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11 min
UN DÍA EN LA CIUDAD FRACCIONAL
Infantiles |
13.02.14
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Sinopsis

El relato narra, cómo indica el título, el transcurso de un día en la Ciudad Fraccional.

Un miércoles tal cual ,en la escuela secundaria de los números, el profesor 10 decidió ir con sus diez alumnos más privilegiados de paseo a la Ciudad Fraccional. Al oír la noticia todos los alumnos vitorearon al profesor. Hacia tiempo que no salían de la ciudad principal del planeta numérico, Numerlandis, y las clases ,al ser alumnos aventajados, eran cada vez más sencillas. El profesor lo notaba y le costaba preparar trabajos a estos alumnos, así que, por una parte era un alivio poder realizar esa excursión. A las nueve en punto los alumnos vieron llegar el autobús. Todos ,excepto la ricachona Seis que iba en su yet privado, montaron y se pusieron en parejas. Pero al ser impares Cero se quedo solo mascando su chicle y dándose aires de rey. Ocho y Cuatro estaban loquitas por el y se sentaron cerca .Cuatro empezó al momento a echarle los tejos intentando llamar su atención. En cambio Ocho, muy lanzada ella, se puso en su regazo y besó a Zero ante la sorpresa de todos. Al separarse Cuatro se olvido de su amistad y se lanzó sobre ella. Las dos rodaron por el suelo hasta los pies del profesor que las castigo a cada una en un asiento. A los pocos minutos volvían a ser amigas. Dos y Cinco jugaban con la mejor maquina salida en el mercado y luchaban entre ellos haber quien jugaba en cada momento. Nueve y Uno jugaban a piedra papel y tijera. El que ganaba tiraba con su tirachinas piedras a un alumno y que el perdía se lo tiraba al profesor o al conductor. Por otro lado Tres y Siete hacían “sudokus” y problemas fraccionales para pasar el rato. De repente una piedra alcanzó a Tres que gimió de dolor. Siete enfurecido comenzó a gritar operaciones y respuestas matemáticas de una forma ininteligible. Después de calmarse intentó golpear con la piedra a Uno, que reía a pierna suelta en su asiento, pero falló y quedó en ridículo delante de todos. Muerto de verguenza decidió que ya se vengaría.

Una hora después llegaron a su destino: la Ciudad Fraccional se hallaba en mejor estado que hacía tres años. Volando salieron del vehículo y se pusieron a observar los grandes rascacielos entrelazados por números fraccionales, atónitos admiraron el estanque repleto de números decimales, la venta de los

números enteros más nueva en “Numerlandis”, la pista de escalada numérica, la noria más vertiginosa echa de seguidas especiales... Antes de que nadie pudiera detenerlos los jóvenes números corrieron cada uno en una dirección. A penas llegó hasta sus oídos la advertencia del profesor de que volvieran a las ocho y media a ese mismo lugar.

Zero se encaminó tranquilo hacia el banco más cercano y miró en su cartera cuentos “numelos” tenía para gastar. Solo encontró 15 “numelos” y eso hizo que chasqueara la lengua con disgusto. Con ese dinero no podría comprarse la entrada para ver la película “ Juliet y el misterio de los números asesinados”. Se levanto y pensó lo que podía hacer.

Mientras tanto Ocho y Cuatro buscaban sin descanso a Seis. Su yet no estaba y ella no daba señales de vida. Querían pedirle un poco de dinero para poder ir al glamouroso edificio central de la ciudad donde estaban los más famosos matemáticos de “Numerlandis” exponiendo algo que desconocían. Iban por conocer a estos talentos, para deleitarse en buena compañía y para buscar a algún joven promesa del que enamorarse.

Zero las vio a lo lejos y recordó el beso de Ocho. La verdad es que esa chica le gustaba. Y en ese momento supo lo que haría.

En la noria de la ciudad fraccional se divertía Uno. Nueve más miedoso de lo que aparentaba no había querido montar. Uno miró para abajo. Hay estaba Nueve tirando con su tirachinas piedras a todos los números que se encontraba. De repente observando atentamente a su amigo y riendo de su puntería un papel cayó a sus pie. Uno se agachó y lo miró atentamente. Se trataba de una nota. Un reto a ser más exactos. Alguien lo desafiaba a una prueba: conseguir atravesar un laberinto cerca de la noria. Debía pasar un buen puñado de pruebas matemáticas y encontrar la salida. Nueve rió con ganas. Sería pan comida. Cuando bajó de la noria ,después de un eléctrico viaje, se encaminó hacia el laberinto. Intentó llamar a Nueve pero este había desaparecido sin dejar rastro.

Unos metros más lejos Tres y Siete miraban maliciosamente a Uno que se encaminaba hacía la trampa. Su venganza había comenzado.

Después de mucho buscar ,Zero ,por fin, consiguió encontrar a Dos y a Cinco. Los dos muchachos seguían jugando con su consola y no se dejaban impresionar por la magnifica ciudad que se extendía a su alrededor. Zero se ocultó tras un banco y cuando supo que nadie lo veía sacó su teléfono móvil y llamó a Dos. A la tercera llamada se escuchó la voz de Dos. Zero, que era muy buen imitador, puso la voz del profesor Diez. Les dijo que debían ir al autocar ya que él se había caído y no podía levantarse. Dos preocupado le quitó la consola a Cinco y la dejo en el banco. Mientras le contaba lo ocurrido, Zero se acercó; sacó un chicle de su bolsillo y se lo pegó a Dos. Al ver tal repugnante moco pegado a su ropa Dos golpeó a Cinco. Este que no entendía por que le pegaba arremetió contra el. Y entonces se enzarzaron en una pelea. Zero ,viendo el caos, no perdió tiempo y les hurtó la consola. Se la guardó en el bolsillo y volvió a llamar a Dos. Dos cogió y Zero volvió a imitar al profesor recordándoles su caída. Sin perder tiempo los jóvenes dejaron de pegarse y sin fijarse sin llevaban la consola o no se dieron a la carrera. Zero encantado cogió la consola y la encendió. Necesitaba dársela a Seis: sabía que le encantaban las consolas y a cambio seguramente le daría dinero, lo suficiente como para invitar a Ocho al cine... y lo que pasará después. Sonriendo vio como la maquina le saludaba... y horror. En la pantalla unos problemas matemáticos se podían leer. Fraccionales, encima. Esa era la maldita contraseña. Se llevo las manos a la cabeza e intentó buscar las soluciones. No tenía mucho tiempo.

Ocho y Cuatro discutían. Una decía que habían logrado entrar en el edificio más “glamouroso” de la ciudad gracias a sus encantos, la otra por que iban bien vestidas. (Ninguna dijo: ¡Por mi inteligencia! Eso no quedaba bien.) Pero en cualquiera de los casos las jóvenes estaban pletóricas: habían logrado entrar en el edificio. Y sin necesitar comprar entrada.

Uno ,agotado, resolvió el acertijo fraccional y la puerta se movió con un crujido. Llevaba dos horas resolviendo acertijos cada vez más difíciles y estaba agotado. A pesar de ser uno de los mejores alumnos de la clase, todas las pruebas aritméticas, los problemas fraccionales, las seguidas... eran tales que necesitaba un gran esfuerzo para resolverlas... Y aún le quedaban las pruebas más difíciles. Resignado se sentía desvanecer.

En la salida tres compañeros suyos le preparaban una sorpresa y quizás no sería agradable...

Nada. Zero se rascó la barbilla y se quedó pensativo. No lograba resolver el último problema... Y el tiempo volaba de tal forma... Para colmo no encontraba a Seis y su paciencia empezaba a resquebrajarse. Decidió ir a un bar. Estaba sediento. Pidió una coca- cola. Mientras bebía divisó a una figura que conocía muy bien sentada en una silla llena de números: Seis. Feliz puso todo su empeño en resolver el acertijo. Y lo consiguió. Entonces corrió hacia Seis. Lo iba a lograr. Iba a conseguir el suficiente dinero como para ver una película con Ocho y... ¿Se estaría enamorando?. Menuda tontería. Eso era.... prácticamente imposible. Pero no del todo.

Cuando Uno consiguió resolver al fin el último problema y cruzó la puerta metálica que lo separaba de la luz del final del aquel túnel, no se dio cuenta de que iba a tropezar. Segundos después cayó al suelo y un jarro de agua fría y una lluvia de petardos lo acribillaron. Hubo un explosión de brillantes números fraccionales y un hedor a quemado se extendió por el lugar. Cuando empapado y asustado salió del ese endemoniado laberinto divisó a lo lejos a Nueve que reía junto con Tres y con Siete. Tuvo ganas de humillarles, pero comprendió que le habían ganado la partida. Se lo merecía a pesar de no esperar ese comportamiento por parte de su mejor amigo.

Una broma. Todo se había tratado de una broma. No había profesor en el suelo ni nadie en ese mismo estado. Y habían perdido la consola. Dos y Cinco se sentían fatal. Engañados y robados. Que mala forma de acabar el día. Desanimados se sentaron en un banco. Y sorpresa. La consola se encontraba allí. La cogieron y vieron que estaba intacta. Aunque tenía algo escrito por la parte trasera “ Divertios con la maravilla que se extiende a vuestro alrededor. Disfrutad de las fracciones y no dejeis que “esto” os arruine el día” Cinco miró a su amigo y le sonrió. Eso es lo que tenían que hacer. Y por primera vez desde su llegada se fijaron en la ciudad que se extendía a su alrededor.

Ocho echaba de meno a alguien. Cuatro se divertía bailando con unos y con otros riendo y admirando la inteligencia de todos ellos. Pero Ocho le necesitaba. Aunque sabía que el no la hacia ni caso ella estaba loca por el. De repente obstruyendo en sus pensamientos alguien la acarició el hombre. Se dio la vuelta y se encontró con los ojos mareantes de Zero. Y prendada de esa mirada notó como si millones de números fraccionales abrigaran su cuerpo en un manto numérico. Y entonces Zero sonrió y tendió su mano a la joven.

El profesor Diez miró en su reloj. Pronto sus alumnos tenían que volver. Y la semana próxima se encontrarían con nuevos retos y algún que otro examen. Ese día el profesor volvería a casa lleno de ejercicios y problemas que daría a los alumnos el día siguiente. Pero por el momento les dejaba descansar. Pero solo de momento...

Ocho y Zero miraban las estrellas cogidos de la mano. El cine les había relajado. Y por si fuera poco habían tenido tiempo para reflexionar. Ocho quería volver a probar el sabor de los labios de Zero y el muchacho por su parte estaba embelesado con la joven y también tenía que besarla con urgencia para mantenerse vivo. Y ante una lluvia de luces preciosas los labios de los jóvenes se unieron, probándose el uno al otro con regocijo, saboreando la magia del momento, uniéndose mediante una fuerza chispeante. Y supieron que era amor.

Uno, un poco más lejos miraba el cielo también. Se sentía traicionado aunque en parte se lo mereciese. Y a pesar de no querer admitirlo necesitaba a su amigo. Mientras recordaba los momentos pasados con Nueve, este apareció por detrás y lo abrazo. Aunque Uno no se dio la vuelta supo que era el. En ese momento sin necesidad de palabras le perdono por que sabía que solo le quería abrir los ojos y por que era un amigo de verdad. Y así se quedaron durante largo tiempo.

Seis que había estado pendiente de todo sonrió para sus adentros. Todo había salido bien. y ella... seguía siendo rica. Comenzó a reír y se montó en su yet. Desapareció y su risa melodiosa siguió sonando por toda la ciudad fraccional. Unos fuegos multicolores con forma de fracciones explotaron e iluminaron el cielo. Un reloj dio las ocho y media.

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