cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

5 min
SORDO COMO EL GUANTE
Varios |
01.02.18
  • 4
  • 8
  • 1652
Sinopsis

Muy ocupado. No he podido colgar nada; pero ahí va. Un relato que quise escribir desde que leí Del Boxeo, de Carol Joyce Oates, aunque mi texto trata más sobre la discapacidad, la vejez, la picardía, y el respeto. Espero que les guste.

 

Fue en colegio Miguel Grau del Callao donde escuché por primera vez la expresión: “Sordo como el guante”. La frase me llamó la atención, pero no le di importancia pues creí que era como decir “sordo como una tapia”, o “sordo como una tumba”. Tiempo después me enteré por el director que no era lo mismo.

Hace años, a inicios del nuevo milenio, llegó al colegio el profesor Egberto Padilla, de Educación Física, un moreno flaco y sesentón que tenía un grave problema de sordera a pesar de llevar un aparato ortopédico en la oreja (la izquierda). Estaba un poco cansado por los años y, como sucede con los profesores antiguos, no se hacía mala sangre con la indisciplina de los alumnos, sobre todo con los de quinto año que ya estaban de salida y se sentían casi ciudadanos.

Educación Física era considerado por ellos como un curso “de hueveo”, que estaba solo para rellenar la libreta y relajarlos  del estrés acumulado por otros cursos. Es por eso que los días que tocaba, llevaban una pelota para jugar un partido después de los ejercicios. El profesor los dejaba hacer; pero cumplía con realizar la teoría y práctica de  otros deportes: atletismo, vóley, básquet… Después, si habían trabajado bien, les permitía media hora o cuarenta minutos de futbol.

Debió ser por su permisibilidad, por su sordera, por sus años, por la complicidad que da el futbol, o porque es propio de la juventud excederse en la indisciplina, que los muchachos se  aprovecharon de él, según contó un auxiliar tiempo después.

    — ¡Buenos días, alumnos!,  saludaba el profesor al ingresar al aula, y  algunos muchachos le respondían:

    — ¡Buenos días, sordo de mierda!

El profesor no oía nada, así que animados por la impunidad, llevaron su audacia hasta el extremo.

    — ¿Puedo ir al baño, viejo de mierda?, le preguntaban haciendo ademanes de urgencia, para disimular; y cuando él les permitía salían sonriendo y haciendo ademanes de victoria por su audacia.

Había especialmente un grupo de chicos que le mentaban la madre detrás de la oreja, o a su espalda, y aprovechaba toda oportunidad que los hiciera ver audaces ante los demás. Lo llamaban "viejo", "vejestorio", "vegetal", "cocho", "cochito", "cocharcas", "carcocha", "chatarra", "carcamal", "viejo viagra", y cualquier palabra que pudiera causar risa.  Otra cosa eran los pedidos de permiso, mostrándole la pelota y haciéndole señas.

    — ¿Podemos ir a pelotear ya, negro de mierda?, le decían con gestos de humildad; pero cuando él se los daba, se volteaban anunciando a gritos a sus compañeros: “Vamos, ya este conchasumadre, nos dio permiso”.

 Los demás chicos celebraban riendo, y a veces el propio profesor sonreía también viendo la alegría de sus alumnos.

Pero, como es común entre los malcriados meterse en problemas, es común también que sean descubiertos. Uno de ellos cayó y, como era de esperarse, trató de aminorar su responsabilidad haciéndola extensiva a los demás. La mataperrada salió a la luz. El auxiliar interrogó a los inculpados y, después de enterarse bien, llevó la noticia al director que se debatió en la duda de informar al profesor o sancionar a los alumnos en secreto.

La siguiente clase los alumnos esperaron algún tipo de reprensión; pero el profesor continuó con normalidad. Hicieron un poco de gimnasia, después salto largo, otro día salto alto, y siguió dando permiso a los muchachos para que jugaran futbol al final de clase.

Cuando a fin de año hizo la clase de boxeo, explicó la teoría y el reglamento. Y como siempre tuvo que hacer una demostración. Escogió a los que siempre le pedían permiso para jugar futbol, a un round cada uno.

Se llamaban Ponce, Nole, y Cabanillas, y aunque pudieron sospechar que el profesor estaba enterado de las bromas, no sabían que a Egberto Padilla, le decían el Guante porque en su juventud había ganado tres veces seguidas el Guantes de oro en La Victoria, y había sido la esperanza peruana para el campeonato sudamericano… hasta que un mal golpe en la oreja le malogró  el sentido del oído y el equilibrio, y le frustró la carrera a los veintiséis años.

Pero hay cosas que jamás se olvidan.

Lo supieron en los ciento ochenta segundos siguientes después que el alumno encargado de cronometrar el round, diera la señal de inicio. Nole cayó al piso sentado atontado y sin intensión de levantarse hasta que vio al profesor llamándolo con el guante:

    — ¡Párate, el round no ha terminado!

Se levantó para caer otra vez, y Cabanillas repitió la escena mirando rencorosamente a su compañero que parecían alargar el tiempo a propósito para que la golpiza durara demasiado. Aliviado vio que la campana lo salvaba. Pero Ponce no tuvo la misma suerte. Al poco tiempo  de iniciado el encuentro tuvo que ser llevado a la enfermería, en sentido horizontal, y con un pañuelo en la nariz para detener la hemorragia.

Al día siguiente, padres de familia llegaron furiosos pidiendo hablar con el director, acusando al profesor de haber agredido a sus hijos, y amenazando con denunciarlo a él, al director, al colegio, y a todo el mundo  ante la Ugel, el Ministerio de Educación, los medios de comunicación y todo el que quiera oírlos, por permitir agresiones escudado en un deporte de salvajes.

 Pero el director, que se divertía en secreto, contaba riendo como capeó el temporal, poniendo paños fríos a las furias, y  manteniéndose ante los gritos destemplados…

    — “Sordo como el Guante”.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Excelente. Una historia encantadora
    Gracias Martín, gracias Marcial. Estos días he estado escribiendo unos relatos que espero colgar pronto. Así que voy a estar por aquí. Espero que sigan escribiendo para poder leerlos también. Un abrazo.
    Muy bueno. Realmente delicioso
    Gracias, Chus Lavi, yo también disfrute escribiéndolo, así que sospechaba que alguien lo disfrutaría leyéndolo. Ya te comentarè tus relatos. Por ahora ahogado por el tiempo. Disculpa.
    Me gustó tu relato Omar, disfruté con su lectura... :)
    Gracias Malena, gracias Carlos. Por ahora estoy muy ocupado trabajando y corrigiendo un texto largo, y solo pude darme un poco de tiempo para terminar este relato corto. Si, ahora que lo he visto colgado he notado unos errores en la puntuación que no vi antes. Pero esos puntitos en vez de los guiones cortos los cambió el sistema automáticamente. Mi problema es que no sé poner los guiones largos. O mejor dicho si sé; pero de una forma tan complicada que mientras los estoy poniendo ya se me fue la idea de lo que estaba contando, y no conozco otra forma más simple. Bueno, saludos y gracias.
    Buena historia. Tal vez tengas que revisar la digitación. Abrazo.
    Muy buena historia! Al principio siento lástima por el profesor, rabia, pero el gustito de la venganza del final me hizo disfrutarlo
  • Qué pasaría si en en futuro ser gay, transexual y lesbiana fuera lo natural y ser heterosexual prohibido?

    A veces pasa.

    Cuando el Gobierno se mete en tu cama.

    ¡Se ve cada cosa!

    Aviso sobre la aparición de mi libro CIUDAD DEL APOCALIPSIS en Klinde

    Ah, los políticos!

    A algunos creyentes no les va a gustar; pero si nos contuviéramos siempre para no molestar a alguien, no escribiríamos nada.

    No todo es lujo, balas, fiesta, mujeres hermosas y sexo en la vida de la mafia.

    Ahora que triunfa el libre mercado y las denuncias por corrupción se vuelven a extender por Latinoamérica, una empresa transnacional anuncia la cárcel soñada por delincuentes de alto vuelo.

    La última vez defendí en un ensayo el relato largo. Me parece inconsecuente defender los relatos largos y publicar relatos cortos. Así que aquí va un relato largo. Si no lo leen, no interesa. Ya debería dejar de interesarme por eso.

  • 32
  • 4.55
  • 103

Escribomaníaco

Tienda

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta