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13 min
Teluria
Varios |
17.10.14
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Sinopsis

Ioleta

Hola me llamo Max Power

 

Antes que nada quisiera decir que no hay mejor día que el día en que llueve, me gusta la lluvia y el olor que deja impregnado en el ambiente, de como se esparce por el aire. Algunos ante la inminente llegada de la precipitación, viendo ya indicios premonitorios en el cambio del cielo y en la presión atmosférica, van y buscan refugios... como si cayera fuego. En cambio a mí me encanta estar debajo de la lluvia, de hecho, según mi opinión, a mi me gustan los fenómenos meteorológicos, son como "mágicos y surrealistas". ¿Qué más sino que aquellas rarezas climáticas dan un "toque extra" a la realidad? La vida sería tan monótona sin la nieve, auroras boreales, lluvia, nubes, relámpagos y truenos, arcoíris, vientos, corrientes y caudales de agua, y por último el viento. Debo decir que éste último que he mencionado me daba miedo cuando era un niño, cada vez que se producía una ventisca rápida y violenta deseaba que ésta pasara rápido, imagínense como hubiera sido si hubiera vivido en un país donde se producían tornados. Aunque a veces estos fenómenos se tornan en catástrofes, dañando tanto pueblos, ciudades y lastimando a personas.

A todo esto también habría que agregar a la música, que seriamos sin ella, no quiero ni imaginármelo. Y yendo más allá, o más acá, toda expresión artística, en cuanto sea moral y éticamente aceptable, es valiosa y privilegiada. Claro que, ¿Qué es moral y éticamente aceptable?.

Aunque tal vez no haya nada mejor que una charla y conversación amena con el prójimo.

Nací en Buenos Aires, Quilmes. No pasé mucho tiempo allí, ya que al poco tiempo nos mudamos a Catamarca en avión, mis padres tuvieron que mentir en lo que a mi edad se refiere porque hay que tener una cierta edad para viajar en avión, de alguna manera se la arreglaron, no sé si eso dice mucho, o menos, de mis padres o de la gente encargada del aeropuerto en esos asuntos, supongo que de ambos. De todas maneras me encontraba en Catamarca porque fue ahí donde lo habían trasladado a mi padre, cambio de trabajo, lo habían movido de fábrica. Pocos recuerdos son los que sostengo en mi frágil memoria de aquellos momentos en aquella provincia, mientras más avanzo en el tiempo más se "deshila los recuerdos de antaño". Luego nos mudamos a Tucumán, en aquel momento tenía cuatro años, devuelta por la misma razón, cambio de trabajo. 

Aunque volví varias veces a Buenos Aires, más específicamente Quilmes que es una localidad, durantes las vacaciones, desde entonces me quedaría en Tucumán. Estando en Quilmes, en dos ocasiones, en dos vacaciones diferentes, fui testigo de actividades paranormales en nuestra casa que teníamos allí, hasta vi un fantasma, claro que todo pudo haber sido alucinaciones, un entremezclado del reino físico con el onírico, pero sea como haya sido vi lo que vi. El fantasma era de una mujer, era una silueta negra, todo en ella era negro, vestía como una enfermera del siglo XIX, sostenía entre sus manos una caja que también era negra, en el medio de la caja, que parecía un botiquín de remedios, había un dibujo de una cruz roja. Ella caminó lentamente, o levitaba, no sé, se sentó en la cama donde mi hermano estaba durmiendo, mi hermano y yo estábamos en la misma habitación. Claro que yo también estaba dormido, o me hacía el dormido ya que no me hubiera gustado llamar la atención de semejante fantasma, aparición, espectro o lo que sea. Observaba a la visión con los ojos entrecerrados, solo traté de dormir como pude. 

Cuando conté lo que me había pasado aquella noche a mi familia, a la mañana siguiente, mi madre me comentó que habían hecho el funeral de su madre en esa casa, mi hermano por su parte me comentó que él también había presenciado una presencia misteriosa aquella misma noche. Cabe destacar que años después cuando alquilamos la casa, también los inquilinos presenciaron "hechos inexplicables", que el hijo del vecino que vivía atrás nuestro también había visto al mismo fantasma, en el pasillo durante la noche mientras quería ir al baño, y que una novia de mi hermano, cuando pasaron dentro de la casa, le dijo que sentía una presencia mística.

Tuve dentro de todo una infancia normal, es decir con una que otra bromas que me hacían en la escuela y unos que otros castigos que he recibido por parte de mis padres, pero oigan, no me puedo quejar, es decir hay muchos otros que la pasan peor que yo, y de hecho nunca me pasó nada muy grave que digamos, para bien o para mal...

También tuve la suerte de, dentro de todo, haber tenido una muy buena primaria. No tanto en el sentido educativo, que si la tuve por cierto, si no más bien en el sentido de compañerismo, he tenido muy buenos colegas por suerte.

Cuando finalicé la primaria mis padres habían decidido cambiarme de la escuela donde estaba a un colegio experimental dependiente de la universidad nacional, lloré mucho porque no quería cambiarme a otro lado. Era en mí querida escuela donde estaban mis "hermanos y hermanas" que desde jardín los había acompañado, y ellos a mí, en sus caminos por la vida. Pero padres, padres son, me cambiaron de institución educativa a pesar de mis peticiones y negativas, lloriqueos, iniciales.

Pasaba por la pubertad, y no sé si seré yo pero realmente uno en aquella etapa, hasta bien entrada en la adolescencia, necesita de un muy buen apoyo comprensivo, tanto interno como externo, porque los valores se trastornan. Lo que ayer fue verdad, hoy es solo un engaño que te vendieron. La sociedad influye mucho en las personas, pero no nos olvidemos que ésta esta formada por individuos, personas, y que éstas pueden modificarla, no hace falta que sean muchos ya que solo uno puede cambiar a la historia, como Jesús, Buda y Mahoma.

En fin, pasaba la pubertad, fue difícil sostener los antiguos valores infantiles sin pensar que eran meras ilusiones idealistas, tonterías de una fantasía efímera, sin caer por ello en un complejo de Peter Pan, y asociarlas con el mundo al cual estaba entrando. No les dije como se llama el nuevo lugar donde asistiría a estudiar, se llama Instituto Técnico de la Universidad Nacional de Tucumán. Iba por la mañana y por la tarde de lunes a viernes, pero no todos los días iba doble turno, a veces solo por la mañana. Sí, en un principio no quería cambiarme, pero pronto me di cuenta que no era para tanto, aparte los cambios es algo que hay que aceptar en la vida.

En este instituto se estudiaba un año más que en la mayoría de las otras instituciones símiles. Hay una tradición en el instituto en la cual consiste en que los chicos del último año, los cuales se están por egresar, bautizan a los que ingresan ese año. Básicamente el bautismo nos forma y nos hace parte de esa gran institución, además de azotarnos, hacernos correr semidesnudos y tirarnos en una piscina llena de basura. Otra tradición, entre muchas, como es la de una revista del instituto que se hace dos veces por año por la gente del mismo instituto para el instituto, es que los chicos mayores, del primer año al cuarto, son tutores de los chicos menores, de los chicos de séptimo a noveno grado. Los tutores estudiantiles se encargan de guiar a los chicos, pupilos, por las tradiciones del colegio y enseñar que es ser "tuerca", así nos denominamos. También los sábados, generalmente, hacen convivencias a distintos lugares, como un parque, escalar el cerro, etcétera. Más tarde yo también me convertiría en tutor.

Yo era un alumno estrella pero de a poco, y muy rápido, eso fue cambiando. Ya no era el de antes, más allá de si es que lo vemos en un sentido heracliteano. Cuando ya estaba en mi segundo año en el instituto, octavo grado, hicimos un viaje de campamento a las mesadas. Fue el mejor campamento de mi vida. Parque Nacional “Campo de los Alisos”, muy bello lugar la verdad, en aquel campamento se esconde un secreto, no les diré cual,  perdón, pero es majestuoso, eso se los aseguro.

Había pasado el noveno grado, ahora estaba en primer año, tendría que elegir que orientación seguir, técnico mecánico eléctrico o maestro mayor de obras. Yo quería elegir el segundo pero mis padres me decían que elija el primero, decían que era de vagos la orientación que quería elegir, mi hermano había elegido esa orientación y no le habían dicho nada.

En ese año mis padres se habían separado, para mejor, desde mucho antes que se venían ya peleando. No me afecto mucho en realidad tal situación, además, como si fuera poco, conocí el primer rechazo amoroso ese mismo año. ¡Qué año!, pero al final no importa.

Entonces termine en mecánica, estuve dos años en un curso, luego me cambié a la otra división y allí pasé los otros dos años. El motivó de haberme cambiado de curso fue porque en la otra división estaban la mayoría de mis amigos, aunque bien en realidad fue porque quería alejarme de aquella figura femenina que me había rechazado, que durante mucho tiempo me había torturado y carcomido mi psique, aunque claro que ella no tenía ninguna culpa sino que todo era culpa de mi alma que sola se encerraba desde adentro, y por una razón bastante idiota habría que decir, pudiendo haber salido cuando hubiese querido, pero sufrir parece que yo quería. Un poco tonto era, y sigo siendo, pero el amor es amor, aunque en realidad a lo que sentí yo no se lo puede llamar amor, sino un engaño de una falsa idea de amor. El amor es otra cosa, no culpemos al amor por esto, culpémonos nosotros por no saber en que consiste el verdadero amor. Aquel amor que sentíamos de niño hacia nuestros padres, si es que tuvimos una infancia normal, aquel amor incondicional de un nene hacia el mundo, hacia un enemigo que, aunque bien podrían pelearse, al día siguiente, tal vez con un perdón, ya eran amigos.

El último año me era insoportable, no me gustaba para nada lo que hacía, era una bazofia todo aquello, ¿Mecánica?, a quién miento, nunca me gustaron los autos siquiera, aunque debo admitir que siempre me encontré fascinado por los robots. A mí me gustaban las construcciones, los rascacielos, aquellas maravillas privilegiadas de la arquitectura, aunque también la mecánica juega un papel importante allí, como así también la electricidad.

En el último año a mi me tocaba hacer el bautismo a los que ingresaron ese año, que lindo momento la verdad, debo decir que lloré. Sí, tal vez sea un poco sentimental.

Repetí el último año, además de vago no me llamaba la atención de lo que estudiaba, y que año elegí para que no me empiece a gustar, en realidad nunca me gustó pero le metía ganas. Terminé mi período secundario en un acelerado. 

El quedar de curso en el último año lo sentí como una humillación personal y me alejé de mis viejos colegas.

Siempre me sentí fascinado casi por todo, desde la astrofísica a la biología, desde el arte a la filosofía, este último me gustaba demasiado, especialmente porque fui influenciado mucho por mi hermano ya que él estudiaba eso en la facultad.

La verdad la materia no es lo importante, sino el maestro que la enseña. Tuve materias que en un principio tendrían que haber sido muy tediosas e irritables, pero fue la manera en como mis maestros ensañaban y la encaraban que le encontraba yo el gusto, mucho gusto a decir verdad. Como fue en el caso de historia con la maestra que ya ni me acuerdo como se llama, perdón, y en el caso de elementos de máquina con el profesor Bretone, me encantaba demasiado como enseñaban. También depende del alumno, ¿Por qué le encontré fascinación a esos profesores y no a otros?, y viceversa con mis compañeros. Otras maestros para destacar es el profesor Dode, pero ese era un chiflado, pero de los buenos, pero muy chiflado, y muy "odiable", pero eso no le quita que es todo un intelectual. Los profesores del taller de Electricidad también eran muy buenos, más que profesores eran cómicos, literalmente hablando, el favorito de la mayoría era Blasco, pero el nunca fue "bueno" conmigo que digamos, por eso mi favorito era Giannineto, él era más dócil conmigo y disponía de su tiempo para enseñarme, no como Blasco que me decía que “eso o aquello” ya tendría que saber, parecía que me odiaba aunque realmente nunca hubo indicios claro de ello, capas yo sea un neurótico...

Siempre me gustó llevar el pelo largo a pesar de que mis padres siempre me hacían cortármelo.

Después de aquello tardé un año entero, y más, en letargo y sedentarismo, para desarrollar "la filosofía".

Quién hubiera creído que Max Power entraría a filosofía a estudiarla en una universidad, y que desarrollaría la filosofía que daría de que hablar al mundo, ésta dirá, y dirá bien.

Antes que nada me gustaría visitar el monte Fuji, las flores de cerezo y el shinkansen, en aquel lugar mágico sobre la isla. Pero quien sabe que me preparará el futuro, capas incluso cambié totalmente mi manera de ser...

 

 

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