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5 min
Sin Rumbo
Reflexiones |
30.05.15
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Sinopsis

Una experiencia puede cambiar el destino de una criatura humana. Este relato fue escrito cuando solo contaba con 14 años de edad. Espero que os guste.

En el año 1921 conocí a uno de los hombres más adinerados y acomodados de la ciudad, dueño de un fundo, egresado de la facultad de derecho de la universidad mas importante del país, descendiente de padres italianos y una de las personas mas influyentes de la política por su participación en el partido Conservador, hablo del abogado Leonardo Mazzioli. Era de una personalidad avasalladora y su presencia intimidaba a cualquiera que estuviera cerca. En el transcurso de su vida se ganó muchos enemigos, por ser una persona autoritaria, por tener un exceso de autoestima, por pensar siempre en él y por ser poco comprensible con los que tienen problemas. Por lo mismo, siempre estaban con él dos escoltas que lo resguardaban y lo acompañaban a donde fuera, dándole máxima protección.

Pero, un día, mientras daba un paseo por los alrededores de su fundo, aparecieron cinco hombres armados, enmascarados y a caballo, quienes les dispararon a ambos escoltas. Sobre la misma, Leonardo trató de escapar, pero, los enmascarados igualmente le dieron caza, lo encañonaron con sus armas, le vendaron los ojos y lo subieron a un caballo. Después de mucho rato cabalgando, se detuvieron, bajaron del caballo a Leonardo, le quitaron la venda de los ojos, lo despojaron de sus ropas y lo dejaron tendido en el suelo semidesnudo y asustado. Trató de observar el lugar en el que se encontraba, que era bastante desconocido para él, pero por la vegetación y por los pequeños animales que logró divisar, daban prueba palmaria de que se encontraba en una de las montañas aledañas a su fundo, sin embargo, no conocía el camino de regreso.

Se estaba oscureciendo y debía encontrar ese camino o un lugar donde refugiarse, mientras tanto, intentaba recolectar algunos frutos de árboles que se encontraban a su paso, pero, cuando ingirió uno de estos frutos, Leonardo desmayó cayendo bruscamente al suelo. Al despertar, ya estaba oscuro, y se estaba entumeciendo por el frío, pero, al levantarse y mirar a su alrededor, vio que estaba rodeado de cinco perros salvajes. Pudo distinguir que cuatro eran de completamente de color café, pero uno destacaba entre los demás por tener blanco en sus patas. El hambre de los canes era muy notoria y pudo ominar que estaba corriendo peligro nuevamente, y que si no hacía algo rápido sería presa de estos feroces depredadores. Se levantó cautelosamente, miró fijamente a los perros, dio una media vuelta –lentamente- y echó a correr. Rápidamente los caninos lo siguieron, pero Leonardo, asustado y casi llorando, por una reacción involuntaria se aferró a un árbol y se colgó de él hasta que sus cazadores siguieron de largo y le perdieron de vista. Estaba llorando, cansado, sudando, pidiendo ayuda y con una marca en la cabeza que le dejó el golpe cuando desmayó. Vagó en esta condición toda la noche, sin rumbo, con el peligro de la oscuridad al asecho.

Apenas estaba amaneciendo, y Leonardo seguía en ese frondoso bosque de la montaña, cuando de pronto escuchó un extraño ruido que provenía desde un arbusto. Vacilante, se acercó a él, abrió las ramas, y se dio cuenta de que el perro salvaje de patitas blancas que lo intentó atacar la noche anterior, estaba herido de bala en una de sus extremidades. Leonardo intentó poner su mano dentro de la herida para sacarle la bala. Consiguió extraérsela, luego tomó unas hojas que estaban en un árbol y se las puso en la herida, emulando a un parche, cuando de pronto escuchó un disparo que provenía desde muy cerca, Leonardo se volteó y vio a un hombre armado con una escopeta, era un cazador. Éste volvió a dar un disparo al aire, mientras Leonardo protegía al canino. El cazador disparó nuevamente dos veces, pero Leonardo no soltaba al perro, hasta que le llegó un balazo certero en el estómago. Sin perder la conciencia, vio lo que transcurrió. Llegaron los otros cuatro perros salvajes que intentaron atacar a Leonardo la noche anterior, pero esta vez, la presa fue el cazador. Los perros le estuvieron mordiendo durante un buen rato, dejándolo totalmente herido, y tendido en el suelo. Los caninos volvieron donde Leonardo que estaba herido y que estaba  protegiendo a su compañero de patas blancas, pero esta vez no era para atacarlo, si no que ahora lo tomaron por las manos y por los pies con el hocico, y lo arrastraron por un sendero. En el camino Leonardo perdió la conciencia.

 Al abrir los ojos nuevamente, se encontró en la pieza de su casa, con todos sus familiares alrededor, quienes reaccionaron inmediatamente y fueron a abrazarlo. Leonardo les contó todo lo que sufrió en el bosque, y que por primera vez en su vida supo lo que era el sufrimiento, el cansancio y el dolor, y que, gracias a esta experiencia, aprendió a valorar la vida ajena, aprendió que no era invencible y que la vida no siempre va a entregar los resultados que uno espera. 

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  • Dado que en la sinopsis nos pones alerta sobre la mentalidad del momento en el que se ha escrito, precisamente por eso, he valorado con cinco estrellas el relato. No sé que edad tendrás ahora, más que nada para ver la evolución. Como también veo que eres nuevo por estos lares (bienvenido) no puedo comprobarlo más que leyendo el otro texto que tienes subido, cosa que haré en breve. Agradecerte también tu valoración a "Una facultad adquirida", aunque he echado de menos algún comentario.
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Le temo a los humanos y las criaturas me ayudan a declarar las verdades.

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