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6 min
Un cuento de Circo
Fantasía |
03.07.15
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Sinopsis

Un dueño de circo es visitado una mañana por un hombre cuya intención es que sus dos vulgares animalitos domésticos actúen en el circo. Al principio es rechazado por el dueño; pero luego cambia de opinión rotundamente. ¿Que le hizo cambiar de opinión?

Había un gallego que tenía un perro, el perro se llamaba Sócrates. También tenía una gallina, se llamaba Camila. Animalitos muy particulares...según su dueño, Domingo.

Sentado estaba Domingo en la puerta de su casa, cuando escuchó un gran alboroto no muy lejos de su casa, se levantó de su silla y desde unos doscientos metros pudo observar una caravana que pasaba por la esquina.

Era la época en que lo circos llegaban a los pueblos. Enjambres de chiquilines curiosos correteaban a la par de los carromatos y temerariamente osaban a levantar las lonas de las jaulas de los perezosos animales. Mientras a viva voz de altoparlantes se anunciaban espectáculos nunca vistos, acróbatas, malabaristas, leones asesinos y todo lo demás.

Ese mismo fin de semana,  Domingo fue al circo acompañado de sus dos animalitos. Ya en las cercanías, Domingo percibió el típico olor a alfalfa mezclado con orina rancia y excremento, típico de los circos.

─Buenos días. Saludó Domingo a un señor que le daba de beber a un elefante en un traqueteado y mugriento balde de madera.

─Buen día. Le contestó el señor sin mirarlo, en un acento medio raro.

─Ando buscando al dueño.

─Vaya y golpee en aquel trailer azul, el mas grande que está allá. Le señaló el hombre con la mano que no tenía el balde.

Toc. Toc.Toc.

¿Quién es? Soy Domingo y vengo a ofrecerle un negocio.

Se movió el carromato al son de unos pasos gigantes y en pocos segundos se abrió la puerta mostrando a un hombre muy alto, de panza tan enorme como sus bigotes.

Soy Francisco el dueño del circo. ¿En que lo puedo ayudar? Ah, veo que trajo compañía! Espetó el panzón que miró casi con desprecio la jaula casera construida con cañas tipo tacuara que encerraba apenas a una incómoda y resignada gallina bataraza. Al lado, manso y tranquilo, un perro marrón, bien común, que portaba un collar de cuero gastado, solo para indicar que tenía dueño.

Domingo, dejando a Sócrates atado en una estaca y a la gallina en su jaulita.─ Preguntó amablemente. ─ ¿Puedo pasar?

─Pase, pero no tengo mucho tiempo. Le lanzó Francisco observando de nuevo con recelo a los vulgares animalitos.

No sin dificultad, Domingo subió al carromato que tenía dos escalones que emitieron agudos chillidos al pisarlos.

─Señor Francisco, me presento, soy Domingo Antonio Jiménez Romero. 

─Al parecer por su acento usted es español. ¿Es así?

─Andaluz! Se apresuró Domingo a contestar. Nací en un pueblito del sur de Andalucía, Sahara de La Sierra. Dijo con orgullo y cierto dejo de nostalgia.

─ ¿Pero bueno hombre, que me quiere proponer? Preguntó Francisco mirando su reloj.

─Don Francisco, espero me permita llamarlo Paco como se les llama a los Franciscos por mis tierras.

─Le quiero presentar a dos animalitos que son una marav…

-¡No, no y no! ¡No siga por favor! Le espetó Francisco con intolerancia. Una gallina y un perro, por favor,  cuando este circo ─ que no será muy grande por cierto─ pero al menos cuenta con tigres de bengala, elefantes de Bombay, leones africanos y hasta un caballo de Troya…je je, esto último es una broma claro! ¡Lo que quiero decirle Domingo, con mucho respeto, es que sencillamente no me interesan para nada!  Que tenga un buen domingo, Domingo! Le soltó Francisco señalándole la puerta.

- ¡Es que estos animalitos son especiales!

- ¿Especiales?- No me haga reír, que pueden tener “de especiales” un perro y una gallina?-

─ ¡El perro cuenta y la gallina canta! Respondió Domingo sin titubeos.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .   . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 

Ja ja ja ¿El perro cuenta? Ja ja ja. Claro, guau (1), Guau-Guau (2).- ¡Noooo Domingo! ¡Ese truco es tan viejo como el circo! ¡Que tenga buen día Domingo!

─Cuenta como nosotros! Agregó Domingo mientras soportaba el amable empujón que le daba el panzón abriendo la puerta.

─ ¡Sócrates, cuéntale al señor!

Ante el asombro de Francisco, Sócrates comenzó con una hermosa voz de tenor: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis...

─¡¡¡Pare, pare, pare!!! – Gritó asombrado Paco. Porque ya se sentía amigo de Domingo.

─ ¡No lo pare!- Le reprendió Domingo, ya aprendió a contar hasta cincuenta.

─ ¡No importa! Respondió asombrado Paco. ─ ¡Increíble!  ¡Ya mismo firmamos un contrato!

─ ¡Ah no! ¡Sócrates sin  Camila no actúa! Espetó con voz firme Domingo.

Paco miró de reojo a la pobre gallina enjaulada y le dijo que si ─ como el sí que se les da a los locos ─  incluiría a la gallina en el contrato.

─ ¡Pero don Paco, ni me preguntó que hace la gallina!

─ ¡No importa! – Ya mismo hacemos el contrato, mire, tengo uno medio armado dijo abriendo un cajón de su escritorio, solo hay que llenar…

- ¡Pero don Paco! ¡Al menos escúchela! Ella canta.

─Está bien, la escucho, dijo Paco sin levantar la vista del papel del medio contrato.

A Paco se le aflojaron los dedos, la lapicera rodó por el escritorio al escuchar una voz primorosa, que parecía de Estela Rabal en sus buenos tiempos.

- ¶ ¶ Peeeercanta (1) queeeee me amurasteee, ¶♪ ¶♪ en lo mejor de mi viiiiida, ¶♪♫♫

Dejándome el alma heriiiiida y espina en el corazón….¶♪♫♫

─¡Increíble! Se levantó Paco de su escritorio, rompiendo el papel del contrato. ¡Ya no hay contrato, desde este momento seremos socios! ¡Seremos ricos! ¡ Muy riiiiicos !

─Pero antes, Domingo, me tiene que decir cuál es el truco; mi estimado socio. Dijo Paco remarcando la palabra socio. 

─Es que no hay truco don Paco.

─ ¡Domingo por favor! Llevo treinta años en este negocio, y me consta que hay truco.   ¡Solo dígamelo, nadie más lo sabrá, quedará entre nosotros!

─Es que no hay… bueno Paco, usted gana, en realidad si hay un truco.

Paco, sonriendo con aire de triunfo y agarrándose sus tiradores le dijo.─ Escucho socio y  amigo. ¿Cuál es el truco?

Domingo, con tono de vergüenza. ─Paco, …la gallina…la gallina… no canta.

─ ¿Que no canta? ¡Hombre, la escuché cantar de mil maravillas!

─ ¡ No Paco, ella no canta…en realidad…el perro es ventrílocuo!

 

  1. (1) Percanta. Argentinismo, lunfardo del tango. Significa mujer, amante, querida, concubina.
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Ingeniero electrónico de profesión. Leo mucho y escribo peor. Amo y practico tenis desde hace 40 años. Aun no aprendí.

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