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4 min
soy la sangre de Quentin
Reflexiones |
23.01.12
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Sinopsis

Si la sangre se hiriera, ¿qué brotaría de la herida?

...Por eso soy la sangre molesta de Quentin y... (RUIDO)...

...Noto el rápido renacer de mis fluidos, mi aspecto vuelve a tener el rojo intenso que el  oxígeno produce cuando soy expulsado de los capilares pulmonares. Soy la sangre satisfecha de Quentin. Fluyo suavemente a través de la vena pulmonar, el sonido al acariciar las paredes es alegre, y eso me complace, me llena de vida saber que durante un largo camino, mientras dure mi trayecto por la circulación mayor, mi pensamiento es claro, relajado, y tendré libertad para volar, para soñar.

Una fuerza inmensa arrastra mi inocencia hacía el ventrículo izquierdo, tal vez el lugar más hogareño y cálido de los que visito continuamente. Queda recogida mi presencia, reunida por la gratitud como si de una cena familiar se tratase, antes de que con un impulso certero sea lanzada a través de la aorta para emprender con la suficiente fuerza la inhóspita zona inferior. Es largo el recorrido, pero al rozar las tersas paredes arteriales, me siento confiado para realizar la tarea que me fue encomendada. Y esta comienza al acabar la aorta torácica, paso indispensable para entrar al intestino. Noto como su cuerpo esta tenso, tal vez algún esfuerzo o presentimiento, no lo sé, pero las paredes se contraen y dilatan con frecuencia, dificultándome la marcha, impidiendo la simplicidad de mi obligación. Mi cuerpo se dispersa lentamente, adentrándome en los millones de capilares que... (RUIDO)...

...El fluido se espesa gradualmente. Es difícil respirar cargado de tanta podredumbre, y la recogida de porquería oscurece el color que me distingue. Al observar todo el gas carbónico que me rodea, unas terribles nauseas aparecen. Odio el intestino, odio estas venas rasposas y obstruidas de mierda, odio todo lo que me rodea. Soy la sangre resentida de Quentin.

El camino por la porta hepática es lento, ruidoso y oscuro, tengo malos presagios. La última vez que me arrastre por aquí, el hígado no tenía buen aspecto: demasiados vicios. Pero claro, que se puede esperar de una persona que permite que “algo como yo” circule con total inmunidad. ¡Algo como yo!. Una vez, subiendo por la yugular interna escuche como un ignorante le decía que tenía mala sangre. ¡Dios, quebranta su débil cuerpo, y permíteme adentrarme y bañarlo en ácidos y amoniaco!.
Salgo del hígado embriagado, drogado, sintiendo como unos golpes continuos y secos se van acercando mientras termino el recorrido por la porta: ¡boom, boom, boom!... es la vena cava inferior, el rio basura, la zona dónde el gas carbónico se une a la casqueria que el cuerpo no quiere y a mí me toca tragar. Ni siquiera los riñones son capaces de limpiar tanta mierda. Hay veces, como este momento, en los que desgarro con fuerza las paredes de las venas dejando surcos profundos, ideales para depositar lo más pestilente de mi envoltorio. Cualquier día una trombosis será la respuesta de mi malestar.

El ventrículo derecho requiere con fuerza las toxinas que me alimentan, aumentando la velocidad que... (RUIDO)...

...No los distingo del todo bien, pero a primera vista parece que nieva. Millones de partículas oxigenadas caen de los capilares expulsadas de los pulmones, y con sus destellos, la vida comienza de nuevo. Este aire huele diferente. Tal vez sea un día maravilloso. O puede ser que este feliz por algo, cualquier cosa. Una vez, en mitad del corazón, una palpitación me dijo que de nuevo se había enamorado. Soy la seductora sangre de Quentin.

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