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7 min
Soltando el control
Varios |
08.11.12
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Sinopsis

El título es Soltando el control (o no tanto) pero el duende no me lo permite

Clara había pensado en arriesgarse y hacerle justicia a su nombre desde aquí en más.

A sus 30 años y con una convivencia de 10 años con Franco, ya era hora de ser más práctica y sincera en su relación, ya que notaba que sus frecuentes dolores de cabeza estaban afectando su vida conyugal.

Hace un tiempo que había estado navegando por internet en búsqueda de información que le diera una razón válida a sus desencuentros con Franco en la intimidad, y había puesto en práctica varias sugerencias de los foros con los que se había tropezado, pero nada parecía resultar efectivo. Un día en que se hallaba bastante desalentada,  se topó con el anuncio de una charla de sexología a cargo de una muy conocida experta en el tema. Sin mayores preámbulos se anotó y el día tan ansiado llegó.

Luego de la charla, bastante extensa por cierto pero que logró desterrar varios de sus mitos acunados vaya a saber uno porqué, quedó sumida en una larga reflexión para intentar ordenar sus ideas y asimilar los conocimientos adquiridos. Su objetivo irrevocable era darle un vuelco a su vida matrimonial y poner en práctica algunos puntos tratados por aquella experta.

Lo primero sería ordenarse e ir paso a paso, por lo que se planteó como primer meta hablar con Franco y realizarle algunas preguntas. Hasta ese momento se había manejado con puras conjeturas y con su perspectiva femenina del asunto, que había notado, solía diferir bastante con la masculina por lo menos en estos temas.

Llegó a casa, y por suerte él se encontraba allí como esperando sin saberlo, que Clara tendría algo importante que plantearle.

Clara lo saludó con un beso ágil que denotaba ansiedad. Tras la pregunta de Franco de cómo le había ido, ella respondió rápidamente con una sonrisa dirigiéndose a tomar una silla y colocándola delante de él. Esto inquietó a Franco quién se pensó que aquello desembocaría en  un asunto serio pero que no lograba descifrar en absoluto.

-          ¿En qué estás pensando? – dijo ella -

-          En nada… (lo cual era cierto, simplemente se encontraba observando el comportamiento inusual de su mujer)

-          Creo que debemos hablar – dijo Clara, con sus piernas juntas y sus manos tocándose las rodillas –

-          Te escucho – murmuró Franco que poco a poco comenzaba a impacientarse. Esperaba que el tema fuera algo concreto y que tuviera solución.

-          Franco… ¿con cuanta frecuencia en la semana tienes deseos de tener sexo?

Con los ojos abiertos como el dos de oro, él quedó boquiabierto, teniendo en cuenta que jamás habían hablado de sexo en los años que llevaban juntos. Simplemente consideraba que ese no era el estilo de ellos, solo se trataba de practicarlo y nada más.

-          No te entiendo Clara, ¿de qué hablas?

-          Es que en la charla aprendí muchas cosas, y entre ellas mencionaron  que las personas tenemos diferencias en cuanto a la frecuencia en que deseamos tener sexo, y quiero serte franca y decirte que muchas veces que me he negado, no se ha debido a los dolores de cabeza…

-          Bueno, ni que fuera tonto… eso ya lo sé… simplemente entiendo que no tienes ganas.

-          Pero Franco, sé que eso nos está trayendo problemas porque si bien a veces no tengo ganas, me gusta que me busques, ¡sentir que me deseas! – volviendo su mirada hacia el piso –

-          ¿Pero eso no te parece injusto? ¿Cómo crees que me siento yo cuando te busco y me rechazas? Lo único que me queda es esperar a que seas tú la que tomes la iniciativa. Ya me cansé de ese jueguito…

Clara totalmente asombrada de la franqueza y tranquilidad con la que estaban abordando el tema, decide volver a su pregunta inicial.

-          Pero entonces dime… ¿cuántas veces a la semana tienes ganas?

Franco ya entregado a tamaña interrogación que no dejaba de resultarle incómoda, le  responde

-          Y… ponele que unas cinco…

-          ¿Cinco? –aquella repuesta le resultaba como intentar escalar el Everest sin preparación alguna -

Tras la cara atónita de Clara y dejando de lado su ego, Franco decidió bajar aquel número como si se tratara de una negociación de precios.

– En realidad depende, a veces cuatro o tres – tras lo cual le pareció escuchar en el silencio de la habitación, el suspiro profundo de Clara.

-          Mmm… siéndote sincera yo ganas puede que tenga dos en la semana, a veces menos, evidentemente estamos en frecuencias diferentes.

-          ¿Y? – preguntó él – ¿se te ocurre algo al respecto? porque hasta ahora me has dejado bastante en claro el rechazo que te produce aceptar la masturbación como una necesidad natural, tu control hacia cualquier mínima intención de recrearme la vista con las curvas de otra mujer… ¡hasta en la televisión! , hasta ese punto llega tu necesidad de control, ¿qué sugieres?

Sabiendo Clara que lo que decía Franco era la pura verdad pero con su problemática y conflictiva torturándola, decidió en ese momento volverse pragmática y soltar un poco las riendas.

-          Sé que esto te parecerá raro, frío y atípico en mí, pero como te amo he resuelto cambiar.

Él, no muy convencido de tal cambio mágico decidió escucharla, qué más daba, esto le estaba resultando bastante extraño.

-          A ver dime…

-           Bueno, he estado analizando profundamente la situación y como primer punto me puse como meta aceptar tus autosatisfacciones – se lo permitía ella misma como algo muy privado que jamás le confesaría a Franco así que ¿por qué no? bien sabía en su interior que esas palabras iban dirigidas hacia sí misma -

Franco sonrió, pues le seguía causando gracia el léxico que acostumbraba utilizar Clara como si estuviera dando una charla académica o algo así,  “autosatisfacción”. 

-           Como segundo punto, acepto tu necesidad de ver pornografía pero ¡por todos los santos… borra esas imágenes del historial de la computadora que compartimos!

Nuevamente Franco sonrió pensando ¿qué necesidad masoquista la llevaba a revisar el historial?... pero decidió seguir en silencio.

-          Y punto numero tres y por ahora el último… he decidido dejarte la opción de irte de putas cuando lo creas necesario, pero eso sí… ¡no me lo digas!  

Tras un silencio sepulcral pero sabiendo Franco que faltaba el puntillazo final, Clara le pregunta

-           ¿Te sientes más liberado ahora?

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Comentarios
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  • He disfrutado con su lectura. Trata el tema con una mentalidad abierta y sincera, encerrando tras la palabra una agradable chispa de humor. Muy bueno.
    Escribe tus comentarios...Esta muy bueno,me recordó un relato de Miranda que planteaba un enfoque similar del problema. Dos mentes femeninas por los mismos derroteros, algún fondo de certeza debe tener el asunto. Daría para un debate muy interesante.
    Genial como siempre, Clody
    Una mujer comprensiva
    En este relato dejás bien al descubierto el machismo femenino. muy bueno
  • Gracias mil a un buen amigo de TR que acudió en mi ayuda! ;)

    Lo que dice Furor es totalmente cierto, es más...vengo con tres relatos consecutivos de egos desencajados!! jeje. Es hora de virar el rumbo

    Cualquier parecido con la realidad...no es pura coincidencia

    Creo que hago abuso de algunas cosillas en lo que se podría llamar un intento de poema. Le dejo a ustedes las críticas y por favor sean sinceros con las estrellas y comentario!! Saludos

    creo que para poder cambiar las cosas, una mirada interna no viene nada mal!!

    probaste chiflar comiendo gofio? si alguien dijo que no se puede...inténtalo...(se puede) PD: Agradezco que me avisen de errores gramaticales :)

    Aprovecho para agradecer los comentarios tan lindos que he recibido de Roberto y Stavros (de todo corazón). Feliz año para todos!!! El texto es una mirada por supuesto subjetiva hacia la vida de Macarena Gelman hija de desaparecidos en la época de la dictadura.

    El diablo sabe más por viejo, que por diablo... Agradezco sinceramente los comentarios, lo único que quiero agregar es que el cuestionamiento del dicho que figura en el relato lo hizo una docente de literatura en cuarto año del liceo, yo tenía 16 años y me hizo pensar mucho sobre las cosas que uno asume naturalmente y que tiende a repetir sin parar a reflexionar el sentido verdadero de las cosas. Yo a partir de ahí tomé eso como parte esencial de mi vida, lo que me ayuda a aprender cada día y tratar de analizar lo que se da por naturalizado. Saludos

    Parte de esta historia es real, aunque Mariela no es Mariela y Natalia no es Natalia...

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