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6 min
*Somos Amigos*
Amor |
26.07.19
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Sinopsis

Autores: Jordi Barrubes y Yo. Espero les guste la historia.

Para Saúl y Atenea aquel domingo de Agosto que habían planeado desde principios de Septiembre del año pasado, iba a ser una auténtica montaña rusa de diversión, alegría, risas y tristeza porqué seguramente pasaría con mucha rapidez. Cuando Saúl llegó a casa de Atenea y ésta le abrió la puerta, se la encontró en un estado que cambiaría radicalmente lo planeado. Antes de llegar al sofá, Atenea le explicó que su novio la había dejado por correo electrónico y solo le apetecía comer helado. Saúl, la abrazo, se fue a la cocina, cogió una cuchara y se sentó a su lado hasta que el móvil de Atenea sonó en forma de llanto. - Te has grabado el llanto y lo has puesto de tono para las llamadas entrantes ? - Le preguntó anonadado. - Sí - Le contestó mordiendo la cuchara. - No vas a responder la llamada ? - Le preguntó mirado el móvil. - Es mi ex. Tal vez se quiere disculpar por haberme llamado frígida y gorda - Le contestó rabiosa. - Te ha llamado gorda. Si eres una mujer bellísima. - Le dijo antes de colgar la tercera llamada continua. Atenea, apagó el teléfono, encendió el ordenador, abrió el correo electrónico y dejo que Saúl leyera el mensaje que su ex le había escrito para dejarla. Tras leerlo, la abrazó de nuevo y vio el momento oportuno para realizar algo que nunca llegó a imaginar. Al robarle un beso, los labios de ambos se fundieron mientras las manos de Saúl aprovechaban para recorrer su corto pijama de seda. Sin dejar de besarse, Atenea le retiró las manos, se quitó la pijama y lo desnudó con euforia. Durante un segundo, Saúl, miró sus firmes pechos y Atenea dirigió su mirada para ver el tamaño de su entrepierna. Al ver que lo que estaba sucediendo no parecía tener freno y no parecía incómodo, ambos sonrieron y Saúl volvió a besarla y retomó el control en sus brazos para seguir recorriendo su cuerpo. - Quiero ver tus brazos en mis muslos, no recorriendo mi cuerpo. - Le dijo entre beso y beso. - Así. - Le contestó mirándola. - Ahora solo quiero ver tu nariz, tus ojos y tu pelo. Quiero sentir tu lengua como se divierte. - Le dijo mordiendo la cuchara. Saúl se concentró en intentar mantener un ritmo paulatino y consiguió que Atenea comenzará a humedecer el sofá. Cuando empezó a sentir que la lengua se le dormía, dejó de agarrar sus muslos y volvió a subir para besarla mientras intentaba penetrar su humedecido sexo. Muy lentamente, sus sexos fueron sintiendo placer hasta que Atenea, se levantó del sofá y se puso mostrándole sus nalgas mientras miraba hacía la cocina. - Fuerte y duró. - Le dijo al agarrarse las nalgas. - Atenea. Yo quería hacerte el amor, esto no es más que sexo. - Le dijo poniéndose las manos en la cabeza. - Pero si somos amigos. - Le dijo una vez sentada. - Lo siento. De verdad que lo siento. - Le dijo una vez vestido. Inmersos en un silencio incómodo, Saúl se dirigió a la puerta, la miró, le lanzó un beso, abrió la puerta y se despidió. Atenea se apresuró a ponerse de nuevo su pijama de seda y abrió la puerta en el mismo momento en el que Saúl se subía a su vehículo. -¡Saul, espera un momento! - Le gritó antes de que este subiera. Saúl se giró, cerró la puerta y con pasos cortos Atenea se dirigió a él. Al ver cómo venía él también caminó hacia ella dando pasos largos. -¿Pensaste que me conformaría con un puto beso al aire de despedida? Maldición Saúl, somo amigos, yo sólo quería que disfrutaramos al máximo de este Domingo. Pero tenías que salir con tu romanticismo para echarlo todo a perder. - Atenea, yo te amo desde que éramos unos adolescentes. Tú siempre fuiste una chica rebelde e impulsiva, mientras que yo....era un chico romántico, sensible y un loco extraño que te amaba en silencio. De nuevo te pido disculpas Atenea. Jamás debí besarte. - Saúl te advertí antes de ser amigos que no te enamoraras. ¿Ahora me sales con esto? Tú sabes que yo no creo en el amor, sin embargo cometí la estupidez de enamorarme de un gilipollas que no ha tenido los cojones suficientes para terminar conmigo mirándome a la cara. Prefirió terminar la relación por correo electrónico. Atenea se sentó en el suelo, apoyó su espalda contra el chasis del vehículo, dobló sus rodillas hasta su pecho y cubrió su cara con sus manos para romper a llorar de nuevo. Saúl la observó y aún estando como estaba, le parecía tan bella que no podía dejarla sin más. Al verla así, no pudo soportarlo y la tomó entre sus brazos y la llevó cargada hasta su casa. Al verse en volandas, Atenea agarró su cuello y apoyó su rostro mojado en su pecho. Una vez en la entrada, él empujó la puerta que estaba entreabierta y la acostó en el sofá. -Por favor no llores más. No sabes lo mal que estoy por verte así. Si sigues llorando tendré que ir a buscar más helado. - Le dijo señalando la cocina. Cuando Atenea dejó de llorar y empezó a sonreír, lo sorprendió con un cálido beso en la frente. -Gracias por no dejarme sola en estos momentos, realmente eres un verdadero amigo. Yo soy quien debe pedirte disculpas por la forma tan atrevida y lasciva en la que me ofrecí a ti. Tú te mereces una mujer que te ame y que haga el amor contigo y no una amiga que quiera solo tener sexo contigo. - Le dijo sin parpadear. -El helado se ha derretido. Quieres que vaya a la nevera y te traiga otro ? - Le preguntó con una mirada pícara. -Me parece una muy buena idea. Pero nos lo comeremos como amigos. - Le respondió sonriendo.
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