cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

7 min
Twinkle Twinkle Little Star
Terror |
26.07.16
  • 5
  • 0
  • 352
Sinopsis

Juan Torviscano dormía plácidamente en su cama mientras las cortinas de su ventana entreabierta se paseaban con disimulo a la luz de la casi luna llena. La habitación estaba silenciosa salvo por un ruido atroz, un hilillo de voz que se escuchaba al fondo de la gran casa en el campo, como un grito, agonizante y metálico, desesperado por salir de un lugar. En el gran caserío había una puerta de madera que bajaba a un gran sótano con telarañas, moho, humedad y lo que es más importante para contar esta leyenda que no me contaron hace mucho: Niños, De todas las edades, adolescentes, jóvenes, pequeños e incluso bebés. Una colección muy surtida que nuestro personaje escogía cuidadosamente cada noche en las puertas de sus respectivas casas.

Los niños, estaban colocados en celdas de madera y todas las noches, a las tres y treinta y tres, uno de ellos, moría con las técnicas más horribles mientras los demás asistían a la ejecución, después el hombre metía lo que quedaba de cadáver del chaval y los cocinaba, dándoselo a los jóvenes restantes de comer; así hasta que otra manada de niños y adolescentes llegaba al mes siguiente, coincidiendo con la luna llena y haciendo especial énfasis al último chaval que iba a ser ejecutado según un ritual satánico.

Quedaba solo un día hasta que se pusiera de nuevo la luna llena y el reloj marcaba las tres y cuarto cuando automáticamente como si de un autómata se refiriera, se levantó de su cama, y bebió un vaso de agua. Acto seguido cogió su pistola de nueve milímetros y se la echó a su cartuchera mientras dudoso decía:
-Hoy creo que cogeré el cuchillo de carnicero, mata mucho más lento y yo disfruto más viendo como la sangre lentamente cae al suelo y me mancha a mí, sí, es divertido, ¿verdad José?.- Pero no había nadie en la habitación.
Dicho esto, cogió el gran cuchillo y bajó por las escaleras una a una, con siniestra sonrisa y cantando una canción que según creía, tranquilizaba a los jóvenes mientras venía así que como señal de aviso de todo lo que iba a suceder, empezó a cantar:
-Twinkle Twinkle Little Star- Abrió la puerta de madera chirriante y encendió la poca luz que había.
-How I wonder what you are- Bajó los tres primeros escalones, con una sonrisa aún más siniestra.
-Up above the world so high, like a dimond in the sky- Comenzó a reírse con intensidad, soltando al final varias risotadas más profundas y cuando acabó espetó -Ángel...¿Dónde estás pequeño hijo de puta negro? Voy a por ti...- mientras paso a paso, se movía hacia la celda del chaval de tez negra.
-Aquí estás, ven para acá vamos a jugar a una cosita...Yo te corto los brazos y tú me cantas el Twinkle Twinkle Little Star, vamos me encanta esa canción, no me lo niegues negro cabrón. ¿Qué dices José, que estoy loco? No, el loco eres tú, aparta, lo necesito, necesito matar.- Pero no había nadie en la habitación, tan solo los dos chicos angustiados, temblorosos y desorientados además de él.
-Vamos, ponte en el medio, cántame esa canción, quiero oírte, quiero que llores de dolor, me pone el dolor, ¿a ti no?, claro qué sabrás teniendo once años.- más risas profundas mientras maniataba al chico tembloroso. -No te muevas más vamos, no te va a hacer daño, dame tu muñeca, quiero ver tu sangre, quiero saborearla, quiero que me manches toda la camiseta.- El cuchillo sonó como este cortaba la carne del chaval y un hilo de sangre, que pronto se convirtió en un charco por el suelo, manchaba la camiseta del hombre de veintisiete años. Acto seguido, después de pasar la escamosa lengua por la profunda herida, el cuchillo hizo su recorrido por la barriga haciendo cortes suaves y luego más profundos hasta llegar al intestino grueso o eso parecía vérsele por la profunda herida, entre la sangre y las visceras. El chaval lloraba, lloraba de dolor mientras nuestro asesino metió la mano por la herida de la barriga hasta el fondo sacando los intestinos y jugando con ellos mientras reía a carcajadas y lloraba de la emoción. El chaval dejó de gritar en un instante y ya estaba muerto.

De repente entre el aullido del niño que no cesaba de gritar, una música funesta justo la que él cantaba comenzó a sonar por el lúgubre sótano.
-Twinkle Twinkle Little Star...
-¿Por qué cantas esa canción José? Es mi canción deja de cantar.- Pero José, siguió cantando con la mano derechas detrás de la espalda.-Deja de cantar a te mataré a ti también, ¡FUERA DE AQUÍ!-. Pero José seguía cantando con alegría esta canción. Cuando el horrible asesino se acercó con el cuchillo amenazante, José descubrió su mano y clavo un cuchillo que le atravesó la sien, de lleno, mientras un chorro de sangre le salió por la nariz, boca y la profunda herida.

Juan Torviscano yacía muerto en el suelo y su leal compañero, José, que había cometido el asesinato, desapareció, se esfumó de la habitación oscura; eso sí, antes de abrir la puerta al último chaval que quedaba con vida...
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

A la mañana siguiente la policía hizo fotos y muestras de todo tipo interrogando al chaval de lo que había pasado pero el chico estaba como ausente, abstraído e incluso violento. La policía haciendo acopio de las pruebas preguntó que si el asesino del secuestrador de niños llevaba la mano descubierta por qué no habían encontrado huellas dactilares y los más importante, por qué en el cuchillo, estaba una inscripción grabada donde rezaba: Twinkle Twinkle Little Star en color rojo oxidado. Sobre el asesino del cuchillo misterioso preguntaron qué forma tenía a lo que el niño impactado, con las cuentas de los ojos salientes y las manos temblorosas, se ponía a gritar cosas inconexas y sin sentido. Yo no lo maté respondía una y otra vez, fue esa cosa, ese monstruo, de verdad que no lo maté, lloraba el adolescente mientras daba golpes en la mesa.

Pasaron los años y el chaval presentaba trastornos esquizoides, depresivos y pesadillas recurrentes. Todas las noches, se despertaba a las tres y treinta y tres de la mañana recorrando esa horrible cara, indescriptible, horrorosa, terrible.

Todas las noches se acostaba a las tres y cuarenta y tres de la mañana con la idea de que fue Satán en persona, que embriagado de envidia y rencor por los crímenes que hacía el secuestrador y asesino en serie de niños, lo mató, para que no le quitara el primer puesto a el Diablo en persona.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 3
  • 4.75
  • -

Relatos que enmudecen el alma, y reclaman a mi ser.

Tienda

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta