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2 min
Sonatina de mar.
Poesía |
16.09.15
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Sinopsis

Mi propia versión de la Sonatina de Rubén Darío, teniendo como protagonista el mar.

El mar está triste... ¿Qué tendrá el mar?
Las olas se escapan de sus rocas de sal,
que han perdido la vida, que han perdido el color.
El mar está suave en sus barcos de oro,
están mudos los peces de su fondo sonoro,
y en un puerto, olvidado, se disipa el vapor.

El motín puebla el triunfo de los corsos reales.
Parlanchines, los loros dicen cosas banales,
y vestido de negro piruetea un bribón.
El mar no ríe, el mar no siente;
el mar persigue por los ríos de Oriente
la oceánida vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el capitán de Golconda o de China, 
o en el que ha detenido su barca argentina 
para ver de sus aguas la dulzura de luz? 
¿O en el rey de las islas de eneas fragantes, 
o en el que es soberano de los claros diamantes, 
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, el pobre mar de las rocas sin brillo
quiere ser palometa, quiere ser pez martillo
tener branquias pequeñas, bajo el agua nadar; 
ir hacia el este con la gracia de un mero,
saludar a los lirios con los versos de enero
o perderse en la brisa sobre el trueno al sonar.

Ya no quiere más barcos, ni un cañón de metal, 
ni abordajes forzados, ni al pirata inmortal, 
ni medusas conformes en océano azur.
Y están tristes los vientos por el viento consorte, 
las ventiscas de Oriente, las borrascas del Norte, 
de Occidente los aires y las trombas del Sur.

¡Pobrecito mar de las aguas serenas! 
Está preso en sus ondas, está preso en sus penas, 
en las conchas de nácar de arrecifes coral; 
arrecifes lustrosos que vigilan las ninfas, 
que custodian cien monstruos con sus cien engañifas, 
un Morgawr que no duerme y un Ryūjin colosal.

¡Oh, quién fuera nido que dejó el ave! 
(El mar está triste, el mar está suave) 
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! 
¡Quién volara a la tierra donde un marinero existe, 
—el mar está suave, el mar está triste—, 
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

—«Calla, calla, océano —dice el hada madrina—; 
en carraca, con velas, hacia aquí se encamina, 
en el cinto la cuerda y en la mano el azor, 
el feliz marinero que te adora sin verte, 
y que llega de lejos, vencedor de la muerte, 
a encenderte las olas con un beso de amor».

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