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18 min
Supervivientes de la plaga: Civil Prologo
Terror |
06.04.15
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Sinopsis

Esta historia dara al lector conforme vaya avanzando posibilidad de elegir el camino que sigue, espero sorprender al lector y aunque es la primera vez que lo hago, sueño con terminar un libro asi, veamos que tal se nos da en este relato, que trata sobre lo que su nombre indica.

Prologo:

 

Como siempre sonó el despertador a las 7 de la mañana, no me despertaba en realidad por ninguna razón en especial, ciertamente era algo que tenia mas por rutina, que por otra cosa.

 

Con tranquilidad, ya que no tenía prisa, me hice de desayunar: un zumo de naranja, cinco galletas y un vaso de leche calentada en el microondas, mientras desayunaba, mas por distraerme que por otra cosa, solía poner la radio, así que lo hice.

Radio: y ahora, volvemos con noticias Europeas: todo el que sienta fiebre, mareos y sobre todo ardores internos que acuda al hospital o centro médico más cercano, este es un comunicado oficial de las altas esferas Europeas.

Normalmente no la escuchaba demasiado pero, esa noticia me preocupo un poco la verdad, dado que sonaba directamente a que en toda Europa se estaba desarrollando una plaga y no querían comunicarlo dando detalles ni nada, para no cundir el pánico Europeo.

 

La noticia tristemente siguió amargándome el desayuno, aunque la radio había empezado a hablar ya de otros temas sin importancia, yo ya ni la escuchaba en realidad, pero siempre era agradable escuchar voces humanas de fondo, en la inmensidad del silencio de mi casa.

 

Tras el desayuno como siempre, fregué, seque y guarde los utensilios usados que no eran muchos: un vaso, una cuchara, un plato y un cuchillo, podéis llamarme maniático del orden, pero a mi tan solo me gusta tener mi casa bien ordenada.

 

Como antes de acostarme me di un baño anoche, ya tenía la ropa preparada, cogí la camisa blanca, que deje preparada anoche en la silla del salón, junto a un vaquero y los incómodos, pero relucientes zapatos de salir.

 

Cogí mi curriculum dispuesto a conseguir hoy un trabajo al fin, después de un año en paro, habiéndoseme acabado el paro hace unos meses, me puse mi pajarita negra, detalle que no podía faltar, cogí mi móvil, mi cartera, mis llaves y tras apagar la radio, lo único que había encendido esta mañana, salí al pasillo.

 

Allí como todas las mañanas, estaba Sara, con su mini falda negra, que le llegaba por las rodillas, sus medias transparentes, su camisa blanca abierta mostrando su talla 90-C y de paso, su sujetador negro que ya se casi-transparentaba en la camisa, con su nombre graciosamente escrito en una tarjeta de la tienda de al lado de nuestra casa.

 

Sara: buenos días vecino

Yo: buenos días Sara

Por un momento, por un solo momento, se le corto la respiración y abrió la boca con gesto de sorpresa, porque yo sabía su nombre, luego se dio cuenta en el asunto de que lo llevaba colgado sobre su pecho, me puso una sonrisa algo picara y me dijo: casi me lo trago (dirigiendo su mirada hacia la tarjeta que lucía colgada en su pecho, en una tarjeta negra, con el nombre en blanco)

Yo: en realidad, no he necesitado mirarlo en la tarjeta.

Sara: ¿ah no, como sabes mi nombre entonces?

Yo: lo vi en el buzón, cuando te mudaste aquí, hace once meses.

Sara: que cotilla eres, ¿no?

Yo: cotilla no, yo diría observador.

Entonces como por arte de magia, sin haberlo llamado el ascensor se abrió en nuestro piso, al mostrar mi sorpresa como momentos antes había hecho ella, sin embargo, no me paso desapercibido como Sara sonreía burlescamente, así me di cuenta, de que lo había llamado ella, no me hizo falta escuchar lo que dijo ella a la vez: tranquilo vecino, lo he llamado yo. Entre más relajado al oír eso

Yo: es que estoy un poco tenso por algo que escuche en la radio

Sara: ¿Qué escuchaste? (risita) ¿la radio? (con tono de burla) ¿aun se usa, esa antigualla?

La mire con gesto un poco molesto por su actitud, sin embargo ella sonreía con algo de maldad en la cara, me pregunte si esperaba una respuesta o si solo era una burla por completo, pero aun así, conteste.

Yo: bueno, yo aun la uso y dijeron algo muy interesante

Sara: ¿sí?, pero ¿era de este siglo o del anterior?

En ese momento la puerta del ascensor se abrió, para sin esperar mi  respuesta, ella salir, pero aun así, aun su falta de respeto, quise contestarla.

Yo: ¡Hay una peligrosa epidemia por Europa, ten cuidado!

Abrió para salir y cerro tras ella, la puerta del portal, sin contestarme siquiera, así que me dejo sin saber, si se había enterado o no, aunque decidí que nada iba a afectar mis ánimos hoy y que nada cambiaría mis objetivos, tras ese pequeño momento de reflexión, salí a la calle.

 

A lo lejos aun se veía a mi joven y hermosa vecina, caminando hacia su puesto de trabajo por un momento pensé en dirigirme hacia su local, donde solo contrataban a chicos afeminados o chicas modelo, como mi vecina, pero descarte tal inútil idea, de inmediato.

 

Cogí por el otro lado, hacia la calle que iba a las afueras, donde estaban abriendo nuevos negocios y evidentemente necesitaban personal, había pasado ya diez tiendas, donde en al menos nueve me dijeron que buscaban otra cosa, seis de ellos, sin mirar mi curriculum siquiera y en los otros tres apenas echándole un simple vistazo, al menos el número diez, acepto hacerme una entrevista, tras justo 2 horas y media andando, una chica rubia, con ojos azules, pelo ondulado largo, marcada musculatura, además de un cuerpo con curvas bien marcadas, pies pequeños, culo respingón, muslos prietos, pecho bien mantenido, tendría una 85-F de talla, llevaba un vestido negro, sin mangas con escote por encima de las rodillas, tacón negro y sin medias.

Chica: venga, pasa al despacho del jefe. Allí te hará la entrevista

Yo: gracias, señora

Chica: señorita, estoy soltera

Yo: oh, entonces, muchas gracias bella señorita

Agarre su mano con sutileza, la lleve hasta mi boca, mientras me inclinaba ligeramente como un caballero, bese la mano mientras terminaba la frase, provocando que la chica se ruborizara considerablemente y tras eso retiro la mano suavemente.

Chica: que tengas suerte

Yo: ya la he tenido… (Mientras me dirigía hacia la puerta del despacho y justo antes de entrar) de haberte conocido

Abriendo la puerta y entrando, sin dejarla contestarme siquiera

Tipo gordito: salga usted y llame a la puerta

Yo: ¿Qué? (era la típica situación que respondes sin haberte enterado y justo un segundo más tarde, te enteras de lo que justo estabas preguntando)

Tipo gordito: ¿es usted sordo o tonto?, ¡hágalo de una vez!

Normalmente no soportaría que alguien me hablara así, pero parecía mi única oportunidad para trabajar y yo empezaba a estar desesperado por hacerlo, estaba en números rojos, sinceramente.

 

Salí visiblemente molesto, llame a la puerta, mirando con vergüenza como la chica me miraba y me sonreía, queriendo desaparecer en la tierra, volví a entrar.

Tipo gordito: ¿sabe? De nada sirve que llame usted y entre sin que le den el permiso para hacerlo, vuelva a salir y llame a la puerta

El tipo me estaba sacando de mis casillas, a duras penas aguante la rabia que me subía y el impulso de contestarle, volví a salir pensando en que quería matarle, pero llame y espere a que me diera el paso, mientras que la chica me miraba con una sonrisa de nuevo, el insoportable hombre, poco después sin mucho ímpetu: puedes pasar.

 

Pase, me fije en su despacho esta vez: tenía una bonita colección de armas antiguas de pólvora colgadas en la pared, una luz tenue colgada del techo, las persianas echadas, evitando que cualquier luz del exterior pasara al interior, un despacho hecho de madera reciclada y una buena silla delante de él, además de la silla de cuero de buena calidad en la que él estaba sentado.

 

Ande por la sala, sin tocar nada, camino hacia el, al pasar por al lado de su colección de armas, tuve la tentación de tocarlas para mirarlas, pero, viendo como era, seguro que me montaría un espectáculo, me mataría o me echaría a patadas de su despacho y aguantar lo que había aguantado para nada, no me hacía ninguna gracia.

 

Me acerque a él y habiendo aprendido ya, lo quisquilloso que era, me quede hay parando mirándole justo delante de él, mire la silla, pero no me senté, tuve tentaciones de ofrecerle la mano para parecer decidido, pero me resistí.

Tipo gordito: siéntate si quieres o sino quédate en pie

El primer impulso fue sentarme, pero me fije en que según como escupía esas palabras, parecía una absoluta y completa trampa, así que me resistí por si acaso.

Tipo gordito: como quieras

Este tipo era de la clase de persona que uno no sabe si lo está haciendo bien o mal y hay seguía yo parado de pie, esperando a que hablara.

Tipo gordito: ¿tienes curriculum?

Yo: si, tome (lo saque de la carpeta y se lo di en la mano)

Agarro mi curriculum lo leyó por encima, incluso yo diría que leyó mi nombre tan solo y mientras que decía: Aja, muy interesante lo partió en dos, lo hizo una bola de papel y lo encesto en la papelera, que estaba en la entrada, escondida entre la penumbra de la luz.

Yo: ¡¿pero que, haces?!

Tipo gordito: darle una utilidad, Darek

Lo mire fuera de mí, estaba por irme mientras aun pudiera, pero por algún motivo que no alcanzo a comprender me quede, porque ya había sobrepasado mi limite incluso, aunque fuera por necesidad.

Tipo gordito: siéntese señor Defens

Me senté bastante enojado, la comodidad de la silla no conseguía calmar nada de la ira que sentía contra ese hombre.

Tipo gordito: ¿para qué quieres trabajar en mi tienda?

Yo: para vivir

Por vez primera, pareció sorprenderse por mi respuesta, en la respuesta más simple que había contestado, aunque antes tampoco me dio muchas opciones.

Tipo gordito: ¿con quién vives?

Yo: solo

Tipo gordito: ¿y cómo has sobrevivido un año sin trabajo?

Ahora el sorprendido fui yo, a pesar de apenas haber leído mi curriculum, había leído rápidamente mucho sobre mí.

Yo: aunque del anterior trabajo me fui yo, tuve un tiempo el paro, no tengo vicios y soy ahorrador.

Tipo gordito: te fuiste del anterior trabajo ¿Por qué?

Yo: ...

No era un buen recuerdo para mí la verdad, no era algo que quisiese recordar, había pasado todo un año, en el que había evitado incluso, hasta pensar en ello.

Tipo gordito: joven, le he hecho una pregunta.

Lo mire mal por obligarme a responderle, pero lo hice.

Yo: era el reponedor de un supermercado…

Tipo gordito: joven, no tengo todo el día

Me contuve por los pelos de un calvo, pero pensaba que quería matarlo o largarme y no volver jamás.

Yo: pero el tipo era un estafador, le cambiaba la fecha de caducidad a los productos, inflaba el IVA, a los empleados les hacia un descuento del 10 % y luego con esa escusa, compraras o no allí, te rebajaba un 20 % del sueldo y lo peor, tiraba comida que aun se puede comer y daba comida en mal estado a los pobres.

Tipo gordito: puede usted marcharse

Yo: ¿me está diciendo usted, que he soportado todo esto para nada?

Tipo gordito: he dicho, que puede usted marcharse.

Negro de rabia, cogí uno de mis curriculums, primero mirándolo a él, lo arrugue como si de él se tratara, luego no contento con eso, lo abrí de nuevo, lo rompí en mil pedazos y lo pise con ganas, sintiéndome mejor por ello.

Tipo gordito: oh, que valiente contra un papel inocente, que no se defiende ni nada, muy impresionante, bravo (agravando la situación, porque incluso me aplaudía, no le habia golpeado ya, porque era un hombre mayor y a los de mi generación, nos habían inculcado un profundo respeto por la gente mayor)

Me di la vuelta dispuesto a largarme de allí y a sentirme bien por ignorarle, cuando.

Tipo gordito: ¡alto! ¿No piensas recogerlo?

Reaccione más por educación, que por otra cosa.

Yo: si, lo siento (comencé a recogerlo)

Tras un rato recogiéndolo

Yo: lo hago porque yo quiero, no porque me lo ordenes tu

Tipo gordito: vale, mientras lo hagas… a mi me da lo mismo

Cada vez estaba más cabreado con este tipo

Tipo gordito: pero date prisa, me gustaría quedarme solo, ya.

Lo hice más lento a propósito y cuando él se dio cuenta:

Tipo gordito: ¿no me has oído?

Yo: mira, pedazo de capullo con piernas, te he estado aguantando porque necesito el trabajo y no te doy una paliza porque respeto a las personas mayores, pero no hay quien te soporte pedazo de gordo de mierda.

Tipo gordito: ¿no se te ocurre algo más original?, ¡anda lárgate, total para lo mal que lo haces!

Rojo de furia, le tire los papeles en la cara, como piedras volando en el campo de batalla, ante su sorpresa y luego me largue por donde había entrado, intente aparentar normalidad a pesar de estar descompuesto y fuera de mí.

Chica: (expectante) ¿Qué tal fue?

Yo: bien (quería evitar hablar del tema, me sentía un poco ridículo, pero, se ve que ella tenía ganas de saber o interés por lo que había pasado)

Chica: eres el primero que aguanta hay dentro más de un minuto

Yo: bueno, tampoco se puede decir que haya estado dentro todo el tiempo

Chica: eso es normal, con el jefe. Por eso llevamos tres años buscando empleado…

Yo: me alegro de haber batido el record ¿a ti también te lo hizo?

Chica: no, a mí ya me conocía de antes

Yo: que suerte…no sé si soportarlo de antes es malo o evitarte el mal trago de la entrevista es bueno

Chica: no sé qué decirte

Yo: bueno, me marcho, ya nos veremos otro día.

Hice el amago que pensaba cumplir de irme, pero ella me agarro el brazo para detenerme y lo consiguió.

Chica: ¿me das tu móvil? (la mire con una estúpida sonrisa de triunfo que se me borro, justo en el instante en el que escuche el resto de la frase, tras la inmensa pausa que hizo, parecía que adrede) es por si el jefe te quiere llamar o algo

Dudaba que su jefe quisiera llamarme, pero, sin duda me gustaba la idea, de que ella lo tuviera. Volví a sonreírle, borrando esa cara de estúpido que se me había quedado, me acerque a ella y le conteste: te lo doy a ti, apunta

 

Ella dudo un segundo, para luego apuntarlo sin decirme nada, tras eso me despedí amistosamente, rumbo a mi casa, cansado de andar, encontré un bar por el camino y aunque, no me gustaba gastar, hoy tenia bien merecido un café con leche con doble de azúcar, necesitaba relajarme después de esta insoportable entrevista de trabajo.

 

Entre en un bar lleno de gente, camioneros, borrachos, parejas, familias y trabajadores individuales en su momento de relajación, yo entre, busque una mesa solo y me senté, como tampoco había mucha gente falto tiempo para que la camarera llegara: buenas ¿Qué quieres tomar?

También había dulces pero, no me los podía permitir mientras no tuviera trabajo

Yo: un café con leche con doble azúcar

Camarera: ¿lo quieres junto a un vaso de agua, no?

Yo: depende, ¿es gratis?

Sé que sonaba un poco cutre, pero en algunos lados te cobraban el vaso de agua y yo no me podía permitir ambas cosas, aunque pensándolo bien, una cosa carecía de sentido sin la otra.

Camarera: claro, hombre (con una simpática sonrisa en la cara)

Yo: entonces sí, gracias

Camarera: de nada

La chica se marcho moviendo bastante la cadera al caminar, me fije en que algunas personas del bar, mejor dicho clientes tosían sin parar, casi ni para respirar.

 

No pude evitar recordar las palabras de la radio mientras desayunaba en mi casa, para tranquilizarme pensé que serie en Europa, pero muy lejos de aquí, me convencí de paso de que yo sería inmune a esa plaga, igual que lo era a la enfermedad del beso.

 

Me saco de mis reconfortantes pensamientos la camarera

Camarera: aquí lo tienes (colocando el café, con el agua en mi mesa desde la bandeja)

Yo: gracias

Camarera: de nada, oye si no es indiscreción donde te cobran el agua, vamos, que lo digo para no ir. (Abrazando contra su pecho la bandeja vacía)

Sintiéndome un poco ridículo por mi pregunta de antes y su comentario de ahora.

Yo: en muchos sitios

Camarera: pues ya sabes donde no te la cobran (me dijo mientras me guiñaba el ojo)

Parecía un comentario para que volviera por aquí, ya fuera para ganarme como cliente o para ligar conmigo, me agrado. Olvide un poco mi situación y conseguí mi objetivo relajarme.

Yo: si, ya lo se

Camarera: bueno, si me necesitas llámame (haciéndome el gesto del teléfono con la mano en su oído)

Yo: claro, gracias

Ella se marcho a atender a otros clientes, yo me tome el café tranquilamente hasta que mi teléfono comenzó a sonar, al sacarlo del bolsillo vi que el numero que me llamaba no lo tenía, esperanzado porque fuera alguien que leyó el curriculum, lo cogí algo nervioso, para tanto era, que casi se me cae el móvil al suelo.

Yo: ¿diga?

Voz de chica: buenas ¿el señor Defens?

Seguía sin saber quién era, aunque me sonaba de algo la voz

Yo: si, claro, pero ¿Quién es?

Voz de chica: María José, la dependienta de la tienda de mensajería

Era la de la tienda de la entrevista criminal de hace dos horas.

Yo: ah vale, dime

Pensé que iba a recriminarme la última acción de la entrevista, pero nada más lejos.

María José: mañana a las 8 de la mañana estate aquí

Yo: ¿queee?

María José: que estas contratado, según parece

No podía creerme sus palabras, por eso tenía que preguntarlo

Yo: ¿y eso?

María José: no sé como lo has hecho, pero en serio te lo digo, estas contratado.

Yo: ¿Qué?, en serio, no puede ser…

María José: si quieres no venir estás en tu derecho, yo si pudiera evitarlo, lo haría créeme

Sonreí por el comentario, conteniendo la risa, pero sin duda me hacía falta el trabajo o el mes que viene, no tendría para comer.

Yo: claro que voy, es solo que no lo entiendo

María José: yo tampoco, pero mañana es tu primer día de pruebas, no faltes ni llegues tarde.

Yo: allí estaré

María José: hasta mañana

Colgué bastante asombrado, a pesar de todo me había llamado, decidí tirar la casa por la ventana y sin podérmelo permitir, llame a la camarera.

Camarera: dime ¿Qué deseas?

Yo: ponme ese dulce (señalando uno que tenían en el muestrario de cristal)

Camarera: ¡marchando!

Tras un buen desayuno de media mañana, regrese a casa caminando, me duche para quitarme el sudor, el picor de los pies, cogí una cerveza fresquita de la nevera, la ultima que quedaba, puse los pies sobre el taburete, me tumbe en el sofá, cogí el mando a distancia y puse futbol.

 

Cuando me desperté, llamaban apuradamente al timbre, extrañado y un poco alarmado, por la constancia con la que llamaban, además de que tenían mucha prisa porque abriera, cogí el bate de beisbol de camino a la puerta, mire por la mirilla y vi a mi vecina Sara, llamando al timbre hasta el punto de que si seguía así, lo quemaría, mirando hacia las escaleras aterrada, entonces tenía que tomar una decisión; abrirle la puerta o no, estaba claro que si le abría saltaría hacia dentro sin poder evitarlo y si no le abría, de lo que quiera que huyera, la cogería, una decisión, pero mucha responsabilidad, ¿Qué decisión tomar? ¿Cuál es la decisión correcta o mejor dicho, más acertada?

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    + 18; relato con alto contenido sexual; Quede con un amigo para ir de discoteca, aunque no suelo ir por esos lugares ya que no va el tipo de chica que me interesa, me convenció y gracias al destino, me dio las herramientas para que tuviera lo que yo quería, a pesar de todo, acabo la noche con otra, que es un proyecto de futuro o lo será.

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soy un escritor no profesional al que le gusta escribir por aficion y le gustaria algun dia ganarse la vida asi, se que tengo muchas faltas de ortografia, pero uno hace lo que puede, ya ire mejorando, supongo. Me voy a Barcelona 6 meses a trabajar, volvere a escribir cuando vuelva, gracias.

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