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3 min
Sombravisión
Varios |
22.10.14
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Sinopsis

Sombravisión

La sombra de silueta irregular y cara macabra se reconfortaba cada día con la creación de un relato, la recitación de alguna prosa o en el quehacer de una ópera con muertos cuerpos como elenco, los cuales el ente los movía como títeres con la mente a través de hilos invisibles.

Salía de vez en cuando de su caverna subterránea a recoger frutos de los árboles venideros cercanos a la entrada. Volvió a entrar para depositar un trapo en el suelo así no sé manchara el piso por la caída de la comida durante la cena de ayer. 

Desde lo alto de una colina observaba a personas amagando tirarse desde sus balcones, gente que perdida se encontraba recorriendo sin rumbo alguno ni preciso los caminos mientras viven. El sol salía por detrás de las colinas de enfrente, le lastimó los ojos. Corrió buscando refugio  dentro de su caverna. Allí adentro el día entero se quedaba mientras durara el recorrido del sol por el firmamento celeste hasta que se ocultará y la noche su presencia hiciese una vez más.

-¿De cuantas formas y por qué habrá muerto cada persona en su existencia y en el mundo?- se preguntaba la entidad. Solía recorrer antiguamente las calles de la ciudad. Su lugar favorito era donde se hallaba el tanque de agua del pueblo: por debajo de éste él se metía. Cuando quería ver a la ciudad desde la altura subía encima de la cisterna mal cuidada: oxidada por el paso del tiempo y descuido de la gente.

La neblina dentro de su cueva se metía, más él no podía sentir la humedad ni el frío ni el calor porque espectro era. En cambio revitalizadora era la obscuridad y lastimosa la luminosidad del sol.

Ya pasado el atardecer se animó devuelta al exterior marchar. A una alcoba presidencial abandonada subió. Gran plaza con gente en ella vio. Los seres ya no labraban la tierra ni pastoreaban a sus ganados. Consumidos por la tecnología que les superaban estaban, ¡Increíble!. Esperaba ir para inspirarse, más si se quedaba en su agujero negro iba a conseguir mayor estro que la panorámica que acontecía delante de sus fantasmagóricas pupilas.

Desilusionado retornaba a su profunda concavidad, pero no sin antes que alguien le hablará: -Oye tú, el espíritu que por aquí moras, yo también soy uno, más no morador. He quedado confinado dentro de una pequeña habitación en esta abandonada jefatura gubernamental, ¡Pero tú qué libre vagas por las tierras extensas!, ¡Oh dime por favor qué es lo que ves cuando ves!, ¿Me dirías algo del mundo, de sus paisajes?, ¿Los mortales siguen sin hacer uso responsable de sus vidas, siguen sin aprovechar ni cultivar las buenas costumbres y virtudes?-. La entidad respondió: -Hablador que me hablas te diré lo que diré sí saber el saber quieres en tu querer. Haz sabia utilización de los frutos que mencionaré, vuelve a tu meditar, desencadénate de los vicios que aún en los tiempos de hoy siguen los hombres y las mujeres infectándose. Porque es mejor contemplar las bellezas de esta tierra en facultad virtuosa-. -De suponerse, gracias-, respondió el enclaustrado.

De regreso en la guarida antes que asomaran los primeros rayos diurnos se hallaba. Sus rústicas ocupaciones retomó. Volteó solo una y por última vez para mirar las estrellas y la luna para luego darles la espalda. Pero... habría... de hacer... sabía que tarde o temprano su reaparición en el mundo sublunar sería requerida.

 

 

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