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7 min
Un Castillo sin su Reina
Amor |
09.11.14
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Sinopsis

Las noches eran muy largas, la sensación de frio era constante, solo una pequeña manta me arropa recordanome continuamente que estaba solo, mirando aquel programa de televisión.

Las noches eran muy largas, la sensación de frio era constante, solo una pequeña manta me arropa recordanome continuamente que estaba solo, mirando aquel programa de televisión. A veces abría mi ventana para ver y oir como caia la lluvia intensa, como golpeaba en los tejados distantes. Solia ser un hombre soñador, pasional, esperando mi momento, un anhelo que permanecía dentro de mi corazón, custodiado en un salón lleno de vacío. Demasiado tarde para cerrar los ojos y divagar por mis fantasias sin caer en un sueño profundo.

Solía soñar a veces que vivia en un castillo, era el rey de una tierra sin nombre, cuyos inviernos cubrian de nieve todo el paisaje, en aquella estación donde el sol no estaba presente, las familias se cobijaban es sus casas para aguantar el duro invieneo. Me sentaba delante de la hoguera a pensar, entre paredes de piedra gelida intentaba sentir un calor familiar... una sensación que el castillo y su rey añoraban. Paseando por los largos pasillos empezaba a resignarme que el amor no llamaría a mi puerta, que moriría solo y sin haber amado de verdad. La soledad cambiaba la percepción de lo que me rodeaba, las tormentas de nieve cubrian la esperanza de un color blanco sin vida, herencia de un pasado incierto... desesperado el tiempo que en sus horas me cobijas, y es a ese mismo tiempo al que hablo, al que pido precisamente.... tiempo.

Pero una noche tuve una extraña visión, sentado en mi trono, pude vislumbrar un hermoso paisaje y en su profundidad una figura que parecía una mujer, oscura, a contraluz. Una visión que se adentraba por los poros de mi piel, algo confuso, sin apenas sentido... en ese momento no le di gran importancia, estaba confuso. Al día siguiente al despertar, mi primer pensamiento fues sobre aquella visión, y fue por algo. Comprendí que me resultaba familiar, en ese paisaje cuyos detalles recuerdo vagamente, mi padre solia llevarme para comerciar con otras comarcas. Un lugar tranquilo, donde apenas había aldeas, pero un lugar sereno donde tener ganado y tierras para cultivar, alejado de los conflictos de las grandes regiónes. Entonces lo vi claro, no debía pensarlo demasiado, no podía quedarme sentado y sin hacer nada, necesitaba saber la razón. Me aferré a ese vago haz de luz que me inspiraba ilusión. Debía esperar a que el invierno se fuera para despejar los caminos y emprender mi viaje seguro.

Fué duro, pero el frio y la nieve quedaron en el recuerdo, un sol brillante salió y el deshielo creaba hermosos manantiales que rodeaban mi reino, desde lo alto del castillo podía ver el final de mi territorio, una enorme llanura llena de vida y pastos, fertiles tierras donde cultivar nuestros alimentos, aldeas en armonía... Un pequeño imperio que carecía de sentido para mí, sin nadie con quien compartirlo, sin un heredero a quien enseñar mis valores. El pueblo parecía feliz, había comida suficiente, y yo tenía que empezar mi viaje a aquel misterioso paraje. En el camino solo me movería la esperanza, la intriga, la motivación por aquella figura cuyo rostro no pude distinguir.

Cien días y Cien noches a caballo por largos y extensos bosques, lugares a los que nunca pensé visitar. Las montañas de Corhum, inmensas, rodeadas por arcos de espesas nubes, te hacian sentir tan pequeño ante tal majestuosa obra de la tierra. Agotador viaje por interminables senderos me llevaron por fin al principio de aquel hermoso paisaje, Al atravesar la última hilera del angosto bosque, ahí estaba, de repente me vino todo al recuerdo, sin duda era aquel lugar. Ascendía montado sobre mi agotado corcel por la colina y podía contemplar una extensa llanura cubierta por un manto de flores amarillas y rojas, tan hermoso que no parecía real. Un pequeño mundo dentro de un mundo imperfecto, donde se podía respirar paz... En la lejanía se podia distinguir un pequeño rió que daba vida a todo aquel esplendor y una pequeña casa de madera a su lado, pero sin nadie alrededor. Una suave brisa hacia bailar a todo aquel manto de brotes tintados como si estuvieran anunciando mi llegada, un hálito que al llegar a rozar mi cara te hacía cerrar los ojos y suspirar de armonía. Estaba atardeciendo y el sol empezaba a esconderse tras la montaña, todo se teñia de un amarillo rojizo hermoso, una atardecer inigualable.

Alcé la vista sin saber hacia donde... y allí estaba, como en mi visión, dentro de ese precioso marco, una mujer recogiendo flores, el viento recorría su pelo largo y negro. Mi corazón palpitaba como nunca lo habia hecho antes, bajé de mi caballo y me acercaba caminando con pasos firmes, ella me vió, pero no se asustó, con las flores entre las manos dirijió sus ojos hacia mí, con mirada inocente y serena, cuando ya estaba tan cerca que podía apreciar su cara, no pude nunca imaginar una belleza tan grande, su piel era color  canela, ojos oscuros que penetran mi alma, me atrapaban con tanta fuerza que era imposible dejar de admirarlos, podía apreciar cada detalle de su cara, sus labios de color cereza se movieron para pronunciar mi nombre y seguidamente me dijo "he estado tanto tiempo esperando" su tierna voz hizo que me arrodillara ante ella, con lagrimas en los ojos pensaba que al fín llegó mi momento, que aquella mujer podría ser la que devolviera la felicidad a mi Corazón y a su fortaleza de piedra. Un pensamiento fugaz que ni siquiera se por que debía imaginarlo, pero era lo que mi corazón necesitaba en aquel momento, en esta vida, sin duda... Ella dejó caer el ramo al suelo, se sentó a mi lado y sin decir una palabra, me acaricó con su mano la mejilla, me secó las lagrimas y me miraba fijamente a los ojos con su increible tranquilidad, una pequeña sonrisa que parecía haber estado esperando años entre sus labios... y que por fín pudo enseñar, acercó mi cabeza a su cuello para abrazarme y apretarme fuerte, como si ella también hubiese estado esperando ese momento, como si hubiese tenido la misma visión que yo. pero que me estaba ocurriendo? que pasaba en mi pecho? en mi estomago?, sentia algo extraño, no era dolor, nunca habia experimentado esa sensación, sentí que ella respiraba hondo y entendía que eso era un cálido y hermoso cariño que salía de su interior. Que nunca se apartaría de mi, que todo se lo daría, Que sería la Reina de mi Castillo.

Me levanto inquieto del suelo, la tierra empieza a temblar, una especie de huracán empieza a consumirlo todo, como si el horizonte fuese un lienzo frágil sumergido en agua, el color de las flores se destiñe en un blanco y negro, siento frío, miedo, angustia, ella se aleja con la mano extendida, su cara empieza a cambiar, se entristece, llorando sin palabras, se aleja cada vez más y yo grito sin escuchar nada, ni mi propia voz, me cuesta respirar, el rio, la casa de madera, todo desaparece bajo mis pies dejando un espacio en negro, la nada mas absoluta, el silencio mas aterrador... Era perfecto, estaba en mis brazos...que sucede?

Despierto, sudando e inqquieto, mirando a mi alrededor, en la oscuridad de mi habitación me apresuro a encender la luz, vuelvo a la realidad, sentado en la cama pienso en las imágenes de aquel sueño, en la sensación que produce en mi pecho. Esta nohe no seguiré durmiendo, no seguiré soñando, pronto saldrá el sol y ya habrá acabado. Una noche cualquiera, una noche inquieta.

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    Las noches eran muy largas, la sensación de frio era constante, solo una pequeña manta me arropa recordanome continuamente que estaba solo, mirando aquel programa de televisión.

    Pequeño relato semi-erótico, de un encuentro espontáneo, intenso pero fugaz.

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