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2 min
SOMOS LO QUE COMEMOS
Fantasía |
20.09.08
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Sinopsis

Relato hiperbreve sobre una transformación fantástica.

Aquel día cualquiera, empecé con mi dieta vegetal: fui eliminando la carne, la pasta , eliminé el arroz, los cereales, eliminé el aceite, el pan y hasta la leche…creía que me supondría un esfuerzo inhumano, pero resultó que no, que mi cuerpo se adaptó perfectamente a sus nuevos nutrientes,: nitrógeno, pentóxido de fósforo, boro, cobre,manganeso,zinc, hierro y molibdeno… abandoné por completo aquellas deliciosas hamburguesas y dejé de merendar los dulces que tanto me alegraban el día…las pizzas dejaron de ser mi cena de los viernes y los entrecots mi manjar de los domingos…abandoné aquella “dieta mediterránea” que sin ningún esfuerzo había hecho a mi medida y poco a poco me acostumbré a “sacarle el jugo” a la tierra que me rodeaba…”somos lo que comemos”, decían en los programas matinales de salud que algunas veces veía con cierto escepticismo…un día me desperté y pude ver que de mis dedos crecían pequeñas ramitas, mi pelo ensortijado tenía hojas y mi piel ya no era suave, mis codos eran verdaderos nudos y el tatoo del corazón atravesado por una flecha que me había hecho en el espalda parecía ahora estar grabado con un cuchillo…llovía…y entonces sentí por primera vez en mi vida que sabía exactamente lo que necesitaba y a donde quería ir…
Casi sin ser consciente de lo que hacía me puse mi vaquero y mi sudadera, me subí la capucha y caminé no sin antes tomarme mi ración de agua “enriquecida”.
Cuando llegué al parque elegí el sitio, sin prisa, como si tuviera cientos de años por delante…y cuando por fin me acomodé me quité como pude los tenis, mis dedos se expandieron, penetraron en la tierra, despacio pero con decisión, haciéndola suya…me quité la ropa y todo mi ser sintió la libertad que tanto tiempo había añorado…cerré los ojos y sentí como la lluvia me alimentaba, me limpiaba, me descontaminaba, me renovaba, me hacía sentir yo mismo…
En unos días una familia de gorrioncillos anidó entre las ramas de mi cabeza, ahora por fin comprendía el significado de aquella frase que tantas veces me había repetido mi madre: “no tienes más que pájaros en la cabeza…”
(dedicado a Clara).
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