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2 min
tonterías en perspectiva
Reflexiones |
16.12.08
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Sinopsis

en fin, tendremos que perdonarnos

Hace tiempo entendí, que las personas sólo se sentían plenas en un ataque de euforia. Euforia efímera. Euforia fundamental, frugal, fantástica, frenética. Euforia fraudulenta. La resaca tras la felicidad es un vacío inexpugnable, inexplicable, insoportable. Un vacío consciente, consentido y reconfortante.

Buscamos incansablemente lo que falta, que siempre es algo. Esperamos que llame a la puerta, y cuando entra sin llamar (felicidad maravillosamente incorrecta) no la hacemos pasar. Y si no era eso. Y si después de tomarnos un café con ella sigue habiendo agujeros llenos de cosas que no están. Y si perdemos un sueño por perseguir, y si nos quedamos sin algo que encontrar. Los hombres viven tratando de encontrar cosas, sólo por el placer de buscar.

Las personas se despiertan sobresaltadas después de que quién ocupa sus anhelos les dice, mirándole fijamente a los ojos, en sueños, que no merecían la pena.

Las personas dejan de tener miedo cuando encuentran. Y entonces empiezan a tener miedo por si un desencuentro, un desperfecto, les hace perder la felicidad. Un miedo intenso y desesperante que les hace desvivir, no dormir, malsoñar. Condenadas a no disfrutar.

Las personas se imponen códigos de conducta que violan contínuamente porque nunca hicieron falta. Una disciplina autoimpuesta, infundada. Una pantomima innecesaria que se convierte en desobediencia puntual.

Las personas culpan a la vida, al tiempo, a la puta casualidad. En un mundo donde a menudo se concluye que no cabe concluir nada, de pronto se echa la vista atrás.

Y entonces no hay azar ni destino
No hay lógica, ni ilógica, ni ciencia, ni instrucciones de manual.
Ni presentimiento, ni resentimiento (sólo el consentido).

Cuando el sinsentido cobra sentido, entonces somos felices; porque caminamos al ritmo de la tranquilidad.
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