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4 min
Sucedió una noche reducido
Humor |
14.05.15
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Sinopsis

Lo mismo, pero más corto.

Cuenta la leyenda que, una fría noche de verano, andaba sin rumbo por la carretera un hombre. Con el pulgar en alto pero la moral por los suelos, intentaba que algún que otro cochero errante le recogiera y le llevara a algún lugar bonito.

Pero tan ínfima era la cantidad de vehículos que por allí a esas horas circulaba, y tan rotunda era la respuesta de estos ante las ridículas súplicas del hombre, que este creía imposible que ningún buen samaritano se ofreciera siquiera a llevarle en su coche, lo que le desmoralizaba enormemente.

Pasó el tiempo. Volvió a pasar. Dio varias vueltas más. Y, por fin, le llegó la oportunidad. Un extraño coche sin luces recorría el hormigón plantado en el suelo a una velocidad menor que el gatear de un bebé lisiado. Entonces, el protagonista de la leyenda aprovechó para subirse y guarecerse de la tormenta que sacudía la carretera. Fue a darle indicaciones al conductor de a dónde quería que lo condujese, y entonces, se quedó petrificado al percatarse de que no había tal sujeto en aquel singular automóvil.

Se despetrificó y todo el miedo oculto en su interior se transformó en temblor de brazos y piernas y repiqueteo de dientes. Entonces miró al frente y la visión de una curva cerradísima en el camino hizo a la frecuencia de los aspavientos corporales anteriormente mencionados aumentar una barbaridad. Y es que si la fuerza mística que estaba moviendo el coche no lo giraba ya mismo, caería al vacío y ¡moriría!

Entonces, un siniestro guante, que además llevaba una mano dentro, atravesó la ventana y giró el volante, salvando al hombre de una muerte segura.

Paralizado de miedo y sin aliento, entrecierra los ojos y se aferra con todas sus fuerzas a su asiento. Perplejo, contempla con una mezcla de júbilo y terror mortal cómo aquel guante hacía lo mismo en todas y cada una de las curvas del oscuro y aterrador camino.

El hombre estaba muy acongojado y, cuando ya estaba a punto de explotar, tras varios segundos de reflexión, saltó del coche en marcha y echó a correr como alma que lleva el diablo por la carretera, sin saber dónde.

Pasó largo rato caminando, hasta que por fin encontró un pueblo que, bajo aquella penosa tormenta, tenía un aspecto aterrador. Las calles parecían construidas de adoquines de hielo y hasta la luz de las contadas farolas que aún se hallaban encendidas parecía estar congelada. Se puso a caminar por el pueblo, en busca de algún lugar en el que refugiarse, y, tras bastante tiempo buscando, encontró un bar que aún no había cerrado.

Para no mancharlo por dentro, se sacudió los pies en el felpudo de la entrada y, una vez completada dicha acción, entró. Había allí sentados en una mesa jugando a los dados cuatro trasnochadores y el camarero. Tras las correspondientes presentaciones, el personaje principal de esta historia se dispuso a contar lo que le había pasado con pelos y señales, pues los hombres del bar le habían preguntado, como era natural. Estos le creyeron pero quedaron muy extrañados; ese tipo de cosas no solían pasar por allí, ese era un pueblo muy tranquilo.

Después de todas las explicaciones, el hombre pidió al camarero una botella de ron para olvidarlo todo sobre aquella noche. Sería mejor no recordar la historia nunca más. Fue bebiéndosela poco a poco mientras jugaba a los dados con ellos. Jugaron bastantes partidas, pero nuestro hombre no fue capaz de ganar ni una mísera de ellas, estaba muy frustrado y todavía tenía el miedo en el cuerpo. Ocurrió entonces que, mientras los refugiados recogían las cosas, entraron dos hombres más al bar. Antes de que el camarero tuviera tiempo de decirles que ya estaba cerrado, el uno  le dijo al otro en tono molesto: “Mira, Juan, allí está el tonto que se subió al coche cuando lo veníamos empujando”.

 

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  • Inesperado. En parte eso es el humor. Bien hecho.
    Si . Gusto.sorprendio. bueno
    Muy buen relato. Queda claro que "la mitad hombre" dio paso a otra mitad poeta. Saludos
  • Si escribo algo aquí ya supera al texto

    Se llama perífrasis verbal o frase verbal a un tipo de perífrasis compuesta de al menos dos formas verbales: una forma finita llamada auxiliar y otra forma o "verbo principal", frecuentemente no finita, llamada verboide.

    Poli persigue caco, caco escapa y DEJA DE LEER SI NO LO HAS LEÍDO TODAVÍA la cosa acaba mal.

    Un poco pasado de moda, pero ahí va. Siempre está bien recordar los temas de actualidad de épocas pasadas y darnos cuenta de lo poco que nos importan ahora.

    Era broma. Ahora que has picado lo lees, granujilla.

    Lo mismo, pero más corto.

    Con este relato he querido hacer una crítica de la sociedad de consumo actual, remarcando la injusticia de la existencia paralela de dos mundos y las diferencias entre el medio urbano y el medio rural. Pretendo subrayar el papel de la familia en la experiencia vital propia y considero fundamental acabar con todas estas injusticias. Otra de las ideas fundamentales que quiero transmitir con este relato es la injusticia existente en el mercado de los paracaídas para corchos de champán, donde una minoría rica y poderosa copa todas las ventas. También trato de pasada el tema de la fugacidad de la vida (vemos claramente cómo el personaje se fuga de su vida e intenta ir hacia otra) para terminar extrayendo la conclusión de que con un poco de azúcar todo es posible. Hay quien considera que este relato es una crítica al papel de una conocida marca de refrescos de cola en el conflicto ruso-japonés, pero eso son solo suposiciones.

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Joven estudiante. Mitad hombre, mitad poeta.

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