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4 min
Sobre anular, o cómo colar un "chiste 3%"
Varios |
13.12.14
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Sinopsis

"[...] Lo que viene siendo cuando jodes o te joden (si Cela puede, yo también) al apagar la luz ajena para que brille la propia. Lo que viene siendo hacer la púa; empujar al otro pa poder salir en la foto; tocar las pelotas [...]".

Anular: incapacitar, desautorizar a alguien. Anulado, participio de tal verbo. [A esto último igual llegamos].

Lo que viene siendo cuando jodes o te joden (si Cela puede, yo también) al apagar la luz ajena para que brille la propia. Lo que viene siendo hacer la púa; empujar al otro pa poder salir en la foto; tocar las pelotas.

Gandhi, el hombre, para esto era un visionario, la verdad. “No hay que apagar la luz del otro para que brille la nuestra” decía. Y, claro, con esa sentencia subversiva para la sociedad que se recreaba (y se recrea) con la bilis viscosa, por la felicidad ajena, el buen señor acabó matao’. Se veía venir.

Y es que lo de hacerle luz de gas a otro, ensombrecerle, utilizar difumino en su dibujo se nos acaba yendo de las manos, y no sé si se lía parda, pero sí acabamos anulando. Hombre, exagero igual un pelín y con algo de mofa, pero no miento y, además, lo hago porque el humor se asocia a la inteligencia (lo sé) y a la rebeldía contra la autoridad, que lo he leído esta semana. Y yo por derribar el orden establecido, me sacrifico.

Quien más y quien menos ensombrecemos un poco al vecino, pero anularlo ya son palabras mayores. Los anuladores viven en el anonimato porque, por supuesto, nadie admite que hace de menos a otra persona. Eso no vende en Meetic. Llevan una máscara imperceptible al ojo humano y emiten una señal extrasensorial solo captada por los Terriers, que los bufan hasta que llega el chuletón.

Tienen apariencia normal e, incluso, son hasta encantadores, pero estando con ellos, sin saber cómo ni qué sucede, notas que una negrura te llena los pulmones. ¿Cáncer? No, un mal rollo fino. Aire tóxico. Tú, que estabas tan high, te vas arrugando como el Pozí hasta llegar a adherirte a la suela del zapato de cualquiera que pase, porque: ¡enhorabuena, acabas de convertirte en mierda! Y habiéndote duchao.

Sí, señores, los anuladores tienen esa habilidad especial de hacerte sentir como la mayor de las cacotas (por cierto, Spike and Freak está de promoción ^^), sin despeinarse e, incluso, con una sonrisa. Y el nuevo estado de cacotismo no permite los colores más allá del obvio, o de la otra opción que ofrece la anulación en forma de negra nube.

En cualquier caso, los colores se van de ti, la alegría se muda de barrio y todo aquello que te caracteriza, que te individualiza vuela. Te despersonalizas, te conviertes en marioneta sin opción de mover tus hilos. Poupée de cire, poupée de son. Y de ahí no te saca ni Froidland María con The Lonely Goatherd, ante Von Trapp y compañía (chiste 3%)*.

Desapareces y ahí el anulador se frota las manos. ¡Campo libre! Pero, pobre, una caca poco más puede hacer, por lo menos ser molesta. Y ése es el principio del fin de la tiranía, de las tragaderas de eso que se te escapa pero que te jode. Si logras mantener un mínimo de queja interna, de ese asqueroso “Jorl, he pisao una miiiiieeeerda” que provocas, “tuya es la tierra y todo lo que hay en ella” (*). Volverás a encender tu luz tarde o temprano. Bueno, eso creo.

Me quedo con que, como decía Rosa Montero en su columna del domingo, “del fin del mundo se regresa”. Al menos, los anulados.

Qué seria he acabado…

 


* (Chiste 3%). Natxo López cuenta, en su libro Manual del guionista de comedias televisivas, que los guionistas de Frasier llamaban así a los chistes que solo entendían el 3% de la audiencia, por ser de carácter snob. López apunta a que este tipo de gracias pueden ser de frikis informáticos, literatos, cinéfilos, snobs, chister internos televisivos, ataques velados a jefes idiotas, entre otros ejemplos.

 

 

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