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6 min
Sonríe
Terror |
11.02.15
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Sinopsis

Dicen que el rostro que vemos en el espejo no es realmente quienes somos en realidad. Es más, nadie puede vernos tal cual somos. Eso me aterra. Al final parece que sin importar cuanto nos miremos al espejo o en fotografías...siempre seremos extraños para nosotros mismos.

No me gusta tomarme fotos, siempre lo he odiado, no es por la forma en que luzco pues no me considero "feo" o "atractivo", supongo que todos tenemos algo que nos gusta y nos desagrada de nuestros aspectos. Pero como dije, no es por mi apariencia. Es por el hecho que siempre aparezco sonriendo en cada maldita fotografía que me tomo.

Si ustedes me conocieran más, sabrían que no soy el tipo de persona que sonríe como si todo en el mundo estuviera bien, mi sentido del humor es algo ácido para muchos, eso no me hace alguien gruñon o amargado, simplemente no me gusta mostrar mis emociones como la mayoría de personas. Sin embargo, a la hora de tomarme una foto, siempre salgo con una sonrisa.

Pero hayl algo curioso en esa sonrisa, no sólo por el hecho de que sé que no es mía, hay algo "malo", algo que no está bien con la forma en que sonrío en la fotos. Hay algo retorcido.

Es por eso decidí hacer un experimento.

Hace unos días le pedí ayuda a mi amigo Jonathan; Jonathan es mi amigo más cercano, tenemos el mismo sentido del humor retorcido por lo que nos llevamos muy bien. Lo que le pedí era simple; debía tomarme una fotografía, nada más. Él aceptó sin preguntar mucho más y no es que yo le hubiera dicho mucho de todas formas.
  Así que ahí estaba yo, parado frente a una cartulina blanca que colgamos en una pared. Mi cuerpo firme como si tuviera una tabla pegada a la espalda, mi rostro tan plano y serio como si fuera el hombre más aburrido del mundo. No sabía que debía esperar, aunque no esperaba que pasara lo que pasó.

  "¿Listo?" dijo Jonathan mientras sostenía la cámara digital frente a mí.
"Si" dije fríamente.
  "Wow, ok, no sé qué estás planeando, pero hasta un cadáver tiene más emociones que tú mi amigo" Jonathan se rió de su propio chiste, yo no dije nada más, no quería romper mi máscara. Quería acabar con todo de una vez. Así que con mi mano le señalé a Jonathan que tomara la foto, y él así lo hizo.

El flash pareció demasiado fuerte, tanto que me dejó viendo estrellitas por unos segundos, pero cuando miré con claridad otra vez, pude ver que algo había salido muy mal.
  Jonathan lucía aterrado, su rostro se veía más pálido de lo normal, sus manos temblaban y si la correa de la cámara no hubiera estado sujeta a su muñeca, ésta habría caído al suelo. Me acerqué rápidamente y le quité la cámara. Antes de que pudiera decir algo miré a la fotografía en la cámara.
  Ahí estaba yo, parado frente a la cartulina blanca, el flash iluminando mi rostro. Mi rostro sonriente.

Mi ropa era la misma, había usado por una estúpida razón ropa "formal"; saco y camisa azul, la habitación era la misma con los mismo muebles viejos. Pero Yo era diferente; mi cuerpo se veía más delgado y demacrado, era obvio al ver la forma en que el saco colgaba en mí, mi cabeza estaba inclinada a la derecha de forma tan incómoda que parecía que mi cuello estaba roto, mis ojos saltones parecían estar a punto de saltar fuera de sus cuencas. Pero eso no era lo peor; una sonrisa estiraba mis labios de manera grotesca, podía ver las arrugas en mis mejillas, la sonrisa era enorme y mostraba casi todos mis dientes. Mis dientes no son muy grandes, sin embargo los dientes en esa sonrisa se veían demasiado grandes para la boca, y muy pero muy blancos.
 Miré a Jonathan y él me miraba a mí, "¿Qué pasó?" le pregunté, sabía que mi rostro no se había movido ni un centímetro, mucho menos mi cuello. Pero la fotografía mostraba algo horriblemente diferente.
 
  "¿¡Qué pasó Jonathan!?" le grité.
  Cuando finalmente pudo articular sus palabras me djio:
   "No no sé, e-es no sé. Cuando estaba ajustando la cámara sentí por un momento que estabas detrás de mí, viendo sobre mi hombro, pero tú tú estabas ahí al frente" Jonathan soltó una risita nerviosa "No sé amigo, tú estabas ahí con tu cara de mierda"
  Pensé que eso era todo, pero entonces su rostró se puso serio otra vez.
"Entonces, cuando estaba a punto de presionar el botón y tomar la fotografía...escuché, TE esuché diciéndome al oído SONRÍE. ¡SONRÍE!" Jonathan no rió esta vez, tomó la cámara y borró la fotografía casi sin verla directamente, era como si pensara que esos ojos saltones lo verían hacerlo.
  Ambos salimos de la habitación sin decir nada más y no sin antes arrancar la cartulina de la pared y hacerla pedazos. No es que eso fuera a ayudar, pero ¿Qué más podíamos haber hecho?"

                                                            *******
Eso fue hace días ya, Jonathan está bien, dice que está haciendo "investigaciones", sea lo que sea que eso signifique. Yo estoy bien creo, ya no estoy muy seguro.
Como les dije antes, mi sentido del humor es un poco bizarro, sin embargo hoy, mientras compraba unos cigarros, vi en el periódico la noticia de una mujer que había sido atropellada por un conductor ebrio y había perdido una pierna y el bebé que llevaba en su interior, la fotografía, aunque bastante censurada, mostraba una charco de sangre en el pavimento de esa calle al otro lado de la ciudad, el fotógrafo había visto uno de los zapatos de la víctima junto a ese charco y había decidido mostrarlo al mundo. No fue hasta que regresé a mi apartamento y me vi en el espejo, que vi la enorme sonrisa en mi rostro. Era casi idéntica a la de la fotografía, mi rostro se sentía entumecido y tampoco me sentía feliz ni nada parecido, pero así estuve por más de diez minutos, sonriendo como un maníaco, sonriendo como con un placer enfermizo que no quiero llegar a sentir. O desear.

Creo que yo también debería empezar a investigar...

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