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5 min
Sobre fanatismos
Reflexiones |
14.01.15
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Sinopsis

El deporte, la política y la religión, ligados al fanatismo son tentaciones que acechan a los adolescentes y jóvenes en búsqueda de identidad.

SOBRE FANATISMOS

La mayoría son jóvenes buscando identidad en un equipo de fútbol y en sus pandillas de cuadra y barrio, a veces sanamente los vemos rugir en los estadios entonando canticos de apoyo a sus equipos mientras saltan sin cansarse, y en los mismos escenarios o fuera de ellos, muestran su cara tenebrosa, al emprenderla a golpes o puñaladas contra quienes portan una camiseta del equipo rival, o son hinchas del mismo equipo, pero de la gallada de otro barrio.

En el escenario político, desde el cine y la televisión, recordamos escenas e historias de gigantescas manifestaciones y desfiles estilo romano imperial organizados por el ‘Duce’ Mussolini, su discípulo Hitler y desde la otra orilla ideológica por su espejo maquiavélico Stalin, ambos creando gigantescos campos de concentración para encerrar y asesinar a sus contradictores reales o imaginarios; y en Colombia, nos remontamos a historias de la intransigencia entre ‘godos’ y ‘rojos’, atizada muchas veces desde los pulpitos por curas ultraconservadores estilo el famoso Monseñor Builes, de Santa Rosa de Osos y del beatificado Ezequiel Moreno, su emulo de Pasto, quienes pregonaban frente a sus borregos y analfabetas fieles, que matar liberales no era pecado, poco antes del asesinato de Gaitán, que desencadenó la macabra época conocida como “la Violencia”.

En fin, fanatismos, los hay: deportivos, políticos, religiosos, o mezclados entre ellos y hasta por artistas de la pantalla, cantantes y grupos musicales; pero cuando llevan, a los adolescentes despistados en búsqueda de sentido a sus vidas  a perder su libertad de pensamiento y de decidir cómo actuar ante determinadas circunstancias, el panorama se complica cuando obran como autómatas poseídos por ideas obsesivas y más cuando están en grupos de ‘adrenalinados’, con una religión y dogmas políticos lavándoles el cerebro y en el caso de los fans del fútbol -de repeso borrachos y ‘empepados’ con sicotrópicos- convirtiéndose en montonera en verdaderos tsunamis, capaces de arrasar con todo.

En nuestra época el fanatismo predominante y más peligroso es de origen religioso a cargo de musulmanes radicales, provenientes de países, donde no existen Estados laicos, la religión es la ley,  interpretan los ‘suras’ del Corán, al pie de la letra y se sienten en la obligación y derecho de castigar a los ‘infieles’ que no la siguen, tal como acaba de suceder en Paris, en el atentado contra los caricaturistas. En los países desarrollados de Europa y Norteamérica su carne de cañón son adolescentes y jóvenes desarraigados sin futuro y marginales en las sociedades donde viven y hasta nacieron.

Pero el fanatismo religioso no es exclusividad de los radicales islamitas. También lo vemos y hemos conocido en sectas aglomeradas alrededor de la interpretación acomodaticia de la Biblia a los largo de la historia de dos milenios del cristianismo, a veces agenciado desde el mismo Vaticano, como cuando exterminaron a los ‘Cátaros’ y posteriormente en España, cuando los reyes católicos expulsaron a los moros y judíos y al luteranismo rondar su reino, como brazo legal y armado de la Contrarreforma,  crearon la temible Santa Inquisición, con todo su aparataje de tortura y hogueras para asar a los ‘herejes’ y escarmentar al público que asistía a verlas y olerlas. Y también se manifestó antes de la aparición del protestantismo, con las Cruzadas, so pretexto de recuperar los lugares y reliquias sagradas de manos de los “infieles”, pero apoderándose de las riquezas de los reinos musulmanes, quienes después devolvieron el favor conquistando el sur de España, sentando las raíces históricas del conflicto actual entre musulmanes radicales y los países occidentales, con el trasfondo de los abusos cometidos desde el siglo XIX por las potencias imperialistas Inglaterra, Francia, Alemania e Italia, quienes se apoderaron de extensos territorios habitados por tribus ancestrales, a las que dividieron arbitrariamente, al fijar las fronteras de los países que se inventaron después de la Primera Guerra Mundial, para repartirse los terrenos llenos del petróleo que reemplazó al vapor como fuente moderna de energía. Años más tarde al terminar la Segunda Guerra Mundial, le echaron más fuego a la inconformidad de árabes y musulmanes contra los países occidentales, al crear el Estado de Israel, cercenando territorio a los palestinos que fueron desplazados de sus tierras habitadas desde hace milenios y después de las guerras con sus vecinos Siria, Egipto y Libano, apoderándose de más territorios para construir asentamientos y nuevos kibutz, movidos por el fundamentalismo religioso de algunas sectas judías, ligadas a grupos políticos.

En fin, con la caída del modelo de socialismo a la soviética, que canalizó el descontento y esperanza liberadora y reivindicatoria de los países y pueblos árabes y sus vecinos donde el islamismo era mayoritario, la religión reemplazó a los grupos políticos, desbordándose con  radicales como Al Qaeda, los Yihadistas y otros por el estilo que tienen paranoicos a los países occidentales. Son características de nuestra época, mientras el papa Francisco y otros jerarcas Ortodoxos, Protestantes, Musulmanes y Judíos, hacen intentos por el dialogo entre religiones y el hermanamiento y respeto entre las comunidades de creyentes de todo el mundo. El problema se da entre religiones monoteístas, cada una proclamándose como la poseedora de la verdad revelada por el “Dios Verdadero”, tal como desde la política, lo hicieron grupos de fanáticos izquierdistas en los años 70s, con el ‘dios’ Marx.  (leninistas maoístas, pro-rusos, troskistas, etc.) Los hinduistas y budistas respetan otras creencias y no tienen ese karma.  

 

 

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Escribo por necesidad de expresar lo que no puedo hablar con mis conocidos y otras personas que nos limitan con su presencia y nuestros temores y prejuicios. El papel nos permite contar historias sin las limitaciones de tener alguien al frente. Me ha gustado leer desde la niñez y empecé a intentar con la narrativa a mediados de la década del 70 del siglo pasado.Soy columnista de algunos periódicos regionales en Locombia. Publiqué mi primer libro "Relatos en busca de Título" en 2011 .

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