumbra a las mil maravillas.  En un movimiento hábil y mecánico, Anthony introdujo la cinta en un aparato y se encasquetó unos auriculares en las orejas. Pasó varios minutos manipulando botones mientras balanceaba ligeramente la cabeza adelante  y atrás. Moss permaneció inmóvil y en silencio observando al viejo. Antes de lo previsto el que hacía de técnico se quitó los auriculares.

-Ha sido más fácil de lo que esperaba-

-¿Y bien?

-Acércate tú mismo y  lo comprobarás- dijo Anthony mientras colocaba los auriculares en los oídos de Moss y apretó la tecla de play.

Moss pudo escucharse a sí mismo y a los dos jóvenes en la conversación que tan bien recordaba. Quedó desconcertado sin saber qué decir ni qué pensar. Dejó transcurrir unos instantes antes de hablar

-¿Cómo es posible? Escuché la cinta varias veces y no estaba registrada mi voz ni la de los chicos.

-Lo enigmático del asunto es que son las voces las que están inversas no la cinta- dijo Anthony.

-¿Qué quieres decir?

-Pues que la cinta que usaron los chicos corría en el sentido normal. Además dudo mucho que ellos tuvieran los conocimientos para hacerla funcionar hacia atrás ni su aparato lo permitiese. El magnetófono grabó tal y cómo debe hacerlo, sólo que las palabras que recogió venían pronunciadas del revés. Es como en las películas de los poseídos por el diablo que en los episodios de paroxismo hablan en sentido contrario- Desde luego he tenido que llegar a la jubilación para ver un hecho más extraño que en muchos años de servicios en la policía- sentenció Anthony.

-¿Sabes?- Moss sintió la necesidad de sincerarse con alguien, si fuera religioso en ese momento habría ido a hablar con un cura- Por primera vez en mi ya larga carrera empiezo a temer. Sobre todo por Lara. Algo me dice que estamos en puertas de una catástrofe y no sé como debo actuar. Lo que ocurre en Lasttown sobrepasa con mucho al control que yo pueda ejercer, y te diré más, al de las autoridades locales. Al final Moss terminó confesando a su amigo el verdadero motivo de la visita al cementerio y que el fuego divino no afectaba sólo a los vivos.

-Me dejas asombrado. ¿Conoces si existen antecedentes de algo tan singular?-

-La verdad he intentado ilustrarme un poco y lo cierto es que  hay ciertas menciones en la literatura pero muy vagas y difusas. Más cerca de la leyenda que de una realidad tangible. Y nunca encuentras un autor serio que trate el tema. Los firmantes de artículos o libros sobre combustiones espontáneas suelen ser perfectos desconocidos, al menos para mí. No he hallado una revista científica serie que aborde el asunto, ni lo nombre siquiera-

-Ciertamente el sentido común aconsejaría evacuar la ciudad entera- opinó Anthony. La lógica indica que las muertes continuarán en el futuro-

-Llevo varios días dándole vueltas a esa idea. ¿Pero bajo qué argumento? Trasladar a una población entera sin un motivo muy justificado es impensable. Imagina que consigo convencer al alcalde y este al gobernador para tal cosa que ya es mucho suponer.   Este castigo divino o lo que sea sólo afecta por lo visto a los humanos y en este lugar. Pasados unos días sin incidentes habría que organizar el retorno y el montaje de ese circo se llevaría por delante a mucha gente, empezando por mí-

-¿Sabes lo que creo Eric? –el viejo se contestó antes de dejar opinar a Moss- Que algo está entrando en fricción con Lasttown. Si esa fricción se transformara en colisión las consecuencias serán apocalípticas. –dijo en un tono enigmático.

-Es curioso- ahora Moss hablaba como si pensara en voz alta- en mi desesperación por buscar algún sentido a esta locura, he confeccionado una especie de mapa de todos los afectados por el fuego, incluido el cadáver de Salomón Gold, y se puede trazar una recta perfecta que los recoge. Lo más siniestro es que la recta cruza por el instituto donde estudia Lara. Tal vez sea una simple coincidencia pero intuyo que la zona Oeste de Lasttown no es el mejor sitio para transitar estos días-

-Lo que dices –Anthony estaba a cada momento más apasionado- apunta en el sentido del que te hablaba. Pienso que cada infortunado que ha encontrado esa muerte tan horrible no es más que una muestra de pequeñas rozaduras que se están dando en la Naturaleza. Cuando los discrecionales contactos desemboquen en un choque pleno, caso que lo hagan,  la ciudad, el país o quién sabe si el mundo entero se irá al infierno- sentenció con una convicción que hizo estremecer a Eric.

-Es curioso además de siniestro Anthony. De un lado los incidentes, por llamarlos de alguna forma, ocurren casi siempre a la vista de un montón de testigos que no son capaces de aportar una narración consistente. El único denominador común, en lo que coinciden la mayor parte de los testimonios, radica en el hecho de que antes de cada combustión parece que falta algo de luz en la zona, como si hubiera un ambiente irreal. Sin embargo es indiferente el lugar o el momento. Tanto es así de noche como a plena luz del día, en un espacio cerrado o abierto.   La verdad, es un dato que no sé cómo interpretarlo- dijo el comisario sorbiendo del café que habían aplazado anteriormente.

-Tal vez –contestó el viejo- algo absorbe la energía de los alrededores para concentrarla en un punto. De ahí la posterior combustión. Por supuesto faltaría saber qué es ese algo y el motivo por el cual afecta sólo a las personas y no a los objetos.

A Moss le vino a la mente el artículo que leyó sobre la explosión de Siberia, pero se guardó de nombrar el fenómeno para no extender la conversación toda la noche. Con el tiempo disponible del antiguo compañero podía entretenerle horas y horas divagando sus pensamientos. Aunque el reencuentro con Anthony fue satisfactorio y le agradecía la ayuda prestada, no quería contaminarse de hipótesis irresolubles. Por el momento consideró mejor suspender la colaboración de Anthony para más adelante si fuera necesaria. En esos tiempos de tribulación estaba dejando demasiado desatendida a Lara. Era llegado el momento de ir a casa y meditar detenidamente la manera de alejarla de una catástrofe que podía ser inminente.

 

 

 

 

 

                                       

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Me encanta escribir sobre todo aquello que inquieta al ser humano; terror, fantasía, ciencia ficción...

Tienda

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta