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16 min
Todos lo saben
Suspense |
19.10.18
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Sinopsis

Llovía como hacía tiempo que no llovía, pero él ni se inmutaba, simplemente no se movía de debajo de aquel árbol del parque. Hacía tiempo que no dormía. Tampoco se bañaba. Ni comía. Él sólo pensaba en lo que su hermano le dijo antes de irse; “ayúdame”.

Nía: ¿Tú también lo notas diferente, ¿verdad?

Eva: Sí…ya estaba raro desde hace unos meses, pero ahora…

Nía: Habla tú con él.

Eva: No, sabes que no me gusta hablar de su hermano con él, no soporto verle así.

Nía: Pues yo voy, no puede quedarse así para siempre.

Ellas siempre se habían preocupado por él, desde que eran pequeños. Sus madres eran buenas amigas antes de que ambas murieran en un accidente de tráfico, es por eso que se pasaban el día los tres juntos.

Nía: Philip, ¿estás bien?

Philip: (…)

Nía: Philip, háblame por favor.

Philip: ¿Qué quieres que te diga Nía?

Nía: Sé que es duro por lo que estás pasando, pero no puedes estar así por el resto de tu vida, debes de pasar página.

Philip en ese instante, le echó una de esas miradas que hielan hasta el corazón más caliente, la rabia y la sed de venganza era evidente en sus ojos.

Philip: ¿¡Que pase página?! ¿¡Cómo se te pasa por la cabeza siquiera decirme que pase página?! ¡Se lo han llevado Nía, ¿o es que no te das cuenta? Hay que buscarle, sea donde sea, me da igual que la policía diga que está muerto, iré yo a por él, no me importa lo que me pase, sólo lo quiero de vuelta…

Nía: Te entiendo Philip, pero en este estado no vas a poder hacer nada por tu hermano. Ven, pasa a mi casa, Eva también está preocupada por ti.

Philip: De acuerdo…

Nía y Eva vivían en el mismo edificio, y estaban a una calle o dos de la casa de Philip, es por eso que siempre que podían, salían juntos al parque del barrio.

 

Al subir a la casa de Nía, Philip se fijó en que la puerta de la casa de la señora Petra estaba entre abierta, pero no le dio mayor importancia, ya que la pobre tenía cierta edad y se le podía haber quedado abierta.

Eva: Hola Philip, ¿estás mejor?

Philip: Sí, gracias…

Nía: No te preocupes, verás como todo sale bien, ¿vale?

Philip: ¿Cómo estás tan segura?

Nía: ¿Cuándo te he mentido yo?

Mientras Philip y Eva charlaban, Nía se acerca con un postre de chocolate, aparentemente casero y al que le falta un pequeño trozo.

Philip: Qué buena pinta, ¿lo has hecho tú?

Nía: No, me lo ha traído la señora Petra, que se iba de viaje y me quería dejar un postre porque según ella “los jóvenes no comemos con contundencia”.

Philip: Es verdad que las personas no cambian, lleva desde que teníamos 8 años diciéndonos lo mismo.

Nía: Al menos tú no la tienes tan cerca como yo…que cada semana me trae un menú diferente, que si judías con “nosequé”, que si crema de “nosecuanto”…

Philip: Entonces deberías de estar agradecida de que te haya traído un postre hoy, ¿no? (Philip sonríe)

Nía: Sí…supongo. Pero de todas formas no me lo ha traído hoy, ella se fue de viaje hace 4 o 5 días.

Philip: ¿Qué? ¿Entonces por qué estaba su puerta entreabierta?

Nía: ¿Entreabierta? ¿Estás seguro?

Philip: Sí.

Eva: Tal vez deberíamos bajar a comprobar que no le han entrado a robar.

Philip: Tienes razón, vamos.

Philip cogió el cuchillo que iban a usar para cortar el postre y bajaron, pero para su sorpresa, la puerta estaba cerrada.

Eva: ¿Pero estás seguro de que la puerta estaba abierta?

Philip: Que sí, ¿cuántas veces más tengo que repetírtelo?

Todos quedaron en silencio, como si cada uno esperara que alguien dijera una brillante idea.

Nía: Pues nada, subamos que tengo hambre y el postre me estaba haciendo “ojitos”.

Philip: ¿Y ya está? ¿Y si hay alguien dentro? ¿Y si le han robado a la señora Petra?

Nía: Cuando venga ya verá si le falta algo o no.

Eva: Creo que deberíamos llamar a la policía.

Philip: No, primero debemos llamar a la señora Petra. ¿Y si es algún familiar suyo o alguien que viene a regarle las plantas?

Nía: Es viuda, no tiene hijos, así que dudo que sea un familiar. Y lo de las plantas…cuando iba de pequeña recuerdo que decía que las plantas eran una tontería y una pérdida de tiempo.

Philip: De todas formas, deberíamos llamarla a ella antes de tomar medidas drásticas.

Nía: Está bien, yo la llamo que tengo su número guardado, no me preguntéis por qué.

*piiiiiiiiiiiiiip*…………*piiiiiiiiiiiip*………….*piiiiiiiiiiiiiip*………………*piiiiiiiiiiiiip*

Nía: No lo va a coger, está de viaje, es normal.

De repente, suena la voz temblorosa de un hombre.

- Di…¿diga?

Nía: Hola estaba buscando a Petra, resulta que nos hemos encon…

Eva: *susurra* ¿Por qué te callas?

Nía: Han colgado

Philip: ¿Petra te ha colgado?

Nía: No era Petra, era un hombre, pero su voz me resultaba…familiar.

Eva: Mejor subamos a tu casa, tenemos que hablar de esto.

Una brisa de aire frío les resbalaba por el cuello a la vez que subían las escaleras. A las paredes se les estaba cayendo la pintura. Había dos bombillas fundidas y una que parpadeaba. De pequeños siempre jugaban en la azotea del edificio, pero lleva precintada alrededor de cuatro años, desde que el marido de Petra, Matías, se suicidó tirándose desde ella. O eso es lo que los vecinos creían que había pasado.

 

Philip: Estás loca.

Nía: Piensa lo que quieras, estoy casi segura de que era su voz.

Eva: Casi.

Nía: Sé que no tiene sentido, pero se parecía mucho a la voz de Matías.

Philip: Sentido tendría, pero sólo si Matías no estuviera muerto. Y espera, ¿sabes qué? está muerto.

Nía: Dime algo que no sepa.

Philip: No era la voz de Matías.

Eva: Sólo hay una forma de saberlo. En el ayuntamiento tiene que haber un registro de defunciones, ¿no? Pues ya está, vamos y le echamos un vistazo.

Nía: Pues venga, no perdamos el tiempo.

 

Era un pueblo pequeño, todos se conocían. Se sabían todos los enamoramientos; qué marca de detergente compraba el vecino; las crisis de los pocos matrimonios que había; los problemas económicos del alcalde. Incluso los secretos, esos secretos por todos conocidos pero que nadie se atrevía a decir. O al menos hasta ahora.

 

Philip: Buenos días, veníamos a ver el registro de defunciones del pueblo.

Secretaria: Lo tenéis en la segunda planta, junto al resto de registros. Pero no lo podéis sacar del ayuntamiento, así que lo tenéis que consultar aquí.

Philip: Vale, muchas gracias.

Eva: A ver, registro de nacimientos, registro de matrimonios...aquí está, registro de defunciones.

Philip: ¿Y cuál es el apellido del señor Matías?

Nía: Contreras. Lo pone en su buzón.

Philip: Ya lo sabía, era para saber si estabais prestando atención.

*Eva y Nía se miran y ríen*

 

El techo de la sala estaba lleno de grietas y se notaba un fuerte olor a humedad. Desde que el alcalde había dejado el pueblo por asuntos "privados", los trabajadores del ayuntamiento habían dejado de cuidarlo como habían hecho hasta ahora.

 

Philip: Seguid mirando, tiene que estar por algún lado.

Nía: Philip, lo hemos revisado tres veces y no aparece por ningún lado.

Eva: No entiendo nada, se supone que en este registro tienen que estar todas las personas que han muerto en el pueblo.

Philip: A no ser...

Nía: ¿Qué estás pensando?

Philip: Nada, es una tontería, déjalo.

Nía: Dime.

Philip: ¿Y si el marido de Petra no murió realmente?

Eva: Déjate de tonterías, ¿cómo podría una persona mentir con la muerte de su marido?

Philip: Lo sé, pero si no sale en este registro significa que no ha muerto.

Nía: Espera...Philip ¿qué día desapareció tu hermano?

Philip: No desapareció, se lo llevaron.

Nía: Lo sé, lo sé, pero, ¿recuerdas que día fue?

Philip: Cómo no lo voy a recordar. El día 15 de marzo de hace dos años.

Nía: No puede ser.

Eva: ¿Qué pasa Nía?

Nía: Puede que sólo sea una macabra coincidencia, pero según la señora Petra, su marido se habría suicidado el día 15 de marzo de 1984, es decir, hace tres años.

Philip: Nía, ¿estás segura de lo que estás diciendo?

Nía: Segurísima, recuerdo que Petra tenía esa fecha escrita en una foto de su marido que tenía encima de la mesa de su cocina.

Philip: Algo está pasando aquí.

Eva: Chicos esto me está dando miedo.

Nía: Además, ¿sabéis qué día es hoy?

Eva, Nía y Philip: 11 de marzo.

 

Se hizo el silencio. De fondo se escuchaban gotas cayendo sobre la alfombra de terciopelo que se encontraba enfrente de la puerta del alcalde. Nadie quería decir nada. Todos salieron del ayuntamiento con un mismo pensamiento, pero con el miedo a que lo que estaba pasando fuera real. Desearían pellizcarse y despertar, y que John y Matías siguieran vivos.

 

 Philip: ¿Qué se supone que tenemos que hacer ahora?

Nía: No lo sé Philip, pero algo tenemos que hacer, eso está claro.

Eva: A ver, vamos a recopilar lo que tenemos; el día 15 de marzo de 1984, el marido de Petra supuestamente se suicida, pero en los registros no aparece su muerte; exactamente un año después, secuestran al hermano de Philip y la policía insiste en que lo más probable es que esté muerto. Además, la señora Petra se va de viaje, pero nos encontramos con la puerta de su casa abierta. Algo pasa aquí.

Philip: ¿Eva, tú por donde crees que debemos empezar?

Eva: Se me pasa una cosa por la cabeza, pero es un poco...ilegal.

Nía: ¿Ilegal? Eva, ¿eres tú?

Eva: A ver, se me ocurre ir al apartamento de la señora Petra a ver si encontramos algo que nos pueda ayudar.

Philip: ¿Y cómo entramos?

Eva: Sé que siempre deja una llave pegada debajo del buzón porque se le suelen olvidar al salir a comprar el pan por la mañana.

Philip: Está bien, vamos pues.

 

Hacía años que no se escuchaban pájaros en el pueblo. Simplemente se habían ido. Tal vez ni ellos soportaban estar ahí. Es como si la felicidad se hubiera esfumado, de la noche a la mañana.

 

Eva: Vale, ya tengo la llave. Nía, abre tú.

Nía: No, gracias, preferiría concederle este honor a Philip.

Philip: En fin, ya la abro yo. Intentad no hacer ruido al menos.

*Abren la puerta*

(?): No, no, no puede ser, ¡iros de aquí!

Eva: Esa voz...

Nía: ¿Petra? ¿Eres tú?

Petra: ¡¿Nía?! ¡¿Chicos se puede saber qué demonios estáis haciendo en mi casa?!

Philip: No entiendo nada, ¿usted no se había ido de viaje?

Petra: Eh...sí...esto...yo...

Eva: Tranquila Petra, lo sabemos todo...o bueno, casi todo.

Petra: ¿De qué estáis hablando?

Nía: Sabemos que su marido no se suicidó, y que está con usted aquí.

Petra: Ya veo...y ¿cómo lo habéis descubierto?

Philip: Todo empezó al ver su puerta abierta...

Petra: Si es que este hombre, que despistado es...sigue contándome hijo.

Philip: Después empezamos a pensar...y fuimos a ver los registros de defunciones y no encontramos a su marido...

Petra: Ajá...siempre habéis sido muy listos, desde pequeños. Todo el rato juntos, sin ninguna maldad, teníais enamoradas a vuestras madres.

Tras un largo silencio, Philip se atreve a hablar.

Philip: Señora Petra, díganos, ¿qué es lo que pasa el 15 de marzo?

Petra: Bueno, yo no os lo voy a contar, que os lo cuente mi marido...

Matías: Hola chicos, siento haberos dado tantas molestias.

Eva: Por favor, cuéntenoslo TODO.

Matías: Por donde empiezo...

 

A pesar de haber fingido su muerte dos años atrás, el señor Matías tenía muy buen aspecto. Bueno, todo el buen aspecto que puede tener un señor de 70 años.

Al parecer se había escondido en su casa sin salir durante esos dos años, hasta ese día, en el que salió para recoger las cartas del buzón, con la mala suerte de que se le quedó la puerta abierta. Ese mismo día, tuvo la osadía de atreverse a responder el teléfono, aún a sabiendas de que tenía que fingir su muerte por el resto de su vida, pero para su gracia o desgracia, quienes llamaban ya sabemos todos quienes eran.

 

Philip: A ver si me he enterado de todo... ¿hay una especie de secta en el pueblo que todos los 15 de marzo de todos los años se llevan a una persona?

Matías: Así es, al parecer llevan haciéndolo alrededor de diez años. Todos lo saben en el pueblo, pero nadie se atreve a avisar a las autoridades, aunque yo sospecho que ellos son conscientes de esto.

Philip: Pero, ¿por qué fingió su muerte entonces?

Matías: Al parecer, si la persona que quieren llevarse muere antes de la noche del 15 de marzo, no se pueden llevar a otra persona. Es por eso que fingí mi propia muerte.

Nía: Pero, ¿cómo sabía usted que ese año le iba a tocar? Es decir, ¿sabe de qué forma eligen a las personas o algo por el estilo?

Matías: Sí y no. Yo no estaba cien por cien seguro de que ese año me iba a tocar a mí, pero era más que probable. Esta secta utiliza un método poco convencional para seleccionar a las personas que se llevan. Son personas que tienen lazos de sangre con el fundador del pueblo. Mi abuela se casó con el bisnieto del fundador, y tú Philip, al igual que tu hermano, también tienes su sangre.

Philip: Pero... ¿está seguro de eso?

Matías: Me temo que sí.

Eva: Señor, hoy es 11 de marzo.

Matías: Lo sé hija, lo sé...

Nía: Tiene que haber una forma de parar a esa gente. Y también de encontrar al hermano de Philip.

Matías: Ya sabéis la única forma de pararles...fingir la muerte.

Nía: Tiene que haber otra forma. Seguro que la hay.

Matías: En cuanto a lo de encontrar al tu hermano Philip, sólo hay una forma. Aunque es demasiado arriesgada y con un porcentaje muy bajo de que salga bien.

Philip: No me importa lo que tenga que hacer, sólo lo quiero de vuelta.

Matías: La única forma es ser llevado por la secta. Una vez allí, tratar de escapar con tu hermano.

Nía: Pero si nadie ha logrado escapar de ellos, será por algo, digo yo.

Matías: Esa es una opción, pero piénsalo, son una secta. Su fin es comerle la cabeza a la gente, tal vez sea por eso por lo que nadie ha vuelto.

Nía: Está bien... ¿y sabe a quién se va a llevar este año?

Matías: Sí, pero prometedme que cuando os lo diga no vais a hacer ninguna locura.

Nía, Philip y Eva se miran y asienten.

Matías: Está bien, os lo diré. Se van a llevar a uno de vosotros tres.

 

 

Capítulo 2

Secretaria: Señor, ¿puedo pasar?

Alcalde: Adelante, ¿qué pasa?

Secretaria: Señor, unos jóvenes han venido esta mañana a buscar algo en el registro de defunciones, pero no me han dicho el qué.

Alcalde: ¿En el registro de defunciones? ¿Sabes quiénes eran?

Secretaria: Creo que uno de ellos era Philip, el hermano del chico desaparecido.

Alcalde: …

Secretaria: ¿Está bien, señor?

Alcalde: Por supuesto, ¿por qué no iba a estar bien? Todo está bajo control. No pasa nada.

Secretaria: De acuerdo… ¿desea que haga algo

Alcalde: De hecho, sí. Quiero que me traigas al despacho todos los registros. Si alguien vuelve a preguntar por ellos diles cualquier cosa, que los estamos actualizando o lo que se te ocurra.

Secretaria: ¿Puedo preguntar por qué, señor? Los registros deben estar a disposición de todos los habitantes…

Alcalde: Haz lo que te he dicho y no se hable más.

Secretaria: De acuerdo, señor…

 

En la plaza del pueblo se reunían religiosamente todas las tardes las mismas señoras de siempre. No hablaban con nadie, nadie hablaba con ellas. Simplemente se sentaban en los bancos de la plaza y observaban a la gente pasar. Existen incluso leyendas de que estas señoras son brujas y que, si te metes con ellas, desaparecerías al cabo del tiempo. Simples leyendas, claro…

 

En la casa de Nía.

Philip: Bien, ¿cuál es el plan?

Nía: No sé, pero se nos tiene que ocurrir algo, y ya.

Eva: Yo estoy bloqueada. Todavía no me creo que Matías esté vivo, y esa historia que nos contó…

Nía: ¿Acaso no le crees?

Eva: Creo que es una persona que ha vivido mucho y que a lo mejor se está empezando a inventar cosas…

Philip: Pero, ¿cómo puedes decir eso? Es la única pista que tengo de mi hermano, sea mentira o no, voy a investigar el tema a fondo, y agradecería que me ayudarais también.

Eva: Claro que te vamos a ayudar Philip, simplemente digo lo que pienso.

Nía: Bueno, aún así tenemos que encontrar un plan.

Philip: A mí se me ocurre algo. Es lo único que podemos hacer ahora mismo.

Eva: ¿El qué?

Philip: Matías dijo que llevaban haciendo esto más o menos diez años. Siempre el mismo día. Podríamos volver al ayuntamiento y revisar otra vez el registro en busca de personas que hayan muerto o desaparecido el día 15 de marzo. Así podemos preguntarle a sus familias sobre el tema.

Nía: Buena idea, vayamos antes de que cierre.

 

En el ayuntamiento

 

Philip: ¡¿Cómo?! Pero si esta mañana los hemos revisado y no ha habido ningún problema. ¿Por qué no podemos revisarlos ahora?

Secretaria: Lo siento chicos, pero es imposible, volved dentro de 6 días y posiblemente ya los tengamos disponibles otra vez.

Nía: ¡Esto es indignante! ¡Sólo necesitamos verlos 10 minutos!

Secretaria: Me temo que no puedo hacer nada. Tenéis que iros, en breve tenemos que cerrar.

Nía, Philip y Eva salen del ayuntamiento mientras murmuran.

El alcalde, que estaba escuchando la conversación desde detrás de la puerta de su despacho, comienza a tachar, con un bolígrafo rojo, datos en el registro de defunciones.

Eva: Vale, ¿y ahora qué? Era la única pista que teníamos, y resulta que no podemos ni verla.

Philip: ¿No os ha parecido raro?

Eva: Sí, que injusto que tengan que actualizar los registros hoy.

Philip: No, no me refiero a eso. ¿Por qué dijo que volviéramos dentro de 6 días exactamente? Podría haber dicho una semana o cualquier otra cosa, pero dijo 6 días.

Nía: Dentro de 5 días es 16. Por lo que ya no nos serviría de nada.

Philip: Esto no puede ser una casualidad. Estoy seguro que el ayuntamiento tiene algo que ver con esto. Esto es mucho más grande de lo que parecía.

Eva: A ver, puede que sólo sea una coincidencia.

Nía: Pero…

Philip: Tienes razón, puede que sólo sea una coincidencia, pero es una coincidencia muy extraña.

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