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11 min
Un dia con Joel
Terror |
12.01.15
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Sinopsis

Solo tenía 4 años, cuando mi madre me corto por primera vez, fue con la navaja que usaba para afeitarse las piernas. Su motivo no lo sé muy bien, pero creo que fue porque perdió uno de sus anillos.

Solo tenía 4 años, cuando mi madre me corto por primera vez, fue con la navaja que usaba para afeitarse las piernas. Su motivo no lo sé muy bien, pero creo que fue porque perdió uno de sus anillos. Salió gritando de la habitación, ¡¿Dónde está mi anillo, maldito enano bastardo?! Creo que dijo algo más, pero... no lo entendí, mi madre se abalanzo sobre mí. Yo estaba en la sala, mirando la televisión, Chabelo, si mal no recuerdo, sentado frente al televisor, con mis piernas cruzadas y un muñeco destartalado de trapo que me dio mi madre unos años atrás. Sentí una presencia, pero la ignore por ver el programa. Cuando la oscuridad de su inmensa sombra me cubrió sentí sus uñas las enterró en mis pequeños y delgados brazos,  la sangre escurría por mis brazos, lo podía sentir... Me levanto y me arrojo, por la barra de la cocina, y me golpeé con la estufa, fisurando el cristal del horno. Me levanté aturdido, la sangre de mis brazos está secándose, pero de mi cabeza escurría mucha más. Todo está borroso desde ahí, solo recuerdo a mi madre llevándome al baño, y mostrándome la navaja, cortando donde fuera que pudiera alcanzarme. Desperté con un grito de dolor extremo, la maldita me vertió de su tequila sobre mí, el alcohol entraba en las heridas aun frescas, me retorcí de dolor, mientras reía, y me gritaba ¡¿Cállate, enano, o te matare, QUIERO MI ANILLO?! Me desmaye de dolor. 

Desperté en este lugar, es el sótano, amarrado con una cadena en mi pie a un tubo de agua, llevo aquí 8 años. Los que lean este diario, se preguntaran como aprendí a escribir. Aprendí desde muy pequeño, mi madre es maestra, me obligo a aprender a leer y a escribir cuando apenas tenía 3 años y medio. Además me lanza libros cada vez que puede, a mi rostro, algunos de ellos me han abierto la frente.  Solo puedo agradecerle eso a mi madre, enseñarme a escribir y a leer, ya que si no lo hubiera hecho, ahora mismo estaría en la senda de la locura.

 

Son las ocho treinta y cinco de la mañana, del veinticinco de marzo del 2008, lo sé porque mi madre está escuchando la radio a todo volumen. Mi hermano pequeño esta con ella. Escucho sus gritos, tanto los de mi madre como los de mi hermano Alex. Mientras escribo, le está dando una paliza, no puedo hacer nada para ayudarlo, DIOS ayudarlo por favor, no dejes que siga con esa mujer, has que me golpee a mí, que haga lo que quiera conmigo, pero no a Alex....

Mis pies siguen sangrando, en la zona donde debería tener dos dedos, el pequeño y el anterior, sus nombres no el recuerdo. Tengo mi cuello y parte de mi cara quemada, por capricho de mi madre, por gritar mientras me arrancaba los dedos con un tenedor, me tiro en sima el agua hirviendo de la sopa que preparaba, mientras con su asquerosa pierna me pisaba el rostro.

Alex sigue gritando, sus gritos resuenan en mi oído, como si estuviera  gritando juntó a mí.

Son las once con veinticinco  minutos. Alex está aquí  conmigo, mi madre lo empujó por las escaleras, callo cerca de míos pies. Un rayo de luz me iluminó, por un segundo, vi mí ropa, sucia desagarrada, con manchas de sangre. Después  vi a Alex, no se movía. Ignore el dolor de mi cuerpo y lo recogí. Mientras mi madre cerraba la puerta con un azote. Aquí esta Alex, mirando hacia arriba, sus ojos están en blanco, su ropa roída, está conmigo escribiendo, está aquí.

 

Son las 4 de la tarde, recosté a Alex, y lo cubrí con lo que quedaba de mi camisa. Trate de ver todas sus heridas. Su cuello roto crujía cuando  lo movía, estaba..., cerré sus ojos. El estómago tenía cortes irregulares, sus piernas tenían moretones, escurría sangre de su  ropa interior. La retiré  su pene no estaba se lo había arrancado, sus testículos estaban abiertos, parecían bolsas vacías.

Sequé  lo más que pude su ropa, lo vestí, y lo abrace, -Alex ya estás bien, te has librado, ya éstas con dios-.

 

Ya son las ocho con cuarenta minutos,  Alex empezó a decolorarse, ahora era blanco, un blanco sombrío, y me imagine que dentro de poco yo estaría con él.

Alex nunca vio la luz, lo encerró conmigo  cuando apenas supo caminar, jugábamos  juntos, trataba de que olvidara las palizas, lo hacia reír,  le contaba cuentos de aventuras, del exterior de programas de TV incluso.  Podía ver el brillo en sus ojos,  esperanza, alivio, consuelo, felicidad. Ahora Alex  está muerto. Estoy solo otra vez, mi hermano está a mis pies desgarrado, golpeado, humillado, muerto... Pero ahora es libre, eso me consuela.

 

Son las 12 de la noche,  hace más de 3 hrs de mi última palabra sobre esta pequeña libreta húmeda y carcomida por las ratas que me hacen compañía en las noches.  Tengo frio, miedo, y me siento satisfecho.

Sobre esta libreta voy a narrar lo sucedido las últimas horas, tengo que desahogarme. También serán mis últimas palabras, será mi último día en este mundo, cuando termine de escribir todo acabara para mí... Mi madre está muerta, la he matado. En mis manos, rostro y mi torso tengo sangre, tanto de mi hermano, como de mi madre. La he matado, he matado a la mujer que me dio y destruyo la vida. La mujer que mató no solo cualquier esperanza en mí, si no también mato a la persona que más quería en este mundo, un mundo de dolor...

Lo que sucedido fue esto; mi madre bajo las escaleras, mientras yo estaba tratando de no llorar por la muerte de Álex, luchando contra lo inevitable, podía sentir  como las lágrimas fluían de mis ojos,  y se escurrían por mis mejillas. 

Solo escuche a mi madre decir -¿Cómo está tu hermano infeliz, bueno para nada?-. Le conteste -Esta muerto maldita, lo torturaste y mataste sin razón-. Ella enfureció lo vi en sus ojos, su  cara se desfiguro en una cara irreconocible para mí, esa no era mi madre, si quiera era el monstruo que mató a Álex, era otra cosa, y esa cosa venia hacia mí.

Use mis talones para impulsarme hacia atrás, esa cosa se acercaba. Noté que había olvidado encender la luz...  tome pantorrilla, y la jalé lo más fuerte que pude, mi madre resbaló con ella,  callo y se golpeó la cabeza contra el tubo en el que me encadeno. El sonido de su cabeza contra el tubo, sigue sonando en mi cabeza...

Me apresure, la rabia en mi interior me inundaba.  Revisé las bolsas de su camisón, por suerte tenía las llaves, me libere.

Pude haber escapado, pude haber llamado a la policía, pude salir gritando. No lo hice solo por una razón, y la razón estaba en aquel piso sucio, ensangrentado, humillado y golpeado. Alex lo hice por él...

Tome la misma cadena  con la que me apreso y le aprese los brazos, con el mismo tubo. Corrí a la escalera, vi los testículos de Alex, tirados, eran 2 pequeñas esferas de carne.

Eso me enfureció mas, tome las sogas con las que nos solía amarrar, era gruesa y vieja, en muchas ocasiones me astillo y estrangulo con ella.  

La tome además de la radio, vi la hora eran las diez y cuarto pm, baje las escaleras y cada uno de sus pues, a los tubos que hay en las esquinas del sótano. Encendí la radio a todo volumen, no preste atención a lo que escuchaba, solo sabía que la canción era perfecta, era muy ruidosa.

Orine en su rostro para despertarla. Con su rostro mojado de orina amarilla, por la deshidratación que tengo, le di una bofetada con todas mis fuerzas. Ella grito -¡¿Que estás haciendo engendro del demonio?!-. La miré con dureza y asco. No le contesté. Tome la cadena y enrolle un pedazo en mi puño. Di unos pasos atrás, levante mi brazo, y la golpee con la cadena. La Cadena hizo un zumbido, y ella un sonido, un sonido de dientes rompiéndose. Mi madre gimió de dolor, no podía gritar, su mandíbula estaba rota por el golpe, y sus dientes, estaban en el piso. 

Comencé a vomitar, me tire al piso de rodillas, mi madre seguía gimiendo intensamente. Me levante, y con todo lo que me restaba de  fuerza, subí las escaleras, y tome un cuchillo de la mesa. Bajé las escaleras, y casi me resbalo en los últimos escalones. 

Vi a mi madre, amarrada, gimiendo sin dientes, sangrando por su boca. Mi rabia se incrementó, me acerque a su cabeza, le acomode  el cabello atrás de su oreja izquierda, y le dije -¿Qué se siente?-. Sus ojos se abrieron,  casi al punto que saliese de sus cuencas. Así que la ayude...

Tomé por el mango, lo enterré suavemente, y lo gire sobre su eje, ella gritó de dolor, pero era un grito que pudo haber desgarrado el corazón de cualquiera, excepto el mío, mi corazón, ya no existe.

Mi madre estaba llorando, con un ojo lloraba con lágrimas y con el otro lloraba con sangre... El comentarista de la radio, dio la hora de nuevo, eran las 11 en punto, decidí apresurarme  terminar con ella y con nuestro sufrimiento...

Agite el cuchillo tratando de limpiar lo más posible la sangre, me acerque a ella de nuevo, pero esta vez su mirada, era perdida, ahogada, sin emociones. Eso me enfureció aún más, ella tenía que pagar por lo que nos hizo a mí y a Alex, sobre todo a Alex.

Solté el cuchillo, me perfile y cerré mi puño, y la golpeé en sus costillas, ella gimió de nuevo. La golpeé repetidas veces hasta la fatiga, que llego no mucho tiempo después.  De cansancio caí de espaldas, solo mis glúteos me sostuvieron. Tomé un minuto para respirar...

Ese minuto, paso lento,  como si el tiempo corriera despacio. Mire al techo y callo sobre mi nariz una gota de agua. Me viré hacia mi madre, apenas consciente. Tome el cuchillo, y lo enterré en su estómago, he inmediatamente  corte hacia abajo, vi su interior por un momento, sus viseras me asquearon.  Di un paso atrás cuando empezaron a salirse sus intestinos. Pero seguía viva...

Antes de ver como se le desvanecía la vida, la tome del cuello y se lo corté, un chorro de sangre que ahora se está secando en mi pecho. Tengo miedo de lo que voy a hacer. Pero no tengo miedo de adónde voy a ir.  Sé que iré al infierno, sé que lo que hice no tiene perdón, sé que mi madre me acompañará... Antes de acabar con mi vida, debo decir esto; si alguien logra leer esto, espero hacerlo reflexionar, o al menos pensar un poco, " Si una madre no quiere a su hijo, ¿Él hijo debe quererla?", si has leído todo lo que he escrito, un joven muchacho, que sufrió, no conoció la vida, y vio morir a la persona que más quería, a manos de una mujer a la que se supone debió de cuidarnos... La respuesta es no, yo no quiero  a mi madre, y la niego como tal, no tiene perdón ni lo que nos hizo ni lo que yo le hice. Sólo espero que todo el dolor, sufrimiento y angustia que he sentido, nadie más lo sufra... 

 

Es hora, son las dos am, del 26 de marzo del 2008, la vida, es extraña ojalá en la muerte, consiga paz, ojalá... espero que dios me perdone, aún tengo una pequeña casi diminuta esperanza. 

Estoy sentado a la derecha de mi madre, sus entrañas apestan, he traído a Alex  a mi izquierda, el cuchillo con el que desoye a mi madre está en mis pies... Dios perdóname.....

 

EXTRACTO DE PERIÓDICOS REGIONALES

 

LUNA VIGÍA FECHA 27 DE MARZO DE 2008

 

MADRE ENCONTRADA MUERTA JUNTO A SUS 2 HIJOS, Se han encontrado los cadáveres de una mujer de nombre Eliza Delfino (maestra de literatura en un jardín de infancia cerca de su domicilio), y sus hijos  Joel Delfino y Alex Delfino. Las autoridades nos informan, que la madre fue víctima de una brutal, tortura, a manos de su hijo mayor Joel, quien ha dejado una nota, pero las autoridades no nos han permitido, verla; Seguiremos informado.

 

LUNA VIGÍA FECHA 30 DE MARZO DE 2008

 

CARTA DE SUICIDO DEL JOVEN JOEL, INCRIMINA A SU MADRE. Hace unos días informamos, sobre la muerte de Eliza Delfino y sus hijos. La policía nos ha dado acceso a la carta de suicidio, y además, nos ha dicho, que la casa de Eliza, estaba hecha para torturar.

  1. Las autoridades no tienes dudas de los actos de Eliza, tenía más de cuarenta grabaciones torturando a sus hijos, y en la penúltima entrada se ve como mata su hijo menor. Un informante de la policía, dijo que en la última grabación, se puede ver a Joel, tomando la cuerda y el cuchillo, lo que rectifica lo dicho por Joel. Descansa en paz Joel, esperamos que estés donde estés logres la paz.

Fin.

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Cuando leo y escribo mi mente se aclara mi alma da un respiro y entiendo que no hay limites. Ohh y nada de lo que escribo en realidad me ha pasado, normalmente escribo mis pesadillas o en ocasiones mis sueños.

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