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5 min
Sollozo, susurro y mil lamentos de un alma errante.
Amor |
31.10.14
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  • 380
Sinopsis

Llegó al punto final de su existencia y su vida quedó sumida al olvido. Lo que su alma errante percibía era el color de los recuerdos que jamás olvidará.

12/11/13

Córdoba, Argentina.

 

Para Kiara de un alma errante:

Existía una melodía que retumbaba en mi mente, una y otra vez. El sonido del piano. Esa música lírica que estremecía mi corazón. Me hacía querer llorar cada vez que la veía. Porque era capaz de captar armonías exilias cuando pasaba a través del tiempo. Quizá este envase vacío estaba lleno de ilusiones contradictorias. Pero una pizca de brillo que se colaba de tus labios me hacía querer encontrarme con diferentes sentimientos en mi interior.

Quizá tu pollera de cuadros rojos destejía las más entrañables historias. A lo mejor solo tu mirada desterraba todo obstáculo en tu camino, haciendo querer romperme en millones de piezas cada vez que te observaba.

Sentada, cerca de mí, estaba mirándote en silencio. Si supieras las grandes cascadas de murmullos que te haría en el oído. Solo mi voz susurrándote que no hay chica más hermosa que haya visto. Te imaginé voltearme de una cachetada. Posiblemente me hubieras mirado asustada. O solo me responderías con una sonrisa, que juro que magullaría mis sentidos.

Recordé que te habías sentado a mi lado aquella vez. No sé si había sido por simple coincidencia o por pura imaginación. Solo sabía que te miré y no pude si quiera suspirar.

Y ahora, contemplándote en mutismo, temía que te dieras cuenta de que yo estaba allí.

Viejas sensaciones de amor retumbaban en mi mente. La vez que te besé por primera vez, había podido sentir tus labios tan tiernos y cálidos. Una sonrisa había tomado tu rostro como si solo pudieras explotar de felicidad. Yo juré que lo había hecho, que jamás me había sentido como cuando estaba contigo, a tu lado.

Mis dedos de repente rozaban tu rostro, sintiendo tu piel tan cálida y tan eléctrica a comparación de la mía, tan fría y volátil. De manera te dio un escalofrío o no sabía si era solo yo que te causaba esa sensación. Lamenté eso cariño, no había sido mi intención. Solo que no recordaba sentir tu suave piel sobre mis manos.

Aún no sabía porque no me mirabas. Actuabas como si no existiera. A veces, el odio me corroía, haciéndome sentir tan maldito.

¡Te he dejado sola, como he podido!

Si tan solo pudiera volver el tiempo atrás y reparar el error que había cometido. Quería poder sentir tu mirada dulce y tierna sobre la mía. Tus ojos habían perdido ese color chocolate brillante que amaba. Es como si todo se hubiera vuelto triste y monótono.

Tan gris.

A veces hablabas conmigo y en otras ocasiones te enojabas. Te enfadabas demasiado, queriendo romperme. Créeme cariño que corría a abrazarte y te besaba en la frente. Te calmabas por un segundo, casi logrando percibir un segundo de paz entre los dos.

Te susurré al oído, todo esto era una tormenta, pero pronto pasará amor. Me relajé de pronto, pero luego una lágrima cayó por tu mejilla, golpeándome en el estómago. Las borré con un beso. Y si luego salían otras también las quitaría, hasta verte reír. No me gustaba verte mal amor, sabes que siempre adoré tu sonrisa.

Pero luego te habías ido y te encerraste en nuestro cuarto, como solías hacerlo cuando discutíamos. Corrí hacia ti, como siempre lo hacía, pero me habías cerrado la puerta en mi rostro. Bajé los brazos y me senté en el pasillo, abatido. Esperé a que esta tormenta pasara rápido, porque ya no soportaba verte así.

Al instante te oí llorar. Era un llanto desgarrador que magulló en pedazos mi corazón. Me levanté de un salto y comencé a golpear la puerta ferozmente, como un maniático. Pero lo peor era que tú no escuchabas…tú nunca me escuchabas.

Deseaba tanto que pudieras verme, por tan solo un momento. Quizá solo un segundo me bastaría, pero sabía que tenía poco tiempo. Me hubiera gustado que percibieras mis labios en silencio, cuando te decía que te había amado y que no te abandonaría, jamás lo haría.

Por favor, no te enojes conmigo cuando me vaya. 

Déjame asegurarme que estarás bien.

Si tan solo pudiera arrancar mis alas y quedarme a tu lado lo haría, créeme que lo haría. Pero esto es lo que nos tocó en esta vida. Tú en ese lado y yo en el mío. Pero no iba a permitir que algo te pasara. Me entregué en este juego vicioso del destino, en el que tú debías morir. Pero cambié las reglas y no estaba arrepentido.

Las heridas tardaban en sanar, pero sé que sonreirás. Yo estaré bien.

Lo sé, mi ángel. Lo harás.

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  • Muchas gracias por tus palabras Néstor. Realmente me emociona leer tus palabras que me mueven a seguir con lo que amo. Me libera muchisimo de mis miedos al escribir. Pero poco a poco me voy soltando. Muchas gracias en verdad.
  • Este relato no tiene valoraciones
  • Llegó al punto final de su existencia y su vida quedó sumida al olvido. Lo que su alma errante percibía era el color de los recuerdos que jamás olvidará.

    Aliento nómade, negligente y mohíno, era el de Piurín. Un bohemio callejero que vagó por mil vidas sin realmente darse cuenta que la realidad era más cruda de lo que parecía.

Hay que aprender a andar por nuevas avenidas sin premura, sin escrúpulos y con la inocencia desmembrada. Tengo 21 años. Soy Diseñadora Gráfica y Publicitaria, también escritora. Desde chica me han gustado las novelas, leer era mi adicción. Pero embarcarse en un nuevo mundo era el de inventar mis propias historias y escribirlas en un papel. Muchas de mis ideas surgían en mis sueños y ya que la imaginación era inagotable pude sacar provecho de ellos y convertirlos en concreto. Actualmente estoy haciendo un curso de Escritura Creativa para poder aprender aún más a como es caminar por este nuevo terreno y escribo mi primera saga de novela de tipo ciencia ficción-suspenso. Agradezco a los que se animen a leer mis relatos. Y por supuesto espero críticas para seguir formándome. GF

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