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7 min
Tensión en Marte
Ciencia Ficción |
06.06.15
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Sinopsis

Tensión en Marte

Por. Leandro Felipe Solarte Nates

-Base uno llamando a viajero uno…Base uno llamando a viajero uno- xxxrrrrttt…xxxrrrttt Cambio.      

-Aquí viajero tres, contestando a base uno…-Ok viajero tres, ¿cómo va la misión?…Cambio

-Vamos bien…cambio- 

-Queremos comunicarnos con los viajeros uno, dos y cuatro- cambio.

-Por el momento están explorando los alrededores de la nave y no los puedo comunicar…Cambio

-¿Igual que ayer? Los protocolos y la agenda no contemplaban esas salidas- cambio.

-Están muy entusiasmados…Uno está revisando los cultivos de plantas que dejó la misión anterior, dos estudia la evolución de los microorganismos y cuatro observa el espacio sideral con los receptores de rayos ultravioletas e infrarrojos- cambio, xxxrrrttt

-Mañana a esta hora, para el próximo reporte solicitamos contacto urgente con los compañeros de misión… sus familiares quieren hablar con ellos…xxxrrrttt

-Bien les informaré para que estén listos…cambio y fuera

 A pesar de estar a centenares de miles de millas de aquel insignificante punto de origen que refulgía reflejando la luz del sol como uno más de los infinitos astros navegando en el espacio, Sean se sintió incomodo, poseído por los mismos sentimientos que lo acompañaron desde que era un niño y su religiosa madre mormona, a menudo lo hacía sentir como un miserable pecador, condenado a chamuscarse eternamente en el infierno, si no cumplía sus órdenes. El no hacer sus tareas a tiempo, el dejar el cuarto desordenado, el no recoger las hojas caídas de los árboles en el otoño, el ver películas donde los personajes se agarraban a puños, tiros y los hombres y mujeres se besaban, acariciaban y hacían el amor desenfrenadamente, eran motivo suficiente para tener asegurado un cupo en el palco de honor del infierno al lado de Satanas, Belcebu, Lucifer y todo el estado mayor de la diablesía, según su madre y tal vez por eso y por llevarle la contraria, se aficionó a ver películas de detectives y crímenes, cuando su madre se iba a trabajar en el templo de Ohama, su pueblo.

Desde que era un niño, las matemáticas elementales, que le enseñó su padre, para él eran un juego que no presentaba mayores tropiezos y por eso deslumbró a los profesores de primaria que empezaron a mirarle como animal raro y lo tildaban de ‘genio’, cuando  resolvió problemas que ellos no entendían fácilmente y tardaban o no podían dilucidar. Gracias a esta particularidad fue becado al cumplir 7 años y sus estudios desde ese momento y condiciones de vida cambiaron radicalmente cuando los profesores de preuniversitario lo convencieron de abandonar el hogar paterno y  fuera a estudiar sin contratiempos, matemáticas avanzadas e ingenierías electrónica, de sistemas y espacial al M.I.T. de Boston, donde al igual que en los años de infancia en la escuela elemental de Omaha, le fue fácil hacer amigos; pero a menudo enfrentó problemas con ellos al liarse a trompadas y patadas, cuando jugando futbol americano o baloncesto lo golpeaban rudamente o hacían una jugada que no le gustaba. En sus años de universidad gracias a los consejos de Mrs Smith la sicóloga pudo controlar esos instintos y llevar sin intemperancias ni sobresaltos la amistad con sus compañeros de estudio y juego, controlando esas explosiones de violencia instantánea y en especial alegrando su vida al conocer a Marilyn, la estudiante de astrofísica de la que se enamoró perdidamente y con la que vivió una relación feliz, a punto de coronar en el matrimonio y como soñaba ella, “con una familia de dos niños y dos niñas creciendo en una amplia y hermosa mansión campestre, con piscina, lago, llena de patos, gansos, cisnes y rodeada de perros, gatos, caballos, gallinas, aves de vistosos plumajes y hermosos cantos”, hasta que el fracaso de la tercera misión se la llevó a bordear la capa de ozono, convertida en humo y cenizas, cuando por descuido de mantenimiento,  días antes del lanzamiento del cohete con la nave en la punta, dejaron mal conectado un cable generador del incendio que la explotó en una nube de candela, chatarra y humo negro a 30 kilómetros de la plataforma de lanzamiento en Cabo Cañaveral.

No creía que a millones de kilómetros de la tierra conservara los mismos sentimientos de culpa que le infundió su madre desde la niñez, pues estaba seguro que la justicia terrestre no llegaría a cobrarle cuentas; pero si la de su conciencia que lo acompañaría en la tierra y en el cielo y en este peladero de arena amarilla, donde sus antecesores habrían logrado crear los primeros invernaderos para sembrar hortalizas, y también bacterias que en simbiosis con otras favorecerían el crecimiento de otras formas de vida más complejas; pero que a pesar de estos pequeños logros, después de años y millones de dólares en investigación y planeación de los viajes espaciales, no podría compararse con la tierra, un paraíso verde que los ambiciosos de riqueza y poder estaban empeñados en destruir y convertirlo en otro infierno de arena amarilla y aterradores fríos nocturnos y abrazadores calores de día, como era el Marte en el que estaba perdido y que sus coterráneos esperaban convertirlo en la Tierra que estaban convirtiendo aceleradamente en su espejo, talando selvas, envenenando ríos, mares y el aire, acabando con las especies animales, vegetales y microorganismos, cegados por la codicia.  

 

--¡Mándenme al FBI interplanetario!-, se escuchaba la voz desafiante de Sean, el ingeniero espacial, electrónico y experto en sistemas, subcomandante de la quinta expedición a Marte, enviada por la Nasa en el año 2040, cuando, gracias a los avances tecnológicos, el tiempo de viaje había sido reducido de dos a un año.

-¡Acá los espero con agradables sorpresas!- vociferaba, mientras Douglas, el comandante en tierra de la misión, miraba con estupefacción a sus compañeros de cabina, moviendo la cabeza de lado a lado y dándole vueltas al índice frente a su sien, indicándoles que estaba loco.

-Sí, los que me antecedieron pasaron a la historia después de construir albergues en este suelo rojizo, para poder vivir durante varios años; los de la segunda misión instalaron un laboratorio para reproducir vida bacteriana; los de la tercera lograron hacer germinar plantas y los de la cuarta fabricaron instrumentos y alimentos con la impresora 8D, ¡Yo me haré inmortal! por haber sido el primer asesino en serie de Marte.

 Me imagino cómo estarán los periodistas de todos los medios asediándolos con sus cámaras y las redes informáticas congestionadas buscando información y mi foto circulando en todas las pantallas como el sagrado rostro del “Gran hermano”.

-A Louis le corté la garganta con mi cuchillo. A Martha, le desconecté el tubo que le suministraba el aire desde el tanque, a Philiph le envenené los alimentos, a Adam lo acuchillé varias veces en el tórax y abdomen y a ustedes ¡Los espero con agradables sorpresas! Ahora, que me volví baquiano en estas soledades, donde no he podido encontrar una marciana que me haga compañía y con la que podamos crear la nueva raza que nos permita dominar todas las galaxias-.

-Para algo me sirvieron todas las historias de crímenes que me leí y las que me vi en Investigation Discovery, cuando era un niño solitario-

-¡Mándenme al FBI y a la Interpol interplanetarios para que recolecten evidencias en el escenario de los asesinatos! Acá los estoy esperando con la mini-bomba nuclear que me mandaron a ensayar, sabiendo que yo y mis compañeros seríamos las víctimas. Ya les ahorre el viacrucis  ¡Ahora vengan ustedes por mí, desgraciados hijueputas, malparidos!

 

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Escribo por necesidad de expresar lo que no puedo hablar con mis conocidos y otras personas que nos limitan con su presencia y nuestros temores y prejuicios. El papel nos permite contar historias sin las limitaciones de tener alguien al frente. Me ha gustado leer desde la niñez y empecé a intentar con la narrativa a mediados de la década del 70 del siglo pasado.Soy columnista de algunos periódicos regionales en Locombia. Publiqué mi primer libro "Relatos en busca de Título" en 2011 .

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