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37 min
Supervivientes de la plaga: Civil Capitulo 2-A
Terror |
30.04.15
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Sinopsis

Siguiendo el plan A: hacer ruido en la calle, para poder dar varios viajes sin riesgo, pero todo tiene su pro y su contra, lo malo de hacer planes, es que no todo sale como lo planeado, a veces te llevas gratas sorpresas y otras terroríficas...

Capitulo 2-Plan>A:

 

Sara estaba concentrada escuchando mis planes, sin decir nada, a mí me convencía mas el plan C, dado que su trabajo era otro, vi que no se atrevía a decir su opinión, así que tuve que preguntarle: ¿Cuál te gusta más, Sara?

 

Entonces viendo que contaba con ella, que incluso le pedía su opinión al respecto, Sara me mostro una sonrisa bastante esplendida que hasta ahora, jamás había visto, pensó un poco y tras suspirar contesto: no sé, me gusta más el A, aunque quitando que necesito ropa y que necesitamos comida, preferiría, que no salieras.

Yo: eso, quisiera yo, no tener que salir, pero gracias por tu preocupación

Sara: de nada

Yo: así que él, A, ¿no?

Sara: si… él A

Yo: la pregunta es como…

Sara: hasta hay puedo llegar

Yo: gracias (un poco irónico)

Sara: ¿qué quieres, Darek?, hago lo que puedo…

Yo: ya… ya y te lo agradezco

Me asome a la ventana, levantando suavemente la persiana, haciendo el menor ruido posible y llamando la atención, cuanto menos posible… por las ranuras mire, fijándome primero en las tiendas, todas menos una, tenían los cristales rotos, lo que no sabía es si esa tienda tenia alarma o si lanzando algo desde aquí llegaría.

Sara: ¿Qué miramos? (sin darse cuenta que alzaba la voz demasiado)

Yo: shhh, las tiendas (hablando bajito)

Sara: ¿para qué, acaso estas pensando en ir de compras? (habiendo bajado la voz, pero con tono molesto)

Yo: (la mire con un gesto irónico) no, estaba pensando si esa tienda (señalándosela) tiene alarma o no

Sara: si, la tiene, lo que no te puedo asegurar es si es tipo silenciosa o de las sonoras

Yo: mmm… (No muy convencido, me puse a mirar los coches)

 

Costaría bastante trabajo lanzar algo hasta esa distancia, sería casi un tiro olímpico, yo hice atletismo de pequeño, pero no creo que eso me ayudara en esto, hacia demasiados años que no lo practicaba y no merecería la pena el esfuerzo, si luego sonaba solo en la comisaria, que por una parte si alguien seguía allí, sería una pista, para que supieran que estábamos vivos por aquí.

 

Empecé a mirar los coches que estaban cerca, la mayoría que había siempre aparcados no estaban, la mayoría de coches que no eran de la zona, estaban estrellados, ya fuera contra una tienda, una farola, un árbol, otro coche, un camión o una pared, pero había uno intacto en medio de la calle, aunque tampoco sabía si tendría alarma o no.

 

Mientras yo miraba los coches, Sara se había ido, pero ahora volvía con algo en las manos…

Sara: tengo la solución

Yo: ¿Cuál?

Me fije que tenía mi amada, radio de coleccionista, lo único que me había quedado de colección, desde niño, también llevaba una alargadera en la mano, la más larga que tenia, no era muy difícil imaginar su plan, aunque no me gustaba la idea, pregunte.

Yo: ¿Cuál es tu plan?

Sara: sencillo, conectamos la radio a la alargadera, ponemos un canal de música, lo ponemos a todo volumen, lo bajamos por la ventana y así atraerá su atención.

Yo: no

Sara: ¿Por qué no? Es un buen plan

Yo solo estaba buscando pegas porque estaba usando mi radio, pero si encontraba pegas a su plan es que las había, aunque claro, cualquier plan en estas circunstancias, las podía tener.

Yo: a mí no me lo parece, se puede desconectar la radio, de la alargadera

Ella pensó unos segundos, hasta que encontró la solución a la pega que yo le había dicho.

Sara: la atamos con celo

Yo tuve que pensar otra, para que no usara, mi radio

Yo: intentarían alcanzarla, al estar pegada a la pared, entrarían en el edificio y si la bajamos mucho, la atacarían destruyéndola y acabando con la distracción.

Ella me miro, parecía que la había dejado sin argumentos o que pensaba que tenía razón, aunque también pensándolo bien, si tienen inteligencia como me había parecido ver, lo de la radio no hubiera funcionado.

Sara: (se sentó agobiada en el sofá, cruzo sus piernas y apoyo su cabeza en el brazo, con el codo sobre el brazo del sofá) ¿y que se te ocurre a ti?

Yo: esta la tienda de antes y un coche en medio de la calle

Tras pensar un poco

Sara: respecto a la tienda está muy lejos sería muy difícil alcanzar sus cristales, sobre todo lanzando algo que pudiera romperlos y el coche, tiene muchas posibilidades de que no esté bien cerrado o de que no tenga alarma y en cualquier caso, no sonara.

Yo: tienes razón, pero lo de la radio, no es buena idea

Sara: creo que ninguna de las tres es buena idea

Yo: habrá que pensar en otra cosa…

Sara: …

Estuvimos cerca de una hora pensando, pero yo era bastante impulsivo, así que empecé a buscar cosas para arrojar, que tuvieran peso para romper los cristales del coche o de la tienda. Encontré un martillo, las pesas que tenía para hacer ejercicio aunque no las usaba apenas, realmente, para mí, eran de decoración, pelotas de beisbol y mi lanzamiento de bala, de atletismo.

 

Los metí en una caja bastante grande de carton como para llevar todo al salón y lo cargue hasta allí, dejándolo caer frente a Sara, la que miro con interés lo que había traído.

Sara: ¿piensas hacerlo?

Yo: si

Sara: ¿estás loco?

Yo: ¿se te ocurre algo mejor?

Sara: …

Yo: veamos, que lanzo primero

Sara: ¿quieres que haga algo?

Yo: si, vigila que ninguno mire hacia aquí

Ella se arrodillo a la izquierda de la ventana y se puso a mirar por ella, apenas viéndosela desde la calle, tras comprobar que efectivamente ninguno miraba, me hizo una señal y yo cogí el martillo, pensando si podría llegar hasta el coche y si acertaba, si rompería el cristal o solo haría sonar la alarma, por el golpe.

 

Abrí la ventana, con suavidad, gracias a que era un maniático del orden y de que todo estuviera como nuevo, a pesar de no tener dinero de sobra, mi mobiliario funcionaba perfectamente y sin hacer un solo ruido.

Sara: (susurrando) ¿Cómo haces, para que la ventana no haga ruido?

Yo: (susurrando) fácil, le metí un pequeño trozo de tela por las juntas, para que dejara de sonar

Empecé a apuntar al coche con el martillo, hice varias veces el movimiento de lanzarlo, sin hacerlo, en ese momento vi que Sara iba a comenzar a mover la boca y le hice la señal de que parara, para un lanzamiento así, necesitaba concentración.

Volví a repetir el movimiento, mientras me concentraba y en ese momento lo lance, tras ver como impactaba en el cristal lateral, me agache, mientras Sara miraba aun agachada la escena, escuche más que ver, como se partían los cristales, pero no sonó alarma alguna.

Yo: me lo temía…

Sara: ha mirado uno a su alrededor, pero al no ver nada, ha ido hacia el coche

Yo: ahora, me queda el tiro difícil, no podía ser tan fácil…

Cogí la pesa, la cogí como si fuera la bala de atletismo, me prepare en la posición para lanzarlo, pero como no estaba seguro de que mis reflejos estuvieran como antes

Yo: será mejor que te quites de la ventana, por si acaso

Sara: vale, vale, ya me quito

Se quito de delante, comencé a girar sobre mí mismo,  hasta alcanzar la velocidad adecuada, apunte hacia la ventana, intente también apuntar a la tienda, por desgracia, empecé a marearme, tenía que lanzarlo ahora o parar, así que di un giro, apunte lo mejor que pude y gire otra vez, para disparar.

 

El tiro en un principio pareció certero, iba hacia la tienda, pero a unos dos escasos metros, choco contra el suelo, pero iba con tanta fuerza que reboto, destrozo a un tipo las piernas, reboto, le hundió a uno el pecho y descabezo a uno que me estaba mirando, cayendo ya al suelo la pesa, yo me agache.

Sara: has fallado

Yo: no, he matado tres

Sara: (asomando su cabeza) solo a uno, los otros dos están solo heridos

La mire mal, por su desconsiderada y exigente puntualización

Yo: con esta pesa, acertare

Sara: será mejor que así sea, porque estas llamando la atención y no tendrás muchas oportunidades más.

Yo: ¿se te ocurre algo, mejor?

Sara: no…

Yo: entonces cállate y no me pongas más tensión, abra que intentar algo, al menos

Cogí la bala de atletismo, me puse a recordar viejos tiempos, la bese por el cariño que le tenía, empecé a girar aumentando progresivamente la velocidad, esta vez, no mire la ventana, mire el cristal de la tienda, empecé a girar cada vez más rápido, hasta que empezaba a marearme y lo dispare.

 

Iba con tanta velocidad que no pude frenar en seco de girar, fui frenando poco a poco, haciendo irregular el circulo, hasta que, por el mareo que tenia, me caí, acabe tumbado en el suelo, mirando el techo mientras todo me daba vueltas.

 

Mientras que Sara preocupada, se acercaba a mí y la veía moverse, además de que sentía que todo a mi alrededor daba vueltas, escuche romperse los cristales y sonar la alarma de la tienda, yo solo pude sonreír, por haber conseguido mi objetivo, aunque estuve a punto de vomitar, pude aguantar y no lo hice.

Sara: Darek, ¿estás bien? ¡Lo conseguiste!

Yo: shhh

Sara: lo siento, perdóname

Yo: ¿Qué está pasando hay fuera?

Sara se asomo a la ventana, sin que se la viera como antes, entonces empezó a mirar con todo detalle

Sara: está funcionando

Yo: ¿sí? Menos mal, solo me guiaba por las películas (enderezándome un poco mareado)

Casi me caigo de nuevo, ya que sentía que estaba de lado, en vez de recostado en un brazo, entonces la preocupación se asomo en la cara de Sara y supe que pasaba algo.

Sara: ¡oh, oh, la hemos fastidiado!

Yo: ¿Qué, que pasa?

Sara: se acercan desde todos lados, hasta donde alcanzo a ver, hacia la tienda

Yo: no te preocupes, esperemos cinco minuto, así todo el que este por aquí, ira hacia allí y no tendremos problemas

Sara: ¿estás bien?

Yo: si, así de paso me recupero

Estuve sentado hasta que se me paso, apoyado en la pared, la alarme dejo de sonar, al ver mi cara de preocupación.

Sara: no te preocupes… las alarmas de las tiendas son así, suenan un rato, luego se paran y vuelven a sonar una y otra vez, sin parar.

Yo: gracias

Espere a que sonara de nuevo sentado apoyado en la pared, agarre el bate de beisbol, lo use para ponerme de pie. Con la otra mano me apoye en la pared, recogí la mochila  y cuando iba a salir, la mano de Sara me acaricio el brazo y me dijo: ten cuidado

 

Yo asentí, apreté el bate de beisbol con mi mano, mire por la mirilla y tras ver, que no había moros en la costa, salí, esta vez estaba preparado, pise con cuidado y no resbale con la sangre que había,  metí las llaves en la puerta de Sara, entre y cerré tras de mí, aliviado.

 

Mientras la alarma seguía sonando y atrayéndolos a todos, yo registre la casa con cuidado, aunque sabía que vivía sola, por si acaso, tras asegurarme de que no había nada fuera de lo normal, ni nadie o ninguna otra cosa, tenía tres puntos en especial que mirar: la cocina para la comida, el baño para el botiquín y su cuarto, para su ropa.

 

Tome la decisión sobre lo que más necesitábamos, la comida, ya que nadie estaba enfermo, ni herido, la ropa también era necesaria para tener una higiene básica, ya que mientras que todo funcionara, todo iría bien.

 

Examine la cocina y como lo pensaba, entre comida perecedera, empaquetada, congelada y enlatada, Sara tenía comida para un mes, siendo dos personas, nos podía durar dos semanas, quizá.

 

Lo primero que cogí era la comida perecedera ya que era la primera que se pondría mala, luego la congelada, ya que, cuando la luz dejara de funcionar, sería la primera que se echaría a perder, con eso ya había llenado la mochila entera, aunque no me hacía gracia dejar comida aquí, me daba temor, tener que dar varios viajes, a decir verdad.

 

Busque una bolsa de plástico para cogerle algo de ropa a Sara, registre a disgusto sus cajones, ya que, estaban muy desordenados, primero abrí su cajón de bragas, donde había tanto bragas, como tangas, así que cogí, un par de cada uno.

 

Tras de eso, abrí el siguiente cajón, era el cajón de los sujetadores, me puse a mirar y había de tres tipos diferentes, con relleno, sin relleno y con aro, como no entendía mucho de su utilidad, cogí uno de cada.

 

Cualquiera que me viera en esta situación, pensaría que era un pervertido cualquiera, que robaba comida y ropa, dos vienes ahora, debo admitir, que muy preciados, me empezaba a doler la cabeza, ya que debo admitir que los sonidos constantes me daban dolor de cabeza y solo había una cosa peor que esos sonidos. Los constantes irregulares, tal y como era la alarma, sonaba uno o dos minutos, luego estaba cinco minutos sin sonar y volvía a la carga.

 

Abrí el tercer cajón, donde realmente me lleve una sorpresa, había compresas, salva slip, tampones, una caja de condones y lubricante. Supuse que podíamos necesitar algunas de estas cosas, así que las guarde todas en la bolsa, bueno, no todas, me guarde un condón en cada bolsillo del pantalón, nunca se sabe cuando te pueden hacer falta… abrí su armario para llevarme el susto de mi vida, tenía tanta ropa, tan desordenada, que no pude aguantarlo más y dejando a un lado todo lo que pasaba, me puse a ordenarle su armario.

 

No sé cuanto tarde, pero sé que la alarma sonó al menos diez veces, lo hice, ya que yo me sentiría así un poco aliviado, ya no me dolía la cabeza, bueno si, pero al menos, no tanto, porque había echo algo bueno, algo que necesitaba hacer, las pequeñas cosas, son las que te mantienen cuerdo o eso pienso yo, al menos, gracias a mi trabajo anterior, ahora me era mucho más fácil, cogerle a Sara algo de ropa.

 

Como hombre que era, no entendía mucho de ropa femenina, pero claro si sabía lo que me gustaba, cogí un paquete de medias para darle algún uso, un vestido, una falda corta vaquera, una falda de vuelo, un pijama, unos vaqueros y un par de camisetas de mangas cortas, además de algún top de tirantes.

 

Satisfecho por lo echo, iba a salir por la puerta, pero antes mire por la mirilla y como me lo temía, mirando mi puerta estaba el que miro hacia detrás antes de bajar, las escaleras, definitivamente estos seres tenían algún tipo de inteligencia, ya estaba confirmado, pero no podía ni sospechar hasta donde llegaba, esa inteligencia. Para hacer tiempo, por si se marchaba, ordene toda la cocina también, así de paso, acallaba mi conciencia, que me pedía a gritos que lo hiciera.

 

Tras 5 sonidos de alarma, con la cocina, ya bien ordenada, me volví a asomar a la mirilla, pero, claro el no tenía nada mejor que hacer, aun seguía en frente de mi puerta parado, mirando la lente, como la primera vez que me lo encontré, sabía que por el tiempo que había pasado, Sara tenía que estar muerta de los nervios. Pero que podía hacer, si salía al pasillo, podía ser una trampa, podía haber más escondidos o incluso siendo uno solo, conseguir matarme.

 

Ahora maldecía el momento en que me puse a ordenar su armario, si no fuera por eso, quizá me hubiera dado tiempo de volver antes de tener este problema, pero, según decía mi padre: “a lo echo, pecho”

 

Pensé en las opciones que tenia, la puerta se abría hacia dentro, así que podía, dejarlo encerrado aquí dentro o podía abrir la puerta, llamarlo, esperar a que pase y golpearle con el bate, hasta matarlo, si solo había uno, esa sería la mejor opción, no me hacía gracia dejarlo aquí encerrado. Podría hacer ruido y alertar a sus “colegas”,  además de que cuando necesitáramos algo mas, no podríamos cogerlo, sin duda, tenía que matarlo.

 

Agarre fuertemente el bate de beisbol con la mano izquierda, agarre el pomo con la mano derecha, dejando la bolsa enganchada en el, colocándome a la derecha de la puerta, latiéndome el corazón a mil, pensando en que todo saldría mal, en que iba a morir. Abrí la puerta, la cual hizo el ruido de cualquier puerta descuidada, por mis adentros, sentí la necesidad de maldecir a Sara, por descuidada, podría causarme la muerte.

 

Mientras prepare el bate de beisbol en posición alta, para golpear a cualquier cosa, persona o ser que atravesara la puerta y mientras que iba a empezar a hablar, para llamarlo, el rugido fuera, me corto la respiración del susto, ese ser entro corriendo, abriendo de golpe la puerta que yo había encajado, intente golpearle con el bate, mientras pasaba, errando el golpe por los pelos de un calvo, pero eso no fue lo peor, lo peor fue que al fallar, le di un golpe al suelo y eso hizo ruido detrás suya, provocando que se volviera y me viera.

 

Di dos pasos hacia detrás arriesgándome a resbalar o, a que si eran más me cogieran por detrás, eso sí fijando bien el pie, para evitar resbalar, ya que el pasillo estaba de todo menos limpio,  tan solo buscando espacio para blandir el bate, ya que en esa esquina, no podría usarlo bien, tiempo que tardo el zombi en reaccionar. Para gruñir y salir corriendo tras de mí, me puse en postura de beisbol que aprendí cuando tenía dinero e iba a jugar a tal, prepare el bateo y justo cuando salió de casa de Sara, salto sobre mí, yo del susto, le di un golpe con el bate, bateándole la cabeza y al caer al suelo, lo volví a batear en el cráneo a pesar de tener una buena raja en el lateral del mismo, por si acaso.

 

Aun con el susto en el corazón, mire a mi alrededor, estaba solo por ahora, entre en casa de Sara, recogí la bolsa, fui con paso cuidadoso hasta mi casa, sin cerrar la suya por si tenía que salir huyendo y meterme en su casa, introduje mi llave, al tiempo que se escuchaba detrás mía, el timbre del ascensor. Entre rápidamente en casa, justo al girar la llave, pude entrar tan rápido gracias a que Sara no había cerrado tras yo salir, sin querer saber quién o qué era hasta estar en casa seguro, cerré tras de mí, Sara estaba dando vueltas en el salón, al verme: ¡Darek! Corrió para abrazarme. Con su maldita costumbre de hacer ruido, fuera lo que fuera, si no había provocado suficiente ruido yo al cerrar con los nervios, ella con su pequeño grito, nos había descubierto, tras darle un rápido golpe en la cabeza, hacerle un gesto de silencio con el dedo, a lo que ella respondió con una mirada de disculpa, mire por la mirilla.

 

Había un chico mayor, con una espada samurái de muestrario, de los chinos, una “katana” y una chica, vestida de colegiala, con un cuchillo para el jamón, ambos agarrados, no se cual de los dos tenía más miedo, si él o ella, aunque claro, no podía culparles, ya que yo, seguramente, tendría más miedo que ambos juntos y hacia las cosas, solo porque lo tenía que hacer, mientras yo pensaba.

Colegiala: Mira, alguien ha matado a uno de ellos

Adolescente: ¿has oído eso?

Colegiala: ¿el que?

Adolescente: no se… algo

Ambos se callaron para ver si escuchaban algún ruido, Sara me miro interrogándome con su mirada para ver qué pasaba, era más fácil quitarme para que lo viera por sí misma, así que me eche a un lado, para que pudiera asomarse y entendiera lo que estaba pasando.

Sara: son solo niños…no puedes dejarlos a su suerte (susurrando)

Yo: no tenemos comida suficiente… (Susurrando)

Sara: por favor… (Me miro con mirada suplicante)

Me volví a asomar apartándola de forma un poco brusca, dado el enfado que tenia por su petición tan difícil, salvar más gente, serian más gente que alimentar, mas gastos, salir más veces y mas peligros, como ella no lo hacía, no podía entenderme.

 

Los chicos salieron del ascensor bastante asustados, mirando para todas partes, pero sobre todo al muerto, la puerta abierta de Sara y mi puerta, descuidando un poco la escaleras, yendo así, no sobrevivirían mucho, me sorprendía que lo hubieran conseguido, hasta ahora.

Colegiala: esa casa está abierta, ¿entramos?

Adolescente: espera (le dio una patada al muerto que estaba en el suelo)

Colegiala: no seas cobarde, está muerto.

Adolescente: mejor asegurarse, vamos… (Mirando la puerta, no muy convencidos)

Volvió a sonar la alarma, mientras ellos, entraban y cerraban la puerta tras ellos, susurrando entre ellos

Sara: por favor, ve a por ellos…

Yo: … en la casa hay comida, ropa, medicinas, estarán bien

Sara: por favor, no quiero sentirme culpable de su muerte

Yo: espero que no tengas que sentirte culpable de la mía…

Salí de mi casa, tras dejar la bolsa y la mochila allí, con un poco de malos modos, en realidad era una locura hacer esto, podían estar contagiados ya que aun no sabíamos cómo funcionaba la plaga. Podían querer robarme, podían comerme por el camino, pero Sara había insistido tanto, que no podía negarme, la verdad es que pensándolo fríamente, si llegaran a morir, también afectaría a mi consciencia no haber intentado hacer nada, por ellos.

 

Mire aterrorizado las escaleras ya que por la alarma el oído estaba un poco inutilizado, luego mire asustado el ascensor esta vez había traído personas, pero otra vez podría llegar a traer otras cosas, que nos hubieran comido tanto a Sara, como a mí.

 

Me acerque cauteloso a la puerta, metí las llaves, las gire y entre todo lo sigiloso que me permitía ser, la escandalosa puerta. Entre, cerrando tras de mí, en ese momento, quitando la alarma, en la casa no se escuchaba nada, no quise avanzar más, por si iban a hacerme lo que yo hice antes o por temor de asustarles y que hicieran una locura.

Yo: chicos,  soy el vecino de al lado

Espere unos segundos por si contestaban, pero no escuche sonido de respuesta, alguno.

Yo: no voy a haceros daño, solo quiero hablar, estoy con Sara en mi casa.

Colegiala: ¡¿Sara?!

Avance un poco hasta la voz que venía del cuarto, cuando por la espalda, alguien me puso algo puntiagudo, sin mirarle levante las manos y deje caer el bate de beisbol, que hizo un poco de ruido, la puerta del cuarto de Sara se abrió saliendo la chica.

Adolescente: no te muevas y las manos donde pueda verlas

Colegiala: ¿conoces a Sara?

Adolescente: no te fíes, regístralo

Yo: ¿en serio, vais a robarme?

La chica obedecía como un corderito las ordenes del chico, pensé que serian pareja, aunque estaba claro que ella era una cría y el era mayor de edad, a veces el amor, no tenia edad, finalmente yo parecía tener razón, tras registrarme la chica.

Colegiala: no tiene nada

Adolescente: no te vamos a robar, ¿Qué quieres y porque tienes las llaves de Sara?

Yo: solo quiero saber que estáis bien, es una larga historia…

Pinchándome un poco más con la espada

Adolescente: tenemos tiempo, habla

Les conté toda la historia, aclarando, que estaba aquí por culpa de Sara, que ella me había echo chantaje emocional y que por eso me encontraba en esta situación.

Colegiala: Ras, deja de apuntarle, el hombre se ha explicado

Adolescente: vale, pero ¿Por qué no ha venido ella?

Yo: Sara, se dedica a otra cosa, no a esto

Ras: explícate

Yo: ya lo he dicho

Colegiala: ¿es que no lo oíste? Hicieron un trato el sale y ella trabaja en casa

Ras: no, deje de oírle desde que dijo: que le abrió la puerta a Sara

Vamos que había hablado tan solo para que ella me escuchara, porque ese era ni más ni menos el principio de la historia…Habían sonado al menos 3 alarmas, desde que empecé a contarles la historia, quería volver a casa, pero no sabía aun, como acabaría esto.

Ras: gracias por salvar a Sara (enfundando su espada)

Yo: ¿Quiénes sois y de que conocéis a Sara?

Ras: es la vecina de arriba, que tan solo, esta buena, sería un desperdicio dejarla morir…

Llevándose a cambio un puntapié en la espinilla de su novia, mientras él se encogía de dolor, pegando saltitos con su pierna sana.

Colegiala: te lo mereces, Ras

Yo: ¿y tú?

Colegiala: es mi prima lejana

Yo: ¿sí?   Pues no te ha reconocido…

Al instante de decirlo me había arrepentido, al ver su cara, como se puso triste y en ese momento, con las lagrimas saltadas.

Colegiala: es que llevamos bastante sin vernos…

Yo: bueno, lo siento, no quise ser cruel

La alarma había parado, pronto comenzarían a moverse por todas partes hasta que volviera a sonar, era nuestro momento, ahora o nunca

Yo: no tenemos tiempo de todo esto, tu, pequeña, coge medicinas del baño, tu samurái, coge comida

Colegiala: ¡¿eh?! No soy pequeña

Ras: no soy un samurái, tío, soy un ninja

Yo: ¡Marchando!

Ambos dieron un pequeño salto del susto y se movieron a hacer lo que yo había dicho, yo recogí el bate del suelo, tras eso me quede vigilando por la mirilla, que no tuviéramos compañía, ella vino antes que él, señal de que no habían muchas cosas en el baño, justo como me temía, el vino al rato.

Yo: seguidme

Abrimos, primero me asome yo, luego él y por último la chica

Yo: cierra

Colegiala: voy (cerro)

Andamos hasta mi puerta, escuchando gruñidos, pasos acercándose, por un momento pensé que nos cogerían, pero de milagro, entramos en mi casa, gracias a que Sara había estado esperando todo este tiempo en la puerta y nos abrió la puerta, porque con las llaves nos hubieran pillado, seguramente. Poco después de entrar, vi algo inaudito, los cadáveres, estaban oliendo el suelo, también lamiendo la sangre pisoteada, eso fue asqueroso, a la par que terrorífico, mientras que todos guardábamos silencio, solo yo vi esa escena, tan peligrosa, que te helaba la sangre.

 

Con todos conteniendo la respiración al otro lado de la puerta, sin poner pestillo, ni cerraduras ni nada, solo cerrada por la cerradura base y sujetada por mi cuerpo, uno de los cadáveres se acerco a la puerta de Sara, mientras que otro, se acercaba centímetro a centímetro a mi puerta, mientras el que fue hasta el piso de Sara, se metía en el ascensor, siguiendo quizás, el rastro de los dos pequeños, hasta que de repente…

 

Por suerte, empezaron a escucharse sonido de motos, con tíos encima pegando tiros, divirtiéndose por los gritos que escuchaba, jugando con los muertos y atraídos, seguramente por la alarma, en busca de vida o suministros que robar, los dos que estaban a centímetros de pillarnos, levantaron la cabeza y bajaron andando normalmente, esperamos un par de minutos y yo eche, lejía en el pasillo, pase la fregona, eche amoniaco en los bordes de mi puerta y cerré bien cerrada la puerta, mientras todos me preguntaban: ¿qué pasa Darek? ¿Qué haces, tío? ¿Se le ha ido la cabeza, Sara? Pero yo solo escuche la respuesta de Sara: no, el sabe lo que hace

Yo: asomaros a la ventana, pero que no os vean

Todos: vale (algunos, más convencidos que otros)

Mientras comenzaba a oscurecer, observamos lo que estaba pasando afuera, escondidos, todos pegados los unos a los otros, para caber en la única ventana que daba a la plaza: había por lo menos, veinte motoristas, pegando tiros, jugando con los muertos, los llevaban hacia otro lado, para entrar en las tiendas, entraban mataban lo que había, cogían cosas rápidamente y se largaban por donde habían venido, reuniéndose en otro lado. En la que estaba la alarma tardaron un poco más, como si buscaran algo, pero salieron también justo antes de que los muertos los atrapasen.

Sara: ¿y esto?

Yo: esta todo tan planeado, me parece tan buena idea lo que hacen, como descabellado, tanto, que da miedo.

Ras: por sus pintas parecen peligrosos

Colegiala: a ti todos te parecen peligrosos Ras

Yo: ¿los llamamos?

Sara: ¿tú tienes moto?

Yo: no…

Sara: no creo que nos aceptasen, solo seriamos molestia, para ellos

Colegiala: podríamos intercambiar, con ellos

Ras: buena idea, los llamare

Vi que hacían un movimiento raro de giro, así que dije: no, esperad…pasa algo

Ras: ¿esperar a que?, ¡que se van!

Antes de que pudiera contestarle, en una de las tiendas, encontraron a alguien, desde lejos parecía una mujer, los otros diecinueve hicieron un circulo rodeando al jefe con ella, al principio pensé que para hablar… pero mientras el jefe hacia actos bastante condenables con ella, mientras la chica se intentaba resistir vanamente, los demás mantenían a raya a los muertos, luego cuando acabo, lejos de llevarse a la chica, aunque no haría mejor ni la vida de la chica, ni menos condenable su conducta, al menos como recompensa, como buena acción, pero no. Se giro saco un cuchillo de su bota y le clavo un cuchillo en el muslo a la chica, mientras ella gritaba, arranco el cuchillo para que no se pudiera defender, se montaron en sus motos y se largaron por donde habían venido.

 

Tuve que taparle los ojos a la colegiala, Sara se abrazo a mi sin poder mirar, Ras se puso a llorar como un niño pequeño, mientras veíamos lo que los cadáveres hacían con ella, casi desnuda, herida en una pierna, en medio de una plaza llena de caminantes y sin ninguna posibilidad de sobrevivir, sus gritos no me dejarían dormir en semanas, esto sí que se me iba a clavar en mi consciencia y eso que no habría podido hacer nada por ella, aunque quisiera.

Ras: no lo entiendo… ¿es que no son humanos?

Yo: hay gente, que nunca lo fue…

Sara: ¿me ayudas a preparar la cena? (mas por cambiar de tema, que por otra cosa)

Colegiala: vale (con las lagrimas saltadas)

Yo: no hagáis ruido y que no se os vea por las ventanas

Sara: tranquilo, Darek, ya has tenido bastante riesgo por hoy (me dio un beso en la frente)

Gesto que agradecí, dado el sufrimiento que tenia encima, me sentía estresado, culpable e impotente, a la par que hambriento, nunca pierdo el apetito, es otra de mis fenomenales habilidades, Sara cogió la mochila y apenas podía andar, entonces y solo entonces, me miro impresionada, esa era otra de mis habilidades, quizás la mejor, siempre había podido cargar bastante peso moviéndome medianamente ágil.

 

Vi al chaval tan hundido, que cogí las dos últimas cervezas que quedaban en el frigorífico y le ofrecí una, el sonrió y alargo la mano, pero entonces más por reflejo que por otra cosa retire la mano y le dije: ¿Cuántos años tienes?, no moriré encerrado por darle alcohol a un menor

Ras: ¿encerrado? Que mas dará eso, ahora… todo se ha ido a la mierda

Yo: tienes razón, perdona, ha pasado hace tan poco, que a veces no me acuerdo

Se la di, abrí la mía, con el abre latas, le pase el abre latas, pero se noto su inexperiencia en abrir cervezas, porque llevaba un rato y no lo conseguía.

Yo: ¿te ayudo?

Ras: no… puedo solo

Tras un rato más, se canso de intentarlo y me dijo: ¿me la puedes abrir?

Yo lo hice con gusto, pero antes de devolvérsela le dije: ¿sabes? que no te maten por no pedir ayuda a tiempo

Ras: (avergonzado) tienes razón… gracias por el consejo

Yo: ¿brindamos?

Ras: ¿acaso hay motivos para brindar, en este mundo?

Yo: si…estas vivo y tienes a tu novia, ¿no?

Ras: si, tienes razón, supongo…

Conseguí que brindara conmigo, se soltó un poco gracias a la cerveza, sobre todo la lengua, se desahogo mucho, termino llorando a moco tendido, cuando se le paso un poco, quise decirle algo sobre su relación con la prima lejana de Sara.

Yo: Ras, no es por meterme, pero, ¿qué haces con una chica tan joven?

Ras: es mi novia, pero, es virgen, no la he tocado (dijo levantando las manos simpáticamente, gesto con el que casi tira la cerveza)

Yo: no esperaba menos, ¿desde cuándo sois novios?

Ras: llevamos dos años ya, desde que ella tenía once años y yo quince.

La conversación siguió por esos derroteros, hasta que escuche un ruido fuera, le hice un gesto de silencio y me asome a la mirilla, los dos muertos que olfatean, habían vuelto, pero, parecían molestos o confundidos, porque golpeaban las cosas al olerlas y supongo que no lograban oler nada, mi plan había sido todo un éxito, pero, se lo debía a los despiadados moteros, esa parte es la que no me gustaba.

 

Estuve un rato mirando, llame a Ras y le susurre: avisa a las chicas que no hagan ningún ruido. Aunque ya el hambre se iba haciendo hueco en mi estomago y supongo que en el de ellos también, todos esperamos preocupados, hasta que decidieron irse, siguiendo rutas diferentes, mientras uno subía las escaleras, otro las bajaba, habrían encontrado el rastro de algún pobre diablo.

 

Minutos después, estando todos en medio de la penumbra, estábamos sentados en la mesa, comiendo comida fresca, Sara era una buena cocinera, había cocinado carne en salsa, para dos o tres días y todos teníamos algo que beber, Ras agua, yo refresco y las chicas, té.

Colegiala: Darek, mi prima se acuerda de mí (y me saco grácilmente a modo de burla, la lengua)

Sara: pero, que malo eres, decirle a mi prima eso de mi.

Yo: cuando me mandaste a recogerlos no me dijiste que fuera tu prima

Un poco molesta por mi sinceridad

Sara: porque no la había reconocido, desde la mirilla y además ha crecido tanto

Ras: vamos, que Darek tenía razón

La colegiala, le piso el pie a Ras, el cual, se quejo quitando el pie y agarrándoselo

Ras: vamos Laura, deja de maltratarme, solo he dicho mi opinión.

Sara: ¡¡tú cállate Ras!! Los hombres solo os protegéis entre vosotros

Ras: vale, ya me callo, tranquilas las dos

Yo: no hagáis tanto ruido…

Las dos chicas se disculparon y la conversación, siguió por el camino de que Laura y Sara se comportaban de manera parecida, pero que, a pesar de tener tan solo 13 años, ella si quería salir a trabajar conmigo, mientras que Ras y Sara, se sentían más a gusto estando aquí dentro, aunque claro, Ras tendría que salir conmigo a partir de ahora, lo de Laura, me lo pensaría.

 

Muy a disgusto mío, tuve que prepararles mi sofá cama, para que pudieran dormir juntos, pero claro, no los iba a dejar dormir en el suelo, aunque no me fiaba del todo de las palabras de Ras de que no la tocaría hasta que tuviera dieciséis años, ya llevaba aguantando dos años y eso ya era mucho para un hombre o mejor dicho, para un adolescente. Aunque claro, parecía sincero y un buen chico, no creo que hiciera nada, que ella no quisiera, así que, tenía que confiar en él y en el buen juicio de ella, esperaba que al menos estuviesen bien informados de los métodos anticonceptivos, pues lo que menos necesitábamos ahora, era un bebe.

 

Me despertó de mis pensamientos una conversación entre Laura y Sara, cuando me acerque para oírlas, vi espiándolas a Ras, quizá no era tan buen chico, ni tan inocente como yo había pensado, aunque claro, quien era yo para juzgarle, cuando yo, muchos años mayor que él, estaba haciendo lo mismo.

Laura: Sara, me gustaría dormir contigo aquí, me da miedo dormir en el salón…

Sara: si la cama y la casa fueran mías, tal vez, pero estamos en su casa, como comprenderás no podemos echarle de su cama

Laura: pero, es que, es que solo una puerta nos separa de ellos

Sara: bueno, esta Ras para protegerte, ¿no?

Laura: Ras… ese idiota solo conseguiría que se lo comieran, intentando salvarme

Vi dolido a Ras por ese comentario así que decidí dejar la conversación a un lado, por mucho que me gustara dormir con Sara, ella tendría que decidir, eso sí, me daba igual compartir la cama con ella, aunque no permitirá que me echaran de ella. Pero la verdad, no me haría ninguna gracia, compartirla con la pequeña, además de que tres, serian demasiada gente en la cama, a parte de los posibles sentimientos, que esa situación le podía provocar a Ras.

Yo: solo tiene miedo, Ras (le puse la mano en el hombro)

Ras: no… si lo que me mosquea, es que tiene razón. (Se quito la mano de encima un poco molesto consigo mismo)

Pensé que le hacía falta estar solo, así que, decidí dejarlo solo con sus sentimientos y entre en mi cuarto interrumpiendo la conversación de las chicas, sin quererlo, Laura me dio un beso para antes de marcharse decirme: Gracias por salvarnos Darek. Mire un poco avergonzado a Sara, entre en la cama y Sara esta vez con su propio pijama: con su short apretado de rayas, su camiseta larga en plan vestido, de manga ancha con dibujos de ositos, entro en ella también. Antes de dormir escuche como Ras y Laura discutían a susurros, pero Sara pasando del tema, se abrazo a mí con brazos y piernas, mientras me susurraba en mi oído: Buenas noches Darek, yo solo le conteste, mientras me preparaba para dormir: Buenas noches….

 

Tras muchas vueltas en la cama, horas intentando dormir, cambios de postura, incluso alguna vez acabamos en la típica pose de “la cucharita” no conseguíamos dormir, cada vez que estábamos cogiendo el sueño, cada vez que íbamos a caer dormidos, volvía a sonar la condenada alarma.

 

Lo que al principio parecía una fantástica idea, ahora era una tortura horrible, la alarma no dejaba de sonar durante al menos un par de minutos, luego estaba cinco minutos sin sonar y cuando estabas a punto de caer en el fantástico mundo de los sueños, volvía a sonar, reiniciándolo todo, porque todo volvía a comenzar.

 

No dormir era lo que menos nos hacía falta, necesitábamos estar descansados o no duraríamos mucho estando vivos, al menos. Pero hasta con todo cerrado sonaba tan fuerte que era imposible dormir, tan cansado estaba, que había tenido algún micro sueño, pero, no duraba demasiado.

 

Llevaba un rato mas dando vueltas, cuando acabamos en la misma posición que el principio…con su mano en mi pecho, su cabeza en la almohada justo la mía y su pierna rodeando la mía.

Sara: no puedo dormir…

Yo: yo tampoco

Nos callamos un poco, intentando conciliar el sueño, inútilmente.

Sara: tu plan es una mierda

Yo: ¿mi plan? Yo di la idea y tú lo elegiste

Nos volvimos a callar un poco más, creo que ninguno de los dos, teníamos ni ganas, ni fuerzas para discutir, los chicos parecían dormidos, claro, en el salón seguramente, sonaría menos.

Sara: creía que con tu truco, ya estarías dormido

Yo: que va, con ese ruido infernal, no hay manera.

Me incorpore en la cama, me asome a la ventana, ya que no podía dormir, por casualidad más que otra cosa, vi pasar una furgoneta policial por la plaza, atropellando a bastantes de los que habían acudido, por el sonido, se paro justo en el centro de la plaza y antes de que pudiera reaccionar, mientras me refregaba las manos en los ojos, por si veía una visión o veía la realidad.

Furgoneta: Aquí el agente de policía, Dani ¿algún superviviente por aquí?

Sara se enderezo al instante al oír eso, mientras decía: ¡¿pero que coñ…?!

Como si el de la furgoneta nos hubiera leído la mente, contesto a las preguntas que estábamos haciéndonos mentalmente

Furgoneta: la alarma se escuchaba desde la comisaria ¿seguís vivos?

Mientras los muertos mordían la furgoneta sin resultado, golpeaban los cristales hasta ahora con poco éxito e intentaban volcarla inútilmente, Sara iba a gritar pero la detuve, tapándole la boca, aunque si queríamos irnos con ellos, tenía que ser ahora o nunca y algo rápido, antes de que se fueran.

Sara: ¿Qué haces?

Yo: ¿vamos con ellos?

Sara: son policías… ¡pues claro!

Iba a gritar, pero ya era tarde, la alarma recomenzó a sonar de nuevo, haciendo imposible la comunicación sonora, así que tenía dos opciones.

Opción 1: hacer algo

Opción 2: no hacer nada

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    Esta historia habla aun mas sobre los rituales de la familia "Nera" y sobre la historia de la misma, en esta historia Pablo nuestro protagonista solo tiene 13 años, aunque esta historia se centra más en el abuelo, también se verá al resto de la familia y dos hermanas tomaran bastante protagonismo, también conoceremos la posible primera chica de Pablo o no, otra de las habilidades de nuestro pablo, pero, sobre todo, esta historia trata sobre que el amor, no tiene edad, pero a veces, si tiene condiciones...

    ¿Salí de mi mundo, para aparecer en otro? ¿Estoy en dos mundos a la vez o en ninguno? Solo que formo parte de todo, pero a la vez, no soy de ningún sitio, echo de menos mi mundo pacifico, con amigos, donde estoy en algún mundo Post-apocalíptico y a veces tengo sueños raros con otro mundo, ¿estoy loco?

    ¿Primero despierta dos veces, que significa esto? luego, en una solo oye y mal en otra, su ropa se ha convertido en un harapo a causa de su tamaño, este es solo un capitulo de transición, ¿pero alguien entiende algo? me gustaría que colaborarías un poco mas con votos y comentarios, gracias.

    + 18; relato con alto contenido sexual; Quede con un amigo para ir de discoteca, aunque no suelo ir por esos lugares ya que no va el tipo de chica que me interesa, me convenció y gracias al destino, me dio las herramientas para que tuviera lo que yo quería, a pesar de todo, acabo la noche con otra, que es un proyecto de futuro o lo será.

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soy un escritor no profesional al que le gusta escribir por aficion y le gustaria algun dia ganarse la vida asi, se que tengo muchas faltas de ortografia, pero uno hace lo que puede, ya ire mejorando, supongo. Me voy a Barcelona 6 meses a trabajar, volvere a escribir cuando vuelva, gracias.

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